Eleison 328
FIEL…
¡A SÍ MISMO!
No se puede negar que Mons. Williamson es persistente en eso de sostener sus convicciones.
Esta persistencia de Monseñor llega mucho más lejos, o «está más allá», de sus manifestaciones o escritos o conductas, demostradas a lo largo de todos estos años.
Monseñor Williamson cree, verdaderamente, en que la crisis actual va a ser revertida.
Por cierto, nosotros también creemos en eso.
Pero, Mons. Williamson y nosotros diferimos en el modo o en la forma en que ocurrirá esa REVERSIÓN; como así también en la exacta ubicación de la misma en, lo que podríamos llamar, la «hoja de ruta» de la Historia de la Salvación (todos, de algún modo, vivimos inmersos en ella).
La Economía de la Salvación comienza a desarrollarse en el mismo momento que se produce LA CAÍDA. Es allí cuando aparece la PROMESA de un SALVADOR. Desde ese momento existe, podríamos decir, la Historia de la Salvación.
Todo conduce a CRISTO, Salvador nuestro. Y después de que el Verbo se Hizo Carne, habitó entre nosotros, murió por nuestros pecados y los de todos los hombres, Resucitó de entre los muertos y Ascendió a los cielos, la Historia de la Salvación marcha hacia su desencadenamiento en el tiempo; primero con la construcción de la CRISTIANDAD y, luego de su apogeo, con su decadencia, demolición y final… y ahí sí, finalmente, la RESTAURACIÓN de todas las cosas en Cristo y por Cristo.
Las diferencias que nos separan de Mons. Williamson se encuentran en las dos últimas etapas que hemos descrito. DEMOLICIÓN y FINAL y, por consecuencia, en el modo en que ocurrirá la tan esperada RESTAURACIÓN.
Nada hace suponer que en medio de la demolición de la cristiandad, lo cual incluye a Roma, vayan a ocurrir hechos como los que espera Mons. Williamson, a saber, la venida de un REY y de un PAPA restauradores.
Nada hace suponer tampoco que, de alguna manera, pudiera detenerse la caída por una pendiente que cada día se hace más empinada, y que entonces se pudiera producir un «ascenso», una «restauración» del Orden Cristiano en el mundo, sin mediar la intervención Divina.
Es decir…, nada permite suponer que esto pudiera ocurrir con PRESCINDENCIA de la PARUSÍA del Señor.
Los hechos, la lógica de los hechos, pero especialmente las Sagradas Escrituras y algunas revelaciones privadas aprobadas por la Iglesia (y siempre que se las interprete a la luz de las Sagradas Escrituras) dejan bastante claro que este «descenso hacia los infiernos» del mundo y de Roma no se detendrá hasta la Segunda Venida de Cristo.
Ni Rey ni Papa RESTAURADORES. La Apostasía se ha desencadenado, y lo ha hecho para aniquilarlo todo hasta llegar a la casi desaparición de la FE sobre la tierra.
La Iglesia Católica, en tanto que Comunión de los Creyentes en Cristo, en el Cristo Vivo y Verdadero, se verá reducida a un Pequeño Rebaño (Pusillus Grex) esparcido por toda la redondez de la Tierra.
Por Misericordia Divina, cuando la tensión llegue al límite, cuando inclusive hasta los mismos elegidos estén a punto de perderse, Cristo Rey hará su irrupción en el mundo abatiendo al Anticristo, a su «vicario» y a todos sus secuaces, conjuntamente con todos aquellos que obraren el mal, a tenor de los informes que constan en aquella crónica del fin de los tiempos que nos dejara San Juan oportunamente:
Vi entonces a la bestia y a los reyes de la tierra con sus ejércitos reunidos para entablar combate contra el que iba montado en el caballo y contra su ejército. Pero la bestia fue capturada, y con ella el falso profeta, el que delante de ella había realizado las señales con que había seducido a los que habían aceptado la marca de la bestia y a los que adoraron su imagen.
Los dos fueron arrojados vivos al lago del fuego encendido que arde con azufre.
Los demás fueron exterminados por la espada que sale de la boca del que monta el caballo, y todas las aves se hartaron de sus carnes.
Y vi a un Ángel que bajaba del cielo y tenía en su mano la llave del Abismo y una gran cadena. Y se apoderó del dragón, la serpiente antigua, que es el diablo y satanás, y lo encadenó por mil años, y lo arrojó al Abismo que cerró y sobre el cual puso sello para que no seduzca más a las naciones hasta que se hayan cumplido los mil años, después de lo cual ha de ser soltado por poco tiempo.
Pero volvamos a Mons. Williamson. Decíamos que, fiel a sí mismo, se reitera. No importa aquello de qué se trate, Monseñor le dará una vuelta de tuerca, una segunda, o tercera, o cuarta interpretación; no importándole qué tan forzada o acomodaticia resulte ser, con tal de alcanzar la línea de su pensamiento, para luego insistir con ella, machacando en una dirección que, esperamos, muy pronto terminará por reconocer como equivocada.
Veamos el último párrafo del ELEISON 328 donde Monseñor, a partir de las reflexiones de un desconocido (al menos para nosotros) ofrece las siguientes conclusiones:
En cuanto a mí, mientras que estoy de acuerdo que el clericalismo (sub-valorando a los laicos) ha sido un aspecto del problema de la FSPX, no pienso que haya sido la raíz del problema. Pienso que la raíz ha sido más bien la vuelta al hombre en lugar de Dios (cf. Jer.XVII,5,7) y la consecuente pérdida de la Verdad y falsedad objetivas, del bien y del mal objetivos. Sin embargo, sí estoy de acuerdo con la visión del escritor de la carta en cuanto a una nueva alianza siendo forjada en algún momento del futuro, de Católicos verdaderos de todos los rincones de la Neo-iglesia y de la Iglesia para llevar adelante la Fe católica (cf. Mt.XIX,30). Quiera la FSPX sacudirse de sus problemas presentes para desempeñar un papel de líder, o, mejor, un papel humilde, en esa alianza.
Como puede verse, Mons. Williamson afirma que la raíz del problema ha sido poner al hombre en lugar de Dios (en esto coincidimos con él absolutamente). Cita al Profeta Jeremías, quien dice:
5. Esto dice el Señor: Maldito el hombre que confía en el hombre, y no en Dios, y se apoya en un brazo de carne miserable y aparta del Señor su corazón.
6. Porque será semejante a los tamariscos del árido desierto, y no se aprovechará del bien cuando venga, sino que permanecerá en la sequedad del desierto, en un terreno salobre e inhabitable.
7. Bienaventurado el varón que tiene puesta en el Señor su confianza, y cuya espera es el Señor.
¡¡¡Vaya, pues!!! ¡Que de eso, exactamente, es de lo que estamos hablando, querido Monseñor Williamson!
Y es que, justamente, no ponemos nuestras esperanzas en NINGÚN REY que no sea CRISTO REY; como tampoco ponemos nuestra confianza en NINGÚN PONTÍFICE que no sea CRISTO SUMO Y ETERNO SACERDOTE.
No ponemos nuestras esperanzas en ningún Prelado que no predique el pronto retorno de CRISTO PONTÍFICE y REY, en GLORIA Y MAJESTAD, para establecer su Reino.
Sobre esto último contamos con el testimonio de varios Papas que, como puede comprobarse fácilmente, hicieron numerosos y constantes recordatorios, en especial luego del triunfo de la Revolución Francesa.
El estado de descomposición, a todo nivel y estamento humano, ha llegado a lo que parece ser el culmen, y se precipita en lo que parece ser un alocado frenesí por llegar hasta las heces. En dicha situación, los cristianos aún fieles al Evangelio Eterno de Jesucristo Rey deben tener puesta su confianza en el Señor, y ESPERAR SÓLO EN EL SEÑOR.
Es lo que hemos tratado de hacer entender a lo largo de todos estos años, largos y extenuantes.
¡Atención!… Ahora debemos hacer una salvedad, dirigida a Monseñor Williamson y a todos sus actuales seguidores:
En el final de párrafo del Eleison citado, hay un cierto tufillo al GREC.
En efecto, hay una aparente «esperanza», o al menos expectativa, de Mons. Williamson en (nuevamente) poner la CONFIANZA EN OTROS HOMBRES, y no en el Señor.
Dice Mons. Williamson, y lo reiteramos para mayor claridad:
Sin embargo, sí estoy de acuerdo con la visión del escritor de la carta en cuanto a una nueva alianza siendo forjada en algún momento del futuro, de Católicos verdaderos de todos los rincones de la
Neo-iglesia y de la Iglesia para llevar adelante la Fe católica (cf. Mt.XIX,30). Quiera la FSPX sacudirse de sus problemas presentes para desempeñar un papel de líder, o, mejor, un papel humilde, en esa alianza.
¿«Nueva alianza»? A ver… Parece que Mons. Williamson supone que podría generarse una suerte de CONFLUENCIA de hombres provenientes de distintas facciones, o posturas, o posiciones; incluyendo a quienes lo harían proviniendo de la NEO-IGLESIA y de la IGLESIA.
Esta distinción que establece Monseñor Williamson nos llama la atención; en principio nos está diciendo mucho… Significa, claramente, que la NEO- IGLESIA (¿será la Conciliar en la mente de Mons. Williamson?) NO ES LA IGLESIA. Puesto que si lo fuera…, ¿qué sentido tiene esa discriminación de procedencias? Ninguna, obviamente.
Esto nos llevaría a concluir que Mons. Williamson se da perfecta cuenta de que la Roma actual NO ES la Iglesia Católica. Es la NEO-IGLESIA (¿la modernista y conciliar?). ¿Será así? ¿O será una nueva estratagema de poner el guiño a la derecha y doblar a la izquierda, a las que nos tiene acostumbrados Mons. Williamson?
De corresponder a la realidad, esa hipotética CONFLUENCIA de NEO-IGLESIA y de IGLESIA, posibilitaría, según Mons. Williamson, «llevar adelante la Fe católica»…
Evidentemente, Monseñor sugiere que, por alguna razón, se produciría algún tipo de REACCIONES dentro de la Iglesia Conciliar CONTRA el modernismo gobernante en Roma; y que, seguidamente, ocurriría un reacomodamiento de algunas situaciones y de personas.
La confluencia que sugiere Monseñor Williamson tendría por objeto garantizar la continuidad de la Fe Católica en lo que, aparentemente, sería un nuevo escenario.
Se deducen algunas cosas; entre ellas, que Roma continuaría su sendero de apostasía. Algo así como si dijéramos que el ESPANTO por lo que ocurre y que irá de mal en peor, hará que otros reaccionen y se unan a los que ya han reaccionado anteriormente.
Se visualiza, en el pronóstico del Obispo inglés, nuevamente una puesta de sus expectativas en acontecimientos humanos, que serían producto de contingencias humanas, en aras de hallar soluciones HUMANAS a la crisis.
Para todo eso, Mons. Williamson se apoya en el vers. 30 del capítulo XIX de San Mateo, que dice así:
«Y muchos primeros, serán postreros y muchos postreros será primeros.»
En la versión de Torres Amat, puede leerse de este modo:
«Multi autem erunt primi novissimi, et novissimi primi», es decir:
Pero muchos primeros serán últimos, y muchos últimos, primeros.
La exégesis que hace Mons. Williamson, aplica este versículo a la situación que él pretende podría producirse.
De esa manera y por eso, justamente, es que termina diciendo: «Quiera la FSPX sacudirse de sus problemas presentes para desempeñar un papel de líder, o, mejor, un papel humilde, en esa alianza.»
En el contexto que imagina el obispo, la FSSPX, que fuera en su momento «primera», por ir a la cabeza de la lucha contra el modernismo y la apostasía, cumpliría un papel humilde en la alianza que se formaría, no sabemos si próximamente o lejanamente, puesto que Mons. Williamson nada nos dice al respecto.
Es por esto que mencionamos al GREC. Ese agrupamiento surgió por iniciativa de elementos provenientes de la Iglesia Conciliar que miraban con cierto respeto a la FSSPX; creían que (dado el estado de crisis generalizada, consecuencia del CVII) la misma tenía muchas cosas que aportarle a la Iglesia Conciliar y, con el acuerdo de las autoridades de Menzingen, se pusieron a trabajar para… ¡¡¡ACERCAR a la FSSPX A ROMA!!!
Cuando el GREC fue creado, precisamente se impuso como objetivo algo similar a lo que Mons. Williamson está pautando para el caso de que se produjeran esos dos movimientos de Reacción y Confluencia.
El tiempo dirá si esta es la interpretación correcta de las palabras que el Obispo ha deslizado en este ELEISON 328.
A nosotros nos deja más dudas que certezas, tal y como se ha hecho costumbre en los dichos y hechos de Mons. Williamson. Nuestras reticencias respecto de su figura, lejos de disminuir, se hacen cada vez más grandes.
La opción que Mons. Williamson maneja y propone, coloca al señor Obispo en situación de ser identificado perfectamente con el versículo 5 del capítulo XVII del Profeta Jeremías: Esto dice el Señor: Maldito el hombre que confía en el hombre, y no en Dios, y se apoya en un brazo de carne miserable y aparta del Señor su corazón.
En cambio, nos resulta imposible asimilarlo a la verdadera ESPERANZA CRISTIANA del versículo 7: Bienaventurado el varón que tiene puesta en el Señor su confianza, y cuya espera es el Señor.
Es notable, además, que el Profeta amonestaba con esto al Pueblo Elegido por apartarse del Señor cuando, por temor a los ejércitos caldeos, se precipitó al desierto abandonando:
– la paz y la abundancia de la Tierra Prometida,
– su monoteísmo, cayendo luego en la idolatría (lo que es mucho más grave),
– su Teocracia y su MESIANISMO…
Es decir, obsérvese la analogía que nos permite hacer este comentario de Mons. Williamson, abandonando su esperanza en la VENIDA DEL MESIAS…
¡TAL CUAL! La disyuntiva y la elección son, exactamente, las mismas:
– O Confiar en cuestiones humanas, a la espera de extrañas confluencias, para ir en pos de una supuesta RESTAURACIÓN que, además, carece de asidero desde lo Profético y Escriturario, y desconsiderando (al menos) la PARUSIA del Señor…
– O Poner nuestra confianza y todas nuestras esperanzas SOLAMENTE EN CRISTO y en SU PARUSÍA.
Consecuencia de la elección de la primera opción fue la IRA DE DIOS CONTRA ISRAEL, que el lector podrá encontrar en colorido relato en el Profeta Jeremías, desde el Cap. XIX, en adelante.
Aclaración al lector: No pierda de vista que el análisis que acaba de leer es obra de «idiotas milenaristas».
Los «sabios confluyentes» escriben en otros sitios de la web.
