ESPECIALES DE RADIO CRISTIANDAD CON EL P. CERIANI – OCTUBRE 2013
ANEXO ESPECIAL: COMENTARIO ACERCA DE MONS. WILLIAMSON Y LA MENCIÓN SOBRE FRANCISCO HECHA EN EL ELEISON 327
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A.- DIVERSOS FINES DE LA MÚSICA
1º) Recreativo
2º) Estético
3º) Social
4º) Terapéutico
5º) Religioso
B.- MAL USO DE LA MÚSICA
1º) El mal empleo de una buena técnica
2º) La utilización de una técnica mala, deformada, corrompida
a) Un cierto racionalismo
b) El estetismo
c) Las músicas que se dirigen más al cuerpo que al alma
– las músicas lascivas
– las músicas en las que el ritmo es el elemento principal producen un efecto sobre el irascible
3º) La utilización directa de la música para un fin malo
a) La música psicodélica
b) Los mensajes subliminales
c) Las músicas satánica, revolucionaria u obscena
d) La música que intenta imponer lo feo
C.- MÚSICA, INTELIGENCIA Y PERSONALIDAD
1º) Tipos de cerebro y su maduración
2º) El mecanismo de la acción de la música
a) La melodía
b) La armonía
c) La masa orquestal
d) El ritmo
3º) La excitación por el tan-tan = el trance
4º) Consecuencias de la cultura tan-tan
D.- LA EDUCACIÓN MUSICAL
E.- EL PROCESO REVOLUCIONARIO
INTRODUCCIÓN
La música, arte de los sonidos, participa del fin general de las Bellas Artes, según sus modalidades propias: ella intenta realizar una idea verdadera en el universo sonoro a fin de producir una emoción artística que permita al auditor alcanzar la verdad de manera particularmente agradable, según el modo sui generis que es la alegría experimentada ante la belleza.
Ante todo, pues, debe tenerse en cuenta que la música es una de las Bellas Artes, por lo que necesariamente participa de la Belleza.
Por lo dicho, hay que afirmar que este arte se dirige más al alma que al cuerpo.
Es oportuno citar a San Agustín, quien, en el capítulo 33 del libro X de sus Confesiones, se expresa de la siguiente manera a propósito de la música:
«Más tenazmente me habían enlazado y subyugado los deleites del oído; pero Vos me desatasteis y librasteis.
Ahora en las melodías a las que infunden vida vuestras palabras, cuando se cantan con voz suave y artificiosa, confieso que me recreo algún tanto, no de suerte que quede prisionero, sino que me desprendo cuando quiero.
Ellas, sin embargo, juntamente con las mismas palabras que les dan vida para que yo les dé entrada, buscan en mi alma algún lugar preferente, mas yo apenas se lo doy conveniente.
Porque a veces se me figura que les concedo más honor de lo que conviene, cuando siento que nuestra alma se mueve más religiosa y ardientemente a llama de piedad con aquellas mismas santas palabras cuando son así cantadas, que si no se cantasen así; y que todos los afectos de nuestro espíritu, cada uno conforme a su índole, tienen en la voz y en el canto sus propias modulaciones, que por no sé qué secreto parentesco, los despiertan.
Pero el deleite de mis oídos de carne, al cual no se debe estregar el espíritu para que lo enerve, me engaña muchas veces, cuando el sentimiento acompaña a la razón, no de manera que se contente con seguirla, sino que siendo admitido por amor de ella, se esfuerza por ir delante y guiarla. Así peco en estas cosas sin darme cuenta, y después me la doy.
Otras veces, empero, por precaverme inmoderadamente contra este engaño, peco de excesiva severidad, aunque muy rara vez, tanto, que querría apartar de mis oídos, y aun en la misma Iglesia, toda melodía de suaves cánticos, con que suele cantarse el Salterio de David; y me parece más seguro lo que recuerdo haber muchas veces oído decir de Atanasio, obispo de Alejandría, que hacía pronunciar los salmos al lector con tan ligera inflexión de la voz, que más parecía recitarlos que cantarlos.
Sin embargo, cuando me acuerdo de aquellas lágrimas que derramé al oír los cánticos de la Iglesia a los comienzos de haber recobrado mi fe, y que ahora mismo me conmuevo, no con el canto, sino con las cosas que se cantan, cuando se cantan con voz suave y con la modulación más apropiada, reconozco de nuevo la gran utilidad de esta costumbre.
Así fluctúo entre el peligro del deleite y la experiencia del provecho; y me inclino más —aunque no doy sentencia irrevocable— a aprobar la costumbre de cantar en la Iglesia, para que, por el deleite de los oídos, el espíritu flaco se eleve al afecto de la piedad.
Pero cuando me acontece conmoverme más por el canto que por lo que se canta, confieso que peco, y merezco castigo; y entonces preferiría no oír cantar.
¡Ved aquí en qué estado me hallo!».
Santo Tomás enseñará, siglos más tarde: «Los cánticos que se escogen con todo cuidado para deleitar el oído distraen, y el alma no puede considerar el sentido de las palabras que se cantan. En cambio, cuando se canta únicamente por devoción, uno se aplica con mucha más atención a lo que se dice».
A.- DIVERSOS FINES DE LA MÚSICA
La música siempre ha tenido un papel importante en la vida de la sociedad, acompañando las ceremonias religiosas, los trabajos, los juegos, la vida familiar. La música está allí para festejar los casamientos y los nacimientos, para llorar a los difuntos, para celebrar las victorias militares o las fiestas patrias.
En definitiva, la música puede dar cuenta de la fe, de una idea, de un sentimiento o de una utilidad.
Por lo tanto, podemos asignar a la música diversos fines.
1º) Recreativo
El fin recreativo se obtiene cuando la música intenta un cierto placer sensible, pero que no es querido absolutamente por él mismo. Desde este punto de vista, la música forma parte de esas ayudas de la naturaleza, necesarias a la mayor parte de los hombres.
Puede tener un verdadero fin cultural, que modela o cincela el alma de un pueblo.
2º) Estético
La música tiene un fin estético cuando se trata del arte musical en el sentido más habitual del término; la música no popular, sino la de un público cultivado.
Dirigida siempre al espíritu, su finalidad es más elevada, puesto que intenta expresar sentimientos elevados.
Sin duda, la música tiene de peculiar el que al significar con sus ritmos y sus sonidos los movimientos mismos del alma, produce, al provocar la emoción, precisamente aquello que significa.
Pero esta producción no es su fin, y tampoco una representación o una descripción de las emociones. Las emociones que la música hace presente al alma por medio de sonidos y ritmos son la materia con la cual debe darnos el gozo sentido de una forma espiritual, de un orden trascendente, de la claridad del ser.
Es así como la música purifica las pasiones, desarrollándolas en la medida y en el orden de la belleza, acordándolas con la inteligencia, en una armonía que en ninguna otra parte conoce la naturaleza caída.
3º) Social
La finalidad social es importante, y se sitúa en diferentes niveles: canciones populares que unen las almas en un mismo folklore, las canciones militares que unen a los combatientes y sus corazones. El himno nacional o de las diversas instituciones son buenos ejemplos.
4º) Terapéutico
Pitágoras (582-500 a. C.) ya utilizaba la música con esta finalidad curativa.
5º) Religioso
El fin religioso es el más importante, no sólo por su antigüedad y universalidad, sino también por la producción inmensa a la cual ha dado lugar.
El Canto Gregoriano es la expresión más alta y más perfecta de esta música religiosa.
B.- MAL USO DE LA MÚSICA
El arte no se da a sí mismo su buena utilización.
Su buen empleo reside en la utilización regulada de medios.
El artista tiene una elección a hacer entre los excesos y los defectos; como todo saber hacer, puede ser empleado para el bien y para el mal, lo cual puede suceder de diversas maneras.
1º) El mal empleo de una buena técnica
La falta de talento, la inexperiencia son la causa de defectos en el arte.
2º) La utilización de una técnica mala, deformada, corrompida
Es más grave, porque es perversa. Así como hay errores graves a nivel especulativo que engendran sistemas monstruosos, del mismo modo técnicas depravadas engendran músicas desorientadas, que ya no tendrán por fin hacer resplandecer la verdadera belleza.
Las posibilidades son numerosas:
a) Un cierto racionalismo; la atonalidad, por ejemplo.
Nota: La atonalidad (del griego a: ‘sin’ y el español tonalidad) es el sistema musical que carece de toda relación de los tonos de una obra con un tono fundamental y de todos los lazos armónicos y funcionales en su melodía y acordes, sin estar sujeto a las normas de la tonalidad.
El sistema tonal es el sustrato en que se basaron casi todos los compositores entre 1600 y 1900. En esas obras musicales existe un sonido que actúa como centro de atracción de toda la obra. Aunque en el transcurso de la misma se haya cambiado muchas veces de centro tonal por medio de modulaciones, por convención hacia el final siempre prevalecía la fuerza de ese núcleo original y la composición terminaba al llegar a la tónica, o sea el sonido de atracción.
El principio básico del atonalismo consiste en que ningún sonido ejerza atracción sobre cualquier otro sonido que se encuentre en sus cercanías. Por eso el oyente no puede predecir ni siquiera una nota antes, si está al final de una frase musical (la cual, aparentemente, cesa en cualquier momento) sencillamente porque no ha existido ningún centro tonal.
b) El estetismo.
c) Las músicas que se dirigen más al cuerpo que al alma:
– las músicas lascivas, que por armonías muelles o por melodías lánguidas buscan llevar el cuerpo por vías perezosas de una sensualidad exacerbada.
– las músicas en las que el ritmo es el elemento principal producen un efecto sobre el irascible. Por esos ritmos exacerbados se busca producir el trance, la sobreexcitación. El alma se convierte en juguete del cuerpo: la reflexión desaparece, el aspecto reflejo predomina, la consciencia moral se debilita… El individuo puede quedar bajo el influjo de los manipuladores. Los brujos africanos saben utilizar estos métodos.
3º) La utilización directa de la música para un fin malo
a) la música psicodélica, que busca crear un estado más o menos alucinante, estado de sueño en vigilia.
b) los mensajes subliminales, por los cuales se intenta violar la consciencia imponiéndoles mensajes ocultos, gracias a técnicas sofisticadas: empleo de sonidos de alta frecuencia y de fuerte intensidad (producen liberación de endorfina para protegerse de la agresión sonora, provocando un retroceso del estado de vigilia).
c) las músicas satánica, revolucionaria u obscena. Mediante una buena técnica musical se busca dar un esplendor al mal, haciéndolo atrayente, seductor, amable.
d) la música que intenta imponer lo feo. Un hombre que ha perdido la noción de la Belleza pierde toda cultura y se encuentra presto a hacerse esclavo del mal, para combatir la verdad, lo bueno y lo bello.
C.- MÚSICA, INTELIGENCIA Y PERSONALIDAD
Como se dirige a la inteligencia y a la sensibilidad, la música ejerce una profunda influencia sobre nuestro comportamiento psico-fisiológico.
Las músicas en base al tan-tan, que pueden llevar al trance, son susceptibles de detener la formación de la inteligencia y de la personalidad del hombre.
Para comprender bien la influencia de la música en la formación de la inteligencia y de la personalidad es necesario tener en cuenta algunas nociones sobre la fisiología del cerebro y su maduración, así como sobre el mecanismo de la acción de la música y las consecuencias de la música tan-tan.
1º) Tipos de cerebro y su maduración
En el cerebro humano podemos distinguir el cerebro izquierdo, el cerebro derecho y el cerebro serpentino:
*
cerebro izquierdo: es el cerebro intelectual, sede de la consciencia = facultad de percibir y de reconocer la realidad gracias a su capacidad de análisis, de conceptualización y de simbología è
cerebro del razonamiento digital y numérico, de la ciencia, de los gestos razonados y precisos, del lenguaje.
*
cerebro derecho: es el cerebro emocional, sede del inconsciente = facultad de comprender por intuición, globalmente è cerebro del razonamiento analógico por imagen, de la sensibilidad, de las emociones y pasiones que originan los gustos y sentimientos, del humor, de la imaginación, de la fantasía, de la creatividad.
*
cerebro serpentino: forma parte del funcionamiento del cerebro derecho, y contiene el centro de la agresividad (instinto de matar), el centro de la alegría (hedonismo), el centro de la sexualidad = controla las emociones, el humor y las funciones vegetativas (temperatura, ritmo cardíaco).
El análisis del sonido, el control de la palabra, exigen un oído que dirija. El oído derecho asegura esta función; ahora bien, él está inervado por el hemisferio izquierdo del cerebro.
El oyente común y vulgar sigue la música con el hemisferio derecho (sentido general de la melodía y de la emoción que se obtiene de ella), mientras que el oyente especializado hace entrar en juego el hemisferio izquierdo (que inerva el oído derecho, y establece el equilibrio).
La música clásica estimula el hemisferio izquierdo. Ella es un factor de dominio de sí mismo, de orientación, de orden.
La música africana y sus derivados se dirigen el cerebro serpentino, exacerbando le emotividad en detrimento del desarrollo intelectual.
Durante la maduración del hombre, la evolución del cerebro se efectúa en función de la edad y según la complejidad de la civilización.
Así, el niño aprende a conocer y a reconocer, organizando primero su memoria y su sensibilidad y luego su facultad de análisis y de comparación:
– en los primeros años, el niño es un ser inestable y violento, ya que hace uso sobre todo de su cerebro derecho;
– hacia los 10 años es capaz de controlar sus emociones y sentimientos, de pensar por medio de conceptos y de razonar de manera deductiva, lo cual indica el predominio del cerebro izquierdo.
La educación (formación de las facultades, usos y costumbres, la ética, las artes, el bien, el mal, lo bello, lo feo) forma los gustos y aspiraciones estructurando el cerebro derecho.
La instrucción organiza el cerebro izquierdo favoreciendo el sentido del análisis, de la conceptualización y del juicio.
La audición interior se funda sobre una actitud contemplativa, que implica una total disponibilidad, una total receptividad en la relajación, la calma, la serenidad, la paz. Ella exige silencio interior, que favorece la audición y conduce a la fuente de la vida: Dios.
Toda música que lleve al silencio interior puede ayudar a una cierta percepción de la existencia Divina.
La educación y la instrucción controlan el cerebro serpentino; en cambio, su ausencia, la evolución espontánea del cerebro, lleva al pensamiento salvaje: temperamento frágil, emotividad excesiva, inestabilidad de los sentimientos y de la voluntad, violencia, crueldad, tendencia al trance a la ilusión y a las alucinaciones.
2º) El mecanismo de la acción de la música
El sentido del oído es el primero en aparecer en el feto y el último a desaparecer antes de la muerte. El oído está relacionado con el cuerpo por medio del nervio neumogástrico, que efectúa todo un recorrido sobre nuestro cuerpo y es el rector de la vida vegetativa.
Debido a sus relaciones con el tímpano, este nervio padece la influencia de las ondas sonoras, lo cual explica el bienestar o el malestar: gracias a él, todo puede orientarse armónicamente o, al contrario, desequilibrarse. No escuchamos sólo con el oído, sino con todo el cuerpo.
El cerebro funciona como una batería que se recarga y se descarga bajo el efecto de los sonidos: existe una música «carga», que por sus frecuencias altas no alcanzan la vida vegetativa y visceral; y una música «descarga», cuyas frecuencias bajas obran en sentido contrario.
La música más poderosa en carga es el canto gregoriano y la de Mozart; la potente en descarga es el jazz y sus derivados, rock, rap, techno, etc.
La música está compuesta de melodía y armonía ordenadas por el ritmo, y todo el conjunto fundado sobre una base muy palpable que es el sonido.
El sonido es, pues, el elemento esencial de que se valen los músicos para expresar su pensamiento.
El sonido resulta de la vibración, sea de una cuerda frotada, pinzada o martilleada; sea por la percusión de una membrana o de un metal; sea de la agitación del aire en un tubo.
Cuando un objeto vibra, comunica sus vibraciones al aire que lo rodea, y cuando esas vibraciones llegan al oído de una persona provocan una alteración nerviosa llamada sonido.
Todo movimiento vibratorio da nacimiento a una onda que llega finalmente al conducto auditivo y pone en vibración al tímpano; de aquí proviene la audición. Existe, pues, una verdadera simpatía entre nuestro cuerpo y el cuerpo vibrante.
Las cualidades más importantes del sonido son: altura, intensidad y timbre.
Altura: las vibraciones se reproducen siempre semejantes a sí mismas y a intervalos regulares que definen el período; el número de períodos por segundo se llama frecuencia, que se expresa en hertz. La altura depende de la frecuencia: cuanto mayor es la frecuencia más agudo es el sonido; y viceversa, cuanto menor es la frecuencia más grave es el sonido.
Intensidad: depende de la amplitud del movimiento vibratorio y permite distinguir un sonido fuerte de otro débil.
Las modificaciones de intensidad se indican con los siguientes signos: ff = fortissimo; f = forte; mf = mezzo forte; pf = poco forte; p = piano; pp = pianissimo.
Cuando la intensidad debe producirse en forma gradual, aumentándola o disminuyéndola, se indica con los términos crescendo o diminuendo, respectivamente.
Timbre: es la cualidad por la que podemos diferenciar sonidos de igual altura e intensidad, originados por distintas fuentes sonoras. La diferencia que existe entre un mismo sonido, producido por un piano y por una guitarra, por ejemplo, es precisamente lo que se llama timbre.
La diferencia que existe entre el sonido y el ruido está dada porque en el sonido las vibraciones son periódicas, es decir, que se dan en tiempos iguales, mientras que en el ruido las vibraciones son aperiódicas, es decir, que no se dan siempre en el mismo tiempo.
Los instrumentos musicales en los que las vibraciones son periódicas, regulares, producen sonido; aquellos en los que las vibraciones no son siempre iguales, producen ruido (tambor, bombo, castañuelas, maraca, etc.)
La música influye por medio de la melodía, la armonía, la masa orquestal y el ritmo.
a) La melodía es la sucesión de sonidos diferentes por su altura y entonación ordenada de manera que presente un sentido musical que satisfaga al oído y a la inteligencia.
Le dan la existencia dos elementos que representan el espacio y la duración: el espacio por la diferenciación de los intervalos ascendentes y descendentes y de sus relaciones tonales; la duración por la distribución de los valores rítmicos.
El oyente no puede escapar a este movimiento hecho de alternaciones entre tensión y descanso.
La melodía mana de una doble fuente: la palabra, cuyas inflexiones amplificadas inspiraron la elección de los intervalos; y la danza, cuyos gestos simétricos dictaron la ordenación de los ritmos.
La melodía es percibida por el cerebro derecho, que puede concebir un placer estético; ella conduce a la contemplación
b) La armonía es la unión o combinación de sonidos diferentes, pero acordes.
Una línea melódica es el canto de una sola voz; pero los sonidos pueden superponerse, y la simultaneidad de varias voces o sonidos es el objeto del estudio de la armonía.
En el lenguaje musical, la armonía expresa la simultaneidad de sonidos, por oposición a la melodía, que es el resultado de la sucesión de los mismos.
La armonía depende de las relaciones entre los sonidos agudos y los sonidos graves en el contrapunto, y permite la combinación de varias melodías produciendo un efecto agradable.
La parte armónica de la música es percibida por la función analítica del cerebro izquierdo: la audición de varias notas simultáneas necesita un análisis que sólo la inteligencia puede llevar a cabo. Del mismo modo, el encadenamiento de acordes obedece a leyes matemáticas que sólo un cerebro también matemático puede concebir. De allí que el desarrollo de la inteligencia se ve favorecido por el estudio y la audición de la música, con la condición que se equilibre ritmo, armonía y melodía.
c) La masa orquestal es el poder sonoro de los instrumentos de música. La ley reconoce que los sonidos por sobre los 85 decibeles son peligrosos para el oído (las llamadas músicas jóvenes están por encima de los 120).
d) El ritmo es la proporción guardada entre el tiempo de un movimiento y el de otro diferente.
En la naturaleza, todo tiene un ritmo. Quien habla de ritmo evoca el orden, el equilibrio en las cosas, los movimientos y el tiempo.
La vida humana se desarrolla siguiendo un ritmo regulado por la respiración, cuya cadencia proviene de la pulsación cardíaca. Tenemos una vida rítmica y, por vía de consecuencia, el ritmo musical influye sobre nuestra vida.
Nuestro ritmo cardíaco es ternario (es el ritmo que se funda en tres unidades de tiempo, una acentuada y dos átonas); durante el sueño, entre la espiración y la inspiración hay un ligero tiempo de detención. Ahora bien, el jazz y el rock están fundados sobre un ritmo binario de dos o cuatro tiempos.
El ritmo binario está calculado sobre la marcha; por lo tanto, no deja jamás ni al músico ni al oyente en reposo.
En música, el ritmo necesita de un elemento que lo sustente: el contraste, que se obtiene modificando la duración y la intensidad de los sonidos.
El ritmo musical se produce por la relación entre la duración (sucesión alternada y combinada de elementos largos y elementos breves [notas blancas y negras o movimientos de la danza]) y la intensidad de los sonidos (fuertes y débiles).
El ritmo musical otorga impulso y energía al discurso musical, y es el equivalente de la puntuación en el discurso: en la práctica de la ejecución musical, la observancia y la realización del ritmo constituyen el fraseo, sin el cual el sentido y la expresión del pensamiento musical dejan de existir. La buena ejecución rítmica constituye el arte de frasear.
El niño y el hombre inculto son sensibles al ritmo de la frase musical antes de serlo a la línea melódica, pues en el ritmo sonoro encuentran la equivalencia del ritmo de la circulación y de la respiración. En un tema musical enseñado de oído, el niño y el cantante no ejercitado aprenderán el dibujo rítmico antes que el tema melódico; podrán equivocarse en cuanto a las entonaciones, pero no en cuanto a los puntos de referencia rítmicos.
Los cantos de trabajo son rítmicos por esencia, desde el simple grito de las maniobras que exigen un esfuerzo colectivo, hasta las melodías de los remeros: el ritmo despierta las imágenes motrices por medio de las impresiones auditivas.
El ritmo puede obtenerse, sea por el batimiento del tan-tan (ritmo africano), sea por la combinación tonal y armónica de sonidos provenientes de muchos instrumentos (ritmo clásico).
Para reconocer y percibir el ritmo clásico es necesario ejercitar el oído. Los jóvenes que tienen el oído deformado por las músicas modernas no lo entienden y se duermen escuchando música clásica, como si su cerebro izquierdo estuviese privado de la función de análisis tonal y armónico y no recibiese ninguna información a partir de una composición rítmica compleja.
Recordemos lo dicho más arriba:
El análisis del sonido, el control de la palabra, exigen un oído que dirija. El oído derecho asegura esta función; ahora bien, él está inervado por el hemisferio izquierdo del cerebro.
El oyente común y vulgar sigue la música con el hemisferio derecho (sentido general de la melodía y de la emoción que se obtiene de ella), mientras que el oyente especializado hace entrar en juego el hemisferio izquierdo (que inerva el oído derecho, y establece el equilibrio).
La música clásica estimula el hemisferio izquierdo. Ella es un factor de dominio de sí mismo, de orientación, de orden.
La música africana y sus derivados se dirigen el cerebro serpentino, exacerbando le emotividad en detrimento del desarrollo intelectual.
3º) La excitación por el tan-tan = el trance
La música consta de componentes acústicos, que son cantidades de energía que desencadenan pulsaciones eléctricas en el oído interno, propagándose hacia el cerebro bajo la forma de ondas perfectamente identificables por los instrumentos de los ingenieros del sonido.
Estas ondas actúan sobre diferentes circuitos nerviosos para ser analizadas, identificadas, comparadas, etc. Su paso despolariza estos circuitos, los cuales se restauran para poder recibir las siguientes ondas.
Si la frecuencia de ondas es muy grande, ciertos circuitos no tienen tiempo de recuperarse antes de la llegada de nuevas ondas, y su conducción termina por bloquearse. Como consecuencia, ciertas partes del cerebro (los centros que sirven para la percepción fina del sonido, por ejemplo) se aíslan del mundo exterior.
Durante el tiempo en que la percepción está como suspendida, el cerebro derecho (especialmente el cerebro serpentino) continúa siendo estimulado por ciertos batimientos (informaciones más groseras), cuyas vías de conducción permanecen activas.
En resumen, el trance sería un estado de conciencia alterado en el cual el cerebro intelectual está perturbado en su comunicación con el exterior, mientras que el cerebro serpentino, emocional está excitado al máximo.
Los ritmos demasiado lentos tranquilizan e inducen al sueño; los ritmos medianamente rápidos de 40 a 70 medidas por minuto, acompañados de una bella melodía, excitan y producen placer y alegría; más allá de 90 a 100 tiempos fuertes por minuto, como en las danzas africanas, la música excita y exalta hasta el punto de producir el trance.
4º) Consecuencias de la cultura tan-tan
La música, como las artes en general y la religión, forman la sensibilidad de un pueblo estructurándole el cerebro derecho.
La música revolucionaria desestructura el cerebro derecho para reducirlo a un cerebro salvaje. Salvaje es un antiguo civilizado que ha perdido su civilización.
Cultura es la labor de una inteligencia ayudando a una cosa a alcanzar su perfección en la línea de su naturaleza.
La Civilización es el conjunto de instituciones, costumbres, obras e instrumentos, y la estructura y relaciones resultantes, con las cuales el hombre prosigue la Cultura.
La Barbarie es normal, y está con respecto de la Cultura como la infancia con respecto a la madurez. Es sencillamente el estado de un pueblo bien dotado, normalmente dotado, que aún no entró en ese impulso elícito de una Cultura.
El Salvajismo es el estado en que cae una sociedad humana cuando colectivamente y con pertinacia fomenta pasiones y atavismo que lesionan gravemente las leyes propias de la naturaleza y, por lo tanto, a la razón.
El salvaje está estabilizado en una degradación humana; no es un hombre primario, que podría transformarse en hombre culto: todos los síntomas son de que esa naturaleza está asfixiada de tal manera que no se puede mover ya hacia una futura cultura.
Hemos dicho que la música revolucionaria desestructura el cerebro derecho para reducirlo a un cerebro salvaje. Ahora bien, los dos cerebros trabajan en sinergia, es decir concertadamente para realizar una función: se razona bien en base a su instrucción (cerebro izquierdo), pero también en relación a su educación, a su corazón, sus gustos, sus aspiraciones.
La desestructuración del cerebro derecho repercutirá inevitablemente sobre la mentalidad, sobre el intelecto, sobre el nivel científico y sobre el nivel de la vida de un pueblo.
D.- LA EDUCACIÓN MUSICAL
De todo lo que antecede debemos sacar como conclusión que debemos permanecer fieles al orden natural de la música, conservando en la voz y en los instrumentos su amplitud y su resonancia naturales, sin recurrir a amplificadores que desnaturalizan más o menos el timbre, disminuyendo de este modo nuestra facultad de audición.
Además, por medio del canto debemos recuperar la esencia espiritual de la música, que es la melodía.
Ahora bien, la palabra pasa por el oído; por lo tanto, no hay que contentarse con oír, es necesario escuchar. Esta actitud de escuchar es favorecida por una verdadera educación musical que comprenda la audición de música y, mejor aún, la práctica musical.
Lo esencial de toda práctica musical es esa actitud de escuchar, muy distinta de lo que habitualmente se concibe por oír.
Oímos los ruidos que nos rodean, las conversaciones, sin prestar una verdadera atención. Escuchar es ante todo hacer silencio en sí mismo con la finalidad de recibir un mensaje sonoro; actitud dinámica favorecida por una correcta posición de sentado.
Una vez comprendida la necesidad de esta actitud y disposición, la música, real lenguaje por su melodía, armonía y ritmo, influye en lo más profundo del ser porque, al ser vibración, ella hace vibrar en el sentido propio del término.
No olvidemos que la sensibilidad también se forma; el gusto se forma.
E.- EL PROCESO REVOLUCIONARIO
Vamos a recorrer el proceso revolucionario, partiendo de la Civilización Cristiana y pasando por cada uno de los pasos del proceso revolucionario que nos he llevado al estado actual.
CIVILIZACIÓN CRISTIANA
Se caracteriza por la dependencia de Dios. Es la Civitas Dei. Constituye el triunfo histórico y social de N.S.J.C. la
Realeza Social de Jesucristo.
La Ciudad Católica implica una acción informativa de la Iglesia sobre la vida de los pueblos, sobre su vida temporal. Una impregnación tal de esa vida temporal que ella se desenvuelve dentro de las normas públicas cristianas al servicio de Cristo. Una vida de familia, del trabajo, de la cultura, de la política al servicio de Cristo. Es una síntesis de la religión y de la vida.
La Ciudad Católica Medieval señala un punto culminante de la cultura humana, porque en ella se alcanza, en lo esencial, la perfección que puede llegar el espíritu humano.
La Edad Media es esencialmente teocéntrica, sacral y sacerdotal, porque todas las actividades humanas, desenvolviéndose cada una dentro de su propia esfera, coadyuvan a la unión del hombre con Dios.
Toda la vida cultural era santificada por la vida sobrenatural, y así la vida en todas sus manifestaciones era profundamente cristiana.
REVOLUCIÓN ANTI-CRISTIANA = CIVITAS DIABOLI
Se caracteriza por la independencia de Dios.
HUMANISMO Y RENACIMIENTO
De 1303 hasta Lutero (1517)
El admirable equilibrio de la Edad Media se rompe cuando el poder temporal deja de servir y no busca sino mandar. Felipe el Hermoso vuelve contra la Iglesia la autoridad consagrada por Ella. Por la mano sacrílega de Guillermo de Nogaret, se apodera del Papa, lo mantiene preso y lo ultraja en Anagni.
Sentado sobre su trono, la tiara en la cabeza, teniendo en sus manos las llaves y la cruz, el anciano Pontífice, en quien se ha refugiado el orden medieval, es despreciado por el absolutismo del monarca que abre la Edad Moderna.
Esta rebelión inaugura en lo social un nuevo espíritu que se va fortaleciendo con el desprestigio de los Papas del Renacimiento, y que quedó oficialmente formulado y asegurado con la Reforma de Lutero.
Es en las academias bibliotecas y salones, en medio de las suntuosas ropas, deslumbradoras joyas y fastuosidad de las cortes, que se enfría la caridad cristiana y se prepara el clima en que desaparecerá el orden fundado en la unidad de la fe y en la dependencia de Dios.
PROTESTANTISMO
De Lutero hasta la paz de Westfalia (1648)
Lo natural se rebela contra lo sobrenatural, la aristocracia contra el sacerdocio, la política contra la teología.
Se produce una cultura de expansión política, natural o racional monárquica, y al mismo tiempo, de opresión religiosa.
Lutero, respaldado por los príncipes, concentra sus golpes contra el Pontífice Romano, depositario auténtico del orden sobrenatural. La revolución de Lutero fue la revolución de los señores. La nobleza, que tanta parte tenía de culpa en la corrupción de la Iglesia, tomó como cosa propia la reforma de Lutero.
Y así quedó inaugurada una cultura absolutista, en que los príncipes no reconocen más derecho que el capricho de su voluntad.
Cultura naturalista, porque el hombre busca la expansión de su naturaleza. Cultura racionalista, porque el mismo hombre constituye su razón en la medida de todas las cosas.
REVOLUCION FRANCESA
La primera revolución operada por el hombre al suplantar lo sobrenatural va a terminar en la segunda revolución, que desplazará, a su vez, a lo político para inaugurar el primado de lo económico.
La revolución de Lutero se precipita inevitablemente en la Revolución Francesa, que es, en substancia, el reemplazo de la nobleza por la burguesía, de la política por la economía, de lo humano por lo infrahumano, de lo racional por lo animal, de lo clásico por lo romántico, del absolutismo por la democracia.
Lo animal se rebela contra lo natural, la burguesía contra la aristocracia, la economía contra la política.
Se produce una cultura de expansión económica, animal, burguesa, y de opresión de lo político y racional.
Se desplaza lo político para inaugurar el primado de lo económico: Economismo, Capitalismo, Mercantilismo, Positivismo, Liberalismo, Democratismo.
Se produce todo esto por la lógica intrínseca de las revoluciones: una revolución en el sentido metafísico es una rebelión de lo inferior contra lo superior para hacer prevalecer lo inferior.
Por eso, al mismo tiempo en que es vivido el mundo antropocéntrico, el mundo de la razón, éste camina hacia su disolución y va dejando paso al mundo de la pura libertad, el mundo animal, es decir, un mundo en el cual el hombre no ajustará su vida a las exigencias de la razón humana, sino a la infrahumana de las fuerzas inferiores que le solicitan; el mundo del liberalismo y del positivismo que se prolonga por todo el siglo XIX. La exaltación de la razón en Descartes ha de terminar en la eutanasia de la misma razón practicada por Kant.
El homo naturalis ya no funciona, y el homo animalis asume sus responsabilidades. De aquí el materialismo del siglo XIX: agotado el raciocinio, o sea la operación que interpreta y unifica los hechos, que reflexiona sobre ellos, no le queda al hombre más que limitarse a comprobar los acontecimientos.
COMUNISMO
Lo «algo» se rebela contra lo animal, el artesanado contra la burguesía.
Se produce una cultura de expansión proletaria, materialista, y de opresión de la burguesía.
Nos hallamos al cabo de una época en la cual se agota la influencia cultural del sacerdocio y reina el ateísmo militante; se agota la influencia cultural de la política y reina la anarquía demagógica; se agota la influencia cultural de la economía burguesa y el centro del poder está a punto de pasar al proletariado: Comunismo, Materialismo dialéctico, Guerra al capitalismo y a la burguesía.
El obrero descalificado y marginal, el proletario, quiere desplazar al burgués, al político y al sacerdote: quiere suplantar al burgués y repudia a la economía burguesa de propiedad privada; quiere suplantar al político y repudia a los gobiernos de autoridad al servicio del bien común; quiere suplantar al sacerdocio y erige en sistema al ateísmo militante
Revolución última y caótica, porque el hombre no afirma cosa alguna, sino que se vuelve y destruye; destruye la religión, el Estado, la propiedad, la familia, la Verdad.
Después no es posible sino el caos. El hombre que queda es un hombre al que le han quitado su formalidad sobrenatural de hijo de Dios, su formalidad natural de hombre, su formalidad de animal sensible.
Esta revolución convierte al hombre en una cosa —un tornillo, una tuerca— de una gran maquinaria que es la sociedad colectiva del proletariado.
NIHILISMO
Queda sólo una «cosa», algo que camina a la nada. El comunismo es, en definitiva, la deificación de la materia que tiende a la nada. Es la materia prima de Aristóteles que, de sí misma, no determina al ser.
Consideremos ahora la aplicación de los principios de cada época a diversos aspectos de la vida del hombre en sociedad:
CREENCIA
Cristiandad: DIOS, JESUCRISTO, IGLESIA CATOLICA
Humanismo-Renacimiento: DIOS, JESUCRISTO, IGLESIA CATOLICA, TIBIEZA
Protestantismo: DIOS, JESUCRISTO, Cristo, sí; Iglesia, no
Revolución Francesa: DIOS, Dios, sí; Cristo, no
Comunismo: Dios ha muerto,
Nihilismo: El hombre ha muerto
CONSECUENCIAS
Cristiandad: FERVOR, CULTURA CATÓLICA, CIVILIZACIÓN CRISTIANA,
Humanismo-Renacimiento: TIBIEZA, CULTURA HUMANISTA, SOCIEDAD NATURALISTA
Protestantismo: CULTURA PROTESTANTE, SOCIEDAD APÓSTATA
Revolución Francesa: CULTURA LIBERAL, SOCIEDAD LAICISTA
Comunismo: CULTURA SOCIALISTA, SOCIEDAD ATEA
Nihilismo: CULTURA SATÁNICA, SOCIEDAD NIHILISTA
TEOLOGIA
Cristiandad:
Dios divinizado (tomismo)
Afirma la existencia de un solo Dios: personal, trascendente y providente. Uno y Trino; Creador y Redentor del mundo.
Reconoce a la Iglesia Católica, Apostólica y Romana
Humanismo-Renacimiento-Protestantismo:
Dios humanizado
Revolución Francesa:
El hombre divinizado
Duda respecto de la existencia de Dios, relega este problema a la conciencia individual. Indiferentismo religioso (todas las religiones son iguales) Ateísmo pasivo.
El común denominador de los desórdenes que hoy en día advertimos, tanto en el terreno de la fe en general, como en el de la liturgia en particular, lo constituye la substitución progresiva del culto a Dios por el culto al hombre. La creencia cristiana de que Dios creó al hombre y de que el Verbo se hizo carne se invierte, para concebir un Dios que no es otra cosa que el hombre mismo a punto de convertirse en Dios. Adoramos al dios que procede de nosotros.
Comunismo:
El hombre sin Dios.
Niega la existencia de Dios. Afirma que la religión es «el opio de los pueblos».
Ateísmo militante y agresivo. Amoralismo. Entre el humanismo de la ciencia y del marxismo y el humanismo de ese neocristianismo, cuyo profeta es Teilhard de Chardin, no hay más que una diferencia de palabras. El primero anuncia la muerte de Dios, y el segundo su nacimiento, pero el uno y el otro no confiesan más que al hombre, que mañana será la totalidad del universo, bajo su propio nombre o bajo el nombre de dios. Ese humanismo tiene como característica esencial la de ser evolucionista.
Nihilismo:
El hombre contra sí mismo.
La Teología al servicio de la revolución = Teología de la liberación
FILOSOFIA
Cristiandad:
La Forma informante
Filosofía realista: todo conocimiento comienza por los sentidos y termina en la inteligencia.
La razón humana es capaz de llegar al conocimiento de la verdad.
La verdad es la adecuación de la inteligencia con la realidad. Existe una verdad absoluta.
Humanismo-Renacimiento-Protestantismo:
La Forma materializada
La Materia con un poco de acto
Dios un poco determinado.
Revolución Francesa:
La Materia erigida en forma y espíritu.
Filosofía idealista: el conocimiento comienza en la inteligencia y termina en la inteligencia.
Niega la realidad de las cosas. El sujeto pensante se constituye en el principio de toda verdad. La realidad no es como es, sino como cada uno la piensa.
No hay verdad absoluta, sino opiniones subjetivas y relativas, ninguna de la cuales es superior a las otras. La unidad de la verdad es reemplazada por la multitud anárquica de las opiniones.
Positivismo. Agnosticismo
Comunismo:
La Materia sin Forma. El caos.
Filosofía materialista: reduce todo el ser a la materia evolutiva y dialéctica, que progresa por un proceso de contradicción permanente.
Niega la inteligencia humana como facultad del alma para conocer la verdad. Sostiene que el hombre se diferencia del resto de las cosas sólo por el grado de evolución.
No existe verdad absoluta; todo cambia y se transforma.
Materialismo: Social = Marxismo. Materialismo Individual = Pansexualismo.
Nihilismo:
La Materia contra sí misma
EL ARTE
El arte debe revelar en las cosas lo que está oculto a los simples sentidos; debe hacer inteligible la realidad y aprehenderla en plenitud por medio del símbolo.
El espíritu humano, incapaz de aprehender el todo de cada cosa, procede selectivamente: elige, selecciona aspectos esenciales de la realidad para manifestarlos artísticamente por medio de la expresión simbólica. De este modo, el espíritu se inscribe en una materia, a la cual trasciende, sin perder su esencia inmaterial. Es la forma que informa a la materia. Cuanto más perfecto sea el artista, más espiritual será su obra.
El arte está encargado de mostrar algo: la serie de vínculos que unen al hombre con Dios y con sus semejantes.
El artista debe procurar el perfeccionamiento humano: el arte es para el hombre; pero el hombre es para Cristo. De allí que debe profesar un profundo respeto por su condición de imagen y semejanza de Dios, por su condición de hijo adoptivo de Dios.
Toda realización artística tiene una concepción filosófica o antifilosófica, teológica o antiteológica, religiosa o antirreligiosa.
Para caracterizar a grandes rasgos las épocas del arte occidental, lo mejor es atender a la función que el mismo ha servido en cada una. No es meramente una distinta actitud ante una misma tarea lo que distingue a una escultura románica de un cuadro de género holandés: nos hallamos ante un cambio total de los motivos y finalidades de la obra figurativa.
Cristiandad:
Mira a Dios en función de Dios (arte anónimo al servicio de la gloria de Dios)
El carácter de aquel arte depende estrechamente de su función religiosa y de su concepción de la dividad. El arte no tiene otro fin que el servicio de Dios; su única tarea es la obra de conjunto de la iglesia.
En este punto se diferencia el arte románico del cristiano oriental y bizantino. En occidente, el polo secular del arte, el arte imperial y real, es en cierto modo absorbido por la iglesia; en Bizancio, por el contrario, la iglesia y el palacio imperial se hallan frente a frente.
Lo sobrenatural es el tema exclusivo del arte; tanto los edificios como las imágenes tienen carácter sacro, y expresan en signos sensibles la experiencia de algo que en realidad supera toda experiencia.
De este principio se deducen las leyes de la representación figurativa: los cuerpos no son representados con todo su terrestre volumen; no existe ni escultura independiente, ni representación de las sombras en pintura, ni reproducción de las relativas posiciones de los objetos en el espacio, ni perspectiva.
Aquel arte figurativo se atiene a la concepción de la «imagen».
Humanismo-Renacimiento-Protestantismo
Mira a Dios en función del hombre
Con ello queda transformada enteramente la función del arte: empieza en esta época el estudio del natural.
Poco a poco, el hombre adquiere una nueva importancia, y el arte se siente capaz, no sólo de elevar al espíritu, sino también de deleitar al sentido.
Con ello se constituye un segundo polo del arte, el secular, en las esferas privadas del castillo y luego de la casa burguesa; se inicia un arte que no está ya relacionada con el culto, con nuevos temas puramente mundanos.
El arte religioso entra en el signo del Hombre-dios. De la naturaleza humana se destaca exclusivamente su grandeza, negligiendo su pequeñez y su miseria.
La figura capital de la época es el «gran hombre», el «divino», tanto en la esfera del espíritu como en la de la actividad mundana.
El hombre ya no es solamente imagen de Dios, sino también reflejo de su majestad y partícipe de su fuerza creadora. Con ello se despliega majestuosamente el empuje creador de los hombres.
El cuerpo humano es objeto de una exaltada transfiguración, incomprensible si se olvida la fe en la resurrección de la carne: la hermosura corporal es creída reflejo de la hermosura del espíritu, y la desnudez es imagen de la pureza y de la verdad.
Jesucristo es concebido ante todo como resucitado, el vencedor de la muerte, en su nobleza y dignidad, en su fuerza y hermosura, con un cuerpo de atleta. Incluso en su muerte y martirio se percibe su fuerza victoriosa.
La tierra y el cielo se interpenetran, lo que se refleja materialmente en la pintura de techos. El hombre propende a la plenitud y la elevación.
El sentimiento central de la religiosidad es el del triunfo; lo pone de manifiesto la nueva forma de iglesia, que aparece alrededor de 1470, orientada toda ella hacia lo triunfal. El arco de triunfo aparece en la fachada y se repite en un estilo universalmente propagado de altar: surge la columna de triunfo cristiana.
Las ascensiones y apoteosis son los temas centrales y predominantes en la pintura religiosa, capitaneada por la pintura de techos. La iglesia culmina en la gloria de las ligeras cúpulas, mediante las cuales el realzado ámbito terrestre se inserta sin salto ni violencia en al ámbito de la luz suprema.
Junto a la iglesia y con igual rango, aparece la mansión del «gran hombre», que se constituye en tarea artística total, con su iconografía propia, en sus dos formas respectivamente rural y urbana: el castillo y el palacio. Cada vez más los castillos asumen el carácter de lugares del culto al gran hombre.
El arte religioso se retira al hogar burgués, hallando su último florecimiento en imágenes privadas para el culto y la meditación
En esta época, el propio artista se apropia la potencia creadora del hombre divino, convirtiéndose en artista universal, o, más bien, en uomo universale: un tipo que se da por vez primera con Leonardo de Vinci y por última con Goethe.
Revolución Francesa:
Mira al hombre en función del hombre (lo que agrada; el arte por el arte)
Domina a la época el abismo abierto entre Dios y el hombre que se cree autónomo, y la sustitución del Dios trinitario por nuevos dioses e ídolos: la naturaleza (panteísmo), la razón (deísmo), el arte (esteticismo); luego vendrán la máquina (materialismo) y el caos (antiteísmo, nihilismo).
Comunismo:
Mira al hombre en función de la materia (lo que sirve; arte comprometido)
Nihilismo:
Lo antiestético. Arte revolucionario
LITERATURA
Género de producciones del entendimiento humano, que tienen por fin próximo expresar lo bello por medio de la palabra.
La poesía es la expresión artística de la belleza por medio de la palabra sujeta a la medida y cadencia, de que resulta el verso.
Cristiandad: El santo como ideal
Humanismo-Renacimiento-Protestantismo El hombre en relieve. El héroe como ideal
Revolución Francesa: Lo divino buscado en el hombre. El hombre divinizado. Romanticismo
Comunismo: El hombre vacío de Dios
Nihilismo: La angustia existencial. La náusea, el suicidio
PINTURA
Es la representación de los seres o de los objetos existentes realmente en la naturaleza, o creados por nuestra imaginación.
Todo ser y todo objeto posee los medios de manifestar su existencia: su forma y su color. Lo que constituye la individualidad de cada uno de ellos es su forma. El color es siempre variable y accidental; la forma, en cambio, es inmutable.
En esta íntima unión del dibujo y el color, que se llama pintura, el lugar preponderante corresponde, pues, al dibujo, que puede muy bien prescindir del color y bastarse a sí mismo; mientras que al color lo es imposible hacer caso omiso del dibujo, de la forma, que le comunica aliento y vida.
Cristiandad: Líneas puras. La línea es lo formal. El color al servicio de la línea
Humanismo-Renacimiento-Protestantismo Líneas coloreadas.
Ornamentación. El Barroco
Revolución Francesa: Colores alineados.
Impresionismo
Comunismo: Colores sin líneas.
Cubismo: desfiguración geométrica de la figura.
Nihilismo: Negación del color y de la tela.
Muerte de la luz
ARQUITECTURA
Arte de la construcción, de disponer toda clase de construcciones según su objeto y las condiciones o necesidades que de él se derivan. Ella atiende a satisfacer las necesidades físicas y morales de los pueblos, proporcionándoles albergues sanos, seguros y cómodos.
De lo dicho se deduce que las obras de la arquitectura son ante todo de utilidad; pero siendo innato en el hombre el sentimiento de lo bello, se ha tratado siempre de hermanar aquella cualidad con el ornato.
Cristiandad: La idea espiritualizada expresada en la piedra. Pureza de formas.
El Gótico. Las catedrales
Humanismo-Renacimiento-Protestantismo La materia idealizada.
El Barroco. Los palacios
Revolución Francesa: La materia sensualizada.
El Rococó
Comunismo: La materia informe, materializada.
Arquitectura funcional
Nihilismo: La materia desnaturalizada
ESCULTURA
Arte de modelar, tallar y esculpir en piedra, madera, metal u otra materia conveniente, representando de bulto un objeto.
Cristiandad: La piedra informada por la idea. La figura humana en función de lo religioso
Humanismo-Renacimiento-Protestantismo La piedra materializada. La figura humana humanizada
Revolución Francesa: La piedra sensualizada. La figura humana voluptualizada: los desnudos
Comunismo: La piedra informe. La figura humana desfigurada
Nihilismo: La piedra desnaturalizada. La figura humana endiablada
MUSICA
Arte de combinar los sonidos de un modo agradable. Por las impresiones físicas del sonido, la música obra sobre nosotros y determina ciertas sensaciones, emociones o ideas.
La melodía, la armonía y el ritmo son elementos que influyen sobre nuestras facultades.
La melodía es la sucesión de sonidos musicales dispuestos de tal manera y en tal orden que ofrezcan un sentido satisfactorio al espíritu y al oído humano.
Armonía es la unión o combinación de sonidos diferentes, pero acordes. En el lenguaje musical, expresa la simultaneidad de sonidos, por oposición a la melodía, que es el resultado de la sucesión de los mismos.
El ritmo es la proporción guardada entre el tiempo de un movimiento y el de otro diferente.
Cuando la melodía va acompañada de palabras, no debe limitarse a interpretar la significación literal de éstas, sino que ha de evocar el alma misma del poema; ha de hacer sensible, por medio del sonido y del ritmo, el esplendor íntimo y la misteriosa belleza de la vida.
Cristiandad:
Lo espiritual espiritualizado.
El canto gregoriano: la música al servicio de la palabra.
El gregoriano es un lenguaje del alma para el alma. Es canto por excelencia y oración por esencia.
San Pío X afirma que la música no sólo contribuye al aumento del esplendor y decoro de las solemnidades religiosas, sino que su oficio principal y su fin propio consiste en revestir de adecuadas melodías el texto litúrgico, añadiéndole mayor eficacia.
La música sagrada debe estar al servicio de la palabra. Ha sido hecha para expresar la palabra, para revestirla, penetrarla, contemplarla y agregarle eficacia.
Según Santo Tomás, los cánticos que se escogen con todo cuidado para deleitar el oído distraen, y el alma no puede considerar el sentido de las palabras que se cantan. En cambio, cuando se canta únicamente por devoción, uno se aplica con mucha más atención a lo que se dice.
El gregoriano es una palabra cantada. Su texto es sagrado. En cuanto a su melodía, sale como del texto y se adapta perfectamente sobre él para hacer resaltar todo su sentido, haciéndolo más inteligible. Respecto de su ritmo, la base se encuentra en el vínculo estrecho que une la melodía al texto latino: el acento latino es su alma y cumbre; el final es pausado, acabándolo en su unidad y sentido.
Humanismo-Renacimiento-Protestantismo:
Lo espiritual sensualizado.
La polifonía
Revolución Francesa:
Los sentidos y pasiones erigidos en espíritu.
La sinfonía.
Comunismo:
Los sentidos sin espíritu.
Sentimentalismo
Nihilismo:
Pérdida del sentido.
El rock: la palabra al servicio del ritmo.
La música al servicio de la revolución y del demonio.

