CONSAGRACIÓN DE RUSIA AL INMACULADO CORAZÓN DE MARÍA
¿«EMPEÑO» DE LA AUTORIDAD DIVINA DE UN PAPA CATÓLICO?
Para la comprensión cabal de la razón de publicación de este artículo vease el siguiente post
Publicado por Pro Roma Mariana en octubre 15, 2013
Arai Daniele
Traducción para Radio Cristiandad de Alexandre Roberto de Carvalho
Todo en la Iglesia existe para cumplir los designios salvíficos de Dios.
Esta misión es confiada in primis al Papa católico.
No se puede negar que un plan divino se ha manifestado en nuestro tiempo en el contexto de las apariciones de Fátima.
Con todo, ese plan no ha sido debidamente seguido por los Papas católicos hasta Pio XII.
Ya vamos a volver a contar esa historia desde el Papa Pio XI, el Papa el cual Nuestra Señora ha predicho para la consagración de Rusia a Su Inmaculado Corazón
En seguida, vamos a continuar con las tentativas del Papa Pio XII, el Papa de Fátima. Porque en lo que se refiere al pedido de Consagración de Rusia al Inmaculado Corazón de María por el Papa por medio de convocar a todos los Obispos y através de ellos a toda la Iglesia, se quedó sin satisfacer.
La consecuencia es que el estado de la Iglesia en los tempos posteriores a Pio XII, quien murió en 1958, es de gran decadencia, tal como ha sido profetizado por Nuestra Señora de Fátima en el «Tercer Secreto»
Ese estado, el cual es de una Ciudad cristiana semiarruinada y de mortal decadencia espiritual, se quedó más claro en 1960, cuando Juan XXIII ya había censurado esa Mensaje profética y convocado el Concilio Vaticano II para abrir de par en par la Iglesia al mundo moderno.
Desde entonces, la Doctrina de la Fe, así como el «Tercer Secreto» de Fátima han sido, primero ocultados de los fieles y después manipulados por la nueva mentalidad clerical introducida por los innovadores ecumenistas conciliares del Vaticano II.
A continuación, Juan Pablo II intentó realizar la Consagración de Rusia sin conseguirlo.
Quedó claro que, de facto, él no tenía esa autoridad porque no hay noticias de que ese acto haya sido cumplido junto a todos los obispos y fieles para la conversión de Rusia.
Y no solamente eso, sino que el propio apostolado de conversión ha quedado demolido en el seno de la misma Ciudad cristiana y en todo el mundo, afrentando la Doctrina de la fe católica, corrompiéndola con las manipulaciones conciliares.
Como las dos cuestiones están enlazadas, o sea, la quiebra en relación a la Fe y la alineación del pedido de Fátima y siendo eso perpetrado por la misma clase clerical conciliar, ¿qué deben concluir los católicos?
¿Qué sino la indiferencia antes y la imposibilidad después de eses clérigos de ejecutar el Plan de Dios relativamente a la Fe y a Fátima?
¿Por acaso ese hecho no proyecta una luz sobre la falta de autenticidad de sus misiones?
¿Qué pensar de los «papas conciliares» responsables por el acto desvariado de no solamente censurar, sino también manipular una clara señal divina para el nuestro tiempo?
Siendo la fe y las señales de un plan de Dios relacionadas con la misión del Vicario de Jesucristo ¿el desviarse deliberadamente de ellas, no indicaría por lo menos algo de foráneo en relación a la misión de la Sede papal?
Si así lo es, como se ha demostrado de un modo aun más evidente con el acto de Bergoglio de pie frente a la Imagen de Nuestra Señora que ha venido de Fátima, puede comprenderse que a fin de ejecutar el Plan de Dios de Consagración de Rusia al Inmaculado Corazón de María para el bien de las grandes conversiones y un periodo de paz, hay que se esperar por un Papa.
Nunca ha sido tan claro que debemos rezar para que Dios haga nacer un Papa católico, dedicado de cuerpo y alma a la ejecución de los designios salvíficos de Dios, el cual suprima la malicia conciliar ecumenista que predomina hoy, emanada de una Roma profundamente adulterada.
Mientras no se reconozca la ausencia de un «Papa católico» en Roma, lo único que puede asegurar la continuidad en la Ciudadela de la Fe, cualquier otro acto será privado del divino mandato apostólico y por ende, alejado de los designios de Nuestro Señor Jesucristo.
Lo cierto es que la confusión entre el falso y el verdadero Papa prevalecerá hasta cuando muchos fieles no atestigüen aun desde los techos y a tiempo y a destiempo, que desde la muerte de Pio XII, el Papado católico ha quedado «abatido» frente a los «Obispos, Curas, religiosos y religiosas y varias personas seglares, caballeros y damas de varias clases sociales y posiciones» como está en la visión de la tercera parte del Secreto de Fátima, que quedó más claro en 1960 con Juan XXIII promoviendo la maléfica iglesia conciliar.
Ese testimonio es el único de la realidad católica en la dirección de la Verdad, para que la divina promesa de María se realice. «Por fin, Mi Inmaculado Corazón triunfará. El Santo Padre me consagrará Rusia, que se convertirá, y será concedido al mundo algún tiempo de paz».
Ese triunfo depende por lo tanto de la conversión de Roma por medio de un futuro Papa católico. Ese Papa tendrá por Empeño Divino la capacidad de efectuar esa Consagración pedida, de acuerdo con los designios de Dios para nuestro tiempo. En eso será reconocido en tiempos tan tenebrosos.
Que así sea.
