¡DEO GRATIAS por BERGOGLIO!
Se ha convertido en el deporte o juego predilecto de los sitios cons, neo-cons, williamsonianos, etc. etc. el darle palos y más palos al pobre Bergoglio. Una especie de Golem, un «ekeko» al revés, en el cual se resumen todos los males y al que hay que darle y darle sin descanso.
Un golem es, en el folclore medieval y la mitología judía, un ser animado fabricado a partir de materia inanimada, normalmente barro, cerámica y materiales similares. En hebreo moderno, el nombre parece derivar de la palabra gelem. Scholem, en su obra «La Cábala y su Simbolismo». La palabra golem también se usa en la Biblia (Salmos 139:16) y en la literatura talmúdica para referirse a una sustancia embrionaria o incompleta. Similarmente, los golems se usan primordialmente en la actualidad en metáforas, bien como seres descerebrados o como entidades al servicio del hombre bajo condiciones controladas pero enemigos de éste en otras. De forma parecida, es un insulto coloquial en yidis (o idish o yidish), sinónimo de patoso o retrasado.
Bergoglio asume, también, en la mente de los tradis, la categoría del «chivo expiatorio», porque es a él al que se le asigna el rol de ser el depositario de todo aspectos negativos grupales. Es el que carga con la culpa colectiva, sin ser materialmente culpable de todo. Y no lo es porque antes que Bergoglio hubo otros.
Confieso que es apasionante y fácil pegarle a Bergoglio. Él se encarga de facilitar las cosas proveyendo de material suficiente.
Nosotros también lo hacemos, esto es, le damos palos y criticamos cada cosa que dice o hace. Pero, hacemos la salvedad de que, desde el mismo momento en que se anunció su elección e inclusive desde mucho, pero mucho antes, Bergoglio fue siempre objeto de un constante machacar de Radio Cristiandad. Cosa que no todos pueden decir.
Si hasta hay una cortina, repetida constantemente durante la programación, donde puede escucharse la voz de don Antonio Caponnetto «diciéndole en la cara a Bergoglio» (hace unos cuantos años) que es un promotor del herético falso ecumenismo y amigo de los enemigos del catolicismo; esa (que no es la única) crítica constante contra Bergoglio, era contemporánea de la, también, constante critica contra Ratzinger y contra Wojtyla.
Pero bueno. Vino Bergoglio y comenzaron a sumarse muchos con sus críticas y quejas.
Pero Bergoglio no es causa. Es consecuencia.
Es importante ver lo siguiente: la mayoría de los sitios web que atacan a Bergoglio, lo hacen como si esta crisis de la Iglesia fuese su exclusiva culpa, o casi. No atacaban con igual fiereza a Ratzinger. Pero este último era igualmente merecedor de esas críticas y ataques. ¿Entonces?
Lo que ocurrió es que Benedicto XVI no les parecía tan malo. Y se los sigue pareciendo no tan malo. Todo lo cual es de suma gravedad, porque se nos quiere hacer creer que con Benedicto todo esto que pasa y vemos hoy, gracias a Bergoglio, antes no pasaba y no se veía.
Pues… ¡DEO GRATIAS por Bergoglio!, entonces. Porque Ratzinger era y es mucho peor. Mucho más engañoso y muchísimo más sinuoso y peligroso. Y si Bergoglio sirve para que muchos hoy estén abriendo los ojos, es una bendición, puesto que se están despertando del hipnótico sueño inducido por Ratzinger, que, recordamos de pasada, estuvo todo el tiempo detrás de la figura mediática de Juan Pablo II.
Los actos ecumaníacos protagonizados por JP2 o por B16 son tan o más malos que los que hace F1; pero, en cuanto a aquellos, casi todos se esforzaron durante años, y se todavía se esfuerzan, por encontrarle o el lado bueno o el lado no tan malo, o alguna justificación, y de no ser esto posible, directamente se hace un ocultamiento del hecho. En cambio a Bergoglio le caen por todos lados de un modo inmisericorde… ¿Será que no se deja misericordiar?
Leía a alguien que comentaba lo siguiente:
«Si la crítica al proselitismo la hacen JPII o BXVI nos esforzamos por buscarle el lado positivo; si la hace Francisco, hemos de entenderla siempre en un sentido negativo.»
«Con cualquier excusa se dan palos una y otra vez a Francisco, como si fuese un monigote de feria, al tiempo que se callan los abundantes precedentes de las heterodoxias de Francisco en papas anteriores. Ahora resulta que todo esto lo ha inventado Francisco.»
«Por cierto, con todo este aluvión de críticas, no se está diciendo nada de la próxima turbocanonización de JPII, que podría resultar de los aspectos más dañinos del pontificado de Francisco.»
Bergoglio es atacado salvajemente; y no está mal.
No está mal, siempre que se recuerde que es Ratzinger aquel que funcionó como «Perito Conciliar», contratado para ese menester por Karl Rahner; que fue quien estuvo todo el tiempo detrás de Juan Pablo II, que es autor de numerosos escritos que rezuman modernismo, que fue el autor del nefasto MOTU PROPRIO, que fue el ingeniero que diseñó la trampa que destruyó a la FSSPX, que es filosófica y teológicamente un revolucionario imbuido de ideas modernistas…
No está mal, siempre que se recuerde que Juan Pablo II era un actor mediático que, entre otras cosas, encabezó el Encuentro Ecuménico en Asís en 1986, que osculaba coranes y que se hizo adornar la frente con el signo del TILAC hinduista…
No está mal, siempre que se recuerde que, tanto uno como otro, visitaron una buena cantidad de sinagogas y pusieron sus papelitos en el idolátrico e idolatrado Muro de los Lamentos, mucho antes que Decimejorge…
¿Quién puso a MULLER al frente del ex «Santo Oficio»?… ¿BERGOGLIO?
Bergoglio parece algo así como la cereza del postre: pero, entonces, si hay un postre, mejor no olvidarlo.
Ya tenemos bastante de Bergoglio. Pero él no hubiera sido posible sin los anteriores, lo cual incluye a todos los «Papas» conciliares.
Recuperar el equilibrio se hace urgente.
Para recuperarlo habrá que asumir la realidad; y la realidad no comienza con Bergoglio. La realidad comenzó hace más de cincuenta años con el Concilio Vaticano II, y aun antes, con todo lo previo al mismo.
El modernismo no nació ayer ni el día en que Bergoglio apareció, disfrazado de blanco, en la LOGGIA para su primer saludo a los habitantes de la Plaza de San Pedro, y recibir de ese pueblo la bendición.
La medida de la insensatez ya está lo suficientemente colmada. Por supuesto que esto es culpa de los «Papas» conciliares y de todos los modernistas que gobiernan desde hace décadas en Roma. Dicho en otras palabras: la culpa de la tremenda confusión y oscuridad que vivimos actualmente es culpa de los NO CATÓLICOS que se apoderaron de Roma, aunque no sea culpa sólo de ellos.
También es culpa de todos los que, durante todo este tiempo, han intentado encontrar una posición intermedia, una manera de escapar a la conclusión inevitable de que Roma ha perdido la Fe. Roma no perdió la fe con Bergoglio. Roma no dejó de ser católica por las bufonadas bergoglianas. Roma apostató mucho antes, cuando se rindió al espíritu del mundo, cuando aceptó las ideas revolucionarias y acomodó, o pretendió acomodar, las enseñanzas del Evangelio leyéndolas y predicándolas bajo la «luz» del mundo moderno.
La grotesca realidad de Bergoglio es consecuencia y no causa.
Los NO CATÓLICOS se apoderaron de Roma… De ellos, Bergoglio es tan sólo el sexto eslabón de la cadena.
Esto es obvio, claro, pero muchos no actúan en consecuencia. Es muy obvio, pero muchos actúan como si no lo fuese tanto.
Es culpa de nosotros mismos; de nuestra ignorancia y de nuestra propia incapacidad de verlo antes. Nos parece normal que simples católicos de a pie hayamos dudado muchísimas veces a lo largo de todo este tiempo. ¿Acaso es tan sencillo ver un anticristo en quien aprendimos desde niños que es el Vicario de Cristo? No lo es, pero debimos verlo antes.
Y si no lo hemos visto antes, no es por culpa de Bergoglio.
Es por culpa de la falta de ciencia del pueblo católico.
Es por culpa de la falta de conocimiento de nuestra fe.
Es por culpa de la falta de oración.
Y sin temor a equivocarme, creo que, también, es por culpa de la falta de conocimiento de las Sagradas Escrituras y, principalmente, del Libro del Apocalipsis, sin el cual toda esta inmensa crisis no puede ser comprendida en modo alguno.
Nos parece urgente recuperar el equilibrio en esta cuestión.
Para ello debemos recobrar la sensatez que, en cantidades desbordantes e inexhaustas, solamente podremos hallar en las fuentes que la Divina Providencia ha previsto para estos tiempos.
