LA RELIGIÓN ADULTERADA RECURRE A LOS MÁRTIRES (PARA MAYOR CONFUSIÓN)

Los mártires y la religión adulterada: una aguda explicación del padre Castellani

Del libro de Leonardo Castellani, El Apokalipsis de San Juan, 1º ed. 1963

Y vi a la Mujer
Ebria de la sangre de los Santos
Y la sangre de los mártires de Jesús
Y me asombré
Con grande asombro
Al verla.

Lacunza ha propuesto destos versillos una exégesis ingeniosa que parece plausible. La exégesis común los interpreta del furor persecutorio con que la Roma de Nerón y Domiciano derramaba sangre de cristianos. Eso puede andar del typo; pero ¿el antitypo? La sangre no emborracha, no produce euforia ni ufanía. Los Romanos salían tristes del Anfiteatro después de aquellas orgías de sangre y muerte, nos dice Tertuliano…

La Mujer Perdida se glorifica a sí misma ahora, con la sangre de los mártires y las loas de los Santos; se ufana y emborracha con ellas. Exactamente como dijo Cristo a los judíos: “vuestros padres mataron a los Profetas, y vosotros les levantáis monumentos, y os ufanáis con sus nombres, diciendo: si hubiéramos vivido entonces, no hubiésemos matado a los Profetas; y ahora estáis fraguando dar muerte al último y mayor de todos los Profetas”. La religión adulterada hace gala de la fama de los antiguos santos muertos; y persigue a los santos vivos.

¡”La misa cantada en Barcelona” de Havelock Ellis! El actual “modernismo religioso” se apropia de las glorias terrenas de la Religión: de las catedrales góticas y románicas, la música de Bach, los dramas de Shakespeare – que al fin fue un católico, aunque cobarde y vacilante en su fe –, de Cervantes y de Lope, los grandes descubrimientos de la Europa Cristiana y su pertrecho político y jurídico, los reinados prósperos y gloriosos, el Poverello de Asís – el más grande de los poetas, dicen –, Santa Teresa y San Juan de la Cruz, hasta ahora no se le han animado al severo Ignacio y al gran inquisidor Domingo de Guzmán; y en una palabra, toda la “añadidura” del Reino de Dios, que la Cristiandad suscitó. También es dellos la “espiritualidad”, la “fraternidad” y el “humanismo”. El modernista desenvuelto y desmadrado Samuel Butler (el pintor y novelista) escribe en su The Way of All Flesh: “El Cristianismo ha producido cosas muy malas y cosas muy buenas; hay que rechazar las cosas malas y heredar las buenas. Toda la herencia de Occidente es nuestra.”

Es típico de nuestros días que el mayor filósofo contemporáneo, Soren Kirkegor, haya acusado desta borrachera de sangre a la Iglesia Nacional Danesa. En su violenta diatriba contra sus cofrades los curas luteranos (Der Augenblick, obra postuma) los trata de “caníbales”, porque según él “comen carne humana” de los mártires y santos, cuya gloria y autoridad se adjudican, al mismo tiempo que no los imitan, antes los desimitan, por decirlo así; en sus vidas frivolas y cómodas, y en predicación aguada y mutilada del Evangelio. Exploradores de la religión que plantaron otros, hoy alaban a los difuntos y persiguen a los vivientes hombres religiosos, que con su trabajo y con su sangre … les conservan el comedor. Kirkegor, que interpretó casi toda la Escritura, jamás interpretó un solo versículo – que yo sepa – del Apokalypsis, cosa curiosa. Y la razón es porque – según creo – estaba dentro del Apokalypsis, y ende no podía verlo de afuera: Dios anticipó en la vida del jorobadillo danés los tiempos parusíacos; lo cual es decir pura y simplemente lo hizo profeta.

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