OSKO ANALIZA EL ELEISON 325… SILENCIO ACUSADOR

¿De acuerdo también en esto?

williamsonSILENCIO ACUSADOR

Hoy, el problema no es que se difundan cuestiones que deben mantenerse entre un discreto y pequeño número de personas. Hoy, el problema es que el silencio los acusa a todos. Un atronador silencio, que se está filtrando mucho más estrepitosamente que documentos secretos o memorándum reservados, acusa hoy a los cuatro obispos de la FSSPX.

Ya se ha hecho casi una costumbre.

Mons. Williamson publica sus ELEISON y nosotros publicamos una suerte de comentario acerca del Comentario del señor Obispo.

No siempre, por supuesto, pero sí cuando nos parece que debemos hacerlo.

Esta vez, quien esto escribe, esperaba el Comentario Eleison 325 con un plus de interés. Debido a la semana movida que hemos tenido, como consecuencia de las declaraciones de Bergoglio y por culpa de su tendencia a ametrallarnos con sus devaneos teológicos modernoides, esperábamos cerrarla con un comentario episcopal contundente y de buena doctrina, expresado de manera lapidaria.

«Ingenuo. Siga participando», es el eco que me parece escuchar de fondo a mis cavilaciones. Sin embargo nuestra esperanza, ingenua o no, estaba bien fundada.

Los sacerdotes que tenemos, por la Gracia de Dios, lo hacen todo el tiempo. Pero justamente, alguien que recibió el mandato de apacentar a las ovejas, a mi modo de ver, está más obligado que ninguno.

Y bien… espera vana.

Mons. Williamson, en cambio, ha optado por volver unos 300 días hacia atrás, para retomar la cuestión del último capítulo de la FSSPX y recordarnos que fue excluido del mismo; además de hacer, una vez más, una relación de analogía entre la decadencia de la Fraternidad y la apostasía romana.

Coincidentemente, Monseñor Fellay tampoco levanta su voz para condenar (¡QUE DIGO!), ni siquiera para hacer un comentario a la pasada sobre Bergoglio y sus disparatados decires y «haceres»; lo que lleva a que Blogs williamsonianos lo acusen, últimamente y casi todo el tiempo, por ese SILENCIO. Compartimos la crítica, que sirve para desnudar que detrás de los silencios de Mons. Fellay se esconde un compromiso de no atacar, no condenar a los conciliares; clara demostración de que la FSSPX ha sido desvirtuada en cuanto a su misión y la dirección que le imprimió su fundador, Mons. Marcel Lefebvre.

Pero… ¿Y Mons. Williamson?

¿No le cabe, al menos, un reclamo o una crítica similar?

¿Cuánto tiempo más habrá que esperar para escuchar de su parte una reflexión clara sobre el actual inquilino de la Casa Santa Marta?

¿O, acaso, es tarea de laicos blogueros (que no lo hacen mal), pero que no son pastores?

Nadie desconocerá, por cierto, que una condena contundente por parte de Mons. Williamson tendría una repercusión que ni todos los blogueros juntos podrían conseguir. Y no se trata de repercusiones meramente, sino porque la verdad lo reclama.

Sobre todo hay una información que en los últimos días ha tomado estado público, que no proviene de los mass media, ni tampoco de suposiciones de los sectores tradicionales; no es un mero rumor. Es una información oficial, proporcionada por la oficina de prensa del Vaticano.

Es una información que da a conocer que, en seis meses, ocurrirá un hecho (en realidad son DOS los hechos). El día 27 de abril de 2014 se llevará a cabo una ceremonia por medio de la cual se declarará santos (de la Iglesia Conciliar) y se incluirá en el canon (de la Iglesia Conciliar) a Ángelo Giuseppe Roncalli, alias Juan XXIII, y a Carol Wojtyla, alias Juan Pablo II (junto al scriba de Balaguer…).

Como sabemos que escribimos para lectores que están informados respecto de esas dos personas que serán «elevadas a los altares» (perdón, a la tabla de planchar) y de sus hechos y sus dichos, no es necesario hacer un recuento histórico de sus andanzas.

Ya hablaremos más adelante acerca del carácter de «Hecho Dogmático» que tienen las canonizaciones y de sus consecuencias inmediatas.

En el año 1988, Mons. Lefebvre, en la que denominó «Operación Supervivencia», consagró a cuatro sacerdotes de la FSSPX, elevándolos al Episcopado. Las razones por las cuales Mons. Marcel Lefebvre tomó esa trascendental decisión, no solo no han desaparecido, sino que, por el contrario, esas razones se ven fortalecidas, habiendo trascurrido más de un cuarto de siglo.

Los fieles tienen derecho a que los cuatro obispos digan la verdad.

Los fieles tienen derecho a escuchar que sus pastores asumen una posición clara y contundente de cara a estos hechos que ocurrirán el 27 de abril próximo.

Los fieles merecen y necesitan mucho más que los silencios de los monseñores, no sólo Fellay, de Galarretta y Tissier, sino también Williamson (y tal vez con mayor razón en este caso…); estén o no estén ellos de acuerdo entre sí en todas las cosas, tanto en este como en muchos otros temas; no obstante, ellos tienen la obligación de hablar, y no sólo, repetimos, los tres que aún pertenecen a la FSSPX.

Mons. Fellay renegaba cuando se filtraba información. ¿Cómo hará para impedir que se filtre este silencio abrumador?

Mons. Williamson está del lado de los que, muchas veces, han contribuido a filtrar información… ¿Cómo hará para explicar esta falta de coherencia, este silencio que, en primer lugar, lo acusa a sí mismo?

De algunas personas suele decirse, «No son malos por lo que dicen; son malos por lo que no dicen y por lo que no denuncian». Esto es aplicable a quienes tienen la obligación de decir y denunciar y no lo hacen. Los cuatro obispos tienen esa obligación. LOS CUATRO, señores; le guste a quien le guste y lo diga quien lo diga…

En estos momentos, los cuatro obispos se encuentran igualados. Igualados en silencios que son dolosos. LOS CUATRO, señores; le guste a quien le guste y lo diga quien lo diga…

Tal vez sea este, también, un punto respecto del cual debamos aplicar aquella insólita (en su momento) sentencia de Mons. Fellay: «los haré reír seguramente, si digo que, en el fondo, los cuatro obispos estamos de acuerdo»

Los hechos están frente a nosotros; sus silencios también.