Salmo para el día de hoy
Dios mío, no permitas la pérdida de mi alma.
¡Que tu luz me ilumine, que me asista tu gracia!
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Ando por tierras llenas de hipócritas verdugos,
seres endurecidos como azocados nudos
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que presumen de todo cuanto a ti te repugna,
que transpiran azufre, que por dentro son tumbas.
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Líbrame de los lazos del traidor y rebelde
que articula tu nombre con baba entre los dientes;
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ese que tergiversa tu enseñanza divina
y danza frente al pozo de la sangre vertida
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del mártir. No es mi carne lo que quiero salvar
sino mi alma, Dios mío. Concédeme esa paz
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que el mundo desconoce por infiel y soberbio,
la que baña de lo alto, la que nos vuelve recios
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contra el error que avanza fingiendo caridad,
mientras planta entre todos su abominable altar.
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Dispénsame la gracia de aquellas claridades
que perforan la sombra como un puñal radiante
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porque, mientras florecen mentira y corrupción,
tu luz se va cerrando como un obturador
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por el que solamente penetra el ojo fiel.
Caín se multiplica. Déjame ser Abel.
Jorge Dore
