Crónicas inverosímiles…
LA NOCHE QUE MATARON A «SNAKE»
Las calles se inclinan en un suave declive cerca del río. Es una pendiente que, a la distancia, permite contemplar parcialmente el suave movimiento del agua. En el boulevard, y a pesar del frío y un viento húmedo y tenaz, transitan algunas pocas personas, haciendo un paseo o culminando sus actividades y ya de regreso a sus casas, en esta tarde gris del invierno europeo.
Ninguna de ellas mira hacia las murallas. Seguramente deben ser romanos que transitan habitualmente por allí, a los que no les ocurre lo mismo que a mí en mi primera vez en Roma. Todo es especialmente bello pero, al mismo tiempo, tiene un aire dramático. Desde mi posición puedo ver la cúpula de San Pedro. Cierro los ojos y recuerdo aquella imagen nocturna del rayo golpeando en lo más alto; una premonitoria imagen de lo que habría de venir. Han pasado ya más de cuatro años.
Siento una sensación de vértigo y fastidio. Tantas cosas ocurrieron desde aquel 11 de febrero de 2013. No es sencillo decodificar toda la información que venimos acumulando en los últimos meses. Tantas cosas ocurridas desde entonces…
El asesinato de Snake fue hace ya seis meses, pero todavía sobrevuela ominoso sobre el Vaticano. Un crimen aun no resuelto, a pesar de los muchos intentos de encontrar un culpable, un «perejil», a quien adjudicarle el magnicidio.
La noche del crimen el sicario, autor material del mismo, debió huir precipitadamente, no sin antes terminar con la vida de Snake de un modo imprevisto.
El cuerpo baleado del alemán fue encontrado apenas unos segundos después del atentado, solamente porque, por un olvido, Mons. Gaenswein debió regresar a la habitación del ex Pontífice, en los antiguos aposentos del Palacio Apostólico.
Eso fue algo que llamó inmediatamente la atención… ¿Qué hacía allí? ¿No se había retirado a vivir en oración en el restaurado Monasterio Mater Ecclesiae? Aparentemente había retornado al Palacio Apostólico muy discretamente…
Pero… ¿POR QUÉ?
Ahora lo sé. Pero sigamos con el relato, y develaremos el terrible secreto.
La cuestión es que Mons. Georg Gaenswein se había quedado con un documento que debía haberle entregado a Snake esa misma noche. Su olvido casi le costó la vida. Llegó cuando el asesino, al verlo regresar, ejecutaba su cometido brutalmente y huía precipitadamente de la escena del crimen por el mismo ventanal por el cual seguramente había entrado, no sin la complicidad de algún guardia.
A partir de las mil conjeturas que surgieron desde el momento en que los primeros policías llegaron a la escena del crimen, y eso fue casi inmediatamente, puesto que Mons. Gaenswein utilizó su teléfono móvil para llamar a la policía, comenzaron a tejerse una maraña cada vez más densa de versiones que tornaron indiscerniblemente complicada la investigación.
Los tres pseudo culpables, que en todo ese tiempo se había intentado imponer a la opinión pública como autores materiales del crimen, resultaron ser un completo fraude.
Nada cerraba en las investigaciones; tanto es así que las especulaciones del mundo entero se dispararon de un modo tal que, con el tercer sospechoso liberado, se llegó a un punto muerto. Corrían rumores sin fin. Que la conexión ÁRABE; que el LOBBY GAY; que el LOBBY WAY; incluso se hablaba del LOBBY TRADI… Todas vías investigativas muertas.
Nadie sabe todavía qué fue lo que ocurrió.
Francis se encerró en un mutismo completo, que ya lleva seis meses; increíble en alguien que no dejaba pasar un solo día sin decir una bobada ilustre y de mantener un permanente contacto con la prensa y con la gente.
Finalmente decidió resignarse y recluirse en los Aposentos Papales de los que hasta ese momento había renegado. Hacía seis meses que no se escuchaba una sola palabra de sus labios. Solamente breves mensajes o comunicados para ocasiones especiales.
Rumores y más rumores invadieron Roma y todo el mundo católico.
La gente pareció adquirir respecto de Francis una suerte de completa indiferencia que poco antes parecía inconcebible.
Y aunque nadie lo tomaba totalmente en serio, sin embargo, en la mayoría, se instaló la cuasi convicción de que Francis algo tenía que ver con le defunción del emérito.
Según los investigadores, eso no era más que una patraña surgida en el imaginario popular.
Los investigadores se la pasaban diciendo: «¿Cómo va a matar al abuelito?»…

Pero había un dato. Un dato que tan solo un avezado, sagaz e incansable investigador (ese soy yo) podía tomar en serio.
Poco antes del crimen había tenido lugar una reunión secreta en la Casa Santa Marta. Solo tres hombres participaron de esa reunión. Tres hombres y una mujer. La Consejera de Francis.
Según mis informantes, los tres hombres y la mujer discutieron cerca de una hora respecto de un asunto importante. También, según mis informantes, la conversación fue acalorada. Según dicen que cuentan testigos presenciales, algunas parejitas de novios arrumacadas cerca del río en el calor de la noche habrían dicho que los gritos se escuchaban desde el Tiber (esto último no sé si es cierto, pero queda lindo).
Como fuere, la cuestión a resolver en esa reunión secreta parecía ser de suma importancia. El tremendo fastidio de Francis por tener que mantener esa plática lo había tenido molesto durante los días previos.
Sólo a instancias de la Consejera se persuadió de la conveniencia de aceptar la reunión y que, tal y como había pedido el eclesiástico misterioso, (así se habla de uno de los participantes en la reunión) estuviera presente «el garante», como dicen que el misterioso eclesiástico consideraba al emérito.
Recuerdo ahora aquella mañana en la que un twitter publicado por la Consejera reclamó mi atención. Ese pajarito pasó desapercibido para todos, o casi todos. No para mí. Desde hacía cuatro años que yo venía siguiendo los twitter de la Consejera. Sistemáticamente, sin descuidarme un solo día. Esa mañana me sorprendió el escueto mensaje (escueto como todo mensaje en twitter) que apareció en mi vieja notebook: «Te equivocaste Snake; no debiste decir eso».
Nada me hubiese hecho volver sobre ese mensaje, si no hubiera ocurrido lo que me trajo a Roma… «la muerte de Snake«.
Llevo gastados once mil euros; con los cuales he sobornado siete guardias suizos, cinco mucamos, tres secretarios y dos monaguillos, además de un Monseñor de lengua suelta que me encontré en cada uno de los pasillos que he recorrido durante estos pocos días de mi visita al Vaticano, y que también encontré en cada esquina de cada calle de Roma… Es más, ahora mismo puedo ver al omnipresente Monseñor, escondido detrás de un árbol disfrazado de niñera y llevando un cochecito de bebé como parte de su camuflaje.
Pero mis sacrificios y mis trabajos se vieron coronados finalmente por el éxito. Finalmente he logrado saber quién fue el visitante, el misterioso eclesiástico que participó de la reunión ultrasecreta en la noche del 27 de abril de 2017.
Y también sé quién contrató al sicario que se cargó a SNAKE.
La jugosa versión que tengo del diálogo que tuvo lugar aquella noche, y que significó la condena a muerte del alemán, es la que pude reconstruir a partir de todos los fragmentos, distintos pero concordantes, que mis informantes me facilitaron, y que guardo como un tesoro en el bolsillo superior de mi chaqueta. Lo he leído y releído cien veces.
Cierro mis ojos para recordar el relato de la reunión secreta, que transcurrió de la siguiente manera:
Francisco esperaba sentado en uno de sus sillones favoritos de la habitación acompañado tan solo por la Consejera. Ella estaba glamorosamente vestida de noche y con un generoso vaso de whisky en una de sus manos. A eso de las 21:30 llegó el emérito. Intercambiaron unas breves palabras de un saludo entre cortés y distante. Fueron las siguientes:
Francis: Llegaste.
Snake: Sí. Recién. Vine en el auto y nadie me vio.
Consejera: ¿Seguro?… Porque…
Snake: Si, nena, (la interrumpió)… ¿sabes cuantas tengo de estas?
Consejera: Un montón. Pero ya se te escapó la liebre un par de veces… ¿O tengo que recordarte a Gabrielle?
Snake: Eso fue culpa tuya. Vos armaste todo eso para hacer puré al pobre Tarcicio…
Consejera: Ese cerdo, traidor y corrupto…
Francis: Bueno… BASTA, los dos. No quiero escuchar eso otra vez…
Silencio. Largo.
Francis: ¿Cómo arreglamos ahora este otro despelote que armaste?
Snake: ¿Yo lo armé? Lo armaste vos, que no entendiste nunca la jugada. La cuestión era meterlos a todos en la bolsa. Y resulta que llegaste, y no se te ocurrió nada mejor que anular MI Motu Proprio… hiciste que sospecharan. Hiciste que recularan, y ahora es más difícil. Te lo dije antes. Apenas asumiste. El día que viniste a verme en helicóptero, te lo dije. Te expliqué que estos salames eran fáciles. Que no había que hacer nada, que era cuestión de tiempo; que ya los teníamos… Pero no… vos no tuviste mejor idea que empezar con eso de que son «pelagianos»… «tristes»… Te burlaste de los ramilletes de oraciones…, y los tipos empezaron a desconfiar… y todo el plan se fue al demonio… perdón, a los angelitos…
Francis: Hiciste demasiadas concesiones. Ya parecías uno de ellos. Muchos se pusieron a comparar. Cuando lo rajé al molesto pelagiano de Guido, y lo puse de nuevo al revolucionario Piero, decían «eso con el alemán no hubiera pasado». Cuando tire a los angelitos la museta, decían «eso con el alemán no hubiera pasado»…; cuando concelebré el año pasado la primera Misa Sincrético Católica con el Gran Rabino de Roma y el Gran Mufti Mohamad…, dijeron «eso con el alemán no hubiera ocurrido»…; y ni hablar del episodio con los Franciscanos de la Inmaculada… ME TIENEN HARTO.
Consejera: Tiene razón Francis… Una cosa es tratar de meterlos en la bolsa, y otra muy distinta es concederles TODO lo que ellos piden.
Snake: Ustedes son dos principiantes. ¿Qué piden? Ser reconocidos, para después poder criticarnos a nosotros y al Concilio… ja ja… Después del acuerdo los hacíamos puré con los obispos diocesanos y con la Comisión Ecclesia Dei…, que a vos no se te ocurrió nada mejor que rebautizarla con otro nombre… Hay que ser…
Francis: ¿Qué tiene de malo el nombre? Le queda mejor… «Comisión para los Pelagianos Tristes»…
Snake: ¿No me digas? Pero ellos no son tan tan tan tontos. Es cierto que casi los dejé engrampados con una jugada simple y sencilla, casi elemental, pero solamente porque son muy ambiciosos, pero no son tontos; no tanto. Un poco sí. Pero no tanto. Ahora no sé. Arreglalo vos.
Francis: ¿YO? ¿Y CÓMO? Si este que llega en un rato no quiere hablar ni arreglar, si vos no ponés el gancho…
Snake: ¿Viene solo ahora?
Consejera: Sí. Es lo que arreglé. Y le dije que si no viene solo no hay reunión.
Fue en ese preciso momento que entró el misterioso eclesiástico… Esplendoroso, impecablemente enfundado en su sotana negra, negra. Bien negra. Y con ese precioso y bien ajustado púrpura en su cintura y su brillante cruz pectoral. Y sus blancos dientes en exhuberante sonrisa.
Se acercó; tomó las manos de Snake y las besó devotamente. Tomó una mano de Francis y… poco faltó para que la besara también. Luego tomó las manos de la Consejera…, y se lo escuchó musitar una extraña plegaria: «Madame Rossiniere… protégeme… dame la fuerza para vencer a mis enemigos»
Y se sentó.
Seguidamente, y sin esperar que le dieran la palabra…
Berni: ¿Cómo arreglamos este fato? Somos gente razonable y grande. Escucho ofertas.
Francis: ¡Qué descaro!…
Berni: Cerrá el pico, porteño bocón…, que Bouchacourt ya me contó unas cuantas cosas de vos.
Francis: Pelagiano tenías que ser.
Berni: Da igual. ¿Cómo lo arreglamos….?
Snake: Te firmo el Acuerdo y….
Berni: ¿VOS solo? ¿Y ESTE OTRO? Porque ahora la firma tuya no vale mucho que digamos… y, además, quiero incluir en el Acuerdo esto que escribí abajo, como última cláusula… y esta SÍ que es sine qua non.
Francis: ¿QUÉ? Yo no firmo nada con pelagianos y menos esa última cláusula… vos estas mamado champion… A lo más…, avalo lo que firmen este y vos. Pero yo, eso no te lo firmo, y menos con esa cláusula.
Consejera: ¡ACÁ NADIE FIRMA NADA!
Berni: Ok. Me voy. Pero esto no queda así. Voy a publicar que ustedes dos viven peleándose y que hay cisma y que son dos mentirosos, voy a contar que ustedes dos son masones… Que vos Francis dormís con la camiseta de San Lorenzo, y que la que manda acá es la zorra esta, la consejera, la papisa… y que…
Consejera: Eso vas a tener que probarlo…
Berni: Es fácil… tengo twitter… y guardo todas las pelotudeces que decís por día…
Snake: ¡¡TRAICIÓN!!
Francis: ¡TE DIJE QUE LA CORTARAS CON EL TWITTER, NENA!!!
Consejera: Perdón… No puedo evitar usarlo, soy adicta…
Berni: JE JE… Arreglamos o hablo…
Francis: Donde tengo que firmar…
Y firmó… Y Bernie salió exuberante, agitando el documento… Mientras caminaba hacia la salida hizo una llamada telefónica:
Berni: WILLY…, poné el auto en marcha que ya salgo. Andá llamando a todos… Sí… ya está… Que se canten Te Deums en todas las casas…
Quedaron ellos tres solos.
Snake: TE DIJE QUE NO PUSIERAS A LA MINA ESTA EN EL CONSEJO… pero vos… CLARO, ¡¡¡tenías que llamar la atención..!!!
Francis: Se lo había prometido a mi vecina, la del tercero «B»… Un día me dijo, «Si usted llega a ser Papa, ponga una mujer que lo ayude»… Ella me planchaba la ropa, me hacia las compras… Y la verdad es que ni en broma pensaba yo entonces que podía ser Papa…
Snake: SALAME, IMBÉCIL, POLLERUDO… Esta no te ayuda; ¡esta zorra te maneja el Vaticano!… Ahora, mejor me voy. Ah… y me quedo a dormir en los aposentos que vos nunca usaste para dártelas de humilde… Y me parece que me quedo y no me voy más. Y no sé si no digo que sos un farsante y un pelandrún, y vuelvo al poder.
Y así, sin más y dando un portazo, Snake salió del lugar.
Francis: ………….
Consejera: NO DEBIÓ HABER DICHO ESO…
Francis: Es cierto; llamarme imbécil, farsante y pelandrún… Y decir que me va a denunciar y a volver a ser Papa… no debió decirlo…
Consejera: No… Eso no. Lo que no debió decir fue «ZORRA», «LA MINA ESTA»… No debió decir «POLLERUDO»… Yo le voy a enseñar lo que puede hacer «LA MINA ESTA»…
Abro mis ojos. Las murallas vaticanas continúan dándole marco a mis últimas horas en Roma, antes de emprender el regreso a Buenos Aires en el vuelo de medianoche.
Ahora, finalmente, todas las piezas del puzzle encajan y puedo comprender.
Hace seis meses que mataron a Snake. Hace seis meses que Francisco vive enclaustrado y casi sin hablar. Hace seis meses que la Consejera ocupa la habitación que dejara Francis en la Casa Santa Marta, aunque claro, ya no tan austeramente. Hace cuatro meses que, para sorpresa de muchos, Monseñor Fellay fue creado Cardenal. Hace tres meses que la sonrisa impecable del Cardenal Fellay adorna las oficinas de la Consejera, desde fotografías de pulcros marcos dorados…
La conclusión no puede ser más obvia.
De todo esto llevo documentos fotográficos para Buenos Aires. Estaré allí en tan solo unas horas. Levantaré de su bunker a uno de los rabinos milenaristas y partiremos hacia San Luis.
Después de esta investigación, estoy re-seguro que en la Radio por fin me ascienden… (por lo menos que me saquen del 6to. piso)
Claro que, en realidad, lo que más me interesa es saber cómo va a hacer Fabián para juntar los once mil euros invertidos en sobornos que gasté para hacer la investigación que concluye con este relato…
