Oremus pro…

UNA PEDRADA DE SAN PEDRO
En la larga entrevista con Spadaro, Bergoglio rememoró los años en que fue provincial de los jesuitas en Argentina, tema que generó debate al inicio de su pontificado por haber evitado pronunciarse sobre los desaparecidos durante la dictadura militar (1976-1983).
Y dice Bergoglio:
«Tuve un momento de gran crisis interior estando en Córdoba. Tenía 36 años: una locura. Había que afrontar situaciones difíciles, y yo tomaba mis decisiones de manera brusca y personalista, lo cual me creó problemas», reconoció, para agregar:
«No habré sido ciertamente como la beata Imelda pero jamás he sido de derechas» (NdA: Derechas… ¡Me estás «cachando»!)
La beata Imelda… Pero, ¿de qué habla este hombre?
Por supuesto que está muy claro que Bergoglio está en las antípodas de la beata Imelda.
Para empezar la beata Imelda era católica y como tal fue beatificada por el Papa León XII en el año 1826, y fue declarada Patrona de los primeros comulgantes en 1910 por el papa San Pió X quien, en ese año, decretó que los niños podrían hacer su primera comunión a una edad menor a la establecida anteriormente.
Bergoglio, es «conciliar», por lo tanto modernista, por lo tanto hereje y por lo tanto no es católico; seguramente va a ser «beatificado» también pero por esa iglesia o secta y por, vaya a saber uno, cuál de los señores de capas escarlatas que hoy hacen de cuenta que son cardenales.
Pero vayamos a las similitudes entre la beata Imelda y Bergoglio:
La beata Imelda, entristecida porque todavía no tenía edad para comulgar, (tenía 13 años y no se permitía comulgar hasta haber cumplido los 14) sufría en el seno de su congregación, a la que había ingresado por permisión de su padre el Conde Lambertini, rogando que le fuera permitido hacerlo.
Así, aun cuando no estaba obligada, seguía la Regla con devoción y aplicación, suplicando a las religiosas y a su confesor de que la dejaran comulgar, a lo que ellos rechazaron en cumplimiento de lo establecido.
Bergoglio también.
—¿También qué?…
—No sé; también ¿qué puedo decir? La comparación que hizo Bergoglio es tan absurda que hay nada que pueda decir.
—Pero… Alguna similitud debe de haber…
—Bueno, a ver… Solamente se me ocurren estas:
La beata Imelda estaba poseída de un amor sobrenatural por el Santísimo Sacramento del Altar.
Bergoglio, está poseído de… está poseído de amor por el mundo.
La beata Imelda, deseaba vehementemente recibir a Jesucristo Sacramentado.
Bergoglio, desea vehementemente «entregar» a Jesucristo…
Y esta otra… A FUTURO:
Llena de tristeza, un día, en la fiesta de la Santísima Virgen María, la niña estaba en la capilla con las religiosas. En el momento de la Comunión, una Hostia se elevó fuera del ciborio y se vino a detener sobre la cabeza de Imelda. El sacerdote se acercó con la patena y la bendijo antes de dársela a consumir a la niña. Imelda se prosternó y comulgó; y cuando las hermanas fueron a verla para llevársela, la encontraron ya muerta con su rostro en un éxtasis.
Un día, lleno de alegría, Bergoglio presidirá alguna fiesta conciliar, y entonces algún objeto contundente de los que hay en la Tumba de San Pedro va a elevarse por los aires y luego de encontrar la cabeza de Bergoglio, le propinará un soberbio golpe dejándolo patidifuso; y cuando algunos de los presentes acudan a verlo para llevárselo a un hospital, lo encontrarán desparramado en el piso, ya finiquitado y con el rostro contraído en una infernal mueca.
Soñar no cuesta nada; pedirle al Cielo que algo como eso ocurra pronto, tampoco.
SANCTE PETRE, ORA PRO NOBIS
