Desde la inhóspita trinchera: CRISTO TEN PIEDAD DE NOSOTROS…Y DE ELLOS

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Desde la inhóspita trinchera:

CRISTO TEN PIEDAD DE NOSOTROS…

Y DE ELLOS

Estamos con mi marido de regreso de un hermoso viaje que hicimos al norte de nuestra querida Patria; llegamos hasta Humahuaca, pasando por Santiago, Tucumán, Tafí del Valle, los Valles Calchaquíes, Salta, Jujuy, Purmamarca, Tilcara; y de regreso por ciudad de Catamarca, La Rioja, y al fin Córdoba por el departamento de Punilla.

Un viaje maravilloso, que no solo nos permitió descansar y cambiar e intercambiar puntos de vista en diversos temas que hacen a la esencia del matrimonio (hijos, nietos, yernos, padres, proyectos, balances, aciertos y yerros, etc.), los cuales muchas veces postergamos absorbidos tanto por el quehacer cotidiano, como por el olvido de la importancia que tiene la unión que debemos alimentar los esposos, sobre todo después de haber recorrido juntos el camino por espacio de 35 años.

Muchas veces olvidamos, sin darnos cuenta de lo dañino de ese olvido. Pero, como dije, no sólo nos permitió esto, si no que me llevó a reflexionar, mientras contemplaba el paisaje (dados los silencios prolongados que durante tan extenso trayecto realizamos), sobre el alma de la Patria, tema que también compartimos.

Si bien hemos sido testigos del robo más espectacular y siniestro de todos los tiempos, llevado a cabo por los enemigos de la fe en el mundo entero, de catedrales, basílicas, iglesias, capillas, oratorios, ermitas, lugares sagrados, de Roma misma, etc., no por ello dejan de dar el testimonio vivo de lo que fuera el alma de la Nación Argentina antes de ser rebajada, pisoteada y humillada tras el arrollador curso de los acontecimientos pos revolucionarios hasta nuestros días.

Tras los cientos de kilómetros recorridos, en cada pueblo, ciudad o localidad, a pesar del bombardeo constante y sin tregua ni pausa que llevan adelante los personeros del ejército mundial (con sus tan mentados «PATRIMONIOS DE LA HUMANIDAD» y «PROGRESOS» y tantos otros), se alzan como antorchas aún encendidas los grandiosos monumentos religiosos que reflejan la fe de otrora de sus hijos, como testimonio de una Verdad acabada, definida, sin competencias, y que ningún poder mundial podrá derribar.

¡Con cuánta razón dijo Nuestro Señor que las puertas del infierno no prevalecerían contra ella! Todos los esfuerzos por sepultar la CRISTIANDAD han de ser en vano; toda lucha humana contra Aquél que ES, resumida en Israel y a todo aquél judaizado que le sirva por tener el mismo fin, ha de fracasar en su empresa TITÁNICA; se hundirá sin más en el intento, caerá como el Coloso de Rodas rompiéndose en mil pedazos tras el terremoto del inicio de la fe, reflejada en el sentir de sus hijos que hicieron posible ese testimonio perenne e inmortal. Pues ¡de Dios nadie se burla!

¿Cómo mente humana puede concebir y cavilar, tras luchas incesantes, día tras día, mes tras mes, año tras año, siglo tras siglo, pretender acabar con Dios? ¿Acaso no es suficiente recorrer con la mirada el escenario imponente de la Creación? ¿O ver elevarse las catedrales, iglesias, oratorios, conventos, capillas, ermitas, cementerios con cruces incontables, casi infinitas e imposible de cuantificar; medallas, rosarios, estampas, Vírgenes, santuarios, relicarios; que hablan y expresan con contundencia la presencia Divina, y que sólo Dios puede imponer sin artilugios?

Artilugios propagandísticos de típico corte diabólico, sensacionalista, interesado, perverso y vacío con los que pretenden apantallarnos los modernos gobiernos anarquistas y liberales de turno. «Facinerosos contra facinerosos», diría Josep de Mestre en «Consideraciones sobre Francia».

¡Cuánta ceguera, cuánta absurda ideología les impide pensar, reflexionar, al menos estimar y calcular las fuerzas del que consideran su enemigo al que hay que derribar!

¡Pobres hombres! ¡Cuánta insensatez!

Porque aunque destruyeran todo el acervo cultural y edilicio, aunque nos arrancaran todas las cruces que inundan el globo, todos los testimonios vivos de nuestra fe, todos los libros Sagrados que hablaron definiendo para siempre la única doctrina Verdadera; no podrán acabar con el último hombre que sostenga tales principios, porque antes, probablemente, partículas desprendidas del sol caerán sobre la tierra quemando todo y acabando así, en un instante, con el tan mentado «Progreso», caballito de batalla de los tuertos paradigmas del hombre moderno.

¡Qué juicio particular tan terrible nos espera! ¡Qué juicio tremendo será el de las Naciones y de los que las conducen! ¡Pobres hombres aquellos que deberán dar cuentas de cada uno de sus actos de gobierno, de las leyes inicuas que dictan so pena de padecer, contrariando las Divinas! ¡Cuánto peso llevarán sobre sus hombros los jueces, los abogados, los presidentes, los militares, los médicos, los maestros, los Sacerdotes, Obispos, Cardenales, los actores, como Juan Pablo, Benedicto o Francisco y tantos otros! ¡Cuántas deudas contraídas con Dios y con los prójimos! ¡Y nosotros, los padres de familia, esa pequeña sociedad doméstica en donde se gestan las demás! ¡Cuántas cuentas deberemos dar!

¡Cristo, ten piedad de Nosotros!

¿Y que podremos decir de nuestra Patria, de nuestra querida Argentina? ¿De nuestras pobres autoridades que han hecho del pecado un modo de vida normal y natural? ¡Hasta de lo más antinatural y repugnante! ¡Degenerados pervertidos al servicio de la sinarquía!

¡Pobre Cristina y su Gabinete!

Todo esto pensaba mientras viajaba contemplando las maravillas del Poder Divino y Creador: la Selva Tucumana, los Valles Calchaquíes, Tafí del Valle; gigantes rocosos que envuelven y atrapan las miradas atónitas ante majestuoso paisaje.

¡Cuánta grandeza armónica junta, que desentona con el alma desgarrada y corrompida de la Patria! ¡Mamarracho desfigurado de sociedad civil y religiosa! ¡Cuánta tristeza siente el alma al verla sumida en el asco y la nausea de sus leyes inicuas, sumida en el más abyecto desenfreno! ¿Será posible que tanto castigo mereciéramos…? Y al punto pensé…, no con cierta ingenuidad: ¡Donde abunda el pecado, abunda la Gracia!

¡Es en ello que debemos poner nuestra esperanza como Nación, a pesar o gracias a Francisco y Cristina!

Porque si bien no puede ser tan grande y profunda la corrupción a la que ha sido arrastrada, en los dos aspectos antes mencionados (pionera en cuanto a la misma sale a la luz), no es menos cierto que, quizás gracias a ello, sea también la pionera del surgimiento y conversión cristiana, verdaderamente Católica, de muchas almas.

Y no hablo de conversión a manera de Reconquista Universal de Roma y la Cristiandad por parte de los hombres, ya que a esto sólo Dios lo hará posible. «Ella volverá ataviada como una novia».

Dado el estado de apostasía imperante, imposible de restaurar, no hay poder humano que pueda contra el monstruo desatado de Balaán; ni hombre, ni pueblo alguno puede atribuirse un derecho que sólo Dios tiene reservado para sí: «Cielos nuevos y Tierra nueva» «He aquí que yo hago todo de nuevo».

Mas no podemos ignorar que antes de la Segunda Venida de Nuestro Señor Jesucristo un pueblo entero, el deicida, el elegido de entre todas las naciones, el propagador de la misma inmundicia, el corruptor de tantas generaciones, el mentor de tanta ideología, «El Pueblo Pérfido Judío», volverá a la Casa del Padre, volverá arrepentido; la Gracia le hará ver su ignominia, su traición, y su perfidia.

Dados los tiempos, debemos considerar esta cuestión. Si pronta se estima la Segunda venida de Nuestro Señor Jesucristo, en Gloria y Majestad, más pronta será la conversión de aquellos que le persiguieron, como una señal más de los tiempos Parusíacos que vivimos.

Pues al engaño al que han sido sometidas muchas almas, atrapadas en tamaña confusión sacrílega, conducidas ni más ni menos que por el que dicen es el Vicario del mismo Cristo en la tierra, y a quién creen de buena fe, encarnan la apostasía sin darse cuenta que son parte de ella. Muchas al fin merecerán, entiendo, un arrebato de Redención que los mismos judíos podrían proporcionarles, incluyéndose ellos mismos.

¡Y qué decir de las nuevas generaciones!

Estas nuevas generaciones, multiplicadas por millares, se nutren de todo espíritu perverso difundido por los medios, medios que se hallan al alcance de la mano y que sólo cuesta apretar un botón para absorber todo tipo de ideologías, las más de las veces perversas y siniestras; mientras que la contrapartida es la búsqueda con lupas de algún libro viejo y ajado, ya perimido; que al decir de los tiempos modernos, saturados de confort y pereza, no es muy fácil de asimilar en el mejor de los casos.

Para éstos jóvenes, el único testimonio que podrían encontrar de la verdadera fe, se halla en esos magníficos monumentos que hoy sólo admiran los turistas y que ellos ni siquiera se preguntan, si es que había antes algo VERDADERO.

La acción que ejerce el judío a través de los medios, los ministerios, el comercio, la propaganda, los gobiernos, para corromper los pueblos por odio a Cristo es, podría decirse, perversa, diabólica…, casi omnipotente.

¡Cómo será, con todos los medios en sus manos, la acción que ejercerán tras su conversión! ¡Qué desolación, qué desesperación ver corromperse y zambullirse en el infierno a tantas almas si Dios no interviene a través de su pueblo tocado por Su Gracia! ¡Cuántas almas serían arrebatadas al final por la acción del Judío converso!

La conversión de los judíos a la verdadera fe de Cristo es una de las señales que nos da la Profecía antes de la Segunda venida de Nuestro Señor; debemos considerar en estos tiempos el portentoso acontecimiento que se llevará a cabo en un tiempo no muy lejano. Y es por ello que me pregunto si nuestra querida Patria no estará dentro de las escogidas, ya que como dije más arriba: «En donde abunda el pecado, abunda la Gracia.»

No es poca cosa que la PERDICIÓN se halle instalado en Roma y que sea Argentino, desgracia por cierto para sus conciudadanos auténticamente católicos (amén de la vergüenza ajena y toda esa cosa). Tampoco es poco que nuestra presidente sea mujer, remarcando ella la desinencia «TA», para ¿reivindicar? su papel, o sea el feminismo (no la femineidad), arma poderosa de los movimientos revolucionarios de vanguardia, desempeñando ahora el papel de Eva.

Ni que se llame precisamente «CRISTINA» (seguidora de Cristo). Desconozco su genealogía y sus orígenes, aunque su apellido patronímico sea «Hija de…Fernando (Fernandez); en este caso, ignoro si su ascendencia, por cualquier rama, sea alguno de origen hebreo. Lo cierto es que mis frondosas lucubraciones me hicieron pensar en la posibilidad de que todos los personajes espectaculares de nuestra querida Patria, que nos han lanzado al estrellato del mundo en este final y comienzo de siglo, empezando por el «Che», Maradona, siguiendo con Néstor, cuyo nombre significa:»El recordado», y rematado con Cristina y Francisco, sean una señal del comienzo del fin de la maldición y de la guerra entablada del Israel contra Dios.

Y no puedo evitar la tentación (y de ver la realidad de que en nuestra Patria abunda el pecado) de sospechar la abundancia de Gracias que Dios le tiene reservada a causa de éstos personajes, especialmente los últimos. Pues como ya dijimos: ¡De Dios nadie se burla!

¡No es posible que tamaña desventura se cobre tan alto precio y que quede indemne!

La conversión de Cristina a la Catolicidad Auténtica podría cambiar diametralmente el curso de la historia. Más no digo CON-VER-SIÓN, sino todo lo contrario, o sea: dejar de ver a SIÓN en la formación de la Nueva Palestina, que, de acuerdo al plan Andimia (si fuera realidad), se asentaría en nuestras tierras. Todo es posible, más aún, siendo Argentina la Nación que más judíos alberga después de EE.UU.

— ¿Podría existir algún elemento que hiciera mutar el corazón de éstos hombres humanamente hablando?

— ¡No señora, no lo hay!

— ¡Algo encontraremos, señor director!

Si bien mi remota e ingenua pretensión, que sólo mi imaginación cavila, de convertir el estiércol en dulce con la ayuda de la alquimia, es una absurda quimera (como pensara acertadamente Mauricio Coenn en la novela el kajaal que acabo de terminar de escuchar editada por Radio Cristiandad), no es menos cierto que la Gracia, sin necesidad alguna de la alquimia, puede tocar el alma del más recalcitrante enemigo de Cristo con la ayuda de la oración. ¿Qué dije? ¡¡La Oración!! ¡¡¡Sí, la Oraciooooooónn!!!

— ¡Ya ve señor director que algo hemos encontrado! ¡La oración!

— ¡Pero a Dios rogando y con el mazo dando!

— ¡Bien, por lo mismo podríamos señalarle por ahora a la Sra. Presidente algunos yerros de su gestión!, y sin más, continuar con la oración. ¿Qué le parece?

— Bien, prosiga.

A la Señora Presidente, con nuestro más sincero respeto:

Adjuntamos a nuestras oraciones por su fiel conversión a la fe Católica, por ordenanza de nuestro director, algunos mazos que con absoluta caridad de nuestra parte le damos (por ahora) sobre un punto de su gestión, extendiéndose a sus más allegados colaboradores.

«A propósito de su slogans propagandístico estampado en todas los pueblos, localidades y ciudades Argentinas, «Aquí también la Nación Crece», cuyo sofisma nos quiere convencer del «progreso rutero» (que en justicia está muy bueno), yo le sugeriría o diría que debería aclarar en cada cartel: «En qué CRECE la NACIÓN», y así podremos distinguir qué espíritu la anima. Pues tanto la virtud como la iniquidad pueden CRECER hasta hacer desaparecer el mismo fundamento en donde se sostiene el contrario.

Aniquilar la iniquidad en el ejercicio de la virtud, es tarea  Grande de gobierno, tarea que no es fácil por cierto, puesto que desordenar es más fácil que ordenar, pero mientras ésta ejerce EL GOBIERNO, la otra no.

Mas en el aniquilar la Virtud en ejercicio de la iniquidad, no solo NO HAY GOBIERNO, sino cinismo y perfidia y Tiranía; porque la misma iniquidad, por haber aniquilado el fundamento de toda virtud, es quien ejerce el gobierno expulsando a quienes pretendan ostentar su cargo. De ser así, tenga entonces por seguro que ningún VIRTUOSO la acompaña, ni ostentará JAMÁS su cargo. Pero no es usted la que gobierna, sino la iniquidad, a la cual usted hasta ahora representa.

De ahí que sea tan importante que indique en qué «CRECE la Nación» según rezan sus carteles distribuidos a todo lo ancho y largo del país, ya que puede CRECER en número de habitantes o en abortos; en honestidad o en delincuencia; en sembrados o en incendios; puede CRECER en rutas y diques, como en inundaciones e hipotecas; puede CRECER en virtudes o en vicios, como la drogadicción; puede CRECER en familias bien constituidas o en familias desgarradas; en sodomías, en traiciones, derechos, obligaciones, enfermedades, degeneraciones, prostituciones, en prudencia; también en hipocresías y mentiras. Puede crecer, en fin, en modelos de Santos o en modelos satánicos.

Como se verá es muy ambiguo y extenso el sentido que su comando publicitario y político le da a su mal llamada «Obra de Gobierno».

Este accionar es propio no sólo de VER con SIÓN, el TRIUNFO DE LA INIQUIDAD, si no por SIÓN, es decir, gracias a SIÓN, puesto que los de SIÓN son los que ostentan esos mismos medios publicitarios, antes mencionados.

Nuestro Señor dijo: «Cuando veas la iniquidad instalada en lugar Santo… son los tiempos». Es lo mismo que decir: «En la Iglesia pos-conciliar, que se dice Católica, se ha instalado Francisco de «ASÍS» (y también de Argentina, ¡no lo olvidemos!), con toda su comitiva, con la aprobación de los Reyes de la tierra, entre los que se encuentra usted.

¡Abominación desoladora! ¡La Iniquidad en lugar Santo! ¡Son los tiempos! ¡La Parusía está cerca! (o sea, la Segunda Venida de Nuestro Señor Jesucristo).

¡Señora Presidente, aún está a tiempo, salga del infierno inicuo que la envuelve, pues todo esfuerzo por querer aniquilar la Cristiandad, más aún la Catolicidad, ha de ser en vano; porque, como se afirma más arriba: «De Dios nadie se burla».

Y he aquí un modelo de Virtud.

¡Cristina! ¡Seguidora de Cristo! Cuyo nombre adorna el santoral cristiano con el martirio de Santa Cristina nacida en Tur, a orillas del lago Bolsena, de familia noble, inducida a adorar a los dioses, en secreto se hizo cristiana. Al ser descubierta por su padre, este la entregó al juez Juliano, quien ordenó cortarle los pechos; pero, según la historia, de sus pechos no brota sangre sino leche. Entonces ordenó que le cortaran la lengua, pero ella aún siguió hablando. Muere asesinada con tres saetas por orden de Dioclesiano.

Del griego, Cristina significa «ungir», «el ungido», discípula de Cristo. La unción era el rito de consagración de los reyes. Decir de alguien que era el ungido, significaba que había llegado a lo más alto, y que contaba con la protección de Dios.

Llamarse Cristina, «la Ungida», es proclamar que ha sido elegida y consagrada para grandes cosas. Ese es el significado del nombre. Un nombre ¡cargado de promesas…!

¡Cristina! ¡Seguidora y discípula de Cristo! ¡Cuántas paradojas hasta hoy encierra tu nombre!

Por cierto has llegado a lo más alto, pero de la Iniquidad; al igual que rezan tus carteles; cargados y recargados de sofismas y eufemismos, vacíos por completo de adjetivaciones concretas. Y que también has sido ungida, elegida y consagrada para grandes cosas… lástima que no sepas por quién y para qué, y que no hayas podido, hasta hoy, hacer honor a tu nombre como Seguidora y Discípula de Cristo…

Un camino se abre ante nuestros ojos que, aunque costoso, es el único que debemos transitar en ésta hora, y es el camino de las millones de diatribas e insultos dirigidos hacia tu persona, que constantemente retumba en los oídos del pueblo Argentino; trocados en Oraciones, ofrecimientos de Misas, Rosarios, penitencias, rezos, ruegos, novenas y treintenas por tu alma; invadiendo todas las redes sociales y los corazones. Esto hará posible, sin duda, transformar tu sequedad y dureza de espíritu en bálsamo perenne de redención para tu salvación y la de millones de almas, ¡hasta quizás la de Francisco!

Pidamos a Dios Nuestro Señor por su franca conversión a la fe Católica, como hacían las primeras comunidades de cristianos por los Emperadores Romanos, siendo Constantino el primero en levantar el símbolo de la fe; gracias a la abnegación, rezos y penitencias de los fieles, y especialmente de su Madre Santa Helena. Y esto a los fines de que sean arrebatadas algunas almas de las garras de la Contra-Iglesia, antes de la Segunda Venida de Nuestro Señor Jesucristo.

Hay que aprender de la historia, es más probable que se convierta Cristina, como otrora el buen ladrón (que al final del camino terminó robándose el cielo), que algún discípulo de Nuestro Señor representando hoy a Judas; puesto que ella ignora el VERDADERO camino de la auténtica fe como el ladrón; más el discípulo bien sabía de su traición y, por su soberbia…, no le quedó otro camino que ahorcarse…

Dediquemos uno de los tres rosarios diarios a su franca conversión a la fe Católica Apostólica y Romana, cuyos monumentos indestructibles e infranqueables hablan del infructuoso trabajo de sus enemigos, y que al final de cada misterio recitado, pidamos a Dios Nuestro Señor: «Que socorra, en esta hora, especialmente, a las almas más Necesitadas de Su Misericordia».

Este testimonio será más válido, sea cual fuere el resultado, que todos los improperios y diatribas de la que la Revolución tanto se regodea. ¡No alimentemos su ego triunfalista!

Que sirva para la salvación de nuestras propias almas, el pedir y rogar también por nuestros enemigos sin claudicar en un ápice y sin abandonar el combate; puesto que así lo enseña nuestra fe.

¡CRISTO, TEN PIEDAD DE NOSOTROS…Y DE ELLOS!

Confiaré y pediré a la Providencia de que antes que finalice tu mandato, de tu nombre cargado de promesas, sea nuestra Patria la pionera elegida entre las Naciones; que brote leche de tus pechos, y que tu lengua siga hablando, aunque la corten, proclamando a Cristo Rey. Y que por las saetas recibidas por todos los Dioclesianos, ¡Te proclamen mártir de nuestra amada y Cristiana tierra Argentina!

¡Viva la Patria cristiana!

¡Viva Cristo Rey!

Desde la inhóspita trinchera