
Leyendo una de las obras de Mons. Lefébvre, esta mañana descubrí otro salmo de acoso.
Así llamo a esas oraciones que Dios nos enseñó y que nos ofreció para todas las circunstancias de la vida. He ido encontrando un grupo de ellos que sirven especialmente para estos tiempos, pues se insiste a Dios en que venga pronto a liberarnos, a librarnos, a socorrernos, a destruír al impío, a cumplir sus promesas…
Cada día rezo uno de ellos: 28, 74, 77, 79, 80, 83, 89, 90, 91…
Y ahora sumo éste que les envío y con el cual quisiera que se sumaran… Acosemos al Señor. Él quiere que le pidamos con insistencia: si no fuera así, no nos habría dejado los salmos. Y con eso Él logra muchas cosas: el aumento de nuestra confianza, de nuestra fe, de nuestra esperanza, de nuestro amor, de nuestra conciencia de dependencia, de nuestra visión sobrenatural, etc., etc., etc. Vale la pena rezar mucho si se logra tanto, ¿no? Pero, sobre todo, que Él venga y nos encuentre deseándolo, esperándolo, atentos…
Y, por favor, acuérdense de pedir por quien les envía esto.
Alejandro
Si aún no tienen los otros en sus computadores o en sus teléfonos o agendas, pueden descargarlos de aquí.
Lam. ¿Por qué, ¡oh Yahvé! te mantienes tan alejado y te escondes al tiempo de la angustia?
2 Por la soberbia del impío son consumidos los infelices, sorprendidos en las intrigas que ellos tienden.
3 Mem. Pues se gloría el malvado en la ambición de su alma, y el avaro se felicita, con desprecio de Yahvé.
4 Nun. Y (dice) el impío en su fatuidad: “¡No atiende, no hay Dios!” Estas son sus cavilaciones.
5 Sus caminos en todo tiempo son asegurados; tus juicios son demasiado altos para él. A cuantos se le oponen, los aparta de un soplo.
6 Y se dice en su corazón: “¡No me moveré de generación en generación!” El que no está sujeto al mal, maldice.
7 Pe. Su boca está llena de fraude y de violencia, bajo su lengua está la malicia y la perversidad.
8 Siéntase al acecho en las aldeas, en los lugares ocultos asesina al inocente, sus ojos espían al desgraciado.
9 Ayin. Se pone al acecho como el león en la madriguera, se pone al acecho para apoderarse del miserable; arrebata al indigente, arrastrándolo a su red.
10 Sade. Le espía y se arroja sobre él, y cae el infeliz en su poder.
11 Y dice en su corazón: “No se acuerda Dios; ha escondido su rostro, no ve nada.”
12 Qof. ¡Álzate, Señor Dios! ¡Alza tu mano! ¡No te olvides de los desvalidos!
13 ¿Cómo puede el impío despreciar a Dios, y dice en su corazón: “El no se preocupa”?
14 Resh. Tú lo ves, porque miras las penas y los trabajos para retribuir con tu mano. A ti se te confía el miserable, tú eres el auxilio del huérfano.
15 Sin. Quebranta el brazo del impío y del malvado; buscarás su impiedad; no la encontrarás.
16 Es Yahvé Rey por los siglos eternos; las gentes han sido borradas de su tierra.
17 Tau. Tú, ¡oh Yahvé! oyes los gritos de los humildes, fortaleces su corazón, les das oídos;
18 para hacer justicia al huérfano y al oprimido, para que no vuelva a aterrorizar el hombre de la tierra.
