JOSÉ LUIS URIBE FRITZ – CREENCIA – POLÍTICA – SOCIEDAD – 4º PARTE

 

creencia-politica-sociedadAdvertimos a nuestros lectores que algunas imágenes pueden herir la sensibilidad de algunas personas y menores…

Antes de comenzar esta cuarta parte de «creencia-política-sociedad» queremos señalar que el nivel del análisis desde ahora en adelante, requiere una profundidad en donde para las personas que no están al tanto de lo que se está investigando y exponiendo, les puede producir una desorientación sino se tienen presentes las ideas expuestas con anterioridad. Y para las que sí han seguido este trabajo, tal vez sea necesario un repaso de las partes anteriores donde hemos desarrollado las ideas que constituyen el meollo de este estudio. Por eso, antes de entrar en una de las materias más complicadas de las que estamos analizando «EL NEOSOCIALISMO» y su influencia, debemos hacer unas últimas precisiones en cuanto a categorías ideológicas, método y análisis. Porque si el tema es de por sí «complejo» para quien lo investiga, no tanto por la naturaleza de las ideas sino por las áreas que comprende y el sistema de relaciones que nacen a partir de ellas; mayor será la dificultad en la comprensión para quienes están huérfanos de conocimiento por los siguientes motivos y en las siguientes áreas:

1.- Desconocimiento sobre la verdadera naturaleza de las ideas socialistas, las categorías de su pensamiento ideológico y su vínculo metafísico (matriz inmanente), su dialéctica, sus objetivos (extinción de la religión, los Estados-Nacionales, la familia y la propiedad privada), su lógica operacional, su dinámica interna, el cómo y el porqué de su RENOVACION (no desaparición o claudicación), el verdadero carácter de esta; la absoluta vigencia de sus postulados esenciales y la notable expansión y conquistas políticas que ha tenido y sigue teniendo, desde hace poco más de treinta años.

2.- Desconocimiento absoluto sobre la vigencia de la teoría y práctica revolucionaria y las nuevas formas que ha adquirido: feminismo, sexualidad (aborto y derechos sexuales y reproductivos), ecologismo, indigenismo (pueblos originarios), defensa de los animales, antimilitarismo (objetores de conciencia) economía local (autogestión), laicismo, etc. Desconocimiento de su nueva nomenclatura político-social: sociedad civil, movimientos sociales, de ciudadanos, de liberación sexual, de autonomía territorial, etc.
Consejos ciudadanos, de preservación de recursos naturales, de seguridad ciudadana, asambleas, etc. Desconocimiento del nuevo lenguaje político que articula la dialéctica con la nueva práctica revolucionaria: ciudadanía, diversidad, igualdad, democracia directa, empoderamiento, voceros, facilitadores, visualización, autodeterminación, cotidianeidad, autogestión, «gobierno», discriminación, desobediencia civil, deconstrucción,
patriarcado, matriarcado, ocupación territorial, multiculturalidad, derechos humanos: transversales, culturales, sexuales, indígenas etc.

3.- Desconocimiento de las nuevas categorías ideológicas asimiladas por el socialismo: adhesión a ideas anarquistas, feministas ácratas, del existencialismo, utilitarismo, indiferentismo, relativismo, freudismo, neodarwinismo, actualización del materialismo científico, asimilación de algunas prácticas políticas de la social democracia y de los comunismos orientales.

4.- Desconocimiento de la creación de nuevos sistemas teóricos de pensamiento para la práctica revolucionaria, los más importantes son: el deconstruccionismo y el estructuralismo.

5.- Carencia de la necesaria metodología de análisis que explique, ordene y vincule, al menos rudimentariamente, la realidad social, el nuevo ordenamiento político y los procesos culturales en permanente gestación, con el nuevo socialismo.

6.- Y finalmente, desconocimiento de algunas categorías del pensamiento básicas y necesarias para establecer los elementos constitutivos de un juicio objetivo. Imprescindibles para formar el convencimiento que surge del conocer para poder entender, aprender y actuar.

Como cristianos nos enfrentamos a una realidad que no puede ser ignorada. El indiferentismo no es para nosotros una opción. Asistimos a la creación de un nuevo orden anticristiano que opera ya, ahora… en la vida diaria. Que no esté aun afianzado es lo de menos, porque los requisitos para su consolidación se desarrollan diariamente sin oposición alguna. Es decir, no existe una oposición ideológica que se desenvuelva en el mismo campo en que opera este nuevo socialismo y le oponga las categorías ideológicas necesarias, no para enfrentarlo exitosamente; esto sería pedir demasiado, sino al menos para que nos permita obtener las herramientas necesarias para decodificarlo correctamente y así poder resistirlo; con pleno conocimiento; en el plano personal y familiar y no sucumbir bajo sus engaños dialécticos. Y esto es lo que pretendemos realizar con este trabajo. Y reiteramos para ello las sabias palabras del Padre Ramón Ruiz, «Basta lo dicho hasta aquí, para ver con meridiana claridad, cuan necesario es, en estos tiempos, que todo cristiano se provea de armas suficientes, y proporcionadas a su capacidad, para defender sus creencias, las cuales constituyen la médula de su vida moral y humana.»

Reiteramos, que sabemos por una larga experiencia y la observación práctica de la realidad, que todas las categorías enunciadas en los seis puntos señalados, son primero, como lo afirmamos en cada uno de ellos, para la mayoría de las personas radicalmente desconocidas y en segundo lugar, no son asociadas a la práctica revolucionaria comunista.

Asistimos diariamente a actos de monstruosa impiedad: aborto, pedofilia, homosexualismo, lesbianismo, matrimonios homosexuales, adopción de niños por parejas lésbicas, clubes swinger: matrimonios que intercambian sus parejas, desacralización de los símbolos sagrados, profanaciones, etc. Pero no es suficiente señalar y denunciar estos hechos como inmorales y conformarse con una calificación ética negativa de los mismos. La denuncia misma y la simple calificación moral de estos hechos, no es otra cosa más que –en un estadio inferior de interpretación de la realidad– la constatación de la misma a través de un juicio de valor susceptible de ser realizado por cualquier persona y que no ilustra una explicación racional de la misma. Pero más allá de este juicio de valor negativo, existe necesariamente otra lectura que, naturalmente ilumina y decodifica estos hechos y nos entrega a su vez, otro juicio de valor de la realidad, que califica otra posibilidad de ser de ella, sustentada a su vez, por otros hechos de naturaleza ideológica. Más ético y por cierto, más instructivo es, entonces, acompañar la denuncia con una investigación que explique el cómo y él porque se han producido y el que sostiene esta realidad que produce estos hechos que calificamos como injustos, inhumanos, inmorales, anticristianos etc.

No obstante, el respaldo intelectual de un juicio de valor que califique estos hechos, solo se puede realizar a partir de la comprensión de su proceso formativo. Y ningún proceso que ha modificado el curso de la vida de los pueblos y de las personas, a partido de un punto muerto o estático, sino de un constante devenir, en donde las influencias ideológicas y culturales en general que el hombre ha madurado, continúan operando en el periodo siguiente a pesar de que el proceso histórico que les dio vida halla expirado formalmente.

Sin embargo, como la observación del diario vivir nos lo confirma, asistimos en este último siglo pasado y proyectándose firmemente en este, una concentración tal, de categorías anticristianas e inhumanas (contra natura), que abruma, aplasta, confunde y asombra.

En otras palabras, lo que pretendemos decir es que, si para el ser humano todo exige una petición de principio o una causa eficiente de todo lo que existe de la forma que fuese, hasta el error ideológico grosero, la inmoralidad y la impiedad que presenciamos cotidianamente, tienen necesariamente su razón de ser y obedecen a un orden. Develar ese orden significa conocer cómo se gestó para entender cómo funciona y porque se nos impone. De esta forma, la superación de esta realidad que para nosotros los cristianos es tan dolorosa, porque somos conscientes de la gravedad que conlleva en relación a Dios, es en estos tiempos, UNA BATALLA DIARIA. No obstante, como cristianos tenemos las armas de la fe que la doctrina católica nos entrega, para la superación objetiva de la misma. ¿Pero… somos conscientes de que existe una dicotomía total y absoluta entre las creencias cristianas y el orden social imperante como nunca ha existido? ¿Estamos realmente conscientes de que nos encaminamos a pasos acelerados como cristianos, en este nuevo orden social; a ser una creencia al margen de la práctica social y del orden jurídico y por tanto, de ser combatidos en el presente pasaremos a ser perseguidos en un corto o mediano plazo…? ¿Podemos afirmar que sabemos verdaderamente como se ha llegado a esto…?

Desde el punto de vista ideológico del que son su expresión, a través de la cultura y la política; se está operando una transformación de la sociedad de una profundidad tal, que mientras las personas, las creencias, los valores y los Estados- Naciones cambian de lugar o de posición; en el nuevo orden que se plantea, su adhesión a este orden, sea voluntario o no, sea conocido o no; implica en última instancia, que se verifique un devenir histórico, en donde la noción de movimiento, nos obliga a asumir un problema de cambio en el sentido ontológico. Lo que es posible verificar inequívocamente en el nuevo rol que se le ha otorgado al Estado y el nuevo objetivo y esencia de la naturaleza humana que predomina y se enseña y por extensión; la nueva forma que se le está dando a todas las instituciones humanas que existen en toda sociedad, desde la familia hasta la religión.


Cuando hablamos de un nuevo orden, no importa el nombre con el cual lo podamos identificar. Lo podemos llamar globalización o gobierno mundial, lo que más importa es, en primer lugar; entender que desde las más variadas instituciones e ideologías políticas, todo converge en la creación de este orden: humanismo, ecologismo, neosocialismo, liberalismo. Y en segundo lugar, nos es imprescindible conocer cómo opera, cuál es su dinámica, cuáles son sus categorías; ideológicas, morales, económicas, culturales, jurídicas, políticas y metafísicas. Esto es necesario no solo para combatirlo y resistirlo, como ya lo señalamos, sino que además para entender que el vacío para nosotros los seres humanos, en cuanto a realidad metafísica o física; no existe. Jamás una idea que ha desaparecido ha dejado un vacío ideológico. Jamás un árbol que se ha quemado ha dejado un vacío físico. Lo que existe en verdad, es un desplazamiento de una idea por otra. El cambio físico en el árbol quemado, no significó la desaparición de la materia, sino su transformación: quedan cenizas.

La impiedad que observamos y la inmoralidad que nos rodea indican que el orden cristiano está siendo desplazado y que otro orden está naciendo, en donde otras categorías morales, políticas, económicas, culturales y sociales están dirigiendo y dando «sentido» a la vida de las personas. Esto es algo que planteamos ya en la primera parte de este trabajo. Y saber cómo han influido las nuevas ideas socialistas es absolutamente necesario, porque estas ideas van a la vanguardia de la lucha contra Dios y su Iglesia (la verdadera… no la otra, que ya forma parte de este nuevo orden). En definitiva, debemos entender que la moral que nosotros calificamos como cristiana, está siendo reemplazada por otra moral, la iglesia católica por otra iglesia, el estado por otro estado, la religión por otra religión, la costumbre social por otra costumbre, el derecho por otro derecho y así sucesivamente en todo aquello que el hombre realiza y organiza para el desarrollo de su ser en relación a alcanzar una vida sobrenatural… que ya no le preocupa ni desea.




Conviene recapitular entonces sobre la naturaleza de las ideas socialistas y su desenvolvimiento moderno, para entender porque la nueva teoría revolucionaria asume ideas que al parecer no le pertenecen pues nunca se les han relacionado formalmente. Debemos por tanto señalar que:

  1. La crítica, es el factor de análisis volcado hacia el exterior y en lo que se refiere a herramienta de especulación filosófica, no es como nos interesa exponerla aquí. La autocrítica, por su parte, es el factor de análisis interno. Y ambas, confrontan la realidad ideológica dominante con la teoría y la práctica revolucionaria que pretende transformarla. Lo importante es que se entienda que, la crítica y la autocrítica en cuanto a elementos constitutivos de la ideología socialista y su proceso de renovación; lo son como factor esencial que produce su dinámica interna. Y esta a su vez se explica, por el vínculo ideológico que la conecta con la matriz metafísica inmanente, como «criterio de verdad» y que es, por lógica consecuencia, «entendida y asumida» como la «AUTENTICA CAUSA» originaria del hombre y el mundo. Y para la cual; nada hay por sobre el hombre, ninguna realidad existe fuera de la materia y todo está en permanente movimiento porque no hay una causa eficiente externa, fija, necesaria y permanente que le otorgue el ser y las cualidades necesarias para existir. (ver 2ª parte creencia-política-sociedad).
  2. La renovación del socialismo obedece a las causas señaladas y desarrolladas en el apartado anterior (2ª parte creencia-política-sociedad) y no a errores ideológicos o doctrinarios pues ello implicaría una renuncia al «ser» socialistas. Y una renuncia o reconocimiento de errores nunca en ningún lugar han sido reconocidos por los comunistas y socialistas en general. Ni mucho menos existe una claudicación a «SER» socialistas, sino al contrario, lo que se observa es una reafirmación por medio de la profundización del mismo, como quedó demostrado con las declaraciones de Gladys Marín y Mijaíl Gorvachov. Un comunista jamás reconocerá un error ideológico. La apreciación subjetiva de la realidad se lo impide. La crítica entonces se enfoca a «identificar» el error siempre con la «forma», el camino, la vía, el modelo de construcción del socialismo, pero nunca con el fin y los postulados ideológicos del socialismo. El postulado es la «verdad última y suprema». El error estará entonces siempre en la acción, determinada a su vez por el contexto histórico que le otorga su eficacia y legitimización. No es la verdad objetiva lo que sostiene y le da significado y valor a la voluntad de acción revolucionaria, sino lo útil que se muestra en la práctica. Dejó de ser útil…dejó de ser verdadero.
  3. Renunciar a un principio de acción revolucionaria «en» la sociedad, no es renunciar al postulado de «transformación Ideológica» «de la» sociedad, sino renunciar a una acción que demostró ser «ineficaz para transformar» la sociedad. En resumen la crítica «depura», «purga» de aquellos componentes (personas e ideas) que impiden la eficacia de la práctica revolucionaria en pos del objetivo revolucionario y el fin ideológico.



Monseñor Fulton Sheen, a fines de la década de 1920 realiza una lectura extraordinaria sobre las condiciones de la vida moderna. El da fe de una circunstancia que nosotros 80 años más tarde, podemos ver como se ha radicalizado. El señala que: «se ha destronado a Dios, los cielos han sido abandonados y el hombre ha sido colocado en lugar de Dios, cumpliéndose de este modo la diabólica promesa de que llegaría un día en que vendría a ser «semejante a Dios».

«Los problemas que antes se concentraban en Dios se resuelven ahora teniendo en cuenta al hombre, y los que antes se referían al hombre, ahora son amalgamados con el universo. El teísmo se reduce al humanismo, y la sicología a la cosmología, y por lo mismo ya no existe la distinción que se hacía entre el hombre y la materia».

Este nuevo orden no necesita a Dios ni a la religión porque como indica Monseñor Fulton: «… el hombre elevado a este estado «que llaman sobrenatural» (ser él mismo Dios) no necesita redentor; así como tampoco en el estado natural necesita de Dios. Como resultado de esta filosofía de autosuficiencia se da el estrambótico fenómeno propio de nuestros tiempos, de una religión sin Dios y un cristianismo sin Jesucristo.»

«Las palabras «Dios» y «Religión» están en uso todavía, pero significan cosas diferentes».