SALUS ANIMARUM SUPREMA LEX
Todos sabemos lo que significa el axioma que hemos decidido por título para este artículo. Es indudable que un católico no necesita demasiadas precisiones al respecto ya que todo en la Iglesia Católica marcha en esa dirección. Y digo MARCHA, y no MARCHABA.
Cuando decimos que «todo en la Iglesia Católica marcha en esa dirección», significa que, también en atención a la salvación de las almas, todo en Ella está ordenado a la Mayor Gloria de Dios.
Dios quiere que todos los hombres se salven.
Cada alma que traspasa las puertas del Cielo y queda arrobada ante la Divina Majestad del Dios Uno y Trino, las inefables bellezas de la magnificente Gloria que Dios tiene reservadas para aquellos a quienes ama, aumenta la Gloria externa de Dios.
La Gloria interna de Dios ni disminuye ni aumenta, como es sabido. Pero damos gloria a Dios y aumentamos su Gloria externa, en la medida en que con nuestros actos nos asemejamos a Cristo. En contrapartida, le «robamos» esa SU Gloria externa cuando hacemos lo contrario.
De modo que LA SALVACIÓN DE LAS ALMAS ES LA SUPREMA LEY EN LA IGLESIA.
La Iglesia continúa cumpliendo con esta misión. Que las autoridades romanas no lo hagan (más bien hacen todo lo contrario) no hace que la Iglesia haya claudicado.
Roma ha claudicado. NO LA IGLESIA.
Roma ha perdido la Fe, y con ella todos aquellos que se mantienen adheridos y súbditos de los romanos apóstatas. Pero la Iglesia Católica, NO. Ella es la Una Santa Católica y Apostólica Iglesia.
Son los romanos los que deberán decidir si quieren permanecer donde están o volver a la Iglesia para cesar en su DEFECCIÓN, y no la IGLESIA la que deba reprocharse nada en absoluto.
Por supuesto que cuando decimos TODOS, debemos entender que hay grados. Hay muchos que no alcanzan a ver o no pueden ver la realidad.
Puede que parezca extraño, pero esto siempre ha sido así. Nunca ocurrió de otra manera. No es culpa de la Iglesia que un Obispo o tres o cincuenta o todos, caigan en herejía, o incluso en la apostasía, y la contagien a diestra y siniestra. En todas las épocas ha habido quienes no han podido verlo o no han sido capaces de verlo. Por eso es que algunos heresiarcas han sido particularmente exitosos y populares. Igual que hoy.
Hay quienes piensan que es la IGLESIA la que ha defeccionado. Es el caso de Mons. Fellay, por ejemplo. Así como si Arrio fuera IGLESIA cuando enseñaba ARRIANIDADES, él cree que Bergoglio es IGLESIA cuando enseña BERGOGLIADAS.
Y todo eso por culpa de una mala comprensión que tiene de las promesas respecto del Primado de Pedro, del Dogma de la Infalibilidad Pontificia y del Dogma de la Indefectibilidad de la Iglesia. Sin contar la comprobada alergia que le ocasiona el Libro del Apocalipsis.
Es más…, me atrevo a decir que parece que Mons. Fellay yerra en cuanto a la concepción que tiene respecto de lo que es LA IGLESIA.
No entiende que Roma ha perdido la fe. Es mejor pensar que NO ENTIENDE, porque, si resultara que SÍ ENTIENDE, entonces la cosa sería aún peor.
Si Roma perdió la fe, bueno, ya sabíamos que esto iba a ocurrir. Solamente se trataba de una cuestión de tiempo. El tiempo llegó y Roma perdió la Fe. Por su parte, la Iglesia continúa. La Iglesia sigue y la Iglesia suple para la salvación de las almas y para la Gloria de Dios.
En definitiva, se trata de algo que estaba previsto para tiempos extraordinarios, que son, precisamente, los que nos toca vivir.
Ahora bien. Los Sacramentos los seguimos recibiendo de sacerdotes que permanecen en la Santa Iglesia Católica. Y donde no los hay (sacerdotes, y por tanto Sacramentos) la Iglesia permanece sosteniendo la Fe de aquellos católicos que siguen aferrados a la TRADICIÓN y la FE DE SIEMPRE.
Y Dios ve.
Y Dios da el sustento.
Y la Iglesia, Cuerpo Místico de Cristo, está allí.
Está allí donde hay dos o tres reunidos en el Santo Nombre de Jesús, que mantienen la Fe de Siempre, y que temerosos de Dios y por amor a Sus Mandamientos se mantienen alejados de la corrupción mundana y de la corrupción del falso cristianismo que difunde Roma.
La Iglesia se encuentra en aquellos «garajes» o casas de familia donde asistimos a nuestras Misas, y no en la majestuosa grandiosidad de la Basílica de San Pedro en Roma, ni en las hermosísimas Catedrales esparcidas por el mundo, donde se profesa una fe nueva, que tiene unas pocas décadas de una existencia plagada de novedades y contrasentidos, cuando no de blasfemias profanas y doctrinas material y formalmente heréticas.
Esa es la situación y no otra.
Mal que le pese a Monseñor Fellay y su irrevocable decisión de hundir la obra de Mons. Lefebvre.
Mal que les pese a ciertos empeños RESTAURACIONISTAS condenados al fracaso.
Mal que les pese a las líneas medías de todo pelaje.
Mal que le pese a la misma Roma, lo cual incluye a Bergoglio y desde allí para abajo hasta el último sacristán chupacirios, obsecuente, papólatra u obispólatra que exista y se encuentre en OBEDIENCIA y SUMISIÓN con el primer mencionado que funge como cabeza actual de la apostasía.
Y esto ocurre, lo vean o no lo vean todos ellos.
En ese contexto es en el que debemos ubicar cierta declaración del Bergoglio que padecen los creyentes en la fe conciliar, nueva y herética.
En orden a la SALVACIÓN DE LAS ALMAS, hay situaciones que pueden denominarse SALUBRES y hay de las otras, que podríamos llamar INSALUBRES.
Fiel a su estilo, Bergoglio ha tenido la ocurrencia de definir su «trabajo» como INSALUBRE.
Él pide que recen por él porque según dice, «El trabajo de Papa, es insalubre».
Por lo que debemos rezar, en realidad, es para que se detenga, para que no prospere NADA DE SU TRABAJO.
«Este trabajo es insalubre, no hace bien…». Así ha definido Bergoglio al Supremo Pontificado. Es indudable que él cree ser legítimo sucesor de San Pedro. De manera que, según Bergoglio, desde el «pobre» de San Pedro en adelante, todos sus sucesores han tenido que llevar a cabo una actividad INSALUBRE.
Y bien. Es necesario hacer la correspondiente aclaración.
Por una vez dijo la verdad. El problema es que se equivocó de sentido.
SU TRABAJO, el de Bergoglio (como el de todos los «papas» conciliares), es insalubre para TODOS. NO PARA ÉL… Bah, para él también.
Es decir, TODO el trabajo de Bergoglio es verdaderamente INSALUBRE para las almas. Toda su prédica, sus gestos, sus estupideces, sus medias verdades y sus medias mentiras. Todas sus posturas y sus ocultamientos. Todos sus pronunciamientos, que frecuentemente desbordan de chabacanería, vulgaridad y la oquedad espeluznante de palabras vacías de contenido o substancia con las que inunda casi cotidianamente las redacciones de los medios de prensa de todo el mundo, y que esos mismos medios se encargan de vomitar en cataratas sobre las masas atontadas.
El trabajo de los PAPAS NUNCA FUE INSALUBRE, NI PARA ELLOS NI PARA NADIE.
La VOZ DEL VICARIO DE CRISTO siempre fue necesaria y saludable para las ovejas del Redil de Cristo.
Hoy, miles de millones de almas se beneficiarían, si el Falso Vicario quedase mudo de una vez y para siempre.
Bergoglio, non loquuntur in æternum…
…que sumado al título de este artículo, aunque no literalmente, viene a ser algo así como un pedido:
Bergoglio, cierra la boca, por el bien de todos.
