JOSÉ LUIS URIBE FRITZ: CREENCIA – POLÍTICA – SOCIEDAD – 3º PARTE

        CREENCIA-POLITICA-SOCIEDAD. 3ª PARTE

UN NUEVO ESCENARIO REPRODUCE LA MISMA REVOLUCIÓN


A mediados de la década de 1910 el buen Padre Ramón Ruiz Amado escribía: «no nace todavía, el mayor peligro de nuestra fe, de la insana libertad, a todos concedida, de manifestar, y sustentar con los más hábiles sofismas, todo género de errores y blasfemias…». Mucha agua a pasado bajo el puente en el siglo que media entre sus palabras y nuestra realidad presente. O tal vez deberíamos decir muchas revoluciones se han sucedido. En la época del buen Padre Ruiz la revolución rusa de 1905 había sido un ensayo general fracasado de la revolución bolchevique que se consolidaría en 1917. Y el concepto revolución estaba ceñido a una determinada oposición en un lugar específico contra la tiranía de un gobierno señalado. La noción de «revolución mundial», que es lo mismo que decir «revolución comunista» y que como una despiadada amenaza se cernía sobre la Cultura Cristiano Occidental desde la aparición del manifiesto comunista en 1848, no había sido considera como una idea práctica posible, fuera de la mente de quienes la venían gestando desde siglos atrás. No obstante la sociedad cristiana en todas sus manifestaciones vitales: la religión, la cultura y los valores, pronto chocaría con esta concepción brutal. Y millones de inocentes morirían en este choque y los muertos continuarán en este nuevo siglo, porque en esencia nada ha cambiado en cuanto a la naturaleza y los objetivos de los enemigos de Dios y de la Iglesia, que se han reagrupado y recobrado nuevos ánimos como consecuencia del nuevo arsenal de armas que esgrimen en este combate de nuevo cuño ahora desencadenado efectivamente sobre un escenario mundial, y que decodificaremos en sus ramificaciones más importantes.


El Padre Ruiz se enfrentaba en su época a un racionalismo materialista científico primario en sus posibilidades ideológicas dialécticas. No expandido más allá de la ciencia y las profesiones «liberales» y sus medios sociales establecidos de divulgación formal (partidos políticos, sociedades científicas y prensa). El materialismo como expresión de la vida moral, aunque pensado en el siglo XIX, no cubría aun con su manto la vida personal y social de la mayoría de las naciones de Occidente. Posteriormente a medida que transcurriera el tiempo se convertiría en una de las características indelebles del siglo XX.

El racionalismo científico como creencia predominante se declaraba abierto opositor de la concepción cristiana de la vida esgrimiendo unos descubrimientos científicos, que hoy profundizados, no demuestran ni con mucho lo certero de sus argumentos contra la religión, y otros «pseudo descubrimientos» como los del darwinismo, que ni la lógica metafísica ni la «ciencia» biológica han confirmado como verdaderos. El eslabón perdido aún sigue en su calidad de tal. Para la percepción de las elites intelectuales, a la fe Católica se le consideraba como creencia superada no por «odio explícitamente declarado» sino por no poder ser comprobada en sus acepciones. Se le rechazaba desde una posición de soberbia intelectual porque se consideraba que su conocimiento no era «CIENTIFICO», lo que la convertía en una creencia irracional como todas las religiones y su ámbito de acción era relegado a mujeres y niños. Contra el saber luminoso de la fe sobre las cuestiones fundamentales de la vida, el Padre Ruiz daba cuenta que la oposición más recalcitrante a la religión, provenía de la máxima agnóstica-científica-racionalista-positivista: «Ignoramus et ignorabimus».

Es en este contexto de racionalismo científico extremo en que nace la festividad religiosa de CRISTO REY y que Su Santidad el Papa Pio XI, el 11 de diciembre de 1925, instituyó como solemnidad que cierra el tiempo ordinario del año litúrgico. Su objetivo es recordar la soberanía universal de Jesucristo. Lo confesamos supremo Señor del cielo y de la tierra, de la Iglesia y de nuestras almas.


Por otra parte, los cuadros revolucionarios aunque diseñados para operar como organizaciones locales en medios nacionales, en realidad habían sido creados para operar en una coordinada escena a nivel mundial. Sin embargo, esta lucha revolucionaria estaba en ciernes y no era una realidad masiva a principios de siglo, aunque desde mediados de la década de 1920 ya comienzan a vislumbrarse al interior de algunos países, revueltas, alzamientos y sediciones militares que daban cuenta del surgimiento de cuadros políticos profesionales altamente ideologizados. La internacional comunista comenzaba a maniobrar pero no alcanzaría su máximo desarrollo sino a través del «Kominter» y sus operaciones serían masivas y claras en sus conexiones a nivel internacional con posteridad a la segunda guerra mundial. Todas las huellas de la subversión apuntarían a un centro: La Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas. Conviene mencionar este nombre tal cual es, porque aunque no lo sepamos y no lo queramos, estamos más «sovietizados y socializados» hoy en día, que en la época misma de Stalin, el kominter y los «socialismos reales».

No obstante, la lectura del contexto histórico de la lucha contra la fe y la identificación de sus enemigos que realiza el Padre Ramón Ruiz es la correcta. Y más aún, con la amplia visión que otorga la profundización del certero estudio de la naturaleza de las ideas, el Padre Ruiz denunciaba el real alcance de los objetivos de esta «ciencia racionalista divorciada de la fe» entronizada injustamente como «saber supremo» y que en calidad de enemigo declarado de la fe, persigue los mismos fines que en todo tiempo han seguido todos los enemigos de Dios y que la Iglesia ha debido combatir para cuidar el depósito de la fe que se le ha confiado en relación con la misión trascendental de guiar y salvar al rebaño que debe pastorear.

Desde esta perspectiva del análisis político-social el Padre Ruiz es no solamente asertivo, sino visionario. Así vemos que sus conceptos vertidos hace un siglo atrás, los podemos reiterar sin temor a equívocos y a partir de nuestra época histórica podemos decir con el sin modificar una sola sílaba:

«Estamos, señores, desde el punto de vista religioso, en una época de recias batallas;…»

«Pues bien, señores, en el curso de nuestras ideas religiosas se ha introducido mucha moneda falsa de sofismas; la Prensa, la Cátedra, el libro, están poniendo de continuo en circulación muchedumbre de errores disfrazados con apariencia de progresos científicos. Por todas partes se acecha a nuestra fe y hay mil enemigos que procuran hurtarnos este precioso tesoro;…»

«hay ahora una gran muchedumbre de personas, en el fondo, más o menos irreligiosas, que, afectando cansancio por la lucha que agita las conciencias, prometen no meterse con nadie; respetar las convicciones de todos, con tal que no se traduzcan en la vida de relación; con tal que la sociedad se muestre neutral para todas las creencias: ¡neutra la política, neutra la escuela, neutra la recreación del casino, del espectáculo, de la lectura!»

«Y si atentamente examinamos todas estas neutralidades mortíferas, hallaremos que, en el fondo de ellas, no hay sino ODIO A CRISTO, y en su práctica, ¡LIBERTAD PARA TODO, MENOS PARA LO CRISTIANO! Y hay una causa muy honda, y más general, de este hecho, y es: que nuestra misma naturaleza inferior, en cuanto se separa de Cristo, se hace enemiga de él; NO NEUTRAL.»

«Por eso yo desafío –sin temor de ser confundido,- a que se me demuestre una institución neutra, que, en el fondo, no esté llena de negación y de odio a Cristo y de su iglesia. Se dirá que un libro prescinde de la religión; pero en todas sus páginas se establecerán aserciones incompatibles con el Cristianismo; como el determinismo, el evolucionismo materialista, la eternidad del universo, etc. se dirá que una escuela es neutra, pero fuera de la horrible mutilación del alma infantil, en que se atrofia el sentimiento religioso, se infiltrara en los alumnos un criterio materialista, y se les enseñara admirar a los personajes más enemigos de la religión. Se ensalzará como hombres célebres, colocándolos en un mismo plano, a Moisés y a Buda, a Jesucristo y a Platón.

«Basta lo dicho hasta aquí, para ver con meridiana claridad, cuan necesario es, en estos tiempos, que todo cristiano se provea de armas suficientes, y proporcionadas a su capacidad, para defender sus creencias, las cuales constituyen la médula de su vida moral y humana.»



Las armas que esgrime el buen Padre Ramón Ruíz en su tiempo, se circunscriben mayormente al desarrollo de la apologética, para desbaratar de esta forma todas las acusaciones de «irracionalidad» con que se pretendía identificar a la religión Católica. Por esta vía se combatían y rebatían los progresos de las ciencias naturales, que aunque estaban incubadas por descubrimientos científicos asombrosos y una técnica nueva muy desarrollada, mirada desde nuestra perspectiva presente, no pasa de ser experimentos de laboratorio de una clase de secundaria. Aun así, su arrogancia la hacía declarar como cerrada la discusión, y a su favor; sobre los tópicos trascendentales de especulación metafísica que en todo tiempo y lugar el hombre se á planteado.

Indudablemente que nada á cambiado en el trasfondo ideológico que claramente describe el Padre Ruiz y el que corresponde a nuestro tiempo. Entrados al siglo XXI la ciencia moderna no ha modificado un ápice su posición y pretende ahora tener la respuesta científica sobre el origen de la vida y del universo. Ha concebido además, nuevas teorías sobre la naturaleza humana a partir de los avances de distintas ciencias. Y esas ciencias que no utilizan en sus aseveraciones teóricas sobre la esencia «ontológica» del hombre ninguna especulación metafísica, las ha tomado el neomarxismo para acrecentar su acervo ideológico y en gran medida; a partir de ellas, elaborar una nueva «praxis revolucionaria».

Desde la revolución francesa, pasando por la bolchevique que hace suyos los postulados de esta primera revolución diseñada para la creación de un mundo no cristiano a escala mundial, los objetivos revolucionarios que ya habíamos mencionado y que en este punto conviene recordar, siguen siendo los mismos:

  1. Creación de un Estado laico: requiere la extinción de la religión
  2. Creación de una Nación universal: requiere la extinción de los Estados-nacionales.
  3. Autonomía absoluta del hombre: requiere la extinción de todos los organismos sociales del orden natural siendo el principal la familia.
  4. Abolición de la propiedad en todas sus formas: requiere la extinción del trabajo asariado, la independencia económica y la iniciativa personal.


Para cada uno de estos objetivos existen ya organismos altamente desarrollados que operan en una retroalimentación que va desde lo local al interior de los países para después proyectarse al campo nacional y desde allí al ámbito internacional. La gran diferencia que podemos apreciar con respecto a las «formas»; no el «fondo»; de este proceso revolucionario y las revoluciones francesa y bolchevique, es que la destrucción del orden cristiano existente o lo que queda de él, se desenvuelve en un campo de acción en que la lucha ideológica se ha extendido a todas las actividades humanas. ES LA GUERRA TOTAL. Y como ya señalamos en la introducción de este trabajo, es el combate decisivo que menciona Sor Lucia en Fátima y como ella misma explica, una batalla decisiva… es una batalla final. Y una de las pruebas que con mayor claridad demuestra esta realidad, porque lo es; aunque muchos cierren los ojos, o no puedan o no quieran entender, es la CONVERGENCIA IDEOLOGICA DE LA TEORIA Y LA PRACTICA REVOLUCIONARIA ANTICRISTIANA DE LOS CUATRO PUNTOS SEÑALADOS.

Sin embargo, los frentes que presenta este combate contra la fe de Cristo son tan variados, sutiles y radicales, que un ojo no estrenado no logra ver las conexiones que mueven las acciones coordinadas de los más variados grupos del espectro social, cultural y político; ni puede entender los profundos conceptos ideológicos que subyacen bajo los símbolos, consignas y manifestaciones de los mismos.

Lo que claramente observan las personas más o menos religiosas, es que la impiedad, por todas partes nos asalta, porque por todas partes nos rodea. Y esta circunstancia que genera una confusión natural, se debe a que no es un ataque frontal unitario partidista fácilmente identificable. Entiéndase partido Comunista y sus grupos guerrilleros que son sus brazos armados. Sino que se trata de un múltiple ataque frontal compuesto por las más diversas organizaciones socio-políticas. Por ejemplo, en las imágenes anteriores no existe ninguna señal que indique un vínculo ideológico en su origen, con una organización política formal de izquierda. En ninguna parte vemos la hoz y el martillo. No obstante la concordancia es manifiesta… pero lo es, a la nueva manera revolucionaria. La persona que busque comunistas militantes declarados con carnet y uniforme revolucionario tras estas consignas, no va a entender nunca NADA. Los que busquen milicianos armados a la manera paramilitar quemando iglesias, no los van a encontrar nunca… pero a la nueva manera revolucionaria… SÍ. Porque los que crean las condiciones objetivas para la revolución no siempre son los que en la práctica hacen la revolución. Su rol es guiar y dirigir: ser vanguardia. Ir siempre adelante en el proceso de transformación social revolucionario. Y con respecto al mismo, los cuestionamientos que se deben realizar hoy en día son los siguientes y sus respuestas deben ser las que entregamos:

¿Cuándo se hace revolución? Cuando la práctica (praxis) revolucionaria anula las categorías imperantes o dominantes.

¿Qué es revolucionario? Todo aquello que confronta y choca con la práctica social vigente.

¿Cuándo triunfa la revolución? cuando sus postulados son una práctica social aceptada. Cuando se reproduce a través de la cultura y cuando el orden político la sanciona con su organización formal. Y nos lo están gritando en la cara…


Pero… ¿Cómo es este nuevo hacer revolucionario? He ahí la gran interrogante a responder. ¿Dónde se está ejecutando este nuevo hacer revolucionario? Ese es el complejo enigma a develar porque el frente de acción es muy amplio y diverso como recientemente señalamos. Pero lo haremos a la manera de los escolásticos, que por lo demás, es lo que hemos hecho a lo largo de todo este trabajo. Presentaremos primero las tesis que pretendemos demostrar como verdaderas y luego las consiguientes pruebas que demuestren y finalmente el argumento que como fundamento del juicio confirme lo asentado como cierto y seguro. No obstante, es importante señalar que ninguna de estas lecturas analíticas es en su concepción abstractiva a la manera marxista. Que quiere decir esto. Que el análisis no parte de ninguna manera desde teorías que no guardan relación con la realidad. Al contrario, la realidad es la fuente desde donde se extraen los hechos para posteriormente con elementos ajenos y superiores a ellos (filosofía-metafísica-teología) comprobar su naturaleza y por consiguiente afirmarlos o negarlos en su «vida de relación» que menciona el Padre Ruiz. Esto es, dilucidar si su esencia se relaciona correctamente con la vida humana en sus dos ambientes: personal y social y contribuyen además, a la perfección de su ser.

EL NUEVO ESCENARIO REVOLUCIONARIO

1.- La lucha revolucionaria, es una lucha que se da en la conciencia de las personas y por el control de la conciencia de las personas. Desde esta perspectiva, el campo de acción teórico revolucionario se amplió a los cinco niveles en que el hombre piensa y actúa al mismo tiempo: político-ideológico-filosófico-metafísico y teológico.

2.- La práctica revolucionaria estaba enfocada a presentar un frente de acción principal: el económico. Todos sus ataques se centraban allí, a destruir el orden económico capitalista identificado como la fuente principal de la explotación. El marxismo siempre ha sido una filosofía materialista. Pero la concepción material de la vida no pasa en absoluto solo por una concepción económica de la vida.
Se asumieron otras categorías del materialismo como el utilitarismo y el existencialismo. Más aun, se asimilaron postulados ideológicos de enemigos seculares como el anarquismo y la social democracia que demostraron ser ciertos, porque eran más efectivos para la transformación social y abarcaban áreas de acción no consideradas por el comunismo tradicional.

3.- Existen múltiples organismos que trabajando coordinadamente, abarcan los cinco órdenes en que se desarrolla la vida del hombre en sociedad: político-económico-social-moral y cultural. Estos cuerpos sociales pasan desde una organización local pequeña; a organismos internacionales que desarrollan su labor al mismo tiempo en gran número de países.

Para terminar debemos señalar que los avances en materia revolucionaria desde la revolución francesa y específicamente desde la revolución comunista soviética de 1917 hasta nuestros días; son tales, que sin estos ensayos y asaltos a la fe previos, la perfección que la teoría dialéctica socialista revolucionaria á alcanzado en el presente, no sería posible. Por otra parte, lo que permitió la caída de los socialismos reales cuyo hito simbólico fue la caída del muro de Berlín, fue la renuncia explícita del modelo revolucionario estatal soviético. No significó bajo ninguna circunstancia el término del comunismo y lo que comenzó con la caída del muro, fue la liberación de nuevas fuerzas revolucionarias premunidas de una teoría depurada y enormemente amplificada.

Pero nada de esto sería posible: el ataque formidable que está sufriendo la cristiandad como nunca antes en su historia, si sus enemigos no tuvieran un enorme terreno de cultivo ganado a su favor. El sustrato desde donde se afirma y prepara sus ataques esta nueva y tal vez última revolución, es la incredulidad en materia religiosa de gran parte de las naciones cristianas. Quien ataca a Dios y a la Iglesia, ya no es solo una minoría revolucionaria exaltada. Ya no es solo un partido organizado como tal para la transformación de la sociedad. Ya no es un atacar, huir y reagruparse para volver a atacar refugiado en la secta u organización secreta. Ya no es un comunicarse por signos y símbolos ajenos a los profanos. Ya no es un sólo un ataque de los poderosos desde los altos cargos que se logran y heredan por pertenecer a hermandades secretas. Es un ataque concertado y a rostro descubierto de todos los que odian a Dios, desde el ateo solitario y cínico hasta los que sirven explícitamente al enemigo principal de Dios y del hombre: «el que tenga ojos que vea, el que tenga oídos que oiga».