
La visita de las selecciones de futbol de Italia y Argentina al vaticano provocó un insidente protocolar más, de los muchos que se vienen aceleradamente produciendo, desde hace unas décadas a esta parte. Las personas ingenuas creen que esta manera en la sociabilidad «protocolar» de la máxima autoridad de la Iglesia católica son expresiones de «acercamiento» a la gente o de «sencillez» en el trato por parte del Papa. Otras califican dicha actitud como «vulgar». Lo cierto que este comportamiento no tiene ni lo uno ni lo otro como génesis justificadora de su conducta. Lo que realmente existe es «un ataque sistemático y consiente a todas las formas de expresión de lo sagrado».
Y desgraciadamente como es posible constatar, esta situación ocurre tanto desde «dentro» de la Iglesia, lo que es extremadamente grave pues indica clararamente una intención «pensada», premeditada y sostenida en el tiempo; como así mismo desde afuera. Es decir, desde el ámbito social, cultural y político donde la iglesia existe y realiza su «labor magisterial». Esto segundo no es para extrañarse tanto. Es la realidad milenaria de la Iglesia puesto que la verdad en todo tiempo y todo lugar siempre a sido combatida. Tiene que ser forsoza y naturalmente así.
¿Cómo demostrar esta afirmación? Las imágenes que acompañan el titulo serían suficientes para demostrar la primera parte de la aseveración que hemos hecho: «el ataque sistemático desde adentro». No obstante, vamos a tratar de elaborar un argumento que no caiga en la descalificación, porque el desprecio por el enemigo no ha ganado todavía ninguna batalla.
Desde el mal llamado «Concilicio» vaticano II lo que apreciamos dolorozamente los cristianos de siempre, es que nuestra fe de siempre ya no se expresa de la misma «forma» de siempre. Pues el objetivo de este «concilio» no fue dilucidar, delinear, explicar y establecer el «DOGMA DE FE» en relación al contexto histórico de la Iglesia y de esta forma preservar inalterable el deposito de la fe de los avatares del tiempo y de las ideas fluctuantes y erroneas y seguir enseñando la » verdad pura e inmaculada»; como sí lo hicieron absolutamente todos los concilios anteriores; y todo ello en función de concretar eficiente y fielmente su sagrada misión: «guiar para salvar» al rebaño que le fue entregado en custodia.
Entonces, es posible que a partir de este Concilio o mejor dicho después de dos mil años ¿esta sagrada misión se haya modificado? ¿Por qué esta pregunta y no otra? Porque aún –no sabemos esto por cuanto tiempo- no existe una explícita manifestación de renuncia. Y porque lo que sí observamos inequivocamente desde este Concilio; y no se puede negar salvo ser obtuso de capirote; reiteramos, es una «modificación» que nace desde el interior de la Iglesia de «todas» las formas de expresión de «todo» lo sagrado. Pero… ¿es posible que se modifiquen la forma de expresión de los símbolos, de los valores, de las ideas, del culto, del principio de autoridad de lo que constituye la fe y la verdad y no obstante su significado y su esencia subsista inmutable?
¡No! Y si fuera así, caeríamos en la «subjetividad intransigente y ciega» de los herederos del darwinismo, que confunden la ontología con la génetica. Ellos pretenden que la «similitud de características genéticas» (forma) lleva a la «identidad» de «cualidades de naturaleza» (esencia) y por compartir un pez, una planta y un mono con el hombre algunas cadenas genéticas similares, la naturaleza del ser humano les es idéntica y latía ya en «esencia» en estas «diferentes» formas inferiores de vida. Este rasonamento no es otra cosa que un yerro de la lógica que confunde el «orden ontológico» con el «orden genético».
Pero en este caso, no estamos hablando ni de encimas ni protozoos ni de otras menudencias. Estamos hablando de la «renuncia, perdida y modificación» de los símbolos, las verdades y los valores de la única y verdadera fe que nos relaciona con lo sagrado y lo eterno. Es la transformación de lo que como expresión de lo esencial de nuestra religión, nos «re-ata» (religión proviene de religatio, que es sustantivación de religare «religar»,»vincular», «atar») con nuestro Creador después que perdimos ese vínculo de unidad directa que teniamos con Dios en el paraiso por nuestra desobediencia y rebeldía.
Cuando se combaten las ideas de una determinada creencia para anularlas, la circunstancia de la lucha no se limita nunca a un solo plano de acción y jamás están inscritas en un solo tipo de «violencia». Todas las ideas y los valores de una religión o cuerpo doctrinario de ideas; se representan mediante «símbolos» que como expresión de los mismos, comprenden una relación directa que los identífica con la esencia de la fe o la creencia. Cuando se prohibía la religión cátolica, por ejemplo, en los regímenes socialistas soviéticos, después de que se terminaba por «decreto» su existencia, no se dejaban los crucifijos en las aulas de los colegios. Eran los «símbolos» de lo que se «combatía» y como tales, debían ser extirpados al igual que la creencia de la que eran «expresión».
Pero estos son otros tiempos. La historia a demostrado que el combate por enfrentamiento directo de las creencias al interior de una sociedad no siempre es el más efectivo. Porque las armas estan a la vista, el enemigo también y el objetivo es conocido por todos. Y el resultado inmediato es… la resistencia. Recordemos que en la primera época de expansión del protestantismo en Europa, cuando este quiso establecer sus reales en la otrora «católica Francia», las hordas protestantes al igual que los hunos; arrasaban y saqueaban las iglesias y los conventos destruyendo a diestra y siniestra toda «imagen», «estatua» y obra de arte que «representara» la «forma externa» del catolisismo. Y lo que detuvo su avance fue la gente del pueblo. El labriego, el pastor, el alfarero, el tendero, etc. que veía como sus «símbolos sagrados» eran destruidos y profanados. Entendiendo que «esa profanación» lo era del mismo Dios. Ellos salvaron a Francia evitando que se protestantizara. Y eran en su mayoría analfabetos, pero su fe la conocían y la entendían por medio de todo lo sagrado que se exteriorizaba en el rito, el culto y el arte, y que además; señalaban que Dios «existía» y era el señor de todo.
CONCLUSION: NO SE PUEDE EXTINGUIR UNA CREENCIA POR DECRETO. Pero ahora existen otros caminos indirectos. Mencionemos el más peligroso. El DECONTRUCCIONISMO. Este es un sistema de pensamiento de la Escuela de Frankfurt. Cuyo nombre original era «Instituto para el nuevo marxismo». Sin entrar en detalles sobre el origen y objetivos de esta «escuela» (su nombre es suficiente) solo señalaremos qué es el deconstruccionismo por su semejanza en la manera en que se han modificado nuestros «símbolos sagrados religiosos» y otros «laicos» y por que constituye desde «afuera», uno de los factores más importantes de lucha ideológica contra el Cristianismo.
El deconstruccionismo fue pensado por Jacques Derrida y en la práctica, es como pelar una cebolla. Porque consiste en «modificar» las formas de expresión de un símbolo, en forma sucesiva. Es irlo deconstruyendo capa por capa. De esta manera, sin ser perceptible desde un comienzo porque las formas primarias del símbolo son reconocibles, se va modificando su representación en una regresión que llevará inevitablemente a la extinción del «símbolo». Al contrario de la «destrucción» directa que implica la supresión inmediata del «símbolo» y la consiguiente perdida de «formas y fondo»; la «deconstrucción» gana nuevas formas al «revisar el fondo». Veamos los siguientes ejemplos.

Existen además otras circunstancias sumamente importantes que debemos señalar:
1.- Las relaciones sociales estan condicionadas por un factor que se llama «costumbre» y lo que delínea, le da forma, sentido, valor y significado a la «costumbre» al igual que al símbolo, es una determinada concepción del hombre porque en función de esa concepción; se ordenan la sociedad y el Estado. Pero hay más, es tal la importancia de la costumbre, que constituye fuente del derecho.
Cuando un juez debe impartir justicia se debe remitir a una de las dos fuentes del derecho para poder dictar sentencia. Estas fuentes son:
Fuente formal: está constituida por las leyes y la constitución.
Fuente informal: esta constituida por la «costumbre».
En la práctica esto significa que, cuando en un caso un juez no encuentra ni en las leyes y la constitución la fuente necesaria para dictar sentencia, se debe remitir a la «costumbre social» y en función de ella; de lo que la sociedad en los hechos culturales y sociales «realiza», emitir una sentencia.
2.- Intimamente relacionado con lo anterior, está la justicia. ¿Cuál es la finalidad de una sentencia judicial? La obviedad no es lo que parece. El fin de una sentencia no es hacer justicia. La justicia es la consecuencia no el fin. El objetivo es «restablecer el orden quebrantado«. Cuando el orden es restituido, se hace justicia.
¿A que vienen todas estas consideraciones que parecen no guardan relación con el tema central?. Las hemos señalado con el fin de hacer más entendible las siguientes afirmaciones:
1.- Las reformas del rito católico son comprobables en la modificación «legal» de los textos respectivos y cuyo trabajo fue el del «concilio vaticano II» (al final del texto viene un listado con 57 reformas a la Santa Misa).
2.- no obstante existe en la «práctica» otras reformas que estan constituyendo para las nuevas generaciones, una nueva costumbre en la forma de «relacionarse» con lo divino a partir del culto sagrado (la Santa Misa) y para las cuales no se ha modificado ningún texto.
3.- En los hechos lo que se puede constatar, como consecuencia de las modificaciones del rito y la costumbre es la «regresión de la verdad rebelada a una verdad natural». En otras palabras, SIN RENUNCIAR EXPLICITAMENTE a la religión de Cristo, en la práctica se está creando un nuevo orden religioso desde el cual se le está excluyendo. La pregunta entonces surge por si misma: ¿constituirá esta nueva costumbre la fuente desde donde nacerá un nuevo orden religioso, y un rito por medio del cual la Iglesia «renuncie voluntariamente por omisión» a su fin sagrado y surga así un nuevo derecho canónico?. Sigamos preguntando. Paño para cortar hay muchísimo ¿el ecumenismo se encamina, por la sincronía que se busca con las otras religiones, a transformar a la Iglesia de Cristo junto a la de Buda y al Kristo cósmico del new age, en «capillas de la tan anhelada religión universal?


Volviendo al hecho central, bromear y sentarse en la silla de San Pedro, no constituye un hecho aislado, en esta cadena de actos protocolares aparentemente inocentes e informales. ¿Y si en vez de este Papa fuera realmente Cristo el que los estuviera recibiendo? No es él obviamente en cuanto a ser la misma «persona». Pero es «su» representante por lo que es la forma temporal, la cabeza visible de un principio de autoridad y que en el fondo más alla del sujeto que ocupe la silla de San pedro, sigue teniendo la misma fuente: DIOS. Y quitarle la majestad al cargo en el trato, es quitarle la majestad a Nuestro Señor.
Recordemos que Jesús después de resucitado cuando María Magdalena lo quiere «tocar» El le dice: «no mi tangere» «No me toques, porque aún no he subido a mi Padre; mas ve a mis hermanos, y diles: Subo a mi Padre y a vuestro Padre, a mi Dios y a vuestro Dios» (Juan 20:17). Porque ya resucitado era la divinidad misma en toda su pureza la que se presentaba ante ella y los apóstoles. Por esa misma pureza fue preservada la santísima virgen María del pecado original: la Inmaculada concepcion (la forma debe tener siempre una relación proporcional con la esencia que representa) y por esa misma pureza que contuvo en su vientre fue «asunta» al cielo en cuerpo y alma. Y por eso recibimos lo mas sagrado «el cuerpo divino de Cristo» de rodillas. Es por ser quien es. La manera de recibirlo: la forma; una vez más guarda la relación correspondiente con la esencia: lo humano inclinado respetuosa y humildemente ante lo divino. Y recibirlo de otra forma «de pie» y en las manos y por parte de un laico que no forma parte del «orden sagrado», no es lo mismo. Es quitarle la majestad y el respeto que se merece de suyo.
Y por último en cualquier texto sacramentario, de los previos al concilio vaticano II, vemos que se detalla minuciosamente la «forma» en que se debe realizar la ceremonia del sacramento para que este sea válido. Y se menciona que todos los elementos de la ceremonia que rodean a los mismos, son para «EXCITAR LA PIEDAD DE LOS FIELES».
Pero cuando se modifican las formas… inevitablemente se modifica el fondo. Se establece una nueva relación, una nueva costumbre que modifica el orden anterior y son indicativos de un nuevo orden que se está gestando. De todo esto no cabe ninguna duda. Y las pruebas… abundan.





Para terminar, algunas transformaciones de la Santa Misa de siempre:
1) El altar se «ha dado vuelta» versus populum (hacia el pueblo). Eliminación del salmo «Judica me» (Júzgame), con su referencia al altar de Dios» que evoca inmediatamente la idea de sacrificio.
2) Eliminación del doble Confiteor que señalaba claramente la distinción entre sacerdote y fieles al ser rezado primero por aquél y luego por éstos. El sacerdote ya no es más juez, testigo y mediador ante Dios.
3) Eliminación de la oración «Aufer a nobis» (Te suplicarnos, Señor). El sacerdote, haciendo explícita la finalidad propiciatoria del Sacrificio, mostraba su indignidad para celebrar el misterio.
4) Eliminación de la oración «Oramus Te Domine» (Rogámoste Señor) por la que también invocaba los méritos e intercesiones de los Santos Mártires.
5) Errónea traducción en el Gloria.
6) Errónea traducción en el Gloria que transforma en singular la referencia a los pecados del mundo.
7) Nueva organización de las lecturas para instrucción y edificación de la asamblea, subordinando el fin litúrgico al catequético. La función de lector se puede atribuir a un seglar.
8) Equívoca traducción en el Credo.
9) En el Credo, sugestivo cambio de acento sobre la relación entre Cristo y el poder temporal.
10) En el comienzo de la Liturgia Eucarística, la naturaleza misma de la oblación es deformada en un mero intercambio de dones entre Dios y el hombre. Este intercambio de dones se puede interpretar en sentido subjetivista, y no objetivo.
11) No se distingue entre la ofrenda que se realiza por el sacerdote, en cuanto representa la persona de Cristo, y la manera en que participan los fieles de esa ofrenda.
12) Eliminación de la oración «Suscipe, sancte Pater» (Recibe, oh Padre Santo) que manifestaba de forma patente el carácter sacrificial propiciatorio de la Misa.
13) Eliminación de la oración «Deus qui humanae» (Oh Dios…).
14) Equívoca afirmación sobre las condiciones de existencia de la humanidad de Cristo.
15) Eliminación de la oración propiciatoria «Offerimus tibi» (Ofrecémoste, Señor) que imploraba clemencia.
16) Cambio de acento en la traducción. No es lo mismo «presentar» que «ofrecer».
17) Eliminación de la oración «Ven Sanctificator» (Ven, Santificador). Eliminación de genuflexiones y signos.
18) Eliminación de la oración «Suscipe, sancta Trinitas» (Recibe, Trinidad Santa).
19) Eliminación en la «presentación de las ofrendas» del clima sacrificial que caracteriza al ofertorio del rito revisado por San Pío V.
20) Error en la traducción del Sanctus.
21) COMIENZO DEL CANON. En él ya no está expresado de un modo explícito y claro la finalidad propiciatoria del Sacrificio. Eliminación de las oraciones «Te igitur» (Te pedimos) y «Memento Domine» (Acctérdate, Señor) en las otras tres oraciones eucarísticas.
22) Eliminación de la referencia a la «ortodoxia» de la fe de los católicos.
23) Eliminación de la referencia a la salvación de las almas .
24) Eliminación de la oración «Communicantes» (Unidos en la misma comunión) en las tres Oraciones Eucarísticas nuevas (2, 3 y 4) que hacía referencia a los santos. No se habla de sus méritos. Eliminación de la palabra «siempre» en referencia a la virginidad perpetua de la Virgen María..
25) En la oración «Hanc igitur» (Te suplicamos, pues) eliminación de la palabra «aplacado» en referencia a la aceptación de la oblación por parte de Dios (O.E. 1). Oración eliminada en las tres Oraciones eucarísticas nuevas (2, 3 y 4).
26) Eliminación de la oración «Quam oblationem» (La cual oblación) en las tres Oraciones eucarísticas nuevas (2, 3 y 4).
27) Formulación equívoca en la Oración Eucarística 3 que permite una interpretación afín a la idea protestante de la igualdad esencial entre el sacerdocio universal de los fieles y el sacerdocio jerárquico.
28) Eliminación de la referencia a la Omnipotencia del Padre.
29) Eliminación de la distinción entre el modo narrativo y el modo sacramental y afirmativo al pronunciar las palabras de la Consagración.
30) Eliminación de la primera genuflexión antes de presentar la Hostia a la adoración de los fieles.
31) Cambio en la traducción de las palabras «pro multis» de la Consagración. En vez de «por muchos» se traduce «por todos los hombres».
32) Cambio en las palabras de la anamnesis que ponen el acento más en la «conmemoración» que en la «acción sacramental».
33) Eliminación de las palabras «Mysterium Fidei», que estaban colocadas en el centro de la Consagración.
34.) Inclusión de una aclamación que produce una nueva ambigüedad sobre la Presencia Real de Cristo en la Eucaristía.
35) Notoria omisión sobre la realidad del sacrificio e insistencia sobre el aspecto de «memorial» en todas las Oraciones Eucarísticas.
36) En la Oración Eucarística 3 se destaca el aspecto de la Misa como «memorial de acción de gracias» por sobre el de sacrificio.
37) Eliminación (en la Oración Eucarística 2) de la referencia al rostro propicio y sereno de Dios al pedirle que se digne aceptar estos dones y reemplazo (en la Oración Eucarística 1) por el pedido para que mire «con ojos de bondad» la ofrenda. En las Oraciones Eucarísticas 3 y 4 la mirada de Dios no es acompañada por ninguna referencia a la propiciación o a su bondad.
38) Eliminación de la referencia a los sacrificios figurativos del Antiguo Testamento en las Oraciones eucarísticas 2, 3 y 4.
39) Eliminación de toda referencia al altar en las Oraciones eucarísticas 2, 3 y 4.
40) En la Oración eucarística 2 se introduce una súplica por la unidad de neto sabor ecuménico.
41) Se reitera la omisión en la Oración eucarística 3 del «siempre» en referencia a la virginidad de María.
42) Ambigüedad en la forma en que se pide por la reunión de «todos tus hijos dispersos por el mundo» en la O.E. 3.
43) Eliminación de la referencia implícita a las penas que sufren las almas del purgatorio.
44) En la Oración eucarística 4 se elimina la referencia a los pecadores y se endosa tal condición a toda la creación, en consonancia con la idea protestante de «corrupción total» de la naturaleza creada.
45) Eliminación de la referencia a «nuestras culpas». Y esto solo en la Oración eucarística 1, debido a que en las Oraciones eucarísticas 2, 3 y 4 se ha eliminado la oración «Nobis quoque peccatoribus» (También a nosotros pecadores). FIN DEL CANON
46) Cambio en el Padrenuestro de la palabra «deuda» por «ofensa».
47) Eliminación de la referencia a la Virgen y a los Santos en la oración «Libera nos» (Líbranos) y de la referencia a los males pasados.
48) Omisión en la traducción en lengua española de la referencia a la «bienaventuranza esperada».
49) Clara copia del culto protestante al agregar la doxología «Tuyo es el reino, tuyo el poder y la gloria por siempre, Señor».
50) Tendencia subjetivista en las traducciones a la lengua española de la oración secreta sobre el Cuerpo y la Sangre de nuestro Señor.
51) Cambio en la traducción en singular para referirse a «el pecado del mundo», en consonancia con la postura protestante sobre la corrupción total de la creación.
52) Eliminación de la distinción entre sacerdote y fieles en la oración «Domine Jesu Christe» (Señor Jesucristo).
53) Error en la traducción en lengua española de la frase Beati qui ad cena Agni vocati sunt que elimina la referencia a la gloria eterna.
54) Eliminación de la referencia al alma del sacerdote en la oración secreta cuando comulga la Hostia.
55) Idem cuando bebe del cáliz la Sangre de Cristo.
56) Eliminación de la referencia a la santificación personal y la vida eterna cuando los fieles comulgan.
57) Eliminación de la oración «Placeat tibi» (Séate grato) que volvía a hacer referencia a la finalidad propiciatoria del sacrificio y expresaba asimismo la distinción: el sacerdote pide que el sacrificio ofrecido sea propiciatorio para él y para aquellos por quienes lo ha ofrecido.
Nosotros que tenemos la gracia de conocer y asistir a la Misa de siempre, sigamos orando y pidiendo hoy más que nunca, lo que se pide en el prefacio de Navidad de la Santa Misa:
«En verdad es digno y justo, equitativo y saludable el darte gracias en todo tiempo y lugar, Señor santísimo, Padre todopoderoso, Dios eterno.
Pues que por el misterio de la encarnación del verbo sea ha manifestado a los ojos de nuestra alma un nuevo resplandor de tu gloria; a fin de que, LLEGANDO A CONOCER A DIOS BAJO UNA FORMA VISIBLE, SEAMOS ATRAIDOS POR ÉL AL AMOR DE LAS COSAS INVISIBLES…
