ANDRÉS CARBALLO: EL GATO, EL LAGARTO Y EL GRILLO

Las fábulas de Tomás de Iriarte tienen un valor atemporal. Hay hoy algunas que adquieren más actualidad que nunca, tal sería ésta que le cae como anillo al dedo a cierta clerecía.
Como bien dice un buen amigo mío: «Que le caiga la piedra a quien le caiga».

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EL GATO, EL LAGARTO Y EL GRILLO

(Por más ridículo que sea el estilo misterioso,
siempre habrá necios que le aplaudan,
sólo por la razón de que se quedan sin entenderle.)

Ello es que hay animales muy científicos
en curarse con varios específicos,
y en conservar su construcción orgánica,
como hábiles que son en la botánica,
pues conocen las hierbas diuréticas,
catárticas, narcóticas, eméticas,
febrífugas, estípticas, prolíficas,
cefálicas también y sudoríficas.

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En esto era gran práctico y teórico
un gato, pedantísimo retórico,
que hablaba en un estilo tan enfático
como el más estirado catedrático.
Yendo a caza de plantas salutíferas,
dijo a un lagarto: «¡Qué ansias tan mortíferas!
Quiero por mis turgencias semihidrópicas
chupar el zumo de hojas heliotrópicas.»

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Atónito el lagarto con lo exótico
de todo aquel preámbulo estrambótico,
no entendió más la frase macarrónica
que si le hablasen lengua babilónica;
pero notó que el charlatán ridículo,
de hojas de girasol llenó el ventrículo,
y le dijo: «Ya, en fin, señor hidrópico,
he entendido lo que es zumo heliotrópico.»

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¡Y no es bueno que un grillo, oyendo el diálogo,
aunque se fue en ayunas del catálogo
de términos tan raros y magníficos,
hizo del gato elogios honoríficos!

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Sí que hay quien tiene la hinchazón por mérito,
y el hablar liso y claro por demérito.
Mas ya que esos amantes de hiperbólicas
cláusulas y metáforas diabólicas,
de sospechosas voces el depósito
apuran, aunque salga un despropósito,
caiga sobre su estilo problemático
este apólogo esdrújulo-enigmático.

Tomás de Iriarte.