OSKO: LOS “PERROS” DE LA RESISTENCIA Y… LAS MIGAJAS DEL BANQUETE DE LA APOSTASÍA

Otra contradicción episcopal

Entonces…, uno tiene que preguntar:

¿NADIE DICE NADA?

Entonces, NOSOTROS, «LOS PERROS», lo vamos a decir:

perro malo

LOS «PERROS» DE LA RESISTENCIA Y…

LAS MIGAJAS DEL BANQUETE DE LA APOSTASÍA

A veces, uno se ve obligado a hacer o decir ciertas cosas…

Pedimos disculpas por anticipado, y debemos explicar.

Lo que escribimos para este breve artículo, puede ser tomado por algunos como una falta de caridad; va a ser objeto de críticas, de propios y extraños; tal vez haga que bajemos en la consideración de muchos…

Hemos ponderado las consecuencias y, previendo lo dicho, asumimos nuestro deber; porque lo consideramos un deber…

Si propusiéramos ejemplos tomados de la historia, habría quien dijera que, en un desborde de soberbia, nos sumergimos aun más en nuestra propia idea de las cosas, y que, sin autoridad alguna, sin pergaminos ni títulos, nos arrogamos la autoridad de condenar y de dictar DOCTRINA…

Somos conscientes de tal eventualidad; pero lo consideramos un deber…

Vamos a hacerlo, pues. De todos modos, igual van a hablar. ¿No es cierto?

No hemos recibido voces del cielo, como Santa Juana de Arco; ni mensajes celestiales, como Melanie, Bernardette o Lucía. No hemos sido testigos de apariciones; ni tenemos el «placet» de ninguna entidad angélica para decir lo que decimos.

PERO…

Dios nos ha dado un intelecto.

Tenemos lo que está prometido a todo aquel que descansa su intelecto en Dios; todo aquel que ya está «jugado» y solamente procura, pese a sus limitaciones y debilidades, ser un instrumento… Un buen instrumento. O malo…, pero, en manos de Dios, capaz de cosas imposibles.

Jugado y sin fichas…

A la espera de la Segunda Venida del Señor, porque… ya nada, ya ninguna otra cosa esperamos.

Hace muchos años Jean Madiran escribía un librito intitulado NOSOTROS, LOS PERROS, donde expresaba cómo se sentían los católicos que querían mantenerse como tales, y únicamente reclamaban a las MODERNISTAS autoridades de la IGLESIA CONCILIAR, que les permitiesen comer de las pocas migajas, todavía ortodoxas, que caían de la mesa del banquete de esos apóstatas.

Muchos años después, nosotros, «LOS PERROS», no queremos ni siquiera esas MIGAJAS DE APOSTASÍA.

Migajas de la apostasía es lo que representa para nosotros esta extravagante aventura de Monseñor Williamson y sus permanentes y crónicas contradicciones, de las cuales, lo que sigue es tan sólo un ejemplo más.

En la conferencia del sábado 5 de enero de 2013 en Villegnom, Francia, Monseñor Williamson ha manifestado:

«Yo tengo el episcopado, esto es cierto; pero jurisdicción, ¡no la tengo! Y no puedo dármela. Lo que no tengo, no puedo dármelo.»

Asimismo, en el Comentario Eleison 312, en concreto, dijo lo que sigue:

«La autoridad central de la Iglesia es absolutamente necesaria para asegurar la unidad de la Iglesia, no solamente en la Verdad, sino también en los sacramentos y en el gobierno de la Iglesia.

Es por ello que un obispo o un sacerdote necesita no solamente el poder sacramental de su Orden Sagrado, sino también el poder de jurisdicción, el cual es el poder de decir (dictio) el derecho, o lo que es justo (ius, iuris).

Este segundo poder no viene con su Orden Sagrado y él no se lo puede otorgar a sí mismo, solamente puede recibirlo de arriba, de un Superior de la Iglesia, en última instancia del Papa, y el Papa de Dios.

Por consiguiente cuando almas valientes me dicen que yo SOY un obispo (por mi Orden Sagrado) y entonces soy un delincuente si yo no ACTÚO como tal, diciéndole (dictio) a la «Resistencia» qué hacer (ius), lo más probable es que ellos están confundiendo los dos poderes diferentes del obispo.»

Perdónenos, en primer lugar Dios, y luego los lectores, por esta insistencia.

Perdónenos por continuar con esto de Monseñor Williamson, pero tiene una explicación que trataremos de dar, como podamos.

Cuando uno ve que alguien que tiene potencial para alguna actividad, lo desperdicia; cuando vemos que alguien que ha sido beneficiado con ciertos dones por la Providencia Divina, los usa mal, o no los usa o se vale de esos dones usándolos en direcciones distintas a las que Dios Nuestro Señor IMPONE… (SÍ, IMPONE, porque los dones de Dios son para ir en un sentido, solamente uno, y no pueden ser usados para otra cosa)…

Entonces…, uno tiene que preguntar:

¿NADIE DICE NADA?

Entonces, NOSOTROS, «LOS PERROS», lo vamos a decir:

Rumores bien fundados dicen que Monseñor Williamson, durante su paso en agosto de 2012 por Brasil, habría «delegado» a un sacerdote para administrar el Sacramento de la Confirmación.

En tanto que venimos hablando de estas cuestiones, en las que Monseñor Williamson invoca una presunta falta de JURISDICCIÓN, y CONTINUA INSISTIENDO, HASTA LO VOMITIVO, que esa JURISDICCIÓN solamente puede venir de las autoridades o jerarquía que, hoy en día, no puede ser otra que la CONCILIAR, entonces DEBEMOS PREGUNTARNOS:

¿Son ciertos estos rumores?

De ser ciertos:

¿Tiene Monseñor Williamson poder de jurisdicción para confirmar?

Le hablamos al Obispo; Al SUCESOR de los APÓSTOLES, por Gracia de Dios y decisión de Monseñor Lefebvre…

Si esos rumores son ciertos… si llegaran a ser ciertos:

¿En virtud de qué poder delegó usted, Monseñor Williamson, del poder de Orden o del poder de Jurisdicción?

Conocemos la respuesta. Pero formulamos igual la pregunta para que quede bien claro que el poder de Orden no se delega, sino que se administra o confiere.

Y a todos aquellos que, conociendo o sin conocer la tan complicada ciencia del Derecho Canónico, suelen envararse frente a nosotros, acusándonos de tantas cosas, a ellos también les preguntamos… Le preguntamos a los «humildes», a los «caritativos», a los «puros»; a nuestros hermanos (sí, HERMANOS, a pesar de todas las diferencias), de Non Possumus, de Syllabus, o de dónde sean…; a los que nos acusan de «INFALIBILISMO»:

¿Puede delegar Monseñor Williamson ese poder de jurisdicción?

¿Son válidas las confirmaciones administradas por ese sacerdote al que MONSEÑOR WILLIAMSON le ha delegado un poder que el mismo «NO POSEE»?

Si Monseñor Williamson CARECE de jurisdicción, y TAL Y COMO ÉL MISMO LO DICE «Lo que no tengo, no puedo dármelo»:

¿Cómo podría haber delegado en agosto del año pasado lo que no tenía en enero de este año o no tiene al presente?

¿Acaso pudo dar lo que tenía?

¿Acaso lo tenía, pero luego lo perdió?

Cada vez queda más claro que esta cuestión de la autoridad o de la jurisdicción que no se posee es…, digamos…, una elegante excusa, más propia de un gentleman que de un sucesor de los Apóstoles.

Monseñor Williamson tendrá sus razones.

Tal vez no las pueda dar a conocer.

Pero queremos pensar que aquello de la regularización y esto de la autoridad o jurisdicción mendigada a los romanos conciliares no es más que un burdo pretexto, porque, si esta es la verdadera razón, aquí habría algo más que una contradicción episcopal… y también termina en ción.