MATICES EN LOS «MEN IN WHITE»

Del «humo de Satanás»,
«la apostasía silenciosa»
y «la barca que hace agua»,
al «no hay lugar para los testardi»
No cualquiera es un ANTIPAPA. Para serlo hay que reunir una serie de singularísimas condiciones. Por lo pronto es necesario haber sido elegido para apoyar las posaderas en un cierto Trono. Y esto, no lo consigue mucha gente. Por cierto que en los últimos 55 años tan solo SEIS personas lo han logrado.
Entre quienes rechazan la Iglesia surgida del CV2 existen distintas posiciones. Muchas, por cierto. Lo que hacemos mal según mi parecer es condenar… No hablo de la condena al modernismo ni a los documentos conciliares, ni a la jerarquía apostata, sino que hablo de las condenas fáciles que emitimos hacia todos aquellos que están en el campo tradicional y que no ven la situación tal y como la vemos nosotros y que no llegan a las mismas conclusiones.
En otro artículo reciente hemos dicho lo que pensamos acerca de Bergoglio. Eso no representa más que nuestra opinión. Pensamos que es un heresiarca, y que quienes lo siguen, siguen a un heresiarca.
Otros pensarán distinto.
Dios sabrá de cada quien y de su fuero íntimo. No me puedo creer que nadie esté convencido de que Bergoglio es un heresiarca, y sabiéndolo lo siga adrede, precisamente por serlo; sino que más bien, lo que ocurre es que se resisten a aceptar que lo sea; todavía lo creen Papa, un Papa errado, un Papa indigno, si se quiere, pero Papa al fin. Y en tanto que lo es, tal y como lo manda la Santa Iglesia Católica se mantienen adheridos a él, PESE a lo que es y lo que dice.
Partiendo de esto, es que pienso que no se trata de condenar a nadie.
Se me dirá que ese criterio se aplica a cuanto hereje ha existido en la historia, y que quienes los siguieron entonces no son condenables. Pero la Iglesia los condenó… La Iglesia los condenó. Justamente, el Magisterio de la Iglesia los condenó; y nosotros, por muy bien intencionados que estemos, no somos el Magisterio de la Iglesia.
Nadie nació sabiendo y nosotros tampoco nacimos tradicionalistas, ni mucho menos, sedevacantistas, o conservadores, o neocats, etc., etc… ¡¡¡Ni siquiera nacimos católicos!!! Fue la Misericordia de Dios la que nos recibió en la Iglesia por medio del Sacramento del Bautismo, que si no… vaya a saber uno dónde estaría.
Bien; que llegados a este punto, sería fantástico que apuntáramos nuestros cañones en la dirección correcta… y que lo hiciéramos TODOS.
Y si de matices se trata, vayamos con ellos apuntando la balística en dirección al enemigo:

LOS PAPAS CONCILIARES
Espero que todos estemos de acuerdo en que Juan XXIII, Pablo VI, Juan Pablo I, Juan Pablo II, Benedicto XVI y Francisco (cómo cuesta llamarlo de este modo…) SON Papas Conciliares.
Aquí es donde entran a batallar los matices… algunos dirán que son TODOS ANTIPAPAS; otros que dos o tres de ellos; algunos dejan fuera de tal condición a Benedicto XVI (realmente me cuesta mucho entender por cuáles razones). Hay más posiciones, pero basta con estas.
Está bien; como sea… lo cierto es que aun las más fuertes razones no logran imponer ese criterio definitivo que únicamente la Iglesia puede imponer, afirmando o condenando y por tanto, cancelando toda discusión en el futuro por medio de una DEFINICIÓN MAGISTERIAL.
Pero somos CATÓLICOS, y, como tales, proclives a un pensamiento DOGMÁTICO. A asentar nuestras convicciones en la VERDAD REVELADA y en las DEFINICIONES de una IGLESIA que de sí misma siempre ha enseñado ser la única verdadera y fuera de la cual NO HAY SALVACIÓN.
Entonces ¿de qué nos asombramos?
Si un sedevacantista, completamente convencido de su hipótesis, acusa de «hereje» a quien sigue a los papas conciliares, es completamente entendible, aunque no creo que sea justo que lo haga.
Del mismo modo que es injusto que un católico que no cree que la sede esté vacante acuse de cismáticos, e incluso herejes, a quienes sostienen que no hay papas legítimos en Roma.
Lo asombroso sería que ocurriese lo contrario. Es decir que nos diera igual lo que piensa cada uno respecto del problema actual de la Iglesia. Un ejemplo podría ser este diálogo imaginario:
Pedro- ¿Vos sos sedevacantista?
Juan- Si… Bergoglio es un hereje y no puede ser Papa.
Pedro- Ahhhh… mirá vos… No, no… para mí sí que es Papa. Está un poquito desviado en la Fe el pobre… pero Papa es…
Juan- Sí, claro, te comprendo.. Y vos José, ¿qué pensás?
José- Naaaa. yo creo que los dos están equivocados.. Bergoglio es Papa material nada más, pero formalmente no lo es…
Pedro y Juan- AHHH, qué buena esa… no la habíamos pensado!!!
José- Bueno, entremos a Misa y a la salida seguimos conversando.
Juan- ¿Qué sacerdote dice la misa hoy?
Pedro- La semana pasada fue un «ECCLESIA DEI»… hoy creo que es un «SUMMORUM PONTIFICUM»…
José- Bueno, ES LA MISA TRADICIONAL, da lo mismo quién sea que la celebre, el domingo pasado fui a una misa «NON UNA CUM».
Pedro y Juan- Exacto… entremos y que todo sea A.M.D.G.
¿No es verdad que un diálogo en estos términos es además de surrealista absolutamente ridículo? … no digo que imposible… como están las cosas, todo puede darse.
En el artículo «EL TRONO DEL ANTICRISTO Y UN SOPAPO PARA DESPERTAR», hemos explicado nuestra manera de ver la situación. No podemos decir otra cosa. Es lo que creemos. También dijimos que vamos a paso forzado y aprendiendo obligadamente y por las circunstancias… ¿está mal eso?, ¿es condenable? Bueno, sin embargo no va a faltar quien condene. Es la lógica fatal de todo esto.
Somos DOGMÁTICOS por naturaleza, y eso es porque somos católicos precisamente y no por haber dejado de serlo.
Lo contrario estaría bien, por ejemplo, en el budismo. Si en esa falsa religión o lo que sea (con perdón del CVII), disputaran acerca de si el joven Gyalwa Karmapa es o no es la 17a. encarnación del Buda viviente (ni siquiera sé si lo plantearían como tema de discusión), seguramente que lo harían de un modo distinto, más sosegado y de manera menos tajante, y con seguridad que abandonarían prontamente la conversación para sumergirse entre vaporosos sahumerios, cada uno en su «Karma» personal y a la espera del «Nirvana», que los aniquile de una vez y para siempre.
Bueno… dejemos que se consuman los sahumerios y vayamos al tema principal.
Lo que quiero en esta oportunidad es señalar ciertos matices en los «Papas» conciliares, que son también una especie de «encarnación», pero lo son del «espíritu del mundo» que se encuentra dentro del Vaticano desde hace un tiempito.
Creo que todos estaremos de acuerdo que, desde Juan XXIII, gobiernan en el Vaticano unos «Papas» que pueden ser denominados «conciliares». Pero no son todos iguales y menos aún del mismo pensamiento. Y no nos referimos a que difieran en cuestiones mundanas y domésticas, sino a que piensan distinto incluso en materia de FE, costumbres, cuestiones filosóficas y hasta dogmáticas.
Son «Papas» confusos y que confunden.
Creo que ni siquiera tienen la misma fe ni la misma visión acerca de lo que es la Iglesia fundada por Jesucristo. Creo que no sienten lo mismo a la vista de los problemas que tiene la Iglesia. Por supuesto que, consecuentemente, lo que piensan respecto la manera de gobernarla, también difiere.
Partamos de la base que creen que la Iglesia es una «cosa» distinta de lo que la misma Iglesia ha dicho de sí a lo largo de toda su historia.
¿Son, o fueron en su momento, libres estos «Papas» de gobernar la Iglesia como quieren, cada uno según su propio criterio?
NO. No lo son. Por haberse apartado del DOGMA, por haber aceptado que la Verdad es relativa y que todas las religiones salvan (entre otras lindezas), han perdido la Fe. Han perdido de vista la VERDAD.
Y como solo la VERDAD nos hace libres… ellos no tienen esa libertad. La verdadera libertad de los llamados Hijos de Dios.
Por eso, como líderes mundiales que son, están ajustados a una agenda que permite cualquier cosa, cualquier disparate y cualquier pensamiento y línea de acción, menos… aquella que surge de la VERDAD.
De modo que, con el paso del tiempo, muy de a poco, es posible ver una suerte de degradación.
Las palabras fuertes, van cayendo en desuso… es que ya no se puede decir ciertas cosas.
Obsérvese:

PABLO VI
Pablo VI denunció «el humo de Satanás» que había entrado por una grieta en una iglesia que se encontraba, según dijo, en «estado de auto-demolición».
Palabras fuertes, que implican la existencia de satanás y una intención y acción efectiva del maligno para infiltrarse dentro del Redil de Cristo. Una vez infiltrado satanás, se ve que ha ganado voluntades adentro, ya que Pablo VI habla de «AUTO DEMOLICIÓN»…

JUAN PABLO II
Juan Pablo II llegó a hablar de un cierto estado de «apostasía silenciosa».
Es un poco más suave… ya no está satanás, o no lo menciona. Ya no habla de infiltración. Sólo constata un hecho; evidente para todos, por otra parte.

BENEDICTO XVI
Poco antes de convertirse en «Papa» Benedicto XVI consideraba que la Iglesia era como «un barco que hace agua por todos lados»
Más suave todavía. Es como una consecuencia de lo dicho por el anterior. Obviamente que la imagen apunta a decir algo parecido pero ya ni siquiera menciona la palabra «APOSTASÍA». Dice que, «hacemos agua».
Queda claro que todas estas expresiones o gestos de los predecesores del actual ocupante de la Sede Pontificia fueron completamente insignificantes. Como una gota en el mar de las calamidades que se abatieron sobre Roma gracias al Concilio Vaticano II y que, además, ellos mismos contribuyeron en gran medida a profundizar toda la destrucción que, por Gracia de Dios, somos capaces de ver.

FRANCISCO… o DECIMEJORGE
Por su parte, Francisco (puff ¡¡¡sí que cuesta!!!) no tiene ninguna duda. Él parece considerar que la dinámica revolucionaria del Concilio es totalmente positiva y debe intensificarse. Así que él dijo en la homilía de la «misa» celebrada el 16 de abril en la capilla de la Casa Santa Marta:
«… el Vaticano II representa una oportunidad histórica para una gran revolución eclesiástica que todavía no se ha llevado completamente a cabo. Gracias al espíritu conciliar, la Iglesia se ha abierto al mundo, pero todavía hay mucho camino por delante. «Festejamos este aniversario, hacemos un monumento, pero que no dé fastidio. No queremos cambiar. Es más: hay algunas voces que quieren dar vuelta atrás. Esto se llama ser testarudos, esto se llama querer domesticar al Espíritu Santo»
«Algunas voces pidiendo volver». (Esperamos que nadie caiga en la ingenuidad de creer que Bergoglio está contradiciendo a Ratzinger) Para Decimejorge querer detener las consecuencias nefastas del Vaticano II es ser «TESTARDI», es tratar de «domar al Espíritu Santo»; TESTARDI es algo así como «necios, lentos y tardos de corazón».
«Gracias al Concilio, la jerarquía está al servicio del pueblo de Dios»
Creo que esto es lo distinto de Bergoglio respecto de los otros papas conciliares en referencia a la situación que cada uno de ellos describe respecto de la Iglesia:
En Pablo VI, y de sus palabras, pudiera pensarse que, al menos, guardaba alguna duda sobre los frutos del Concilio Vaticano II…
De Juan Pablo II, y de sus palabras, pudiera pensarse que, tal vez, reconocía que, en vez de una primavera…, había algunas señales otoñales en la Iglesia…
De Benedicto XVI, y de sus palabras y ciertos gestos (respecto de tradiciones litúrgicas o de indumentaria papal), pudiera decirse que fue como si agarrase un cacharro para achicar el agua que veía dentro de la barca…
En cambio de Francisco… por lo visto hasta el momento, podemos afirmar que:
Los envenenados «frutos del Concilio» le parecen encantadores; TODOS ellos; y está empeñado en realizar el anti-milagro de multiplicarlos.
Ha tomado lo que ya es un oscuro INVIERNO eclesial helado e irreversible, como si se tratase del verano más tórrido y soleado posible y sólo le falta usar «bronceador» para disponerse a disfrutar de un buen baño de sol…
También ha agarrado un cacharro, pero para juntar agua del MAR frenéticamente y tirarla ADENTRO de la Barca…
¿Matices?
Creemos que son algo más que simples matices.
Aquellos que piden razones teológicas respecto de la posición que hemos expresado públicamente luego de la elección de Bergoglio, «el humilde», pueden comenzar por estudiar estos «matices».
Estos matices no implican una ruptura sino una gradación marcada por la continuidad de Bergoglio respecto de sus predecesores.
Nuevamente: SOLVE ET COAGULA.
Todo tiene un «non plus ultra»… y nadie nació sabiendo.
Decimejorge ha puesto de moda, «DEJATE MISERICORDEAR» … ¡Vaya estupidez!
Entre católicos (que eso pretendemos ser, ¿no es cierto?), no está mal abundar en discusiones, en debates, y actitudes críticas. Pero nos parece que sería mucho mejor si lográramos hacerlo poniendo «de moda» aquello de: «pero todo, en CARIDAD».
Y esto último no significa cambiar el incienso del «buen combate cristiano», por sahumerios pacifistas, propios de «humildades» bergoglianas.
