LA VUELTA DE LA FÉRULA DE PABLO VI Y JUAN PABLO II

FERULA

UN SIGNO MÁS Y VAN….

El Papa llegó a San Juan de Letrán y lo acogieron, ante el Palacio del vicariato, el alcalde de Roma, Gianni Alemanno, y el cardenal vicario Agostino Vallini

«Dios no es impaciente como nosotros, que queremos todo e inmediatamente, incluso con las personas», indicó Francisco en la homilía, y añadió: «Dios es paciente con nosotros porque nos ama, y quien ama comprende, espera, da confianza, no abandona, no destruye los puentes, sabe perdonar, nos espera siempre, incluso cuando nos hemos alejado». Francisco toma posesión de la Cátedra de Obispo de Roma empuñando el pastoral de Pablo VI, una cruz de plata, en lugar de la de férula de oro de Pío IX que ha usado en estos días de su Pontificado. Juan Pablo II siempre usó el del Papa Montini durante sus 27 años de Pontificado. Benedicto XVI, después de un par de años volvió a la férula que es el símbolo del ministerio petrino, mientras el pastoral (aunque en realidad es una cruz) iguala al obispo de Roma con los demás obispos.

«Dios nunca está lejos y, si volvemos a Él, está listo para abrazarnos», explicó Bergoglio. De hecho, «la paciencia de Dios debe encontrar en nosotros la valentía de volver a él, a pesar de los pecados y errores que pudiera haber en nuestra vida; al sentir mi pecado, al ver mi pecado, yo puedo ver y encontrar la misericordia de Dios, su amor e ir hacia Él para recibir el perdón». Después, Bergoglio contó que «en mi vida personal he visto muchas veces el rostro misericordioso de Dios, su paciencia; he visto también en muhcas personas la valentía de entrar en las llagas de Jesús diciéndole: “Señor, estoy aquí, acepta mi pobreza, esconde en tus llagas mi pecado, lávalo con tu sangre”. Y siempre he visto que Dios lo ha hecho: ha acogido, consolado, lavado, amado».

Por ello, indicó Bergoglio, «dejémonos envolver por la misericordia de Dios; confiemos en su paciencia que siempre nos da tiempo; tengamos la valentía de volver a su casa, de habitar en las heridas de su amor, dejándonos amar por Él, encontrar su misericordia en los Sacramentos». De esta manera, «sentiremos su ternura, sentiremos su abrazo».

Un largo aplauso de los fieles, que llenaron la Iglesia de San Juan de Letrán, subrayó el momento en el que el Papa Francisco se sentó en la Cátedra de la Basílica Lateranense, tomando posesión oficialmente como Obispo de Roma en su catedral. A su lado, el cardenal vicario de Roma, Agostino Vallini, y el vicario emérito Camillo Ruini, los dos purpurados que celebraron la misa con el Pontífice en el Domingo de Resurrección”. En el patio de la Basílica de San Juan de Letrán, Francisco besó la Cruz, como se hace normalmente en la “toma de posesión” de una Basílica por parte de un obispo. Después hizo la señal de la Cruz sobre su frente y sobre la del cardenal Vallini, su vicario para Roma. Un gesto que no está previsto por el protocolo de la ceremonia. Se trata de una confirmación implícita del purpurado en el papel de principal colaborador pastoral del nuevo Pontífice en relación con la Ciudad Eterna.