EL «NIRVANA» DE LA NUEVA Y FALSA IGLESIA CONCILIAR
Hemos evidenciado desde hace cincuenta años, las sucesivas fases de la autodemolición de la Iglesia, encargo primordial del demonio, hecho expresamente a través de tantos católicos pervertidos en su fe y de muchos otros enemigos infiltrados en Ella estratégicamente.
¿Y cómo ha sido esto?
Sabemos muy bien que ellos han venido cambiando día a día, durante esos cincuenta años, todos los valores esenciales y formales de nuestra Santa Religión, así: el Santo Sacrificio de la Misa abolido casi por completo; los textos litúrgicos ambiguos o francamente anticatólicos; las principales verdades de la fe oscurecidas o cambiadas a tal punto que ya no son las de siempre, es decir las católicas; las profusas componendas y fornicaciones de los jerarcas con los príncipes de este mundo y con los líderes de los paganos; la implantación de la «iglesia del hombre» a cambio de la Iglesia de Dios; el destierro de la fe y la doctrina cristianas de todos los pueblos otrora cristianos; la persecución y aniquilamiento sistemático (cruel o sutilmente) de todo reducto que se oponga a la autodemolición de la Iglesia valiéndose de la falsa autoridad; la abominación de la desolación en el lugar santo; la manifiesta repugnancia de los principios católicos por parte de los jerarcas; en fin, todos los cambios y novedades necesarias para ese único y último propósito de que desaparezca de la faz terrena todo vestigio de cristianismo y específicamente que la Esposa de Nuestro Señor Jesucristo sea arrasada por completo.
¿Qué nos faltaba ver en nuestros días? Que desaparezca el único vestigio que podía quedar de la Iglesia, que el único símbolo en pie de su majestad fuera derrumbado, que la suprema autoridad desde la que se impulsaron todos los cambios autodemoledores se rebajara y no de cualquier forma, sino de la forma más vil que el mismo demonio ha deseado siempre: que ese cargo sea despreciado públicamente por su mismo titular: Bergoglio, jesuita renegado, judío y masón. ¿Qué más faltaba? Son abundantísimas las pruebas de que este personaje nunca ha querido ser católico, sacerdote, obispo y, mucho menos, Papa. Pero ahora no quiere ser ni siquiera Papa de la nueva y falsa iglesia conciliar, sino coordinador de todas las falsas religiones. Este el golpe maestro y final del demonio para que crea en su triunfo y ponga a casi toda la humanidad por un tiempo a sus pies, por medio de ese nefasto coordinador.
Así como Nuestro Señor Jesucristo fundó y ha patrocinado durante veinte siglos la única y verdadera Iglesia para nuestra salvación, su mono, que es el demonio, ha fundado la suya (la nueva y falsa iglesia conciliar), patrocinándola junto con todos su secuaces para nuestra condenación y ésta no podía llegar a otro fin que a su propio «nirvana», entendido éste como la aniquilación misma de esa religión falsa o adulterada, porque ninguna institución que no sea de origen divino tiene vocación de permanencia. Es la ley divina que se cumple inexorablemente.
Se perfila, entonces, la batalla final entre el Único Ser que es por sí mismo, por el que todos los demás somos y, el demonio, que representa la nada, el aniquilamiento, ese «nirvana» al que está llegando la nueva y falsa iglesia conciliar y a ella pegados todos los demás enemigos de Dios.
Sí, para nosotros que somos cuerpo de la Santa Iglesia Católica es el «viernes Santo» de la Amadísima Esposa de Nuestro Señor Jesucristo, reducida a pequeñas comunidades como en sus primeros años. Así es, nosotros no tenemos ya hoy poder alguno frente a esos designios y acontecimientos. Pero no olvidemos que según la promesa de Nuestro Señor Jesucristo: «las puertas del infierno no prevalecerán contra Ella» y que Nuestra Santísima Madre la Siempre Virgen María, nos dijo: «al fin, mi Inmaculado Corazón triunfará«.
Por la misericordia infinita de Dios, conservaremos la Fe, alentándonos unos a otros como los primeros cristianos, aprovechándonos cuanto podamos de los sacramentos y de la oración, haciendo como aconseja San Francisco de Sales: «No busquéis las consolaciones de Dios sino al Dios de las consolaciones«. No olvidemos que nuestros enemigos reales son los de siempre: mundo, demonio y carne (como lo enseñó magistralmente el Padre Gaspar Astete, ese sí auténtico jesuita y antítesis de todo lo que es Bergoglio).
«Y si algún contagio nuevo se esfuerza en envenenar, no ya una pequeña parte de la Iglesia, sino toda la Iglesia entera a la vez, incluso, entonces su gran cuidado será apegarse a la antigüedad, que evidentemente no puede ser ya seducida por ninguna mentirosa novedad.» (San Vicente de Lerins, Doctor de la Iglesia).
José Luis Ortiz-del-Valle Valdivieso
Santa Fe de Bogotá, jueves Santo de 2013 AD.
