OSKO: MEN IN WHITE: “EL FIN DE UN MITO SIGNIFICÓ UN GOLPE PARA LA ESPERANZA DE MUCHOS…”


MANINWHITE

«MEN IN WHITE»

«EL FIN DE UN MITO SIGNIFICÓ UN GOLPE

PARA LA ESPERANZA DE MUCHOS…»

A la vista de los acontecimientos que se precipitan sobre la Iglesia a una velocidad asombrosa, van cayendo uno tras otro los argumentos de Menzingen y de Monseñor Fellay. Verdaderos MITOS de los cuales se han valido para concretar una verdadera estafa. ¿Habrá todavía quien se atreva a sostener que el «leit motiv» de las actuales autoridades de la FSSPX es defender la Obra de Monseñor Lefebvre?

Hemos podido ver las fotos y videos que los medios acreditados han distribuido profusamente a través de las agencias noticiosas, donde dan cuenta del encuentro entre Ratzinger y Bergoglio en la residencia de Castelgandolfo.

Más allá de lo insólito de estar viendo a dos «HOMBRES DE BLANCO» cual si se tratase de DOS PAPAS… me quedo con la sensación, POR ESTO MISMO, de no haber visto a NINGUNO.

Es mi opinión. El P. Ceriani diría «no quiero convencer a nadie». Confieso que no ha sido el Padre Ceriani el que me ha convencido, aunque sí puedo decir que su opinión y su posición no me resultan para nada indiferentes en ésta, como en ninguna otra cuestión que se relacione. Pero ese es otro tema.

A la vista de lo que nos va llegando por medio de las agencias de noticias, huelga hablar de detalles. ¿Para qué reparar en ciertos matices que en definitiva no representan algo mayor a lo que estamos viendo bien concreto a través de esas imágenes? Es lo que vemos; estas dos personas vestidas de blanco SON «EL HECHO», y no los detalles.

Por supuesto que si uno se detiene a observar el modo en que Ratzinger toma las manos de Bergoglio, y cómo presiona con su dedo pulgar sobre la mano de este último, parece ser suficiente para decir «un saludo masónico»… Sí. Porque en verdad lo es. Al menos es usado como signo de reconocimiento entre masones.

Pero también podría ser que no lo fuera y solamente se tratase de un modo de saludar. No me lo creo, en realidad… pero podría ser, insisto.

También será cierto que por encontrarse rodeados de cámaras el encuentro carece, al menos en lo que se ve, de espontaneidad o frescura. Esto es más notorio en Bergoglio que en Ratzinger, que parece como si «estuviera de vuelta» de algunas de esas cosas.

Y es aquí donde voy a detenerme.

COMUNIÓN ENTRE LOS «HOMBRES DE BLANCO»

Por lo que pude ver repitiendo varias veces los videos, parece bastante evidente que hay un mayor estado de debilidad en Ratzinger. Su salud y con ello su fortaleza está declinando visiblemente. No obstante se encuentra lúcido y entero intelectualmente, pero de allí a que esté en condiciones de ejercer una influencia determinante todavía, ciertamente, no lo creo.

Digo esto porque se especulaba con el «doble comando». En mi opinión eso no está ocurriendo. Y tampoco creo que pueda ocurrir. No desde la persona de Ratzinger, aunque sí podría ser que lo haga través de sus más fieles colaboradores. Pero sería otra cosa.

De todos modos es bueno hacer otra observación, que considero más importante: desde que el Cardenal Turán anunció el nombre del elegido en el cónclave, Ratzinger tuvo oportunidad de ver todas las ceremonias; los gestos y la liturgia elegidos por Bergoglio; las primeras audiencias; su pequeño pero significativo «Asís», llevado a cabo a horas de su elección y aprovechando la presencia de representantes de las distintas «religiones», etc, etc. Sin embargo, Ratzinger no parece estar condenando ninguno de sus actos. Al contrario mostrándose con él y del modo en que ambos lo hacen, Ratzinger demuestra su total e incuestionable «comunión» con Bergoglio.

Se rompe en miles de pedazos por lo tanto aquello del «papa de corazón tradicional». Si el corazón de Ratzinger fuera tradicional verdaderamente, hubiera demostrado de manera pública e inequívoca su rechazo a todo lo generado por Bergoglio en estos pocos días, con un simple y sencillo mecanismo: EVITAR este encuentro.

No lo hizo. El hombre de «corazón tradicional» no es tal. En realidad nunca lo fue. Uno más, entre los tantos argumentos esgrimidos por los «acuerdistas» para engañar a sacerdotes y fieles dentro de la FSSPX, se hace añicos, desvirtuado y desmentido por los hechos históricos que estamos viendo.

En ese marco se comprende mucho mejor donde quedan el Motu Proprio, el levantamiento de las «excomuniones» y las discusiones doctrinales… meros espejitos de colores con los que un Ratzinger, todavía no debilitado como sí parece estar hoy, llevó a cabo su trabajo de destrucción de la Tradición y en especial de la FSSPX contando para esto último con la necesaria e invaluable ayuda de Menzingen.

EL GOLPE A LA ESPERANZA

Conociendo que los buenos fieles y los buenos sacerdotes obvia y naturalmente desean una Roma Católica con la cual estar en perfecta comunión, Menzingen, inspirado en el pensamiento del GREC pero seguramente, mucho más aún, movido por ese sentimiento de pesar de «estar excomulgado» que (entre otros) influye bastamente en Monseñor Fellay, ha explotado y se ha abusado de esa ESPERANZA usándola en pos de sus propios objetivos.

Una muy efectiva táctica «política», si se quiere, pero una verdadera estafa operada por Monseñor Fellay y sus seguidores, que en este caso no les ha permitido TODAVÍA alcanzar los objetivos que buscan. Decimos TODAVIA porque, aunque pueda parecer un imposible en este particular momento, Monseñor Fellay y sus seguidores están muy lejos de haber desistido de llegar al «buen puerto» de que hablaba poco antes de la Navidad pasada el P. Bouchacourt.

Pienso que, de todas, esta es tal vez la más perversa de las cosas que haya hecho la cúpula dirigente de la FSSPX. Un golpe brutal y descalificador.

Ha sido un golpe a la Esperanza de los fieles, de los sacerdotes y de la «Operación Supervivencia de la Tradición», que era la razón de ser de la lucha de Monseñor Lefebvre y que representaba una esperanza. Una piadosa y respetable esperanza, quizás basada en falsas expectativas de RESTAURACIÓN que a la postre hoy vemos que resultan ser contradictorias, si son examinadas a la luz de las Sagradas Escrituras.