CARTA DE LECTORES: EDUARDO ARANGO A NON POSSUMUS: A PROPÓSITO DE VUESTRO «PUNTO FINAL»

De: Eduardo Arango
Para: «npossumus@gmail.com» <npossumus@gmail.com>
CC: Fabián Radio Cristiandad <director@cristiandadfm.com>
Enviado: Domingo 10 de marzo de 2013 3:18
Asunto: A propósito de vuestro «Punto final»

 

NON POSSUMUSEstimados Non Possumus.

Soy un fiel Tradicionalista que ha encontrado en estos últimos tiempos, difíciles para la Iglesia Católica y para la Tradición, un faro y norte en las líneas de Radio Cristiandad y gracias a su difusión, creo que se debe en gran medida el que la reacción y la resistencia a la «red», que nuevamente en un intento desesperado por desarticular la Tradición Católica, lanzó la Revolución para pescar incautos en las filas de la FSSPX, sea ahora más sólida que  que hace cuatro años, y que uno tras otros, -gracias a la difusión de Radio Cristiandad, digo- diferentes sacerdotes en distintas latitudes, y con ellos, pequeños grupos de fieles, hayan ido abriendo por fin sus ojos y reconocido la trampa, el engaño y la traición a que estábamos todos siendo sometidos, desde adentro de la Fraternidad.

Ustedes lo reconocen, Radio Cristiandad (con quienes a través de ella hablan) fue quien primero gritó ¡fuego!, y eso honra a Non Possumus, pero también hay que reconocer, que de esa emisora y de ese blog, es de donde se han nutrido todos, quienes más tarde o más temprano han optado por mantenerse dentro del pequeño rebaño fiel; y no importa si fue antes o después, lo que realmente vale es que somos ahora un grupo más sólido, de tradicionalistas que no estamos dispuestos a deponer nuestros espíritus ni a transigir con el error.

Todos, podríamos decir, tomamos una decisión en conciencia al abrazar la Tradición, por no estar conformes, ni tranquilos, ni de acuerdo con todo lo que trajo consigo el Concilio Vaticano II; No podemos ahora dar marcha atrás diciendo que erramos el camino, que Monseñor Lefebvre estaba equivocado, no. Lo que se nos impone ahora, es ser fieles a la verdad y denunciar el error, ¡son muchas las almas que se pierden por nuestra impasividad!. Si es tan magno el error, tan poderosa la fuente de donde proviene y tan astuto el vehículo que lo agencia y promueve, ¿’No ha de -al menos-  tratar de ser equivalente el esfuerzo por contrarrestarlo? ¿No decía Santa Catalina de Siena hace más de seiscientos años: «¡Gritad, gritad como si tuvierais mil lenguas, porque por haber callado, el mundo está perdido!»?.¿No será más válida aún esta sentencia para los tiempos de ahora, los últimos tiempos? No se ve razón para atacar a quienes por gracia de Dios, han tenido las luces para advertirnos desde el comienzo, donde estaba la cola serpentina de Satanás.

Hay, no se dónde, ni de parte de quién, un deseo de dividirnos, de enfrentarnos los unos con los otros, a quienes conformamos esta pequeña, pero última y  definitiva Resistencia. No es la hora de los timoratos, no hay tiempo para cautela, ni para prudencia; tenemos en frente y detrás, todas las tácticas del enemigo, ya ha mostrado sus cartas muchas veces, no podemos caer nosotros en sus trampas, ya le conocemos, tenemos muchos ejemplos, no debemos dejarnos seducir por una apariencia de bien.

 

Cuando la confusión reina y mis fuerzas y alcances intelectuales no dan para elucidar la solución de un problema tan grave como éste al que nos enfrentamos, tan vital y definitivo para el alma, para las almas, me remito siempre a las palabras de Nuestro Señor, que no sembró su doctrina para doctos, eruditos y sabios solamente, sino para todos los hombres, entre los cuales la mayoría somos los legos, sobre todo en teología: «Por los frutos los conoceréis». Esa es una norma de verdad y de claridad para juzgar y discernir de qué espíritu es una persona, o una cosa, una tendencia, una corriente, un pensamiento.

Entonces utilicemos ese criterio de discernimiento de espíritus. ¿A quién le conviene nuestra división y nuestro enfrentamiento? ¿qué es mejor: esperar y esperar a ver cómo se ponen las cosas para reaccionar, o resistir y combatir desde ya? ¿No dicen los grandes estrategas que la mejor defensa es el ataque? (Pero a los verdaderos enemigos). No sea que caigamos en el error reiterado y craso de los Estados Unidos, reconocido aún por algunos de sus líderes, que han afirmado que la historia de los fracasos de los Estados Unidos en las guerras, se resume dos palabras: «demasiado tarde»; demasiado tarde en reconocer cuales eran los verdaderos enemigos, demasiado tarde en ponerse del lado de los verdaderos amigos. Cierto es que Nuestro Señor dijo que los últimos serán los primeros y los primeros serán los últimos; que no importa si se llegó antes o después, pero que por confiarnos en esto, no vayamos a caer en la ilusión diabólica del pecador que pospone su confesión o su enmienda de vida para después, pensando que tendrá oportunidad al final de la vida, porque tal vez reaccionemos «demasiado tarde» y nos percatemos de que nos estaban dividiendo, «demasiado tarde». Nos demos cuenta de que estaban haciendo inocua y estéril nuestra reacción «demasiado tarde».

Para los tiempos de paz y para la discencia, bien vale San Isidoro de Sevilla. Pero para la guerra y para el último combate, el definitivo, valgámosnos de Sardá y Salvani, de San Ezequiel Moreno que muy bien cita el Padre René Trincado, de Monseñor Builes, en fin , de San Pablo que, bien sabemos, increpó públicamente a San Pedro, el primer Papa, sin que por ello éste le odiara. Sigamos al Padre Castellani,  quien tiene lugar también en Non Possumus al igual que en Radio Cristiandad. Que uno y otro blogs sean como dos tercios de la misma Legión, el de Guadalupe y el de Luján, y que como en estos lugares, también el de La Aparecida, el de Lourdes,  el de Chiquinquirá, el de tantos otros de España, el de La Soledad de Porta Vaga y en Korea,  y en todos los confines del mundo, se sienta la voz de la única, verdadera y Sacrosanta Tradición de la Iglesia Católica, Apostólica y Romana, no de la apóstata, sede del Anticristo como presagió Nuestra Señora en La Sallette, cuyas palabras vemos triste e indefectiblemente cumplidas hoy, sino de la Roma Eterna y de siempre.

Hemos visto todos, dos signos tenebrosos, aterradores, en estos últimos días, después de que Benedicto XVI «abandonara -visiblemente- Roma, la Sede de Pedro» : cómo sendos rayos han caído sobre la Basílica de San Pedro en Roma y sobre el monumento del Corcovado en Río de Janeiro; lo cual nos hace pensar en que está reinando el Anticristo, y dominando los fenómenos atmosféricos -como puede hacerlo-  quisiera desatar su odio contra la Iglesia Católica representada en esos dos símbolos. Y ¿Vamos nosotros a sucumbir enfrascados en una lucha intestina, haciéndole el juego a la «legión infernal y secta diabólica» a la que alude S.S. León XIII en el Exorcismo?

¡No.! !Ha llegado el momento de saber cuál es el color de nuestra sangre¡. !Ha llegado el momento de saber si somos del signo Cruz o Capricornio.¡ No busquemos más explicación, tomemos posición. Del lado de nuestros verdaderos amigos. Combatamos al verdadero enemigo.

 

«¡Non veni pacem mittere, sed gladium!»

 

In Christo.

 

Eduardo Arango V.