MONSEÑOR WILLIAMSON
Extractos sobre el Motu proprio y el levantamiento de las excomuniones
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CONCLUSIONES DEL PADRE CERIANI (II)
Continuación…
En el siguiente enlace se pueden escuchar y leer las respuestas de Monseñor Williamson al sitio Non Possumus.
En la primera entrega de mis conclusiones traté el tema de un nuevo error que se agregó al syllabus o listado recopilatorio de los principales de Monseñor Williamson, en los que no podemos estar de acuerdo con él:
El análisis de la actitud del Prelado respecto del documento Quattor abhinc annos, que en 1984 insultó la Misa de Rito Romano, indica que ya en 1984 Monseñor Williamson había perdido el sentido crítico, reemplazándolo por un sentimentalismo, al cual llama benevolencia…: no criticar, criticar, criticar siempre a Roma… Incluso parece ser que había perdido también el sentido filosófico, que enseña que el mal es una privación de bien: quería ver el bien; y, si Roma hacía algo bien, quería saludar el bien…
Todo esto lo aplicó, veintitrés años más tarde al Motu proprio… Es lo que debemos analizar hoy.
Monseñor Williamson respondió a Non Possumus:
Cierto que yo en el 84, por ejemplo, saludé un paso aparentemente importante de Roma a favor de la buena Misa, el indulto, porque, honestamente, no veía una trampa. Y quería ver el bien; y, si Roma hacía algo bien, quería saludar el bien y no buscaba siempre criticar, criticar, criticar a Roma. Entonces, hubo de lado mío un cierto sentimiento tal vez de querer aprobar algo de Roma, una benevolencia hacia Roma.
Igual, en 2007, quería ver el bien. Y hubo un cierto bien. Si se lee exactamente lo que he escrito a favor, en pro, de Summorum Pontificum, creo que se ve que lo que aprobé no era completamente falso, no se ha mostrado falso después. Aprobé el hecho de que había sacerdotes que podrían celebrar la buena Misa.
El Comentario Eleison comenzó con dos o tres comentarios en pro de Summorum Pontificum. Es verdad que yo no vi una trampa, que yo no escribí algo sobre el mal que podría representar Summorum Pontificum. ¿He sido, en esta medida, naïf (ingenuo)? Es posible. Lo que escribí era incompleto, sí; pero falso, no, creo que no.
Pero desde aquel tiempo he leído críticas de Summorum Pontificum que son mucho más severas, y acepto que yo no vi esto en aquel momento. Quería aprobar algo de Roma para no siempre criticar, criticar, criticar. Y, de hecho, hubo algo bueno. Hubo algo bueno. Hablar sólo, principalmente, de lo bueno era incompleto, lo admito. Admito que era incompleto. Sí.
Una vez más, recurramos, ante todo, a la palabra totalmente imparcial, justa, ecuánime, serena y proba de Non Possumus, que ha publicado el Catecismo de la crisis en la FSSPX; presentándolo como extraordinario documento, y recomendando a todos su lectura, suplicando a todos que lo promuevan entre familiares y amigos, además, y sobre todo, entre los sacerdotes o seminaristas de la Fraternidad…
Allí leemos:
9. ¿Por qué Menzingen va por el mal camino?
¡Porque las autoridades de la Fraternidad se niegan a retirar la ambigüedad que ellas han creado!
10. ¿Cuál es esta ambigüedad?
Es doble y concierne a la impostura de dos actos realizados por Benedicto XVI que favorecen la Tradición sólo materialmente y que Mons. Fellay presenta como actos que serían categóricamente a favor de la Tradición.
12. ¿Cuál es el primer acto realizado por Benedicto XVI que plantea un problema?
Se trata del Motu Proprio de Benedicto XVI sobre el uso de la Liturgia romana anterior a la reforma de 1970. Monseñor Fellay pretende que «por el Motu Proprio Summorum Pontificum, el Papa Benedicto XVI ha restablecido en sus derechos la misa tridentina, afirmando con claridad que el Misal Romano promulgado por San Pio V jamás ha sido abrogado». (Menzingen, 7-7-2007).
13. ¿Dónde está la ambigüedad?
El Motu Proprio dice en realidad que la Misa Tradicional no ha sido jamás abrogada en cuanto forma extraordinaria pero que ella ha sido abrogada en cuanto forma ordinaria. Por esta acción, Benedicto XVI hace perder al rito romano de la Santa Misa, de jure, su condición de única forma ordinaria y oficial y la relega a la condición de «forma extraordinaria», después de haberla humillado comparando su santidad con la del «rito bastardo». A pesar de estos hechos, no existe ningún documento oficial de Menzingen condenando este concubinato litúrgico.
Nuevamente, recomiendo a Non Possumus hacerle leer a Monseñor Williamson este Catecismo de la crisis en la FSSPX…
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Del Comunicado de la Casa General de la FSSPX sobre la renuncia de Benedicto XVI:
(…) Pese a las divergencias doctrinales manifestadas nuevamente con ocasión de las discusiones teológicas mantenidas entre los años 2009 y 2011, la Fraternidad San Pío X no olvida que el Santo Padre tuvo el valor de recordar que la misa tradicional nunca había sido abrogada (…) Ella no ignora la oposición que esta decisión suscitó, obligando al Papa a justificarse ante los obispos del mundo entero. Le expresa su gratitud por la fortaleza y la constancia que manifestó a su respecto en medio de circunstancias tan difíciles…
Considero que Monseñor Williamson no hubiese tenido ninguna dificultad en aceptar y en leer o hacer leer este Comunicado si aún permaneciese como Director de un Seminario en la FSSPX.
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Como Monseñor Williamson hace referencia a sus Comentarios Eleison, leamos lo que allí dijo.
Comentario Eleison del 14 de julio de 2007
Después de muchos falsos informes de una inminente publicación de un «Motu Proprio» del Papa Benedicto XVI sobre el rito preconciliar de la Misa, por fin apareció el 7 de julio, con el título «Summorum Pontificum».
Entre los católicos que sostienen la Tradición Católica, la última semana él halló una recepción mezclada.
Por un lado, en la Fraternidad San Pío X, por ejemplo, un «Te Deum» fue cantado en agradecimiento por todo lo que en el documento favorece y, hasta cierto punto, libera el rito antiguo de la Misa.
Por otro lado, los Católicos que desconfían de cualquier cosa y de todo lo que sale de la Roma conciliar, algunos incluso hasta el punto de no creer que Benedicto XVI sea Papa, tienen poca dificultad en descubrir en el «Motu Proprio» las numerosas contradicciones que reflejan el vano intento de Benedicto XVI de conciliar el Catolicismo con el intrínseco anticatólico mundo moderno.
Ahora bien, las contradicciones están ciertamente allí, porque mientras que el Papa se aferra en su corazón a la antigua liturgia de su infancia bávara de antes de la guerra, él cree con su espíritu conciliar en la reconciliación de los irreconciliables, como el Catolicismo y el mundo revolucionario que nos entorna.
Sin embargo, como dice el refrán, Roma no se construyó en un día, y la Roma Católica no será reconstruida en un día. De hecho, ¿hará falta menos que un diluvio de la ira de Dios para lavar el modernismo de los establos de Augías de esta Roma? Uno puede preguntarse. Kyrie eleison!
No obstante, «El viaje de mil millas» comienza con el primer paso. Teniendo en cuenta la terrible persecución oficial del verdadero rito de la Misa desde 1969, cuando el Novus Ordo fue introducido, sin duda dos cosas, al menos, en el «Motu Proprio» valían un Te Deum.
En primer lugar, el oficial, papal, público reconocimiento de que la Misa antigua nunca fue realmente suprimida. Siempre lo supimos, pero ahora lo sabe todo Católico en la Iglesia Universal. ¡Qué cambio de percepción debe conllevar!
Y en segundo lugar, una cierta definida libertad para los sacerdotes de rito Latino para celebrar la Misa antigua, al menos en privado y, en mayor medida que antes, también en público.
¡Oremos más que nunca por el Papa, si no más, para que su corazón bávaro continúe empujando su cabeza conciliar en una dirección Católica!
Comentario Eleison del 25 de agosto 2007
El debate sobre el reciente Motu Proprio del Papa Benedicto XVI continúa –no voy a decir a rabiar– pero ciertamente a levantar pasiones.
El Motu Proprio reconoció que el rito tridentino nunca fue abrogado y concedió a todo sacerdote católico una cierta libertad para celebrarlo.
Algunos han condenado el documento debido a su doble lenguaje y afirmaron que esto era sólo un señuelo para atraer a los católicos tradicionalistas hacia las arenas movedizas de la Iglesia Conciliar.
En cuanto al lenguaje dual, a veces en favor del catolicismo, a veces en favor del conciliarismo, es desgraciadamente innegable. Pero, ¿qué podíamos esperar de parte de lo que podemos calificar el «Papa dual»? Benedicto XVI, como Pablo VI y Juan Pablo II antes que él, no percibe que él cree simultáneamente en dos religiones contradictorias. Salvo un milagro, Benedicto XVI pensará así hasta su muerte. He aquí lo que es muy triste, pero por lo que al Motu Proprio se refiere, todo esto tiene poca relación.
Lo que importa más bien, en mi opinión, es que el diablo lleva piedra, como bien dice el adagio. En muchos países vemos que muchos sacerdotes y laicos católicos –pero en general no los obispos– redescubren el verdadero rito de la Misa, compran misales, los DVD con la enseñanza de la Santa Misa, los ornamentos litúrgicos, etc….
¡Ya escucho las objeciones más duras! Por supuesto, no todo va a ser perfecto desde el primer golpe. Habrá errores de latín, las rúbricas no serán perfectas y todo eso, pero ¿por qué no darle una oportunidad a la gracia de Dios?
Con Dios, el menor bien va lejos y ¡un sacerdote católico no se rehace en un día!
Dejadme presentar un escenario; no es infalible, ustedes creerán si lo desean. La época actual se puede compararse a la de Noé, justo antes del diluvio. Nuestro mundo «idiota-visual», ahora extendido por todo el mundo, corre al abismo. Dios no puede dejar que millones de almas sean llevadas al infierno dormidas.
Cuando se derrumbe, los católicos se verán obligados a correr en todas direcciones en busca de un sacerdote para la confesión de sus pecados. No habrá disponibles suficientes sacerdotes «litúrgicamente perfectos» de la FSSPX. Por lo tanto, es razonable pensar que Dios está preparando un cierto número de sacerdotes –conocido sólo por Él– fuera de la Fraternidad San Pío X para esos días dramáticos.
El Motu Proprio, que les permite volver a conectar con el verdadero rito de la Misa –al menos en privado– es un paso importante en esta preparación.
Con todo nuestro corazón, recemos por tales sacerdotes, y por el Papa.
Comentario Eleison del 15 de septiembre de 2007
Recientemente un alma se me quejó en mi «pensamiento dialéctico» en relación con el Motu Proprio pontifical del 7 de julio, queriendo decir, sin duda, de que me fui un poco en todas direcciones confundiendo.
Le contesté que lo escrito no era sino la puesta en práctica de un viejo principio católico, formulado hace siglos por San Agustín: «Para vencer al error, ama al que está en el error».
Porque Dios es verdad, no hay ninguna posibilidad de que la no-verdad, es decir el error, pueda conducir un alma al Cielo. Dado que el error, o la falsa doctrina, conduce al pecado, se sigue que sólo la verdad puede llevar a Dios.
Así que, si quiero ir al Cielo y ayudar a otras almas a hacerlo, debo adherir estrictamente a la doctrina católica.
Muchas son las personas que ignoran esta verdad, pero sigue siendo conocible (algo que los liberales niegan), y esto se sabe.
Por mi propia salvación y la de ellos, tengo que anunciar la totalidad sin ninguna mitigación.
Pero, por otro lado, estoy obligado por el deber de la caridad (en diversos grados) de desear que cada alma vaya al Cielo. Por ello, debemos darles la verdad.
Por lo tanto, voy a guardar silencio, si lo que puedo decirles no puede sino condenarlos –después de todo, Jesús se quedó en silencio ante Herodes y guardó silencio ante Pilato.
Puedo y debo, según las circunstancias, «calmar la tormenta para salvar al cordero recién cortado.»
Debo amar tanto las almas como la verdad.
Así, tengo que «destruir el error y amar al que está en el error.»
De hecho, cuanto más ame la verdad más (no menos) podré darme el lujo de tener compasión por las almas.
Cuanto más firmemente esté sujeto a los árboles de la orilla, más seguridad tendré de ayudar a las almas que se ahogan en medio del río. Pero, ¡ay de mí si trato de llegar a ellos sin estar firmemente aferrado!
Los liberales no pueden ejercer la verdadera caridad, puesto que desfallecen en la doctrina.
De este modo, la doctrina del Motu Proprio de Benedicto XVI y la Carta a los Obispos que lo acompaña no es más que una mezcla confusa y desconcertante de catolicismo y de religión del Vaticano II.
No puedo dejar de destacar los errores de este Concilio que quería reconciliar la única fe verdadera con las falacias del mundo moderno.
Pero, por otro lado, la Misa llamada «tridentina» está llena de sana doctrina católica; por lo tanto, no puedo sino alegrarme de que el Motu Proprio reconozca que ella nunca ha estado prohibida y que le acuerde una cierta libertad para celebrarla.
En el reino de los ciegos, donde incluso los tuertos son reyes, este reconocimiento y esta liberalización son, sin duda, un paso adelante.
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Ante las sorprendentes declaraciones de Monseñor respecto del Motu proprio en sus Comentarios Eleison de julio, agosto y septiembre, el 28 de septiembre de 2007 decidí escribirle una carta para aclarar las cosas.
Estimado Monseñor, usted ha escrito:
» (…) la doctrina del Motu Proprio de Benedicto XVI y la Carta a los Obispos que lo acompaña no es más que una mezcla confusa y desconcertante de catolicismo y de religión del Vaticano II.
No puedo dejar de destacar los errores de este Concilio que quería reconciliar la única fe verdadera con las falacias del mundo moderno.
Pero, por otro lado, la Misa llamada «tridentina» está llena de sana doctrina católica; por lo tanto, no puedo sino alegrarme de que el Motu Proprio reconozca que ella nunca ha estado prohibida y que le acuerde una cierta libertad para celebrarla.
En el reino de los ciegos, donde incluso los tuertos son reyes, este reconocimiento y esta liberalización son, sin duda, un paso adelante».
Ahora bien, en enero pasado, usted declaró a Rivarol:
«Vaticano II es un enorme hecho en la reciente historia de la Iglesia, estoy de acuerdo. Pero sus documentos están demasiado sutil y profundamente envenenados como para que sea necesario reinterpretarlos, no estoy de acuerdo. ¡Una tarta en parte envenenada va entera al bote de basura!»
En septiembre, en lugar de concluir que el «Motu proprio de Benedicto XVI y la Carta a los obispos que lo acompaña ¡va todo entero a la basura!», usted concluye diciendo «no puedo sino alegrarme (…) este reconocimiento y esta liberalización son, sin duda, un paso adelante».
No comprendo (no comprendemos) esta doble manera de razonar. De enero a septiembre, pasando por el 29 de junio, 2 + 2 ya no es = 4…, sino = 5… 15… o 150…
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Monseñor Williamson me respondió el 2 de diciembre:
A vista humana, en el caso del Motu Proprio, la liberalización y el reconocimiento de la antigua Misa están imbricados en el todo malo. A vista divina, Dios puede muy bien «escribir derecho con líneas torcidas».
La parte buena no es intrínsecamente mala, sino extrínsecamente, por la parte del todo, del cual forma parte.
No siendo intrínsecamente mala (al contrario), Dios puede muy bien servirse de ella, y un número importante de sacerdotes aprovecharán en privado del Motu Proprio para acercarse a la verdadera Misa, y por allí a toda la verdadera religión, si perseveran.
Hay una gran diferencia con los documentos del Vaticano II. Estos descendían. El Motu proprio remonta, objetivamente, en parte (solamente).
Pero me parece que delante de Dios, por el bien de la Iglesia total, este reconocimiento sobre todo, apoyado por la liberación bastante ambigua, digamos al menos en privado, es un bien importante, incluso enorme en el contexto de los desastres del Concilio y de la Nueva Misa.
A condición de que nosotros no nos hagamos ninguna ilusión sobre la necesidad de combatir más que nunca. Pero los Arrianos ceden terreno, y ellos tendrán que ceder todavía.
Hágase traducir los cuatro (o cinco) artículos sobre el Motu Proprio en dinoscopus.blogspot.com.
Esto exigió una respuesta mía entrando en los detalles del Motu proprio:
A)
El artículo 1º dice:
El Misal Romano promulgado por Pablo VI es la expresión ordinaria de la «Lex orandi» de la Iglesia católica de rito latino.
El Misal Romano promulgado por San Pío V y reeditado por el bienaventurado Juan XXIII debe considerarse como la expresión extraordinaria de la misma «Lex orandi» y gozar del respeto debido por su uso venerable y antiguo.
Estas dos expresiones de la «lex orandi» de la Iglesia no inducen ninguna división de la «lex credendi» de la Iglesia; son, de hecho, dos usos del único rito romano.
Por eso [Proinde] es lícito celebrar el Sacrificio de la Misa según la edición típica del Misal Romano promulgada por el bienaventurado Juan XXIII en 1962, y nunca abrogada, como
[uti] forma extraordinaria de la Liturgia de la Iglesia.
La Fraternidad difunde que:
a) La Misa Tradicional jamás ha sido abrogada.
b) Por eso es lícito celebrar el Sacrificio de la Misa siguiendo la Misa Tradicional.
No se dice que:
a) La Misa Tradicional jamás ha sido abrogada, como forma extraordinaria de la Liturgia de la Iglesia.
b) Por eso es lícito celebrar el Sacrificio de la Misa según la edición típica del Misal Romano nunca abrogada,
como
forma extraordinaria de la Liturgia de la Iglesia.
Y mucho menos se dice que:
a) La Misa Tradicional ha sido abrogada, en cuanto forma ordinaria de la Liturgia de la Iglesia.
b) Por eso está prohibido celebrar el Sacrificio de la Misa siguiendo la Misa Tradicional como forma ordinaria de la Liturgia de la Iglesia.
Estimado Monseñor, analice el texto y saque las consecuencias. El «proinde» tiene su razón de ser; y el «uti» también.
B)
Dejo de lado otras hermosas perlas del famoso Motu proprio y paso a algunas reflexiones:
1ª) No hay que dejarse seducir por la ilusión de que la Misa tradicional, por sí sola, mantiene o vuelve a poner, completa y necesariamente, al sacerdote y a los fieles en la buena doctrina.
Como prueba tenemos los ortodoxos cismáticos (que nunca han cambiado la liturgia desde siglos y que con todo permanecen fuera de la Iglesia).
Durante el concilio Vaticano II el Papa y todos los Obispos celebraban la Misa tradicional, y con todo cambiaron la Tradición de la Iglesia.
Más recientemente, los que firmaron un acuerdo con Roma, poco a poco adhirieron a las nuevas doctrinas resultantes del concilio Vaticano II, rezando al mismo tiempo la Misa tradicional.
2ª) Todos estos hechos prueban que la Misa no basta para conservar o recibir la fe y la doctrina católica.
Se nos objetará que la verdadera liturgia está necesariamente vinculada a la fe genuina, según el adagio «Lex orandi, lex credendi».
Sí, es cierto, las dos están vinculadas, pero no en el sentido que se nos querría hacer admitir.
La verdad es que la ley de la fe establece la ley del rezo, pero no el revés.
Pío XII tuvo que poner las cosas en orden. En efecto, ya que en su tiempo, en nombre del sentimiento interior, ¡el modernismo daba la preferencia a la liturgia sobre la fe!
Dice Pío XII en la Encíclica Mediator Dei: «Si se quiere distinguir y determinar de una manera absoluta y general las relaciones entre la fe y la liturgia, se puede decir a justo título: Lex credendi legem statuat supplicandi (que la norma de la creencia establezca la norma del rezo).»
Se ve por este texto que la liturgia está en dependencia de la fe y no el revés. Se puede honrar a Dios por la liturgia si se tiene de antemano la fe recta. Es decir la Liturgia y la Misa no pueden hacer profesar y alimentar la fe sino en los que ya la poseen. Por otra parte, si la Misa da a conocer algunas verdades de la fe, conocer no es creer.
Se puede recibir lo que la Misa tradicional enseña sobre la fe, pero con una mentalidad manchada por el modernismo y el liberalismo. Eso da una mala mezcla, que no es, ni más ni menos, que el Vaticano II: la relativización de toda verdad.
3ª) Debemos, pues, más que nunca seguir siendo prudentes. Un hereje que celebra una liturgia herética es menos peligroso que un hereje que celebrase la liturgia romana, ya que en este segundo caso nada manifestaría sus errores.
El problema de la Liturgia es un problema sobre todo de Fe; en consecuencia, incluso si la antigua liturgia fuese mañana obligatoria, eso no podría bastar a solucionar el problema de la crisis de la Iglesia.
Es necesario que la verdadera fe sea proclamada de nuevo.
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Volviendo a la entrevista de Non Possumus, Monseñor Williamson responde, en concreto, que lo escrito por él sobre el Motu Proprio fue incompleto, pero no falso.
Para no alargarme demasiado con cosas evidentes:
a) Confesar en el Credo que el Hijo es de la misma naturaleza que el Padre, en lugar de decir que es consubstancial con el Padre, es incompleto, pero no es falso. Sin embargo, ¿se puede aceptar?
b) Confesar que María Santísima es Madre de Cristo, en lugar de decir que es Madre de Dios, es incompleto, pero no es falso. ¿Se puede aceptar?
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En cuanto a la mezcla de bien y de mal, dejemos la palabra al mismo Monseñor Williamson, quien en su Comentario Eleison 200, del 14 de mayo de 2011, escribió:
Existen dos forman en que una manzana podrida puede dar un poco de luz a la oscuridad de la Iglesia hoy eclipsada.
Primeramente, no esperamos a que todas las partes de la manzana estén podridas para considerarla podrida en su totalidad, sin embargo aún quedan partes de esta que aún no están podridas.
Por lo tanto, en respuesta a la pregunta de si la manzana está podrida, debemos de hacer una doble distinción: como un todo, sí; en estas partes, sí; en las otras partes, no.
Y en segundo lugar, mientras tanto, la manzana no es putrefacción y la putrefacción no es manzana, sin embargo lo podrido no se puede separar de su manzana y no puede existir sin ella.
Apliquemos la primera parte de esta comparación –que es sentido común– a la Misa del Novus Ordo y a la «Iglesia Conciliar», y la segunda parte a la «Iglesia Conciliar» y al Papado.
En lo que respecta a la Nueva Misa, está podrida en su totalidad por su antropocentrismo Conciliar, pero mientras algunas partes son claramente no Católicas (por ejemplo el Ofertorio), otras partes son Católicas (por ejemplo el Kyrie Eleison).
Debido a que está podrida como un todo y lentamente convierte a los Católicos en Protestantes, no es apta para que asistamos, pero esa parte que es la Consagración puede ser Católica y válida.
Por lo tanto uno no puede decir ni que la Misa del Novus Ordo es válida por lo que uno puede asistir, ni que no se puede asistir porque es inválida.
Lo cierto es que puede ser válida en su parte esencial, pero no es una razón suficiente para exponer nuestra fe al peligro de asistir a esta en su todo.
Hubiese sido tan sencillo aplicar esto al Motu proprio…
Por dos veces me extendí sobre el tema en Radio Cristiandad:
https://radiocristiandad.wordpress.com/2010/07/09/a-tres-anos-del-motu-proprio-summorum-pontificum/
De allí resumo ahora:
Un poco de historia
Después de implementar sagaces reformas preparatorias, en abril de 1969 se publica un Novus Ordo Missae. Desde entonces, dos Misas dividen trágicamente a los católicos.
Desde 2007, Benedicto XVI, por medio del Motu proprio Summorum Pontificum, da la impresión de querer preparar oficialmente una «tercera misa», es decir, la síntesis entre la Misa Romana y el fruto de la reforma protestantizante de Pablo VI.
¿Cómo hemos llegado aquí?
Pablo VI quiso, explícitamente y de hecho, reemplazar el Ordo Tradicional por el des-Ordo Nuevo; hacer que el Novus Ordo Missae ocupase de hecho el lugar del Antiguo.
Pero, de derecho, Pablo VI nunca abrogó la Misa Romana, e incluso ni siquiera la prohibió.
Contrariamente a lo que muchos querían hacer creer y otros muchos creían, la Misa Romana continuó siendo, desde un punto de vista estrictamente jurídico y canónico, la Misa oficial y única del Rito Latino Romano de la Iglesia Católica.
El Misal Romano no había sido abrogado.
Hasta el 7 de julio de 2007, era claro, para quien lo quisiera ver, que todo sacerdote tenía el deber (y por lo tanto el derecho) de rezar la Santa Misa conforme a ese Misal.
Pero de hecho, desde 1969, los sacerdotes que deseaban mantener la Misa Romana fueron brutalmente perseguidos por los partidarios de la Nueva Misa.
Por lo tanto, el mantenimiento del Misal Romano tuvo que llevarse a cabo en una aparente y creciente desobediencia: fundación de seminarios y prioratos, ocupación de iglesias, construcción de centros de Misa, ordenaciones sacerdotales, consagraciones episcopales…
Fue entonces, y sólo para obstaculizar y reabsorber esta legítima reacción, que el Vaticano se interesó por la Misa Romana.
Las medidas adoptadas por la Roma modernista y anticristo tendían realmente a sofocar y eliminar el Misal Romano, y no a conservarlo y difundirlo.
En octubre de 1984, Juan Pablo II firmó un primer indulto, por el cual autorizaba a los obispos conceder, bajo ciertas condiciones, la Misa Romana.
De hecho, fue una acción de ahogo y de opresión, dado que la Misa Romana nunca había sido abrogada, y porque las condiciones impuestas para permitirla no eran, pues, necesarias.
Aceptar esas condiciones, equivalía reconocer la abrogación del Misal Romano.
Además, esos requisitos llevaban su veneno, porque el indulto se podía conceder únicamente a aquellos que no tenían nada en común (nullam partem) con los católicos que cuestionan la rectitud doctrinal y canónica de la Nueva Misa.
Por lo tanto, se los privaba completamente de todo argumento para el día que se decidiese retirar el indulto, la grosera e insultante autorización.
La maniobra fue tan evidente, la trampa tan poco disimulada, que muy pocos se dejaron atrapar.
En julio de 1988, debido a las consagraciones episcopales realizadas por Monseñor Marcel Lefebvre y Monseñor de Castro Mayer, la operación es nuevamente intentada.
En los papeles, las condiciones son las mismas de 1984: no se declara obligatoria la Misa Romana; ni siquiera se la permite universalmente, sino sólo para algunos grupos de fieles y para algunos sacerdotes.
Además, tanto unos como otros son impelidos a admitir la nueva misa protestantizante.
En julio de 2007, en el Motu proprio de Benedicto XVI, encontramos una vez más el mismo desprecio por la Misa Romana… Pero este desdén ha sido capaz de adaptarse a las circunstancias y ha sabido aceptar, con sagacidad sibilina, la realidad de la defensa del Misal Romano y del rechazo del Nuevo Misal.
De este modo, se busca distorsionar esa defensa y ese rechazo, al mismo tiempo que se ofrecen componendas.
Pero, el objetivo es siempre el mismo: eliminar el Misal Romano.
Lo veamos o no, nos guste o no, lo aceptemos o no, el hecho es innegable: la Misa Romana y el Novus Ordo Missae son irreconciliables; uno excluye a la otra y viceversa. Si se adopta uno, eso conduce necesariamente al rechazo de la otra.
Debemos convencernos: la misa bastarda de Pablo VI no tiene otra razón de ser que la supresión de la Misa Romana.
Por lo tanto, no existen dos ritos frente a frente; el enfrentamiento es aparente: sólo existe el Rito Romano enfrentado a su destrucción…
Los dos indultos de 1984 y 1988, verdaderos insultos a la Misa Romana, fueron simples etapas de esa destrucción.
Algunos sacerdotes y laicos ilusos cayeron en la trampa de estos pasos intermedios…, necesarios al proceso revolucionario.
De todos modos, una cosa es cierta: lo que estaba bloqueando el funcionamiento de la máquina revolucionaria era el grupo de irreductibles, que mantenía la defensa de la Misa Romana y el rechazo de la bastarda, sin aceptar compromisos.
La prioridad de los revolucionarios, la supresión de la Misa Romana, los llevó a establecer una pausa, rebobinar e incluso hacer concesiones más grandes…, todo lo necesario para eliminar el grano de arena que impide que el engranaje lleve a cabo su obra funesta.
La función del Motu proprio
La fórmula según la cual la Misa Romana nunca ha sido abrogada en cuanto forma extraordinaria de la liturgia del Rito Romano
es una de las ideas más inteligentes para armonizar la Misa Romana con la doctrina modernista.
La realidad es que, si Benedicto XVI pretendía legitimar la misa bastarda, no podía seguir afirmando que la Misa Romana había sido abrogada.
Por lo tanto, era necesario resolver el problema con inteligencia, y hacer creer que la nueva misa es la continuación y expresión legítima de la Liturgia del Rito Romano.
Era imperioso decir que El Misal Romano promulgado por Pablo VI es la expresión ordinaria de la «Lex orandi» de la Iglesia católica de rito latino.
Además, en su afán de síntesis dialéctica, no era posible que Benedicto XVI dejase transparentar la más mínima sospecha de ruptura o cisma litúrgico.
Era ineludible decir que El Misal Romano promulgado por San Pío V y reeditado por el bienaventurado Juan XXIII debe considerarse como la expresión extraordinaria de la misma «Lex orandi» y gozar del respeto debido por su uso venerable y antiguo.
Era forzoso afirmar que Estas dos expresiones de la «lex orandi» de la Iglesia no inducen ninguna división de la «lex credendi» de la Iglesia; son, de hecho, dos usos del único rito romano.
En consecuencia, aparece claramente lo que constituye la verdadera razón de la declaración de la no abrogación de la Misa Romana como forma extraordinaria de la Liturgia de la Iglesia: es el famoso «un paso atrás, dos pasos adelante».
Sería ridículo pensar que el cambio de posición en el terreno de combate es debido a un inicio de restauración… Es una estrategia de acercamiento hacia la Tradición, ¡sí!…, pero para intentar envolverla y destruirla…
No se trata de una restauración. Es todo lo contrario: consolidar y legitimar la nueva misa y el Concilio Vaticano II, sin fracturas trágicas o dramáticas; hacer creer que se trata de una evolución suave, y asegurarse de que ambos sean universalmente reconocidos, aceptados y admitidos de forma pacífica.
Quienes pretenden demostrar que el Concilio Vaticano II no es un cisma doctrinal, del mismo modo quieren probar que la Nueva Misa no es un cisma litúrgico; antes bien, que ambos son el resultado de un desarrollo vital, que debe ser asumido y aceptado.
Para comprender la estrategia de Benedicto XVI con su Motu proprio, hay que referirse al discurso que dio ante la Curia Romano el 22 de diciembre de 2005.
Al leerlo y reflexionarlo, aparece claro que Benedicto XVI intenta hacer creer que entre la Doctrina Infalible de Iglesia y la nueva doctrina conciliar no hay ninguna discontinuidad. En pocas palabras, nos dice que la Lex credendi hodierna e innovadora es la misma que la tradicional y perenne.
Ahora bien, sabemos muy bien que la Lex orandi es la expresión litúrgica de la Lex credendi.
Por lo tanto, después de haber resuelto en 2005 la cuestión de la Lex credendi, era necesario zanjar la cuestión de la Lex orandi.
Esta fue la misión del Motu proprio de 2007.
Si se reconoce el Motu proprio del 7 de julio de 2007, es necesario aceptar que el Rito Romano perdió, de jure, su condición de única forma ordinaria y oficial.
La Roma anticristo y modernista, por medio del Motu proprio, humilló el Rito Romano de la Santa Misa, intentando relegarlo a la condición de «forma extraordinaria» y uniéndolo al «rito bastardo», que sería la «forma ordinaria» del único Rito Romano.
Si se reconoce el Motu proprio del 7 de julio de 2007, es necesario aceptar que el Misal Romano ya no es la expresión ordinaria; y que, por lo tanto, al menos de manera implícita,
debe ser considerado abrogado como expresión ordinaria
de la Liturgia Romana de la Iglesia.
Para ajustarse a la realidad, aquellos que aceptan el Motu proprio deberían sacar algunas conclusiones inexorables, pues es sabido que, puestas las premisas, se siguen las conclusiones.
Estimado lector, usted conoce ya esas conclusiones, pero, por las dudas, las resumo ahora:
La Misa Romana no se abrogó nunca como forma extraordinaria.
La Misa Romana se abrogó como forma ordinaria.
Está permitido celebrar la Misa Romana como forma extraordinaria.
Está prohibido celebrar la Misa Romana como forma ordinaria.
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Para terminar por hoy, tengamos en cuenta lo que hubiese sido necesario preguntar a Monseñor Williamson y Non Possumus no preguntó:
1º) ¿Cuándo se dio cuenta, usted, de que lo que había escrito sobre Summorum Pontificum era incompleto?
2º) ¿Formalizó y publicó alguna aclaración al respecto, o es la primera vez que lo hace con ocasión de este reportaje?
3º) Desde dos o tres años antes de la publicación del Motu proprio, los Superiores de la FSSPX estaban al tanto de la distinción de forma ordinaria y forma extraordinaria de un mismo rito. ¿Conocía usted esto o sólo al leer el Motu proprio tuvo conocimiento?
4º) En todos los Comunicados Oficiales, Monseñor Fellay ha sistemáticamente ocultado este hecho. ¿Por qué, usted, nunca lo denunció?
Queda por ver lo referente al levantamiento de las excomuniones.
Continuará…

