… para gobernar la barca de San Pedro y anunciar el evangelio es necesario también el vigor tanto del cuerpo como del alma. Vigor que en los últimos meses me ha disminuido en modo tal que debo reconocer mi incapacidad para administrar bien el ministerio a mí confiado.
La frase no deja de conmocionarme.
Fue la determinación final oficial de uno de los pontifices que más daño le ha hecho a la Iglesia Católica Apostólica Romana.
Estoy al corriente de que decir esto a estas horas es la mar de antipático. No me importa. Lo que es, es.
Nunca quiso ser Papa, ni Obispo (ver aquí) Siempre consideró el servicio desde el Primado como si una guillotina estuviera en su cuello. Quería dedicarse a las altas esferas de la especulación teológica. En definitiva, su Pontificado, no fue más que eso… destrucción y mera especulación, no solo teológica, sino también moral. Y eso es muy grave.
Puede especular todo lo que quiera como teólogo privado. Pero debe obedecer a la Santa Iglesia Católica como cualquiera de nosotros, y más que nosotros, si cabe la expresión. Porque de su ejemplo penden millones de almas.
El hecho de preferirse, de elegir el propio parecer, la propia voluntad, a la Divina Voluntad, que lo puso donde lo puso, es tremendamente grave. Es un hecho inaudito y en cierto modo, de una impiedad dificil de empardar. La demostración del Ministerio Petrino en función de un cargo del tipo empresarial (hasta con renuncia a fin de mes y a la última hora -28/02/2013 – 20:00 horas, según explicó su vocero, es esa hora puesto que a esa hora culmina su horario laboral) es, sin dudas un nuevo escándalo. Digo nuevo, pues todo su pontificado ha estado envilecido de escándalos de toda clase.
Debería quizás ser exhaustivo en la descripción de todos estos escándalos, nuestros detractores estarían muy contentos pues pocos lo leerían detenidamente.
No lo haré. No creo que haga falta. Unas pocas muestras nos recordarán los hechos… Judeofilia a toda prueba, hasta negar la historicidad del Evangelio de San Mateo. (¿Gloria del Olivo?) Declaración en Auschwitz (dirigida a Dios: ¿Dónde estabas cuando sucedió esto?); comunión en la mano sin que esto ofrezca en su conciencia problema alguno; reuniones con los líderes mundiales más abyectos, como Obama, Kissinger (¿asesor suyo?); Clinton; Fidel Castro; Masones, Comunistas, Musulmanes, herejes de toda calaña… A ninguno instó públicamente a la conversión: declaraba públicamente también, que la Iglesia debía renunciar a la tarea «proselitista».
Escándalos en los viajes; en los nombramientos (Bertone y Müller, por no abundar); en las decisiones disciplinares; en las innovaciones; en los silencios terribles ante los abusos y violaciones litúrgicas; en los escritos, en las homilías, en los sermones, en las Encíclicas, voluntad marcada de destrucción de la obra de Mons. Lefebvre, etc. etc. En fin…
Todo esto es un demostrativo de la culminación a la que un alma extraviada llega. Me atrevo a decirlo así, sin anestesia, pues él mismo ha mencionado su alma atormentada en esta hora: DEBILIDAD EN EL ESPÍRITU.
Una cosa es la noche oscura de los místicos… Y otra muy distinta son las tinieblas de las tentaciones por haber hecho todo mal. Por haber desperdiciado el don de Dios. Por haber jugado al Guardián cuando en realidad era el Lobo.
Triste final. Y triste cascada en la que arrastrará a millones de almas. Como corresponde a la altura a la que Dios lo elevó.
Muchos ya le lloran, por distintas razones: algunos esperaban beneficiarse de su ambivalencia modernista; otros porque eran protegidos bajo su visión distorsionada y herética de la iglesia.
Otros se alegran de su dimisión… Pues o pretendían más profundizaciones de los descarríos y él ya no daba más en esa dirección, o creen (con razón) que lo que vendrá será mejor para ellos.
Nosotros seguimos igual. Ni mejor ni peor. Sabemos que lo que ha de venir será peor y que sólo Nuestro Amado Rey pondrá fin a toda iniquidad. Nada más creemos, nada más esperamos.
Pero que nos sirva de lección que el extravío en la fe, deja heridas profundísimas de las que es muy dificil salir… DEBILIDAD EN EL ESPÍRITU.
Y perder la Fe, es el peor de los males y al que más debemos temer.
Que por lo menos, Benedicto XVI, nos sirva de ejemplo.
Fabián Vázquez
Director
Radio Cristiandad

