Radio Cristiandad, gracias a los buenos oficios del Padre Ceriani, pudo acceder a la verdadera transcripción de la homilía del Superior General de la Neo-FSSPX con ocasión de la ordenación del Padre Lundi, el domingo 27 de enero de 2013.
Leamos primero el extracto principal del sermón de Monseñor Fellay, destacado en el propio sitio oficial de la Neo-Fraternidad en Francia, La Porte Latine:
Vivimos una época donde esta fe es maltratada, atacada, triturada, por todas partes, tanto al exterior como al interior de la Iglesia.
Esta será una de sus funciones, después de la Misa, el dar esta fe, comunicarla a las almas, a fin de elevarlas por encima de las realidades humanas, conducirlas hacia la realidad de Dios. Y esta fe, también será necesario defenderla.
Esta es nuestra historia, la de la Fraternidad, la de nuestro fundador.
Y esta historia, mis queridos hermanos, continúa.
Incluso diría que, ante esta realidad sublime, hablar acerca de acuerdos o no con Roma, es una bagatela.
Defender la fe, mantener la fe, morir en la fe, ¡he aquí lo esencial!
Uno tiene la impresión de que las autoridades romanas no nos comprenden, porque no han comprendido que, para mantener esta fe católica, estamos dispuestos a perderlo todo. No queremos, absolutamente, dejar la fe.
Pero, lamentablemente, es un hecho que se comprueba todos los días, con el Concilio, por el Concilio y en el Concilio, han sido introducidos venenos que son perjudiciales para la fe, que conducen las almas al error, que no las defienden más, que no las protegen más en su fe.
Denunciamos esto, y es por esto que nos condenan.
Todavía hoy, la condición que se nos quiere imponer para reconocernos el título de católicos, es aceptar esas cosas que justamente demuelen la fe. Pero no podemos, eso es todo, es simple.
En ningún caso, no estamos de acuerdo en disminuir lo que es absolutamente esencial para ir al Cielo, la fe, con todas sus consecuencias.
Es por esto que este combate es necesario, un combate de todos los días.
Ahora descubramos la versión genuina de esta prédica; destacamos en azul lo omitido en La Porte Latine:
Vivimos una época donde esta fe es maltratada, atacada, triturada, por todas partes, tanto al exterior como al interior de la Iglesia, salvo por nuestro Santísimo Padre, Benedicto XVI.
Esta debería ser una de sus funciones, después de la Misa, el dar esta fe, comunicarla a las almas, a fin elevarlas por encima de las realidades humanas, de la política de las Cruzadas de Rosarios, conducirlas hacia la realidad de Dios.
Insisto, sólo después de la Misa, especialmente si esta es celebrada bajo la forma extraordinaria, conforme al Motu proprio promulgado por el defensor de la fe, al cual acabo de hacer referencia.
Recuerde usted que el Misal Romano promulgado por Pablo VI es la expresión ordinaria de la «Lex orandi» de la Iglesia católica de rito latino.
Tenga muy en cuenta que estas dos expresiones de la «lex orandi» de la Iglesia no inducen ninguna división de la «lex credendi» de la Iglesia; son, de hecho, dos usos del único rito romano.
No olvide que, para vivir la plena comunión con la Iglesia Conciliar, no puede, en principio, excluir la celebración según los libros nuevos. En efecto, no sería coherente con el reconocimiento del valor y de la santidad del nuevo rito la exclusión total del mismo.
Y esta fe, también será necesario defenderla de nosotros mismos… de sus propios Superiores…
Porque esta era nuestra historia; la de la Fraternidad hasta el Jubileo del año 2000; la de nuestro fundador, hasta que decidí no seguir sus consejos y consignas dadas antes de las consagraciones episcopales y mantenidas hasta su muerte.
Y esta historia, mis queridos hermanos, continúa… ¡No se asombre, hijo! ¿No comprende que todo esto es política?
Incluso diría que, ante esta realidad sublime, hablar acerca de acuerdos o no con Roma, es una bagatela.
Algunos dicen que, precisamente, defender la Fe implica alejarse de aquellos que la ponen en peligro y denunciarlos como enemigos de esa Fe. No faltan quienes claman que ésto, no sólo no es una bagatela, sino que es esencial al combate; y que de otro modo se corre el riesgo de no morir en la Fe.
Pero, justamente por eso, porque se trata de una fruslería, y siguiendo esa línea política, me empecino tanto en buscar un acuerdo. ¡Eso sí!, cuyas cláusulas doctrinarias han llegado a ser prácticas, como ha explicado muy bien Monseñor de Galarreta.
Defender la fe, mantener la fe, morir en la fe, ¡he aquí lo esencial! ¿Ustedes me comprenden, no es verdad? ¡Compréndanme, por favor!
Como expresé en la entrevista que me hiciera la CNS el 11 de mayo de 2012: No estamos solos en el trabajo de defender la fe. Es el mismo Papa quien lo hace, ese es su trabajo. Y si estamos llamados a ayudar al Santo Padre en ello, que así sea.
Sin embargo, uno tiene la impresión de que las autoridades oficiales
romanas no nos comprenden, porque no han comprendido que, para mantener esta fe católica, estamos dispuestos a perderlo todo. No queremos, absolutamente, dejar la fe. No hablo de las autoridades oficiosas, ¡comprendan bien!…, porque éstas lo han entendido hace mucho tiempo…
Y usted mismo lo ha intuido e interpretado durante sus años de formación; y el magnífico bordado del blasón papal sobre su casulla de ordenación lo prueba, y dice mucho más que mil palabras y mis interminables e insustanciales conferencias…
Resumidamente lo dije enseguida de su elección: En nombre de la Fraternidad Sacerdotal San Pío X, Monseñor Bernard Fellay, Superior General, saluda el acceso del Cardenal Joseph Ratzinger al Supremo Pontificado. Él ve allí un halo de esperanza de salir de la profunda crisis que sacude a la Iglesia Católica.
Pero, lamentablemente, es un hecho que se comprueba todos los días, con el Concilio, por el Concilio y en el Concilio, han sido introducidos venenos que son perjudiciales para la fe, que conducen las almas al error, que no las defienden más, que no las protegen más en su fe.
Denunciamos esto, y es por esto que nos condenan.
¡Sí! Enérgicamente sostengo que denunciamos esto… ¡Créanme!
¿Acaso no recuerdan que declaré al periódico suizo La Liberté, el 11 de mayo de 2001, pareciera que desechamos todo Vaticano II. Sin embargo adherimos al 95%? El venenito está solamente en ese 5% restante… e incluso esto puede discutirse…
¿Acaso olvidaron que el 12 de marzo de 2009 escribí a nuestro Santísimo Padre, el del hermoso blasón que me provoca envidia: Lejos de detener el Magisterio en 1962, deseamos considerar al concilio Vaticano II y al magisterio posconciliar a la luz de la tradición sin ruptura y en un desarrollo perfectamente homogéneo?
Comprendan, hermanos, que debemos dejar de lado los problemas secundarios y hacer frente a los problemas mayores, tal como lo expresé el 7 de junio de 2012 en el reportaje que me hiciera DICI.
Los fieles recuerdan bien que en la Carta que les dirigí y se leyó en los Prioratos (salvo en Martinica y Guadalupe) el 24 de enero de 2009: Estamos prestos a escribir con nuestra sangre el Credo, a firmar el juramento anti-modernista y la profesión de fe de Pío IV; aceptamos y hacemos nuestros todos los concilios hasta Vaticano II, respecto del cual emitimos reservas.
¡Claro está!, luego hemos dicho que se trataba de un error y hemos corregido… Pero eso forma parte de la política…, pues en la carta del 15 de diciembre de 2008 a Roma figura la primera versión…
Pero lo esencial es lo que he declarado en mayo pasado: Mucha gente tiene un entendimiento del Concilio que es un mal entendimiento. Ahora tenemos autoridades en Roma que lo dicen.
Nosotros, por nuestra parte, hemos visto en las discusiones que muchas cosas que hemos condenado como pertenecientes al concilio, no son de hecho del concilio, sino del común entendimiento de éste.
Por ejemplo, el Concilio presenta una libertad religiosa de hecho muy, muy limitada. Muy limitada. No forma parte del veneno del que hablábamos antes…
Por lo tanto, el veneno no es veneno; y, si es veneno, no viene del Concilio; y, si viene del Concilio, no es perjudicial para la fe…
Sin embargo, todavía hoy, la condición que se nos quiere imponer para reconocernos el título de católicos, es aceptar esas cosas que justamente demuelen la fe.
Que quede claro, por favor, reclamamos a la Roma Conciliar, modernista y anticristo (expresiones que pertenecen a nuestra historia, la de la Fraternidad, la de nuestro fundador, pero ya no significan lo mismo, es evidente…), reclamamos, pues, el título de católicos, de obispos católicos para nosotros cuatro (¿o tres?, ¡ya no sé cuántos somos!…, en serio, aunque los haga reír…); pues bien, reclamamos ese título, como lo dije en diciembre de 2010 en Nueva Caledonia…
Porque ya lo hemos dicho: hoy, y esto es lo esencial, en la línea de lo pedíamos, aunque de manera imperfecta, el Papa ha levantado la excomunión y anuló los efectos del Decreto de 1988.
Se lo hemos escrito a nuestro Papa: Vuestra Santidad ha hecho inoperante la medida que nos afectó hace ya veinte años en seguida de nuestra consagración episcopal.
¿No recuerdan lo que expresé en diciembre de 2010: El Papa dijo que hay solamente un problema de orden canónico. Es suficiente un acto de Roma para decir que se ha terminado y nosotros reentramos en la Iglesia?
¡Sí! Nuestro Papa dice que no se trata de un cisma.
Pero no podemos aceptar, eso es todo, es simple.
Lo cual no implica que no lo vayamos a aceptar. En ese caso, ya veremos qué inventamos para acreditarnos; porque no importa si los que nos reclaman esas cosas que demuelen la fe no son católicos, sino modernistas…
Lo esencial es que esos modernistas, que no son católicos, nos exigen, para reconocernos como católicos, que aceptemos esas cosas que demuelen la fe, como la han demolido en ellos…
Pero, aunque no podemos aceptarlas, y aunque las aceptemos más tarde, esperamos que nos reconozcan como católicos para que, una vez en plena comunión, podamos colaborar en cambiar esas cosas, porque, repito, no estamos solos en el trabajo de defender la fe; es el mismo Papa quien lo hace, ese es su trabajo.
Porque el Padre Schmidberger dijo: Con Benedicto XVI la barca de la Iglesia navega en adelante sobre aguas más tranquilas.
Y yo mismo declaré: Todo indica que desde hace algún tiempo, más o menos desde el ascenso al pontificado del Papa Benedicto XVI, ha aparecido una nueva ola que, contra todo pronóstico, aparenta ir en sentido opuesto a la primera. Los indicios son suficientemente variados y numerosos como para poder afirmar, que este nuevo movimiento de reforma o de restauración es efectivamente real.
Entonces, en ningún caso, no estamos de acuerdo en disminuir lo que es absolutamente esencial para ir al Cielo, la fe, con todas sus consecuencias. Pero si se presenta algún caso práctico, reuniremos un capítulo deliberativo y haremos lo que la mitad más uno, o lo que uno menos la mitad decida, ya que es lo mismo en política…
Es por esto que este combate es necesario, un combate de todos los días, para terminar de atontar y reducir a todos los miembros de la Fraternidad y sus feligreses.

