OSKO: ¿TE GUSTA EL TENIS?

tenis¿TE GUSTA EL TENIS?

Wimbledon es una palabra cargada de reminiscencias deportivas. Tenísticas sobre todo.

Ese juego en el que los jugadores, de uno y otro lado de una red, se pasan una pelotita a golpes de raqueta.

La idea del juego es que la pelota lleve destino dentro del campo del rival, el cual está demarcado con rayas blancas, y si una pelota cae fuera de ese perímetro, sin antes haber golpeado en el piso dentro del cuadro marcado, es un punto malo, o en contra.

En fin… ¿quién no sabe cómo se juega al tenis?

Todo indicaría que Monseñor Williamson no lo sabe…

En particular, el tenis verbal, ese que ha venido jugando en los últimos años, y en el cual ha tirado demasiadas veces la pelota fuera del perímetro; y las que puso adentro… fueron servidas para que su rival desplegase lo mejor de su juego…

En sus sucesivos partidos con Monseñor Fellay desde el año 2001, arbitrados por Joseph Ratzinger (luego Benedicto XVI), facilitó las cosas para que su contrincante venciese, más allá de la ayuda que este recibió del juez, totalmente parcial.

En el año 2007, más precisamente el 7 de julio, Monseñor Fellay metió un profundo y memorable passing shot paralelo a los flejes demarcatorios… esos límites que separan lo que está «adentro» de lo que está «afuera»… la pelota SE IBA AFUERA… No obstante eso, de manera insólita, Monseñor Williamson devolvió con un fuerte raquetazo metiendo la pelota nuevamente en la cancha… Si se hubiese dejado al Motu Proprio del árbitro irse fuera del juego, el mismo habría pasado sin pena ni gloria… Pero no; Monseñor Williamson colaboró con su impericia (¿ineptitud?), y Monseñor Fellay se anotó no uno, sino varios tantos a favor… Ni que hablar de la alegría de Benedicto XVI, al que no le fue necesario recurrir a ninguna trampa, como por ejemplo anular el punto y jugarlo de nuevo…

Para colmo de males, con el saque en su poder, Monseñor Williamson podía haber convertido un ACE, pero declinó la oportunidad… no sólo la declinó sino que, además, el 15 de diciembre de 2008, con el pedido al juez del partido del levantamiento de la excomunión, hizo un saque flojito… suave y al medio… ideal para que Benedicto XVI ayudase a Monseñor Fellay a devolverle de revés… preciso y seco como un misil, que pasó entre las piernas de su contrincante, que nada supo hacer al respecto… Una perfecta Gran Berni (una especie de Gran Wily pero al revés, más propia del fútbol que del tenis…). Le salió tan bien que ni la sotana episcopal podría haber detenido el curso de esa pelota (aclaremos que Monseñor Williamson juega con clergyman, pues está en país anglosajón).

Las discusiones doctrinales (siguiendo el juego práctico, totalmente manejado y dirigido por el árbitro) comenzaron hacia fines del año 2009; las cuales no fueron otra cosa que un prolongado peloteo entre dos jugadores, uno de los cuales creía estar pugnando por no perder y quizás llegar a la victoria; mientras que el otro, sabiéndose claro dominador del juego y absoluto ganador a esa altura de la contienda (aunque en realidad era el arbitro el que ganaba), sólo estaba divirtiéndose un rato… esperando la mejor oportunidad para humillar a su rival. No hace falta decir cuál de los dos jugadores era Monseñor Williamson.

A partir de ese momento, Monseñor Fellay fue un claro dominador del partido. wimbledon2

Ganó los siguientes games fácilmente, porque su rival jugó el juego que más le gusta al árbitro, ya que en enero de 2009, con las cartas de aceptación y de agradecimiento del levantamiento de la excomunión, Monseñor Williamson ya había demostrado que estaba «entregado», y que no tenía ese espíritu combativo necesario en toda lid.

UN PÁRRAFO APARTE PARA EL ÁRBITRO

Respecto de Benedicto XVI, antes Ratzinger, Monseñor Williamson intentó y continuará intentando en el futuro dejarlo no tan mal parado. Él se empecina en no verlo tan culpable, como puede verse en aquellas palabras a las que ya nos habíamos referido en artículo anterior y que tomamos del ELEISON 279:

«Así es que nadie que quiera salvar su alma debe seguirlos a ellos o a sus sucesores, pero, por otro lado, estos últimos están tan convencidos que son normales en relación a los tiempos modernos que
ellos no son tan culpables por destruir la Iglesia de Dios como lo hubieran sido en tiempos previos. Benditas sean las almas católicas que pueden aborrecer los errores de ellos sin dejar de honrar sus cargos.»

No es tan culpable Benedicto XVI, porque no se da cuenta qué tan malo es, ya que se ve normal en relación a los tiempos modernos… Todo eso en la mente de Monseñor Williamson.

Es un argumento completamente falaz. Una de las tantas pelotas que Mons. Williamson ha tirado muy lejos de los límites de la cancha.

En épocas anteriores Ratzinger, hoy Benedicto XVI, se habría dado perfecta cuenta de todo absolutamente (igual que se da cuenta ahora) y se habría entusiasmado con «Le Sillon» de Marc Sangnier o lo hubiésemos visto simpatizando fraternalmente con un Felicidad de Lammenais, por mencionar sólo dos entre tantos. De hecho, fue perito conciliar junto al nefastísimo Karl Rahner que a la postre hizo más daño que los dos anteriormente mencionados.

Para terminar…

ADIOS WIMBLEDON suena mejor a un ADIOS A LAS CANCHAS… suena a retiro, despedida…, final.

Probablemente, sea tan sólo una impresión personal, y continuemos recibiendo cada sábado los comentarios ELEISON.

Esperemos que ahora que ha dejado el tenis, o al menos Wimbledon, que según dicen viene a ser la «catedral» de ese deporte, a Monseñor Williamson no se le ocurra practicar el automovilismo deportivo… Lo digo porque algunos se andan quejando, y ya están expresando cierto fastidio ante la actitud del obispo, al que parece le cuesta «arrancar»

Es que, a esta altura, imaginaban a un Monseñor Williamson con casco y buzo antiflama, en quinta, a fondo y a 230 km por hora…

Veremos adonde se establece definitivamente; si llega a ser en Indianápolis o en Le Mans o en Imola, será muy difícil reprimir una sonrisa.

Mientras tanto, Benedicto XVI ya tiene todo preparado en ROLAND GARROS para el gran partido con Monseñor Tissier…

En cuanto a Monseñor de Galarreta, se lo ve muy feliz en su papel de «Ball-boy», el chico que recoge las pelotitas y se las acerca a Monseñor Fellay…

Osko

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