OSKO: MUCETITA MORADA

caperucitamoradaMUCETITA MORADA

(Si por falta de nuevas ideas Hollywood hace adaptaciones y remakes

de cuanta película vieja anda por ahí,

¿por qué nosotros no podemos hacer lo mismo?)

Una Producción de Millenium Corp. para Radio Cristiandad

División Cuentos para Niños

Sobre una Idea de Rabí Inairec

Con Aportaciones de Osko

El famoso cuento de Caperucita Roja fue escrito originalmente por el francés Charles Perrault hace más de 300 años y está incluido en su volumen Cuentos de Antaño.

El auténtico final de este cuento es trágico, pues el Lobo se come a la abuelita y a Caperucita Roja sin que nadie pudiera rescatarlas.

La versión más conocida hoy en día es la que incluye un leñador, quien logra rescatar del vientre del lobo a Caperucita y a su abuelita. Es de los Hermanos Grimm.

Siempre se han hecho adaptaciones o aplicaciones del inocente cuentito. Intentemos una respecto de las más recientes y asombrosas declaraciones de Monseñor Fellay.


denunciainfiltradoHabía una vez uHn Obispo muy piadoso, e incluso con un cierto carisma. Su madre, la sociedad a la que pertenecía, le había hecho una magnífica muceta morada, y el prelado la llevaba muy a gusto, de modo que todo el mundo lo llamaba Mucetita Morada.

Un día, sin que nadie se lo encomendase y creyéndose inspirado, decidió ocuparse de la Iglesia Oficial, la cual se autodenominaba Conciliar y vivía al otro lado del bosque. Pero él no las identificaba; es más, las distinguía una de otra perfecta y claramente… (una extraña luz le inspiraba para que viera oscuro lo que era claro y aun más oscuro que nadie lo que siempre había sido claro).

Los miembros de su sociedad le recomendaron, una y otra vez, que no emprendiese el camino, pues cruzar el bosque era muy peligroso, ya que siempre andaba acechando por allí el lobo modernista conciliar… miembro de la Iglesia Oficial

Pero Mucetita Morada confiaba más en otros amigos suyos que le explicaban al oído que eso no era tan así. Que no todo era tan malo en el bosque, que el lobo modernista conciliar no era tan grande ni tan malo como lo describían y que además, en la Iglesia Oficial ya no lo querían mucho y que el pobre lobo modernista, bastante desacreditado se refugiaba en la Iglesia Conciliar, que nada, nada, nada, tenía que ver con la Iglesia Oficial.

Desoyendo las súplicas de sus colegas y súbditos, Mucetita Morada se puso en camino.

Tenía que atravesar el espeluznante bosque para llegar a la sede de la Iglesia Oficial; pero el decía que no le daba miedo cruzarlo porque allí siempre se encontraba con cardenales, monseñorinos, secretarios… «Justamente», le decían los más prudentes, «de esos te estamos hablando»… pero, Mucetita Morada decía: «Bah… exageran, cuando ellos nos hablan, la Iglesia de Siempre es la que habla».

Así fue que bien entrado en el camino, de repente, delante de él, vio al lobo blanco, que era enorme, y venía con muchas ganas de comérselo, pero como no es tonto (es un Lobo perito) no se atrevió porque unos leñadores andaban por ahí cerca.

— ¿A dónde vas, Mucetita? -le preguntó el lobo con su voz ronca.

Mucetita Morada, que no había aprendido la lección de que era muy peligroso detenerse a hablar con el lobo conciliar, le dijo:

— Voy a ver a la Iglesia Oficial, voy a casa del Santo Padre Benedicto.

— (muajajajuuajjmpffff) Si, si…. Claro, Benedicto, je je… y… ¿Vive muy lejos?

— ¡Oh, sí!, mucho más allá de los límites que se ven allá lejos… cada vez más lejos… No se por qué, pero cada vez está mas y mas lejos…

— (Que muchacho más ingenuo) Esteeeee… bueno, yo también quiero ir a verlo; hagamos un juego ¿si? yo iré por este camino oficial, y tú por aquél, el oficioso, y veremos quién llega primero.

El lobo partió corriendo a toda velocidad, como alma que lleva el Diablo, (lo cual debe ser entendido literalmente) por el camino oficial, que era más corto; y Mucetita se fue por el más largo, el oficioso, entreteniéndose en recoger lindas frases papales, en correr tras los monseñorinos y en hacer ramos con las alharacas que le iban contando y que lo llenaban de alegría y emoción.

Poco tardó el lobo en llegar donde estaba la Iglesia Oficial… Conocía muy bien el camino y…, es más, hacía años que se había instalado en ella… Muchos años antes, con ocasión de realizarse una gran reunión de leñadores había golpeado a la puerta: Toc, toc.

— ¿Quién es? –preguntaron los predecesores de Mucetita Morada.

— Es su hijo, Mucetita Morada -dijo el lobo, disfrazando la voz-, les traigo un encargo de la Santa Madre.

Unos pocos cazadores que estaban por allí habían descubierto la llegada del lobo. Pero, todos los cándidos prelados, desconocedores del modernismo, le gritaron:

— Tira la aldaba y el cerrojo caerá.

El lobo tiró la aldaba, y la puerta se abrió. Se abalanzó sobre ellos y los devoró en un santiamén, pues hacía como cincuenta años que no comía bien… Vivía hambreado y andaba algo apaleado desde la época de San Pío X…

En seguida cerró la puerta y reemplazo a los pontífices y prelados. Lo cierto es que una vez terminado su trabajo demoledor se puso a esperar pacientemente a Mucetita Morada, quien, un día finalmente, llegó a golpear la puerta: Toc, toc.

— ¿Quién es?

Mucetita Morada, al oír la ronca voz del lobo, primero se asustó, pero cándido y crédulo contestó:

— Es su hijo, Mucetita Morada, traigo un encargo de la Santa Madre…

El lobo le gritó, suavizando un poco la voz:

— Tira la aldaba y el cerrojo caerá.

Mucetita Morada tiró la aldaba y la puerta se abrió. Viéndolo entrar, el lobo le dijo, mientras escondía su intimidante forma y su propia naturaleza entre capas y mucetas obsoletas:

— Deja allí tu encargo y ven conmigo.

Mucetita quedó muy asombrado al ver al Pontífice muy cambiado, y le dijo:

Très Saint Père, ¡qué brazos tan grandes tienes! He recibido por vía oficial algunos documentos que claramente expresan la voluntad por parte de Roma para reconocer la Fraternidad, pero que era necesario firmar un documento que no podíamos firmar…

— Estos brazos son para abrazarte mejor, hijo mío -dijo el lobo tratando de imitar la voz de la Iglesia. Voy a reconocer a la Fraternidad y será como para con la excomunión, es decir, sin contrapartida… Aunque hay hombres en el Vaticano que están haciendo todo lo posible para acabar con los proyectos del Papa…

Très Saint Père, ¡qué piernas tan grandes tiene!… Pero, esos hombres, ¿han reflexionado bien sobre lo que están haciendo? Eso no va a funcionar…

— Es para correr mejor, hijo mío. Sí, es cierto, hay diferencias, pero es el Papa quien lo quiere…

Très Saint Père, ¡qué orejas tan grandes tiene!

— Es para oírte mejor, hijo mío. Yo sé muy bien que sería más fácil para mí y para la Fraternidad que las cosas sigan como están…

Très Saint Père, ¡qué ojos tan grandes tiene!

— Es para verte mejor, hijo mío. Que la Fraternidad sepa que la solución del problema de la Fraternidad está en el corazón de las prioridades de mi Pontificado…

Très Saint Père, ¡qué dientes tan grandes tiene! Puesto que no estamos de acuerdo sobre el Concilio y puesto que usted desea, al parecer, reconocernos, yo había pensado que usted estaba dispuesto a dejar de lado el Concilio; tal vez usted piensa que es más importante reconocernos, a nosotros, como católicos, que de insistir sobre el Concilio. Pero ahora, con el texto que usted nos entrega, pienso que me equivoqué. Por lo tanto, díganos, realmente lo que quiere. Porque entre nosotros estas cuestiones siembran confusión…

— ¡Estos dientes son para comerte mejor! ¡CABEZA DE ALCORNOQUE!… Pero no teman; después ustedes podrán seguir atacando todo lo que quieran, igual que ahora… Por ahora pongo «solo» tres condiciones: deben reconocer que el Magisterio es el juez auténtico de la Tradición Apostólica, es necesario que acepten que el Concilio forma parte integrante de la Tradición, así también como la validez y la licitud de la Nueva Misa… ¿CAPISCE CARO MIO?

Y diciendo estas palabras, este lobo malo se abalanzó sobre Mucetita Morada y se lo comió, del mismo modo que anteriormente había hecho con los institutos de Ecclesia Dei.

Pero… (siempre hay un pero)… los cazadores se había quedado algo preocupados y creyendo adivinar las malas intenciones del lobo, habían decidido echar un vistazo a ver si todo iba bien en la Iglesia.

Por lo tanto pidieron ayuda a un serrador y juntos llegaron al lugar. Vieron la puerta de la casa abierta y al lobo tumbado en la cama, dormido de tan harto que estaba.

El cazador sacó su cuchillo y rajó el vientre del lobo, y… ¡Maravillas de la Misericordia!: Los Ecclesia Dei y Mucetita estaban allí, ¡vivos!

Para castigar al lobo malo, el cazador le llenó el vientre de piedras y luego lo volvió a cerrar. Cuando el lobo despertó de su pesado sueño, sintió muchísima sed y se dirigió a un estanque próximo para beber y como las piedras pesaban mucho, cayó en el estanque de cabeza y se ahogó.

(Algunos cuentan que no sólo no se ahogó, sino que para sorpresa de los presentes se repuso de sus heridas y se escabulló, escondiéndose en algún oscuro rincón, desde el que continúa haciendo de las suyas mientras espera una nueva oportunidad para lograr sus propósitos y de paso, para no aburrirse escribe algunos libros).

En cuanto a Mucetita Morada, dice haber aprendido la lección. Prometió no hablar nunca más con ningún desconocido que se pudiera encontrar en el camino y que, de ahora en adelante, seguirá las juiciosas recomendaciones recibidas.

Sin embargo, aquellas palabras deslizadas últimamente: «Por lo tanto, si hay una contradicción aparente, sin duda hay una solución», no inspiran mucha confianza en su conversión… Antes bien, parecen ser un indicio de que padece de una cierta e ingenua inclinación para ver como signos buenos las señales que por estos tiempos están saliendo desde el mismísimo infierno.