Tras leer el «Eleison» 280 y después de reflexionar detenidamente en el mensaje final del citado artículo me he propuesto confeccionar una lista, que a mi juicio, es la adecuada para hacer despertar a los católicos tradicionalistas, adormecidos con tantos mensajitos «anestésicos» y con tanta política de despiste, haciéndoles perder el tiempo y gastar sus energías neuronales con argumentos accidentales y despistándoles de los fundamentales.
Para ese despertar, que M. Williamson propone, es «conditio sine qua non»:
1.- Una retractación pública de la aceptación del «motu proprio» summurum pontificum, donde se dice que la Misa Católica de siempre, representa la misma fe que la misa bastardo-montiniana, y por lo que tras su publicación, cantó un Te Deum.
2.- Una retractación también, al haber aceptado el «levantamiento de las excomuniones», que no es otra cosa que la aceptación implícita de ser un cismático y un desobediente a la «autoridad» que tanto pondera, y que se contradice con la carta colectiva de todos los superiores después de las consagraciones.
3.-Dejar claro a los fieles cuál es su concepto de autoridad y cúal es su situación con respecto a ese concepto. Pues es evidente que toda autoridad (la que él reconoce) debe ser objeto de obediencia, pues de lo contrario sería un candidato a la excomunión. La excomunión automática (latae sententiae) «de modo que incurre ipso facto en ella quien comete el delito». Se trata de delitos sumamente graves, como por ejemplo el cisma. (Canon 1364). Por tanto desde el mismo momento en que él desobedezca a esa «autoridad», sería según su opinión un presunto cismático y cuya consecuencia, si la excomunión ha sido impuesta públicamente, todo intento de ejercer un oficio eclesiástico sería inválido.
4.- Los fieles necesitan saber cuanto antes si él permanece en la postura del «»nullam partem habemus» o por el contrario ese «nullam» lo ha transformado en «totam».
5.- También necesitamos los fieles saber a qué atenernos con su concepto de «honrar» a los fautores de herejías, como si la herejía pública y pertinaz no llevase implícita la excomunión de quien la comete. A no ser que él no entienda por heréticos los abominables actos de Asís.
6.- Por supuesto también una explicación de esta desgraciada afirmación: «Nuestro Señor, ¿cuestionó la autoridad religiosa de Caifás o la autoridad civil de Poncio Pilato?». Como si Nuestro Señor no tuviese cosa más importante que hacer en los momentos de Su Pasión, que desautorizar a esos dos desgraciados, transgresores y asesinos. A nos ser, claro está , que para M. Williamson, las decisiones de Pilatos y Caifás no fuesen producto de la tiranía sino de la autoridad.
Sólo me resta terminar utilizando sus propias palabras:
¿ Acaso la élite de la Fraternidad a la que él hace poco perteneció, podría haber tenido tanta rienda suelta, y/o muchos de nuestros fieles haberse vuelto tan tontos, si cualquiera de las dos hubiera retenido el mínimo sentido de un Dios que nos juzga a todos a la hora de la muerte, según Sus Diez Mandamientos? Por supuesto que no. Católicos, ¡despierten!
Victor M. Gutiérrez.
