P. BASILIO MÉRAMO: EL INFALIBILISMO DOGMATIZADO: ACERCA DEL COMENTARIO ELEISON 279

EL INFALIBILISMO DOGMATIZADO

«Considerando de hecho y objetivamente el Comentario Eleyson, no puede ser más castrante tanto para el intelecto, como para la resistencia; allá el que voluntariamente quiera dejarse mutilar con semejante discurso delicuescente.» P. Basilio Méramo.

En el Comentario Eleyson número 279, Monseñor Williamson lanza una visión sobre la situación actual, religiosa y doctrinal en la Iglesia que desmoviliza cualquier posible y efectiva reacción y resistencia ante la abominación de la desolación instaurada y consolidada por la Roma modernista y apóstata, convertida cual sede del Anticristo, habiendo perdido la fe, como ya lo había profetizado con bastante antelación Nuestra Señora en La Sallete, para que estuviéramos prevenidos para cuando el momento llegase.

Es alucinante ver como Mons. Williamson aguijonea de una parte (incita) y por otra, frena, lo que podría ser una lúcida y enérgica reacción; borra con el codo lo que escribe con la mano, confundiendo las inteligencias y quitándoles todo el soporte para encarar una clara y firme resistencia frente al error encubierto bajo la autoridad. Es increíble que compare cosas de distinto género y especie, como quien pretende sumar habas y lentejas, y de otra parte invita a honrar las investiduras de autoridad de quienes profesan y propagan la abominación conculcando la fe, el dogma, la moral y el culto católicos.

Precisamente está diciendo que hay que honrar la zamarra o piel de oveja, bajo la que se camufla el lobo. Esto es mil veces peor que la parábola de las diez vírgenes, de las cuales cinco eran bobas y que por muy vírgenes que eran, fueron a templar condenadas al infierno por estultas; o como en el cuento de Caperucita Roja, que ante el lobo, con cándida ingenuidad, reconocía la autoridad de su abuelita, pues estaba revestida o investida en su lugar dentro de la cama. Claro que aquí no se trata de una inocente niña, sino de todo un ilustrado Obispo (con caperuza roja) que para muchos es un faro de luz y esperanza y que ha sido víctima, por haberse enfrentado a Monseñor Fellay.

Comparar el liberalismo que es una doctrina errónea y herética con el sedevacantismo como error en el extremo opuesto (oppositum per diámetrum), es de entrada plantear mal la cuestión, ya que teológicamente la consideración sobre de la sede vacante, no es una doctrina ni una afirmación que se oponga a la fe o al dogma católico. Compararlos es ya un vicio que corresponde a una óptica teológica confusa y errada cuando menos, si no es que hay una dolosa intención. El sedevacantismo considera que se puede realizar (como hecho histórico) la posibilidad teórica de la pérdida del sumo pontificado; la cuestión de la sede vacante, se resumiría en consecuencia, en saber si es o no posible (teológicamente) que un Papa pierda el sumo pontificado puesto que goza de la infalibilidad, ya sea por cisma, herejía o apostasía, o que nunca lo haya sido. Se trata, entonces, de saber si es teológicamente posible, o si no lo es, según los parámetros del dogma y la fe. De no ser posible, el sedevacantismo sería una herejía, y en ese caso, comparable (aunque en el extremo opuesto) al liberalismo. Se trata, pues, de saber si es teológicamente imposible que un Papa desfallezca o se desvíe en la fe. Luego, habría que probar que es imposible que un Papa claudique en la fe, o que sin probarlo, se le considere como dogma de fe, cuando en realidad no es tal. Bástenos un ejemplo, como aquel que confunde en el caso de la Eucaristía lo que es de fe y lo que no lo es, como el de la hostia que no fue consagrada y los fieles creyendo que sí lo fue la adoren por exigírselo la fe, lo cual que es precisamente una de las comparaciones que da Santo Tomás, ante la objeción de que la fe yerra y se equivoca en supuesto caso. A lo cual Santo Tomás responde sabiamente, distinguiendo lo que es de fe y lo que no lo es, puesto que lo que es de fe no es que esta o aquella hostia esté consagrada realmente hic et nunc (aquí y ahora), pues puede caber siempre un error involuntario o voluntario de parte del ministro, sino que toda hostia, válidamente consagrada, contiene la presencia real y substancial de Jesucristo sacramentado, con lo cual, para nada queda en juego la fe de los fieles, al adorar como consagrada una hostia que en realidad no lo ha sido. El ejemplo en su esencia se aplica a la persona del Papa; no es de fe que tal o cual Papa lo sea, sino que todo Papa lo es cuando ha sido legítima y válidamente elegido.

Así pues, el comparar el sedevacantismo, como error opuesto a la herejía del liberalismo, es considerar como de fe, lo que no es. Y decimos que el liberalismo es una herejía y no una simple incoherencia o inconsecuencia, o un error más, sino que es una verdadera herejía, que niega la dependencia y sumisión del hombre a Dios y a su Iglesia; que niega la supremacía absoluta de Cristo Rey. Es un sincretismo del naturalismo, del racionalismo, del secularismo, del laicismo y de todo lo que proclame la liberación de Dios Uno y Trino. «El Liberalismo (como dice Sardá y Salvany) es el dogma de la independencia absoluta de la razón individual y social a la ley de Dios.» (El Liberalismo es Pecado, ed. Ramón Casals, Barcelona 1960, p.11). Y como tal es una herejía y por eso es un pecado contra la fe: «El Liberalismo es, como hemos dicho, herejía práctica, tanto como herejía doctrinal, y aquel principal carácter suyo, explica muchísimos de los fenómenos que ofrece este maldito error, en su actual desarrollo en la sociedad moderna». (Ibídem, p. 124).

El Padre Ramiere S.J. puntualiza al respecto: «Mas el Liberalismo no es tan solo contrario a la religión de Jesucristo por su origen y por sus consecuencias casi inevitables; lo es también por su esencia». (La Soberanía Social de Jesucristo, Imprenta y Librería de Subirana, Barcelona 1884, p.17). «Ya que la doctrina Liberal, es pues, en realidad la soberanía social de Jesucristo». (Ibídem, p.19)

El Padre Castellani, a su vez dice: «El mundo moderno se ha olvidado bastante de que Cristo es Rey, cosas, que ha recibido de su Padre; por lo cual se instituyó poco ha, la festividad de Cristo Rey, contra la herejía del ‘liberalismo’ «. (El Apokalypsis, ed. Paulinas, Bs.As. 1963, p. 52-53).

El Padre Julio Meinvielle, también, asevera: «El error naturalista que también se llama ‘racionalismo’ o ‘filosofismo’, es la herejía peculiar y distintiva del mundo moderno. Proclama la suficiencia de la humana naturaleza para alcanzar su felicidad. En el fondo constituye la esencia misma de todas las herejías. (…) La independencia o emancipación de la razón, de ahí la terrible herejía del racionalismo o naturalismo que engendra luego los errores sociales del laicismo, liberalismo, socialismo y comunismo». (De Lammenais a Maritain, ed. Theoría, Bs.As. 1967, p.111- 112 -113).

Además, el Padre Meinvielle valora la figura del Cardenal Pie y de su combate contra la herejía liberal: «El célebre Cardenal Pie, que fue a mediados del siglo XIX el gran luchador de los Derechos divinos de la Iglesia contra la herejía del naturalismo y del liberalismo y que habría de ser una de las lumbreras del Concilio Vaticano, siendo Vicario General de Chartres en 1848, expone los principios justos sobre este tema». (Ibídem, p. 128, 129).

Es verdaderamente asombroso, que un intelectual de Oxford, equipare la cuestión teológica sobre la sede vacante, con la herejía liberal. Ya que tendría, para ello, que probar que el sedevacantismo es en teoría, contrario a la fe, so pena de caer en un craso error que no solo favorece la posición antisedevacantista dogmática que es la del Padre Schmidberger, el verdadero cerebro gris detrás de Monseñor Fellay y de todos los acuerdistas alentados por la Roma «maledicta», sino que además, está en el fondo (en su esencia) de acuerdo con la misma tesitura de todos ellos, y las diferencias son puramente accidentales. Ahora bien, Monseñor Williamson sin ni siquiera demostrar que el sedevacantismo es en sí mismo (al margen de las personas que lo defiendan o sostengan) contrario a la fe de la Iglesia, lo equipara poniéndolo en el extremo opuesto a la herejía liberal y sin más lo clasifica como herético sin molestarse tan siquiera en probar ni demostrar nada. Es muy hábil esta manera de plantear el asunto, pues de lo contrario habría que decir, muy estulta. El problema consiste en realidad, tanto para Mons. Williamson como para el Padre Schmidberger, en algo dogmático o de fe, que hace imposible la pérdida del Sumo Pontificado, aunque de hecho diga herejías a montones.

No se dan cuenta que han sido estigmatizados en su pensar y proceder, nada menos ni nada más que por San Alfonso María de Ligorio, que pone en contraposición a la herejía de Lutero, la opinión (herética en consecuencia) del teólogo holandés Pighi, que es el único que niega que un Papa pueda errar en la fe y perder el pontificado. Esta especie de papolatría, los equipara como herejes opuestos a Lutero y a Calvino.

San Alfonso al hablar de la infalibilidad del Papa dice: «Hay varias opiniones al respecto: 1. La primera, la de Lutero y Calvino que enseñan esta doctrina herética, que el Papa es falible, incluso cuando habla como Doctor universal y de acuerdo con el Concilio. 2. La segunda, que es precisamente la opuesta a la primera, es la de Alberto Pighius, que sostiene que el Papa no puede errar, incluso cuando habla como doctor privado. 3. La tercera, es la de algunos autores que sostienen que el Papa es falible en las enseñanzas dadas fuera del Concilio. (…) 4. La cuarta opinión, que es la opinión común, y a la cual nosotros adherimos, es esta: Bien que el Pontífice romano pueda errar como simple particular o doctor privado, así como en las puras cuestiones de hecho que dependen principalmente del testimonio de los hombres, sin embargo, cuando el Papa habla como Doctor universal, definiendo ex cátedra, es decir en virtud del poder supremo transmitido a Pedro de enseñar a la Iglesia, decimos que él es absolutamente infalible en la decisión de controversias relativas a la fe y a la moral». (Oeuvres Complètes de S. Alphonse de Liguori, Extrait du Tome IX, Traités sur le Pape et sur le Concile, Compagnons de Saint Michele, Belgium 1975, p. 286-287- 292).

Luego, tanto Monseñor Williamson, como el Padre Schmidberger y Monseñor Fellay con todo su séquito, pretendiendo defender la autoridad Papal, caen bajo el mismo error que según San Alfonso, es el opuesto a la opinión herética de Calvino y Lutero, nada más, ni nada menos.

Esto solo basta para demostrar la falsedad y el absurdo, al querer supina e ignorantemente, dárselas de muy celosos defensores del Papa y de su autoridad e investidura pontifical, condenando la cuestión teológica del sedevacantismo; van por lana y salen trasquilados. He ahí el pago de la insensatez erigida en dogma por culpa de la ignorancia.

Pero la cosa no para aquí, hay más testimonios en su contra, de teólogos y canonistas, de los cuales citaremos algunos, para aplastar la ignorancia que se caracteriza por ser siempre atrevida.

El famoso teólogo español Melchor Cano, combatió enérgicamente la afirmación de Pighi, concluyendo que no se puede negar que el Papa pueda ser hereje. Melchor Cano, fue seguido por Domingo Soto y por Bañez, como se puede verificar en el D.T.C. (Dictionaire Theologique Catholique) artículo Infallibilité du Pape, col. 1715, 1716. Es más, la misma discusión entre los teólogos demuestra que es posible que un Papa deje de serlo por ir contra la fe y lo que se discute, es el cómo se puede resolver el problema que todos aceptan, salvo Pighi y los que después le siguieron, a tal punto que en el D.T.C. leemos: «Todos admiten sin dificultad que el Papa puede caer en la herejía, como en cualquier otra falta grave, se preocupaban únicamente de buscar por qué y en qué condiciones puede ser en tal caso juzgado por la Iglesia.» (Infallibilité du Pape, col. 1715).

El canonista español Eduardo Regatillo S.J. en su libro sobre el Derecho Canónico, enuncia como la sentencia más común en relación a la pérdida del pontificado: «ob haeresim publicam ipso facto communior: quia non esset membrum Ecclesiae, ergo multo minus caput.» –«Por el hecho mismo de la herejía pública es más común que se diga: que no es miembro de la Iglesia, y por lo tanto mucho menos la cabeza». –
(Intituciones Iuris Canonici, vol. I, ed. Sal Terrae, Santander 1951, p. 280).

El conocido Prümmer trae la siguiente sentencia, como la más comúnmente enseñada por los teólogos: «Per haeresim certam et notoriam Papam amittere suam potestatem autores quidem communiter dicent». –«Por herejía cierta y notoria el Papa pierde su potestad según dice comúnmente los doctores».-
(Manuale Iuris Canonici, ed. Herder, Friburgo 1927, p.131).

Luego, en el Inchiridium Iuris Canonici, sobre la elección del Papa se asevera como inválida la de un cismático o un hereje: «Elegi potest quodlibet masculum uso rationis pollens membrum Ecclesiae. Invalide ergo eligeruntur foeminae, infantes, habituale amentia laborantes, non baptisat, haeretici, schismatici». –«Se puede elegir cualquier varón con pleno uso de razón miembro de la Iglesia. Es por tanto invalida la elección de mujeres, infantes, los habitualmente dementes, no bautizados, herejes y cismáticos».-

Así también se lee, en el D.T.C. hablando de la deposición y degradación de los clérigos: «Un Papa que cayera en la herejía y que se obstinara en ella, cesaría por lo mismo de ser miembro de la Iglesia y por consecuencia, de ser Papa; se depondría él mismo». (Déposition et Dégradation des Clercs, col. 520).

El Padre Coache, canonista reconocido y admirado tradicionalista por todos en vida de Mons. Lefebvre, dice: «Se puede ser sedevacantista, vistas las herejías de Juan Pablo II». (Le Combat de la Foi, nº 94, p.6)

Así mismo, si esta idea fuera contraria a la fe, jamás hubiera podido Monseñor Lefebvre decirle a los seminaristas en una de sus conferencias espirituales: «¿El Papa, es aún Papa cuando es hereje? Yo no sé, no zanjo. Pero pueden plantearse la cuestión ustedes mismos, pienso que todo hombre sensato debe plantearse la cuestión. No sé. Entonces, ahora, ¿es urgente hablar de esto? Se puede no hablar, evidentemente. Podemos hablar entre nosotros, privadamente, en nuestras oficinas, en nuestras conversaciones privadas, entre seminaristas, entre sacerdotes; y todo esto, ¿es necesario decírselo a los fieles? … Muchos dicen: ‘no, no habléis a los fieles, se van a escandalizar. Eso va a ser terrible, eso irá lejos…’ Pues bien. Les dije a los sacerdotes en París, cuando los reuní, y luego a ustedes mismos, ya les había hablado, les dije: creo que muy suavemente, es necesario, a pesar de todo, esclarecer un poco a los fieles… No digo que hay que hacerlo brutalmente y lanzar eso como alimento crudo a los fieles para asustarlos… No. Pero pienso desde luego, que se trata de una cuestión precisamente de fe. Es necesario que los fieles no pierdan la fe. Nosotros hemos tratado de guardar la fe de los fieles, de protegerla. Ellos van a perder la fe, nuestros mismos tradicionalistas». (Conferencia en Ecône, del 15 de abril de 1986).

Y en su sermón de Pascua, Monseñor Lefebvre llegó a decir, por sorprendente que a algunos les parezca: «Nos encontramos verdaderamente frente a un dilema gravísimo, creo que no se planteó jamás en la Iglesia: que quien está sentado en la Sede de Pedro, participe en los cultos de los falsos dioses; creo que esto no sucedió jamás en toda la historia de la Iglesia. ¿Qué conclusión debemos quizá sacar dentro de algunos meses ante estos actos repetidos de comunión con los falsos cultos? No lo sé. Me lo pregunto, pero es posible que estemos en la obligación de creer que este Papa no es Papa. No quiero decirlo aún de manera solemne y formal, pero parece sí, a primera vista, que es imposible que un Papa sea hereje, pública y formalmente». (Sermón del Domingo de Pascua del 30 de Marzo de 1986 en Ecône).

Por todo lo visto, se evidencia, muy lamentablemente, el tabú que se ha forjado en el ámbito tradicionalista y promovido muy sutil y discretamente por Roma modernista y anticristo, sobre el tema del sedevacantismo, que quedó por lo mismo hábilmente estigmatizado y satanizado, para que fuese el tema solo sostenido por algunos pocos «loquitos descarriados». Hábil maniobra de Satanás que obra cual ángel de luz e impide que el tema se trate con profundidad y seriedad teológica.

Es evidente que todo esto, favorece a los apóstatas modernistas que bajo la investidura de la autoridad inoculan no solo el error, sino el cisma (escisión) o ruptura con la Tradición Sacrosanta de la Iglesia, la herejía y la abominable apostasía erigida en el lugar Santo, pontificando en ellos. Que Monseñor Williamson se atreva a pedir honra y honor a semejante falsedad de impostura, no tiene otro nombre que el de una lamentable e imperdonable ceguera que raya en la estulticia.

Así queda claro, que el antisedevacantismo, teórica y prácticamente, está equiparado con el error herético de luteranos y calvinistas y esto, con la autoridad misma de un santo y doctor de la Iglesia como San Alfonso María de Ligorio, que reconociendo la autoridad de los Papas y el Sumo Pontificado (el Papado), no por eso dejaba de reconocer que los extremos se juntan y por eso ponía de un lado a Lutero y Calvino que negaban toda infalibilidad del Papa, y al extremo opuesto el infalibilismo a ultranza y dogmático del teólogo holandés Pighi, que es en el fondo la posición de todos los antisedevacantistas acérrimos y en cuya línea están el Padre Schmidberger y Monseñor Fellay y aunque opuesto a ellos (aparentemente) Monseñor Williamson también se hace deudor de la misma idea, como lo deja claro con su Eleyson.

Considerando de hecho y objetivamente el Comentario Eleyson, no puede ser más castrante tanto para el intelecto, como para la resistencia; allá el que voluntariamente quiera dejarse mutilar con semejante discurso delicuescente.

Monseñor Williamson sigue los pasos del gran Orígenes que se emasculó, no quedándole después en materia de exégesis más que el alegorismo, y esto se entiende, pues al perro no se lo capa dos veces y no se podría aunque quisiera.

Que cada cual elija en pleno ejercicio de su libertad, lo que más le guste, pero no sin antes habérsele advertido.

Es evidente que con un Monseñor Williamson en estas condiciones, jamás se tendrá una resistencia clara, firme y contundente, pues en el fondo tiene el mismo planteo que Monseñor Fellay, al cual pretende oponerse.

P. Basilio Méramo

Bogotá, 23 de noviembre de 2012