El lobo enseña la oreja
Antes que nada, quiero desde aquí hacer llegar mis más sinceras felicitaciones al Sr. Andrés Carballo y al Sr. Osko por la claridad de sus respectivas exposiciones, argumentos categóricos de los que hoy se adolece en la literatura religiosa.
Oigo también con muchísima atención las exposiciones doctrinales de los Rvdos. Padres Ceriani y Méramo, esos dos paladines defensores de la obra de Mons. Lefebvre, y cada día les reconozco su clarividencia en la actual situación y muy particularmente en lo referente a esos cuatro obispos, obispos en los que los católicos pusimos nuestras esperanzas y no cejamos en nuestro apoyo hacia ellos, tanto desde el punto de vista espiritual como material.
Pero nuestro gozo en un pozo. La decepción ha hecho ya tanta mella en nuestros corazones, que si no fuese por las grandes lecciones de esos dos Padres, hubiésemos estado ya a punto de introducirnos en el arroyo.
Nos quedaba un hilito de esperanza, frustrada también por el ridículo proceder de ese clavo ardiendo al que pretendíamos asirnos, pero que visto su ¿masónico? proceder, de ir de aquí para allá y dar la vuelta una y mil veces para al final terminar en el mismo sitio, aceptar la autoridad de la pseudoiglesia engendrada por el conciliábulo V2 y todo el engaño del que fue su hacedor.
Claro que la aceptación del «motu proprio» y del «levantamiento» de las excomuniones ya fueron las piedras de toque que deberían haber puesto a cualquier inteligencia en estado de alerta, pero hasta el final confiábamos que eso sólo iba a ser una anécdota, la cual tras la expulsión de M. Williamson, él mismo iba a enderezar. Pero no ha sido así, ha sido peor, porque ahora insta a la tradición a reconocer la autoridad de la jerarquía de la peudoiglesia del anticristo, a honrar a sus prebostes y a quitar hierro a sus errores, haciendo como dice Andrés Carballo, que confundamos las ¿intenciones? con las acciones y sus consecuencias.
¿Tendrá razón P. Meramo?. Ojalá se equivoque padre, pero esa simbología en el escudo episcopal parece hacerse cada vez más patente en el proceder.
Y si no, ya viene siendo hora de que él nos demuestre lo contrario.
Victor M. Gutiérrez
——————
Hasta aquí nuestro amigo Víctor Gutierrez.
Anexamos para el conocimiento de nuestros lectores dos fotografías correspondientes al Blasón Episcopal de Mons. Williamson, en donde aparece el símbolo rosacruciano.
Aquí puede verse en mayor detalle
Ambas fotos pertenecen a Virgo María. El sitio, ha denunciado a Mons. Williamson desde hace años, por este tema y por otros más.


