CARTA DE LECTORES: ANDRÉS CARBALLO: TRES PUNTUALIZACIONES AL ELEISON 279

Autoridad, honrar y juicio de intenciones.

1.-Dice el diccionario que: «autoridad es el derecho y poder de mandar y de hacerse obedecer». Esta definición de autoridad que como vemos, está sujeta al derecho, si el derecho tiene por fuerza mayor que basarse en la Verdad, evidentemente esa «autoridad» no se podría dar en una persona que conculca el derecho (es decir la Verdad), por lo que una vez perdido ése, la autoridad se pierde, pudiendo mantener la potestad por el cargo ocupado sin derecho y como consecuencia haciéndose obedecer no en virtud de la autoridad sino en virtud de la tiranía.

2.-Volviendo de nuevo al diccionario, se puede ver que define honrar así: «premiar el mérito de alguien con muestras de reconocimiento».

Ahora bien, si en lugar de mérito, lo que hay por el contrario es demérito, ¿Sería plausible premiar el demérito y para colmo hacerlo con muestras de reconocimiento? ¿Cómo es posible dar muestras de reconocimiento a quien conculca la verdad y confirma a los fieles en el error? A ése, sólo hay que compadecerlo y rezar por su conversión, pero nada más.

Cuando la autoridad no se basa en la verdad sino en el capricho y la contraverdad, aquella deja de serlo, pues de no ser así, quien no se aviene a esa «autoridad» que tiene como tal, caería en el cisma. Es decir, el mundo al revés. Por ello, muy acertadamente, Mons. Lefebvre concluyó: «Los cismáticos son ellos».
¿Acaso podríamos reconocer los católicos la autoridad de los cismáticos y honrarlos, mostrándoles reconocimiento? De chiste ¿verdad?

3.-….pero, por otro lado, estos últimos están tan convencidos de que son normales en relación a los tiempos modernos, que ellos no son tan culpables por destruir la Iglesia de Dios como lo hubieran sido en tiempos previos.

Esta es una afirmación muy pero que muy subjetiva, aquí se está hablando de intenciones, y ésas sólo las juzga Dios, nosotros de tejas para abajo juzgamos las actitudes y sus consecuencias, lo demás déjelo S.I. para el juicio final.

Andrés Carballo.