FLORILEGIO SOBRE MAYORÍA Y VERDAD
A propósito de un pensamiento de Monseñor de Galarreta
Los lectores de Radio Cristiandad ya conocen la sorprendente frase de Monseñor de Galarreta:
Es obvio que un capítulo deliberativo constituye una medida muy sabia y suficiente para eventualmente aprobar lo que podrá obtenerse de Roma. Porque es casi imposible que a la mayoría, el Superior de la Fraternidad –después de una discusión franca, un análisis a fondo de todos los aspectos, de todas las propuestas y consecuencias–, es impensable que la mayoría se equivoque en una materia prudencial. Y si esto, por casualidad, por un imposible sucede, y bien, ¡tanto peor!, de todos modos, vamos a hacer lo que la mayoría piensa.
Presentamos sin comentarios un ramillete de textos que pueden servir para juzgar la gravedad de los conceptos e ideas del señor Obispo,
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San Atanasio
La Verdad y el Número
Homilía de San Atanasio
Contra los que consideran al número como prueba de la verdad
O que no juzgan de la verdad sino por el número
De Dios debemos esperar la fuerza y las luces necesarias para combatir la mentira y el error y a Él recurriremos para obtenerlas. Él es el Dios de la Verdad, Él nos ha sacado del seno del error y de la ilusión, Él nos dice en el fondo del corazón: «Yo soy la Verdad», Él sostiene nuestra esperanza y anima nuestro celo, cuando nos dice: «Tened confianza, Yo he vencido al mundo.
Después de eso, ¿cómo no sentir compasión por los que sólo miden la fuerza y el poder de la Verdad por el gran número? ¿Han olvidado por consiguiente, que Nuestro Señor Jesucristo no eligió sino doce discípulos, gentes simples, sin letras, pobres e ignorantes, para oponerlos, con una misericordia totalmente gratuita, al mundo entero y que no les dio, como única defensa, sino la confianza en Él? ¿Ignoran acaso que les dio como instrucción a estos doce enviados, no el seguir al gran número, y a esos millones de hombres que se perdían, sino ganar a esa multitud y comprometerla a seguirlos? ¡Cuán admirable es la fuerza de la Verdad! Sí, la Verdad es siempre vencedora, aunque no esté sostenida sino por un número muy pequeño.
No tener otro recurso sino el gran número, recurrir a él como a una muralla contra todos los ataques, y como a una respuesta para todas las dificultades, es reconocer la debilidad de su causa, es convenir en la imposibilidad en que se está de defenderse, es, en una palabra, reconocerse vencido.
¿Qué pretendéis, en efecto, cuando nos objetáis vuestro gran número? ¿Queréis como en otro tiempo, levantar una segunda Torre de Babel, para tener a raya a Dios y atacarlo en caso de necesidad? ¡Qué ejemplo el de esa multitud insensata!
Que vuestro gran número me presente la Verdad en toda su pureza y su brillo, estoy dispuesto a rendirme y mi derrota es segura; pero que no me dé como prueba y razón nada más que su propio gran número y su autoridad: es querer causar terror y dar miedo, pero de ningún modo persuadirme.
Cuando diez mil hombres se hubiesen reunido para hacerme creer en pleno día que es de noche, para hacerme aceptar una moneda de cobre por una moneda de oro, para persuadirme a tomar un veneno descubierto y conocido por mí, como un alimento útil y conveniente, ¿estaría obligado por eso a creerles?
Por consiguiente, puesto que no estoy obligado a creer en el gran número, que está sujeto a error en las cosas puramente terrestres, ¿Por qué cuando se trata de los dogmas de la religión y de las cosas del cielo, estaría yo obligado a abandonar a los que están apegados a la Tradición de sus Padres, a quienes creen con todos los que han sido antes que ellos, lo que se ha creído en los siglos más remotos, y confirmado además, por la Sagrada Escritura?
¿Por qué, digo, estaría yo obligado a abandonarlos para seguir a una multitud que no da ninguna prueba de lo que afirma? ¿Acaso el Señor mismo no nos dijo que había muchos llamados, pero pocos escogidos; que la puerta de la vida es pequeña, que la vía que lleva a ella es estrecha y que son pocos los que la encuentran?
Por consiguiente, ¿cuál es el hombre razonable que no prefiriese ser de este pequeño número, que entra a la vida eterna por ese camino estrecho, a ser del gran número que corre y se precipita a la muerte por el camino ancho?
¿Quién de vosotros, si hubiese estado en los tiempos en que San Esteban fue lapidado y expuesto a los insultos del gran número, no hubiese preferido e incluso no hubiese deseado ser de su partido, aunque él estuviese solo, antes que seguir al pueblo, que por el testimonio y la autoridad de la multitud creía estar en la verdadera fe?
Un solo hombre de una probidad reconocida merece más fe y más atención que otros diez mil que no cuentan sino con su número y su poder. Buscad en las Escrituras y encontraréis las pruebas. Leed el Antiguo Testamento, allí veréis a Fineés que se presenta solo ante el Señor, solo apacigua su cólera y hace cesar la matanza de los israelitas, de los que acababan de perecer veinticuatro mil. Si se hubiese contentado con decirse entonces, ¿quién osará oponerse a un número tan grande que está unido para cometer el crimen; qué puedo yo contra la multitud; de qué me serviría oponerme al mal que cometen con voluntad plena?, ¿habría obrado valientemente y habría detenido el mal que cometía el gran número? No, sin duda; el resto de los israelitas habría perecido y Dios no habría perdonado a ese pueblo gracias al celo de Fineés.
Es necesario, por consiguiente, que se prefiera el sentimiento de un hombre con probidad, que obra y habla con la libertad que da la Religión, a las opiniones y a las máximas corrompidas de una multitud.
En cuanto a vosotros, seguid si queréis al gran número que perece en las aguas y abandonad a Noé, el único que es conservado; pero al menos no me impidáis salvarme en el Arca con el pequeño número.
Seguid si queréis al gran número de los habitantes de Sodoma; en cuanto a mí, yo acompañaré a Lot; y aunque él esté solo, no lo abandonaré para seguir a la multitud de la que se separó para buscar su salvación.
No creáis, sin embargo, que desprecio el gran número; no, lo respeto, y sé los miramientos que hay que tener con él: pero es ese gran número que da prueba y hace ver la verdad de lo que afirma, y no ese gran número que teme y evita la discusión y el examen; no ese gran número que parece siempre dispuesto al asalto y que ataca con orgullo, sino ese gran número que reprende con bondad; no ese gran número que triunfa y se complace en la novedad, sino ese gran número que conserva la heredad que sus Padres le han legado y está apegado a ella.
Pero, en cuanto a vosotros, ¿cuál es ese gran número del que os jactáis?
¿Qué decir de los individuos vencidos, seducidos y ganados por las caricias, los presentes, de los individuos enceguecidos y arrastrados por su incapacidad y su ignorancia, de los individuos que, unos por timidez y otros por temor, sucumbieron ante vuestras amenazas y vuestro crédito, de los individuos que prefieren un placer de un momento, aunque pecando, a la vida que debe ser eterna?
Así, por consiguiente, ¿pretendéis sostener el error y la mentira por medio del gran número, y establecerlo con perjuicio de la Verdad, que un grandísimo número no enrojeció en confesar públicamente a expensas de su vida?
¡Ah, por cierto, hacéis ver la magnitud del mal y hacéis conocer la profundidad de la llaga, pues la desgracia es tanto mayor cuanto más individuos se encuentran envueltos en ella!
No sigáis la muchedumbre para obrar mal, ni el juicio te acomodes al parecer del mayor número, si con ello te desvías de la verdad.
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S.S. Pío XII
Alocución a los dirigentes del
Movimiento Universal pro-Confederación Mundial
1951
Por todas partes, la vida de las naciones está disgregada por el culto ciego del valor numérico. El ciudadano es elector; pero, como tal, no es en realidad sino una de las unidades cuyo total constituye una mayoría o una minoría, que el simple desentono de algunas voces, cuando no una sola, basta para cambiar.
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Nicolás Gómez Dávila
Sentencias Doctas de un Auténtico Reaccionario
* Soberanía del pueblo no significa consenso popular, sino tropello por una mayoría.
* La democracia ignora la diferencia entre verdades y errores; sólo distingue entre opiniones populares y opiniones impopulares.
* Porque las opiniones cambian, el relativista cree que cambian las verdades.
* El político demócrata no adopta las ideas en que cree, sino las que cree que ganan.
* La Providencia resolvió entregar al demócrata la victoria y al reaccionario la Verdad.
* Según el demócrata, un hervidero de gusanos en el cadáver de una sociedad es síntoma de salud.
* La tesis de la soberanía popular entrega la dirección del estado al poder económico.
Nota de la Redacción: La tesis de que la mayoría capitular hace la verdad entrega la dirección de la F$$PX al poder de Maximilian Krah.
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LA DEMOCRACIA
Padre Leonardo Castellani
Fue el día en que se verificó en Atenas la restauración de la democracia, después del gobierno de facto de Agiospótamos y Rodomorfos, cuando vino el carcelero con una urna vigilada por dos milicos para que votara Sócrates; pues aunque por la Ley 203.785 inciso 6 los encarcelados no pueden votar, por el decreto adicional 203.786 c. f. están obligados a votar todos los tipos prominentes de la república, como lo era el gran Sócrates, bajo pena de multa y cárcel; y él de todos modos ya estaba en cana. Así que preguntó con murria:
– Dime, oh Platón, ¿qué es la democracia?
– Es el gobierno del pueblo.
– ¿Qué quiere decir del pueblo? Esta partícula de es ambigua en nuestra lengua. ¿El pueblo gobierna? ¿O es gobernado?
– El pueblo gobierna.
– ¿Y a quién gobierna?
– Al pueblo.
– Entonces ¿el pueblo gobierna y es a la vez gobernado?
– Así parece, oh maestro.
– ¿No son contrarios gobernar y ser gobernados?
– Lo son, Sócrates, porque gobernar es mandar y ser gobernado es obedecer.
– ¿Y qué dice el axioma Nº 8?
– Dice que dos contrarios en un mismo sujeto se destruyen.
– Por tanto, con la democracia el pueblo se destruye.
Yo no tenía inconveniente en conceder que sí, porque como todos saben he sido bastante fascista; o como decíamos entonces, laconizante; pero estaban conmigo Cleón y Demólalos, que habían llegado ese mismo día de la Beocia con noticias frescas; y dijo Demólalos:
– Te equivocas, oh maestro; porque el pueblo no gobierna sino por medio de sus representantes.
– ¿Y los representantes gobiernan al pueblo?
– Ciertamente: después que han sido elegidos por nosotros, tal como lo harás tú dentro de un momento en uso de tus derechos soberanos.
– Demodoqué ¿dentro de un momento gobernaré yo al pueblo de Atenas?
– Cierto, Sócrates; y en eso justamente consiste la soberanía del pueblo.
– ¿Por cuánto tiempo gobernaré?
– Por el tiempo que metas la boleta en la urna.
– ¿Y puedo en ese tiempo derogar todos los impuestos de Atenas e imponer el Impuesto-Único-Al-Capital-Financiero, que no me agarra a mí?
Aquí vaciló Demólalos, que tenía capital financiero, y tomó la palabra Cleón, diciendo:
– Sin duda, Sócrates; siempre por medio de tus representantes, si lo son también de todo el pueblo; o de la mitad más uno.
– ¿Y si no lo son?
– ¡Oh, lo serán sin duda, Sócrates! Tú eres vivo, y has votado siempre el candidato de la mayoría.
– Pero es el caso que ahora la mayoría no quiere el Impuesto-Único-Al-Capital-Financiero.
– Pues paciencia y barajar, Sócrates: la mayoría nunca se equivoca, teóricamente al menos; y si nosotros mantenemos el Impuesto-Único-A-Los-Productores es que eso conviene más a todo el mundo.
– ¿También a los productores?
– Desde luego, Sócrates.
– ¿Votan por él los productores?
– Directamente no; pero votan por Frondívoros, el cual se ha comprometido secretamente a mantener el dicho impuesto; que nosotros llamamos el Programa Desarrollista.
– ¿Y por qué votan los trabajadores por Frondívoros?
– No los dejamos votar más que por Frondívoros o por Balvívoros; el cual es peor que Frondívoros; o por lo menos, así se lo creen.
– ¿Y por qué se lo creen?
– Lo hemos hecho ver por medio de la Propaganda.
– Pero ¿no ven que si después el pueblo se da cuenta, se levantará?
– ¿Qué importa? La autoridad es sagrada y viene de Dios. Demodoqué con agarrar unos cuantos y fusilarlos de noche, caiga el que caiga, los demás se quedan más quietos que paramento, en homenaje al principio de autoridad. Tenemos a la Religión de nuestra parte; y hacemos un Te Deum por nuestros pecados cada 25 de mayo.
– ¿Y quién los fusilará?
– Las Fuerzas Armadas.
– ¿Y si se levantan las Fuerzas Armadas?
– Imposible, Sócrates: las Fuerzas Armadas están para defender la Constitución; y por eso les andamos aumentando los sueldos, las prebendas y las ventajas desde hace 30 años. No les conviene levantarse contra nosotros.
– ¿Quién les aumenta los sueldos?
– Nosotros.
– ¿Quiénes son Ustedes?
– ¡Pues nosotros los democráticos!
– Entonces Ustedes son el verdadero gobierno de Atenas.
– Y está muy bien así –dijo Cleón-. Nuestra Constitución es democrática. No hacemos más que defender la Constitución.
Aquí tomó la palabra Demólalos, y dijo medio cantando:
– Esla Santa Democracia, la religión verdadera de la Humanidad donde caben todas las otras religiones. A este estado ideal hemos llegado después de grandes esfuerzos, derramamientos de sangre, millones de muertos y millones de libros escritos por los más preclaros cráneos de los siete continentes. Los pueblos han llegado a su mayor edad, teóricamente al menos; porque no es de negar que en la práctica muchas veces se equivocan; pero aquí estamos nosotros para corregirlos y educarlos. ¡Educad al Soberano!
– ¡No es tan soberano si necesita ser educado por ustedes! –pero sus palabras se perdieron, porque los dos beocios habían hecho tres pasos de mazurka y ambos enlazados cantaban a voz en cuello los primeros compases del Himno de los Representantes del Pueblo:
Somos los –sómolos REPRESENTANTES
Y no como los –cómolos- los de antes.
Sómolos sómolos
Cómolos cómolos
Repre – repre
Represí – Represión – Represionantes
Sentantes
Los verdaderos –los verdaderos- representantes
Represionantes…
– ¿Y cómo lo corrigen al Soberano? –gritó Sócrates en el momento que los dos representantes atacaban la segunda estrofa.
– ¿Cómo dice? –exclamaron ellos parando el baile.
– Alguna vez que se equivoca la mayoría… -comenzó Sócrates.
– Oh, se equivoca casi siempre –repuso Cleón. Está inmadura, impúber intelectualmente. ¡Pues que se equivoque! La corregimos por medio de una revolución libertadora…
– ¿Y eso?
– Es un pronunciamiento, un golpe de Estado, o una chirinada, seguida de una dictadura democrática.
– Pero ¡cómo!, ¿la dictadura no es lo contrario de la democracia?
– Hay dictaduras y dictaduras, Sócrates. Las dictaduras democráticas son muy buenas y necesarias, pues se hacen para restablecer la democracia.
– ¿Y cómo se hacen?
– Pues golpe de mano, perjurio, zancadilla, estado de sitio, operativo H, y leña a todos los contrarios. Se suspenden las garantías constitucionales, y palo que te crío, para defender el Estado de derecho.
– ¿Y han hecho muchas?
– Todas las necesarias haremos, hasta educar al pueblo. Para eso contamos con elementos nuestros en las Fuerzas Armadas. En tanto, nosotros cobramos; y en tanto el mundo sin cesar navega por la órbita inmensa del vacío.
– Esta democracia –observó Sócrates- me está pareciendo que es una especie de comodín comodán.
Los dos beocios cambiaron una mirada.
– ¡Cuidado, Sócrates! –dijo Demólalos. Insidiosa y subrepticiamente parece que en tus preguntas reaccionarias se está insinuando una ideología cavernícola, atrabiliaria y carcamálica, que configura un delito de traición a la patria: delictum, delicti.
– ¡Cuidado, Sócrates! –recalcó Cleón. Te prevengo que en el sufragio universal y libre tendrás el honor de depositar en la sacra urna, debes votar por Frondívoros.
– ¿Y por qué?
– Como tu voto en esta urna será el único, se sabrá por quién votaste y te atendrás a las consecuencias; y aunque no fuera el único, es igual. Lo averiguaríamos.
– ¿Y si se me antoja votar en blanco?
– Es pecado mortal según el Obispo.
– Pues yo voy a practicar el voto cantado –dijo Sócrates con la testarudez que lo caracterizaba, al ver aproximarse al carcelero con su urna, que tenía un vago aspecto de sarcófago, seguido de dos milicos que traían una copa de cicuta.
Sócrates tomó una boleta y escribió en ella, a la vista de todos:
Yo te besaré el brial
Color del lirio morado
Yo te besaré el cendal
Color amoretonado
Yo te besaré los chanclos
Color de los lirios blancos
Y puso debajo estas misteriosas letras: LPQTP.
Visto lo cual fue condenado ipsofacto y némine discrepante a tomar la cicuta por desacato a la autoridad. Y como esta vez por casualidad el boticario la había preparado bien, Sócrates cantó para el carnero, en medio de los aplausos de sus discípulos; los cuales le dieron religiosa sepultura, plantando en la tierra fresca una estaca con un cartel de cartón que decía:
AQUÍ YAZ NA NEGRA TERRA
MOITO CONTRA SUA VOLUNTADE
O VISORREY DA FILOSOFIA GRECA
SOCRATES SOCRATIDES
DEUS LLE DEALA PAIX
NO OUTRO MUNDO
XA QUE NESTE NON POUDO.
