DELATAN A MONSEÑOR DE GALARRETA
Ya hemos publicado la Conferencia que impartiera Monseñor Alfonso de Galarreta el sábado 13 de octubre de 2012, con ocasión de las Jornadas de la Tradición, en Villepreux, en la cual analizó el estado de las relaciones de la Fraternidad San Pío X con Roma.
Los lectores asiduos de Radio Cristiandad tendrán ya su juicio elaborado sobre el propósito del orador y no encontrarán descomedido el título de este comentario.
Los que no hayan leído el texto episcopal, o no lo hayan hecho detenidamente, deben hacerlo antes de continuar con la lectura de la presente entrega, la cual, en sus acotaciones al margen, no reproduce in extenso las palabras ni analiza todas y cada una de las artimañas del lobo recubierto de piel de oveja.
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1ª Acotación
Monseñor de Galarreta dice que, a la propuesta de la Fraternidad de una declaración doctrinal presentada en el mes de abril, recibieron, después de Pentecostés, una primera respuesta de la Congregación para la doctrina de la Fe, y explica:
En esta respuesta, las autoridades romanas nos decían claramente que rechazaban nuestra propuesta, y hacían varias correcciones que equivalían a decirnos: es necesario aceptar el Concilio Vaticano II, es necesario aceptar la licitud de la nueva Misa, es necesario aceptar el magisterio viviente, es necesario aceptar el nuevo Código.
¿Recuerdan los sacerdotes del Distrito de América del Sur y los lectores de Radio Cristiandad la Carta del Padre Bouchacourt del 12 de octubre de 2011 a los sacerdotes de su Distrito, que un imbécil traidor (son palabras del Superior del Distrito) hiciera conocer al gran público?
El Preámbulo Doctrinal recibido el 14 de septiembre de 2011 ya contenía estas exigencias. No hay nada nuevo, pues.
¡Se le ve una oreja, lobo episcopal!
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2ª Acotación
Más adelante, Monseñor de Galarreta afirma que la Divina Providencia trazó la ruta del Capítulo:
Fue Roma que decía: no, nos quedamos en el plano doctrinal, y ustedes aceptan todo lo que han rechazado hasta el presente.
Esto es falso, señor Obispo. En efecto, en la Carta de Benedicto XVI a todos los Obispos del mundo, del 10 de marzo de 2009, se lee:
El hecho de que la Fraternidad San Pío X no posea una posición canónica en la Iglesia, no se basa al fin y al cabo en razones disciplinares sino doctrinales. Hasta que la Fraternidad non tenga una posición canónica en la Iglesia, tampoco sus ministros ejercen ministerios legítimos en la Iglesia. Por tanto, es preciso distinguir entre el plano disciplinar, que concierne a las personas en cuanto tales, y el plano doctrinal, en el que entran en juego el ministerio y la institución. Para precisarlo una vez más: hasta que las cuestiones relativas a la doctrina no se aclaren, la Fraternidad no tiene ningún estado canónico en la Iglesia, y sus ministros, no obstante hayan sido liberados de la sanción eclesiástica, no ejercen legítimamente ministerio alguno en la Iglesia.
Dejando de lado este anacrónico enorme pequeño detalle, ¿cuál fue la ruta seguida por el Capítulo? Una de las más tortuosas que ha conocido la Secretaría de Vialidad:
A partir de estas discusiones sumamente importantes y ricas, hemos establecido las condiciones que podrían permitir considerar hipotéticamente una normalización canónica y a este respecto, si ustedes reflexionan bien, lo que ya se ha hecho equivalía a tomar toda la cuestión doctrinal y litúrgica para hacer de ella una condición práctica.
Para los miembros de la Nueva Fraternidad (tanto los que aún permanecen en ella como los que se fueron o han sido excluidos recientemente en 2012), así como para los miembros de las comunidades afines a esta Nueva Fraternidad (que han reaccionado solamente a partir de mayo de 2012), toda la discusión se plantea exclusivamente a nivel de Acuerdo Práctico contra Acuerdo Doctrinal…
Y Monseñor de Galarreta los tranquiliza con un tejemaneje más digno de Maquiavelo que de un prelado supuestamente defensor de la Tradición.
Como a partir del Capítulo de 2012 sólo se tendrá una cuestión práctica, que habrá reabsorbido toda cuestión doctrinal, se podrá presentar la condición práctica como exigencia para una normalización canónica.
El problema radica siempre en el abandono de la condición sine qua non establecida por Monseñor Lefebvre una vez escapado de la trampa ratzingeriana del 5 de mayo de 1988. El texto es conocido, pero es necesario recordarlo una vez más. Se trata de la Entrevista concedida a Fideliter, Nº 66, noviembre-diciembre de 1988:
No tenemos la misma manera de concebir la reconciliación. El cardenal Ratzinger la ve en el sentido de reducirnos, de traernos al Vaticano II. Nosotros la vemos como un retorno de Roma a la Tradición. No nos entendemos. Es un diálogo de sordos. No puedo hablar mucho del futuro, ya que el mío está detrás de mí. Pero si vivo un poco aún y suponiendo que de aquí a un determinado tiempo Roma haga un llamado, que quiera volver a vernos, reanudar el diálogo, en ese momento sería yo quien impondría las condiciones. No aceptaré más estar en la situación en la que nos encontramos durante los coloquios. Esto se terminó.
Plantearía la cuestión a nivel doctrinal: «¿Están de acuerdo con las grandes encíclicas de todos los papas que los precedieron? ¿Están de acuerdo con Quanta Cura de Pío IX, Immortale Dei, Libertas de León XIII, Pascendi de Pío X, Quas Primas de Pío XI, Humani Generis de Pío XII? ¿Están en plena comunión con estos papas y con sus afirmaciones? ¿Aceptan aún el juramento antimodernista? ¿Están a favor del reinado social de Nuestro Señor Jesucristo?
Si no aceptan la doctrina de sus antecesores, es inútil hablar. Mientras no hayan aceptado reformar el Concilio considerando la doctrina de estos papas que los precedieron, no hay diálogo posible. Es inútil.
Las posiciones quedarían así más claras.
No es una pequeña cosa la que nos opone. No basta que se nos diga: pueden rezar la misa antigua, pero es necesario aceptar esto. No, no es solamente eso lo que nos opone, es la doctrina. Queda claro.
Las condiciones del Capítulo General de 2012, que el señor Obispo analiza después, no implican, de ninguna manera, que los romanos anticristos y modernistas acepten el juramento antimodernista, que estén a favor del reinado social de Nuestro Señor Jesucristo, que acepten la doctrina de sus antecesores, que acepten reformar el Concilio considerando la doctrina de los papas que los precedieron…
¡Se le ve la otra oreja, lobo episcopal!
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3ª Acotación
Sin preocuparse demasiado por la estética de su mitra, que deja escapar sus feas orejas lupinas, Monseñor de Galarreta continúa:
En el caso figurado de un próximo Papa que realmente desease hacer un acuerdo con la Fraternidad, ¿cuáles son las condiciones de orden doctrinal, que afectan a la doctrina, a la fidelidad a la Fe, a la Tradición, a la confesión pública de la Fe, e incluso a la resistencia pública opuesta a aquellos que difunden errores, incluso tratándose de las autoridades eclesiásticas? Es en este punto que hemos definido con mucha precisión las dos primeras condiciones sine qua non. Y es evidente que todo está ahí.
El Capítulo General eludió la única verdadera condición, que ya hemos evocado. El señor Obispo justifica esta traición al Fundador, Monseñor Lefebvre, que en su Conferencia durante el Retiro Sacerdotal del 4 de septiembre de 1987, expresó:
Roma ha perdido la fe, queridos amigos. Roma está en la apostasía. No son simples palabras, no son palabras en el aire las que digo. Es la verdad. Roma está en la apostasía. No se puede confiar en este mundo; él salió de la Iglesia, dejaron la Iglesia, salen de la Iglesia. Es seguro; seguro, seguro. No es posible entenderse.
Se lo he resumido sucintamente al Cardenal Ratzinger, en pocas palabras, es que no es fácil resumir toda esta situación; pero le dije: «Eminencia, vea, incluso si ustedes nos dan un obispo, incluso si ustedes nos dan una cierta autonomía respecto de los obispos, incluso si ustedes nos dan la liturgia de 1962, si nos conceden continuar con los seminarios y la Fraternidad, como lo hacemos ahora, no podemos colaborar, es imposible, imposible, porque trabajamos en dos direcciones diametralmente opuestas: ustedes, trabajan en la descristianización de la sociedad, de la persona humana y de la Iglesia; y nosotros, estamos trabajando en la cristianización. No podemos entendernos».
Ahora está más bonito, lobo episcopal, sin esa fea oreja que acaba de serle arrancada…
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4ª Acotación
Precisando, respecto de la primera condición sine qua non, el prelado expresa categóricamente, con una firmeza capaz de engañar incluso a las elegidas caperucitas:
Todo está ahí. Se trata de una libertad para confesar y atacar públicamente los errores, una libertad para enseñar públicamente las verdades negadas o disueltas, pero también de oponernos públicamente a aquellos que difunden los errores, incluso de las autoridades eclesiásticas.
Es decir, si entendemos bien el lenguaje lupino y los aullidos degallarretianos, en el caso figurado de un próximo Papa que realmente desease hacer un acuerdo con la Fraternidad, las condiciones de orden doctrinal, que afectan a la doctrina, a la fidelidad a la Fe, a la Tradición, a la confesión pública de la Fe, e incluso a la resistencia pública opuesta a aquellos que difunden errores, incluso tratándose de las autoridades eclesiásticas
serían
una libertad para confesar y atacar públicamente los errores, una libertad para enseñar públicamente las verdades negadas o disueltas, pero también de oponernos públicamente a aquellos que difunden los errores, incluso de las autoridades eclesiásticas…
Dejando de lado el círculo vicioso, la petición de principio, digamos, sin vueltas episcopales, que es un deber indeclinable de todo católico, sin pedir permisos a los anticristos romanos: confesar la fe y atacar públicamente los errores; enseñar públicamente las verdades negadas o disueltas; oponerse públicamente a aquellos que difunden los errores, incluso si son autoridades eclesiásticas modernistas…
Señor Obispo, ¿por qué tiene esa cola tan larga como negra?
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5ª Acotación
El discurso episcolupino sigue de este modo:
Como pueden ver hemos incluido algunos aspectos de la práctica sacramental y canónica que nos son necesarios para tener realmente, en el caso de un acuerdo o un reconocimiento, la libertad práctica y real en una situación que seguiría siendo más o menos modernista.
¡Sí!, usted ha leído bien, estimado lector; el señor obispo no descarta una situación que seguiría siendo más o menos modernista… y, por lo tanto, se regresa al estado de simple acuerdo práctico, sin acuerdo doctrinal… un acuerdo con romanos más o menos modernistas, como si pudiese haber un más y un menos en la herejía…
¡Qué cola negra tan fea se escapa por debajo de la sotana episcopal!
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6ª Acotación
Llegamos a un punto en que caperucita debe extremar su circunspección, porque Monseñor de Galarreta dice:
También se decidió en este Capítulo que si alguna vez la Casa General llegaba a alguna cosa provechosa e interesante con estas condiciones, habría un Capítulo deliberativo, lo que significa que su decisión liga necesariamente (a los miembros de la Fraternidad). Cuando hay un capítulo consultivo, se pide consejo, pero después la autoridad decide libremente. Un capítulo deliberativo significa que la decisión adoptada por la mayoría absoluta —la mitad más uno, lo que nos ha parecido razonable— esta decisión será seguida por la Fraternidad.
Es obvio que un capítulo deliberativo constituye una medida muy sabia y suficiente para eventualmente aprobar lo que podrá obtenerse de Roma. Porque es casi imposible que a la mayoría, el Superior de la Fraternidad —después de una discusión franca, un análisis a fondo de todos los aspectos, de todas las propuestas y consecuencias—, es impensable que la mayoría se equivoque en una materia prudencial. Y si esto, por casualidad, por un imposible sucede, y bien, ¡tanto peor!, de todos modos, vamos a hacer lo que la mayoría piensa.
Respira profundamente, caperucita… No te dejes embaucar por este obispo liberal disfrazado de tradicional…
Pero vayamos por partes.
Resulta, en primer lugar, que en un Capítulo meramente consultivo, como fue el de julio de 2012, se decidió que… ¿Cómo pudo decidir, si era consultivo, no deliberativo y, por lo mismo, no podía decidir?
Por lo tanto, si alguna vez la Casa General llega a alguna cosa provechosa e interesante con estas condiciones, la autoridad decidirá libremente…
En segundo lugar, la mayoría absoluta no es la mitad más uno; eso es mayoría simple. Pero, pasemos de largo.
¡Cuidado, caperucita! Porque ahora resulta que en la Nueva Fraternidad se sostiene que es casi imposible que a la mayoría, es impensable que la mayoría se equivoque en una materia prudencial…
¡Viva la soberanía popular! Ella nunca se equivoca. Pero, si por un imposible se equivocase, hay que decir que no se equivocó…
¿Cómo oponerse a las decisiones de la mayoría aplastante del episcopado mundial durante el Concilio Vaticano II?
Ahora se entienden los remordimientos de Monseñor Fellay por haber dicho que aceptaba solamente el 95% de los textos conciliares, cuando en realidad debería aceptar el 100%…
También se comprende el texto de la Carta del 15 de diciembre de 2008 y la Carta a los fieles del 24 de enero de 2009, en las cuales se afirma: Estamos prestos a escribir con nuestra sangre el Credo, a firmar el juramento antimodernista y la profesión de fe de Pío IV; aceptamos y hacemos nuestros todos los concilios hasta Vaticano II, respecto del cual emitimos algunas reservas…
Llegamos, finalmente, al colmo de la desvergüenza: si la mayoría se equivoca, por casualidad, por un imposible sucede, y bien, ¡tanto peor!, de todos modos, vamos a hacer lo que la mayoría piensa.
¡Bravo!
Gracias por ser tan claro, lobo rapaz disfrazado de oveja. Ya no son las orejas o la cola las que lo denuncian, es su hocico… Dice el Apocalipsis: Tenía dos cuernos como un cordero, pero hablaba como dragón
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7ª Acotación
También hemos evitado una división entre nosotros y esto no es poca cosa (…) gracias a este entendimiento entre nosotros, con esta decisión, aunque sea imperfecta, hemos superado una división…
Pobre Monseñor de Galarreta… Ni él cree en su propio disfraz… ¡Tan en evidencia están sus orejas y su cola!
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8ª Acotación
Una vez más vuelve el señor Obispo a argumentar para hacer aceptar el acuerdo práctico sin un acuerdo doctrinal previo:
Simplemente nos hemos dicho: supongamos que no haya primero un regreso de parte de Roma, de un futuro Papa a la Tradición, en la teología, en los principios, en la Fe, en la enseñanza, en este caso, en el cual el Papa quisiera sólo permitir la Tradición, ¿cuáles son las condiciones que nos autorizarían a aceptar una normalización canónica, en vistas del bien que podríamos hacer en la Iglesia, y que es considerable En mi opinión, esto es una mejora en la misma dirección. Hemos definido bien cuáles serían las condiciones que podrían protegernos totalmente en la fe y en el combate integral por la fe.
Como dijimos en el artículo anterior, el lobo sigue preparando los espíritus de las caperucitas… pero ahora a cara descubierta. ¡Sólo los incautos voluntarios podrán dejarse engañar!
Resulta que condiciones imperfectas, de las cuales algunas deseables deberían haber sido sine qua non, etc., ahora son bien definidas…
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9ª Acotación
A continuación, como si no fuese suficiente, el lobo se torna incluso aún más sugestivo:
Les presento un caso figurativo, una hipótesis, supongamos que mañana hay un Papa en la situación actual, pero que él mismo no es modernista en su pensamiento, como es el caso hoy en día; supongamos que no sea modernista en su teología, en su pensamiento, en su corazón, y que él realmente quiera volver a la Tradición, pero le falta un poco de convicción (…) podría muy bien servirse de nosotros como punta de lanza, podría muy bien darnos las condiciones requeridas para que pudiésemos ser la punta de lanza contra este absceso.
De manera muy hábil, el lobo distrae la atención de caperucita, que ya lo había reconocido como tal por sus orejas, cola y hocico en la 5ª Acotación: situación que seguiría siendo más o menos modernista…
Más allá de la utopía de la futurología episcopal, incluso en ese caso habría que exigir de tal Papa que haga el juramento antimodernista y una declaración de fe en todo el Magisterio infalible de la Iglesia, y que condene todas las herejías modernistas conciliares.
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10ª Acotación
¿A qué viene, pues, la siguiente frase rapaz?:
Y, por otra parte, reflexionando bien, si un Papa un día nos diese estas condiciones, sería él que diese el primer golpe contra el edificio del Concilio Vaticano II y la Iglesia conciliar, porque por este hecho admitiría ya que el Concilio contiene errores, que se lo puede rechazar y que es necesario volver a la Tradición.
Si un Papa… ¿Modernista? ¿No modernistas? ¿Semimodernista?
Nos diese estas condiciones… Sin acuerdo doctrinal, por lo tanto; que, de todos modos, no es lo correcto; por más que los antiacuerditas de 2012 piensan lo contrario…
¡Al lobo! ¡Al lobo! ¡Al lobo!
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En octubre de 2011, el lobo disfrazado dijo:
En consecuencia, no es el momento de cambiar la decisión del Capítulo de 2006 (no puede haber un acuerdo práctico sin resolver la cuestión doctrinal) y no es correcto ni prudente lanzarse a la preparación de los espíritus en el sentido contrario, antes de que haya en nosotros la convicción, el consenso y la decisión de cambiar. Lo contrario sólo provoca la división y, por reacción, una guerra, la anarquía.
Dado que en el Capítulo de julio de 2012 hubo entre ellos la convicción, el consenso y la decisión de cambiar
la decisión, y dado que puede haber un acuerdo práctico sin resolver la cuestión doctrinal, llegó el momento oportuno de lanzarse a la preparación de los espíritus en ese sentido.
Esta conferencia del 13 de octubre es el primer paso.
¡Que venga pronto el cazador e impida que caperucita sea engullida por el lobo!
Padre Juan Carlos Ceriani

