Estimado Fabian
Con el mayor de los respetos para todas aquellas personas que se están manifestando complacidas por la actitud y la carta dirigida a Mons. Fellay por Mons. Williamson.
Dejando en claro que, por citar solo dos ejemplos, tanto el P. Basilio Méramo como el Señor Andrés Carballo, felicitan muy conceptuosamente al Señor Obispo por su entereza y que no puedo sino adherir a sus palabras tanto como a la cristiana esperanza que los mueve a hacerlo, me permito no obstante mantener algunas reservas al respecto que no tienen por objeto otro designio que el de evitar desilusiones.
Ninguna porción de esperanza en ninguna criatura.
Siendo éste un combate por la FE, es preciso que se den algunas condiciones elementales para que todos sepamos exactamente cual va a ser la posición de Mons. Williamson de aquí en más.
No soy nadie para reclamarle al Señór Obispo que realice un acto de connotaciones públicas donde aclare su actuación anterior a su carta, sin embargo me permito decir que creo es indispensable. Si la estrategia de Mons. Williamson, en tanto estuvo DENTRO de la FSSPX y hasta su expulsión pasaba por «tragar sapos» y acompañar del modo que fuese al Superior General, lo cual implicó los hechos por los que hemos estado en desacuerdo con Mons. Williamson, entiendo importante que esto sea aclarado por el mismo.
No se pide que el Señor Obispo se retracte o haga un humillante «mea culpa» ni mucho menos, pero entiendo que debe dar señales claras respecto de aquellos momentos por los que tanto fue cuestionado en muchos sitios y por muchas personas y que llevó a dudar de sus verdaderas intenciones.
Es muy probable sin embargo, que a todos nos baste de aquí en adelante ver y reconocer en el Obispo expulsado a un verdadero Defensor de la Fe y que «redunde todo ello en fortificar la trinchera ante los ataques del conciliarismo, el liberalismo y de la revolución anticatólica en general», como bien dice el Señor Andrés Carballo.
Creo, también que esta posición queda bien expresada en el siguiente párrafo del P. Méramo, el cual resume lo que pretendo trasmitir.
«Esta es la hora de la verdad, para que se disipen con sus actos, todas las dudas y sospechas que de algún modo Monseñor favorecía con algunas de sus actitudes y posturas; y que a partir de ahora, dando muestras de fidelidad y amor a la verdad en este combate final (apocalíptico) contra las potestades del mal instaurado dentro de la misma Iglesia, viéndose a Roma convertida en sede del Anticristo como anunció Nuestra Señora en La Salette.»
Que así sea.
