Estimado Fabián:
Habiendo leído hoy la carta de Monseñor Williamson, publicada el 24 de Octubre, dirigida a Monseñor Fellay en respuesta al ultimátum de la expulsión, creo que debo manifestar mi grata sorpresa.
Es reconfortante ver como, con entereza y claridad, con fineza y altura, – dignas de un Gentleman inglés – pone a Monseñor Fellay en el patíbulo del deshonor y la desvergüenza, desaprobando su pensar y actuar; que debido a su transbordo conceptual y doctrinal, y en consecuencia de su claudicación, traiciona vil y despóticamente, el legado de Monseñor Lefebvre en defensa de la Fe y de la Tradición Católica con toda su enérgica resistencia al error de una Roma liberal y modernista que se consuma día a día en su apostasía.
Esperemos que Monseñor Williamson continúe y actúe consecuentemente, sin miedos ni temores, con un lenguaje límpido, veraz y contundente como el de su carta.
Esta es la hora de la verdad, para que se disipen con sus actos, todas las dudas y sospechas que de algún modo Monseñor favorecía con algunas de sus actitudes y posturas; y que a partir de ahora, dando muestras de fidelidad y amor a la verdad en este combate final (apocalíptico) contra las potestades del mal instaurado dentro de la misma Iglesia, viéndose a Roma convertida en sede del Anticristo como anunció Nuestra Señora en La Salette.
No queda más que felicitar a Monseñor Williamson por tan excelente carta, y augurarle un buen combate, ya que con ella ha asestado un golpe magistral a Monseñor Fellay, partiéndolo por la mitad, cual espada de Saladino que atravesó en el aire un pañuelo de seda sin perturbar su caída, y que al llegar al suelo quedó partido en dos.
Que Dios le de las luces y fortaleza para que, enarbolando el glorioso combate de la defensa de la verdad y de la fe, contenida en la Tradición Católica, se consolide en la firmeza de una franca, legítima y genuina resistencia, sin retroceder ni un paso hacia atrás, ni para tomar impulso.
P. Basilio Méramo
Bogotá, Octubre 25 de 2012
