SAQUE UD. SUS PROPIAS CONCLUSIONES.
¿CREE SER VALIENTE? ¿CREE QUE NADA PUEDE SORPRENDERLE A ESTAS HORAS?
LE ASEGURO QUE SE EQUIVOCA.
LA SIGUIENTE ES LA TRADUCCIÓN DE RADIO CRISTIANDAD DEL ORIGINAL EN AUDIO DE LA CONFERENCIA DE MONS. DE GALARRETA EN VILLEPREUX.
UN COMENTARIO DETALLADO DE LA MISMA DAREMOS A CONOCER LA PRÓXIMA SEMANA – EL P. CERIANI YA SE ENCUENTRA TRABAJANDO EN ELLA. ÉL MISMO REALIZÓ LA TRADUCCIÓN, RELEGANDO UNA PARTE IMPORTANTE DE SU GIRA APOSTÓLICA POR CÓRDOBA PARA ENTERRARSE EN ESTA CONFERENCIA.
TAMBIÉN ESTÁ PREPARANDO UN CORTO COMENTARIO A LA CARTA ABIERTA DE MONS. WILLIAMSON A MONS. FELLAY.
HECHOS LOS AVANCES DE PUBLICACIÓN DE LA SEMANA PRÓXIMA, VAMOS AL TEXTO…
El sábado 13 de octubre de 2012, con ocasión de las Jornadas de la Tradición, en Villepreux, Monseñor Alfonso de Galarreta dio esta conferencia donde analizó el estado de las relaciones de la Fraternidad San Pío X con Roma.
Breve historia de nuestras relaciones con Roma
Quiero decirles mi pensamiento, pues en esta crisis se escuchan muchas opiniones diferentes, voces diferentes, y puede ser que todavía haya recaídas, por eso me he dicho que era necesario que conozcan por lo menos mi pensamiento. Por lo tanto, voy a retomar rápidamente algunos hechos para explicarme, hacer un poco la historia, a partir del final de la cruzada del Santo Rosario, esta cruzada de oración cuyo propósito era ofrecer 12 millones de rosarios, cruzada que terminó en Pentecostés de este año.
Fue después del final de la Cruzada que recibimos tres respuestas, golpe tras golpe, por parte de Roma.
(…)
En ese momento, hubo la propuesta (de una declaración doctrinal) de la Fraternidad presentada en el mes de abril y fue después de Pentecostés que recibimos una primera respuesta de la Congregación para la doctrina de la Fe.
Y en esta respuesta, las autoridades romanas nos decían claramente que rechazaban, que no aceptaban nuestra propuesta, y hacían varias correcciones que equivalían a decirnos: es necesario aceptar el Concilio Vaticano II, es necesario aceptar la licitud de la nueva Misa, es necesario aceptar el magisterio viviente, es decir, que ellas son los intérpretes auténticos de la Tradición, es decir que ellas dicen que es Tradición y que no es Tradición; es necesario aceptar el nuevo Código, etc. He aquí su respuesta.
A continuación, y creo que esto fue una respuesta de la Providencia, hubo el nombramiento de Monseñor Müller. Nombraron a la cabeza de la Congregación para la doctrina de la Fe y también como Presidente de la Comisión Ecclesia Dei, la que tiene a cargo a todos los que están unidos a Ecclesia Dei y que está en contacto con la Fraternidad San Pío. ¡Y bien! Este obispo que ha sido nombrado a la cabeza de este dicasterio y de la Comisión Ecclesia Dei, más allá del hecho que el mete en cuestión varias verdades de Fe, es hoy el guardián de la Fe.
Mientras estábamos esperando la luz del Espíritu Santo, teníamos esta respuesta.
Luego, antes del Capítulo general, nuestro Superior general había escrito al Papa para saber si realmente era su respuesta, porque en gran parte el problema que hemos conocido venía del hecho que existía un doble mensaje de Roma.
Algunas autoridades nos decían: la respuesta de la Congregación de la Fe es oficial, ellos hacen su trabajo, pero ustedes no la tengan en cuenta, es necesario archivarla; de todas formas, queremos un acuerdo, queremos reconocerlos tal como ustedes son.
Pero la respuesta de la Congregación de la fe y el nombramiento de Monseñor Müller no iban en este sentido, en el sentido del segundo mensaje. También para tener el corazón neto, Monseñor Fellay escribió al Papa para saber si realmente era su respuesta, su pensamiento. Y justo antes del Capítulo, durante el retiro que lo precedió, Monseñor recibió una respuesta. Era la primera vez que había una respuesta del Papa a Monseñor Fellay. Él nos dijo en la mesa, el domingo, al final del retiro: he aquí que recibí una carta del Papa donde confirma que la respuesta de la Congregación de la Fe es bien su respuesta, que él la aprobó. Y recuerda, llevándolos a tres puntos, sus exigencias, sus condiciones sine qua non para un reconocimiento canónico:
1) Reconocer que el magisterio viviente es el intérprete auténtico de la Tradición, es decir, las autoridades romanas.
2) Que el Concilio Vaticano II está en perfecto acuerdo con la Tradición, que es necesario aceptarlo.
3) Que debemos aceptar la validez y licitud de la nueva Misa.
Han puesto licitud, probablemente que en francés esta palabra tiene un significado un tanto ambiguo, para ellos significa simplemente legal, que tiene las formas legales, pero en lenguaje canónico es mucho más profundo, esto significa que es una verdadera ley, que tiene fuerza de ley. Sin embargo la Iglesia no puede tener ley contraria a la fe católica. Y siempre hemos contestado, en este sentido, la legalidad de la reforma litúrgica y de la nueva Misa, porque ella no puede tener fuerza de ley en la Iglesia, es imposible ya que es contraria a la Fe, porque con ella demuelen la Fe, y ellos han puesto validez y licitud.
(…)
En otras palabras, veis que sobre lo esencial de nuestro combate -la lucha de las dos ciudades, de dos espíritus- era necesario ceder y traicionar. A continuación, por supuesto, en este punto, la Divina Providencia nos había trazado la ruta del Capítulo. Fue Roma que decía: no, nos quedamos en el plano doctrinal, y ustedes aceptan todo lo que han rechazado hasta el presente.
El capítulo general (9-14 de julio de 2012)
(…)
En mi opinión, realmente hemos superado la crisis, ya la hemos superado, y como era necesario, especialmente en las medidas prácticas, gracias a las discusiones que nos han permitido aclarar entre nosotros puntos, bien pesar los argumentos, en todos los aspectos, ordenarlos, llegar a una más perfecta clarividencia, lucidez sobre la situación, lo cual es la ventaja de las pruebas si uno extrae lecciones.
A partir de estas discusiones sumamente importantes y ricas, hemos establecido las condiciones que podrían permitir considerar hipotéticamente una normalización canónica y a este respecto, si ustedes reflexionan bien, lo que ya se ha hecho equivalía a tomar toda la cuestión doctrinal y litúrgica para hacer de ella una condición práctica.
Las condiciones de eventual normalización canónica
Es seguro, que como lo decía, esto no es perfecto, y nosotros mismos vimos rápidamente después, que la distinción entre condiciones sine qua non y condiciones deseables no era muy justa, ni… deseable.
De hecho, para nosotros, entre las condiciones que hemos indicado como deseable, hay condiciones sine qua non, pero más bien en el orden práctico, canónico, concreto.
Estas condiciones, la Casa General de la Fraternidad ya las había solicitado a Roma, y para la mayor parte -después de varias peleas, de muchos ir y venir-, Roma estaba pronta a concederlas, e incluso actualmente.
Pero el propósito del Capítulo, su preocupación era definir claramente no lo que es una consecuencia, lo que resultará, sino lo esencial previo que no habíamos definido bien hasta el presente.
En otras palabras, en el caso figurado de un Papa, un próximo Papa que realmente desease hacer un acuerdo con la Fraternidad, ¿cuáles son las condiciones de orden doctrinal, que afectan a la doctrina, a la fidelidad a la Fe, a la Tradición, a la confesión pública de la Fe, e incluso a la resistencia pública opuesta a aquellos que difunden errores, incluso tratándose de las autoridades eclesiásticas?
Es en este punto que hemos definido con mucha precisión las dos primeras condiciones sine qua non.
Y es evidente que todo está ahí. Yo puedo releerlas para ustedes.
La primera: «libertad para conservar, transmitir y enseñar la santa doctrina del magisterio constante de la Iglesia y la Verdad inmutable de la Tradición divina”.
Esto os parece, sin duda, un lenguaje un poco difícil, de hecho es extremadamente preciso.
“Conservar”, esto significa que tenemos la garantía en una normalización de la parte del Papa que nos reconociese. En otras palabras: asegurarnos en un acuerdo por escrito, poder conservar, transmitir y enseñar la santa doctrina, la santa doctrina, del Magisterio constante.
Porque las autoridades romanas tienen una noción evolutiva del magisterio, y si se dice ‘magisterio’ eso no es suficiente, si se dice ‘Magisterio de siempre’ es todavía dudoso en su lenguaje, por eso hemos precisado ‘Verdad inmutable de la Tradición divina’. ¿Por qué ‘Verdad inmutable’? Porque para ellos la tradición es viviente…
De este modo veis que es muy preciso, fuerte por la experiencia de los debates que hemos tenido durante casi un año y medio con la comisión romana.
Continuemos con el primer punto: “Libertad para defender la verdad, corregir, reprender, incluso públicamente a los autores de errores o novedades del modernismo, del liberalismo del Concilio Vaticano II y sus consecuencias”. Pienso que es difícil añadir algo. Todo está ahí. Se trata de una libertad para confesar y atacar públicamente los errores, una libertad para enseñar públicamente las verdades negadas o disueltas, pero también de oponernos públicamente a aquellos que difunden los errores, incluso de las autoridades eclesiásticas.
¿Qué errores? Los errores modernistas, liberales, esos del Concilio Vaticano II y de las reformas que se derivan o de sus consecuencias en el orden doctrinal, litúrgico o canónico. Todo está ahí. Incluso una resistencia pública, hasta un cierto punto, al nuevo Código de derecho canónico, en la medida que está penetrado del espíritu colegial, ecuménico, personalista, etc… Todo está ahí.
Luego, segundo punto: «Usar exclusivamente la liturgia de 1962», por lo tanto, toda la liturgia de 1962, no sólo la Misa, todo, incluso el Pontifical. Mantener la práctica sacramental que tenemos actualmente, incluso respecto del Orden, la confirmación y el matrimonio. Como pueden ver hemos incluido algunos aspectos de la práctica sacramental y canónica que nos son necesarios para tener realmente, en el caso de un acuerdo o un reconocimiento, la libertad práctica y real en una situación que seguiría siendo más o menos modernista. Nosotros reordenamos si es necesario, nosotros reconfirmamos, y luego los matrimonios no aceptamos evidentemente nuevas causas de nulidad.
En revancha, hemos definido bien lo que ha sido un problema, puesto que, justamente, no estaba bien definido de parte nuestra, y también porque había allí un doble mensaje de parte de Roma.
Además, todavía en las condiciones sine qua non: la garantía de por lo menos un obispo, he aquí lo que os decía que no es perfecto, porque todos estamos de acuerdo en la Fraternidad sobre el hecho de que hay que pedir varios obispos auxiliares, una Prelatura, exención de los obispos, todos estamos de acuerdo, no hay problema, no era el problema antes, ahora tampoco lo es. Por lo tanto, no es necesario chicanear sobre esto.
También se decidió en este Capítulo que si alguna vez la Casa General llegaba a alguna cosa provechosa e interesante con estas condiciones, habría un Capítulo deliberativo, lo que significa que su decisión liga necesariamente (a los miembros de la Fraternidad). Cuando hay un capítulo consultivo, se pide consejo, pero después la autoridad decide libremente. Un capítulo deliberativo significa que la decisión adoptada por la mayoría absoluta -la mitad más uno, lo que nos ha parecido razonable- esta decisión será seguida por la Fraternidad.
Como lo demuestra el reciente Capítulo, el día que hemos podido hablar entre nosotros, como era necesario, hemos superado el problema de los desacuerdos que habíamos conocido. Es obvio que un capítulo deliberativo constituye una medida muy sabia y suficiente para eventualmente aprobar lo que podrá obtenerse de Roma. Porque es casi imposible que a la mayoría, el Superior de la Fraternidad –después de una discusión franca, un análisis a fondo de todos los aspectos, de todas las propuestas y consecuencias–, es impensable que la mayoría se equivoque en una materia prudencial. Y si esto, por casualidad, por un imposible sucede, y bien, ¡tanto peor!, de todos modos, vamos a hacer lo que la mayoría piensa.
En esta vida, no existe garantía absoluta, porque cada uno –empezando por uno mismo–, no tiene todas las garantías sobre lo que hará mañana. También un Capítulo es más que suficiente para salir del estancamiento en que estábamos, porque si se examina bien nuestro último Capítulo ha puesto exactamente las mismas condiciones que Roma pero en la dirección opuesta: ellos exigen esto de nosotros, y nosotros lo contrario.
Por supuesto, la posibilidad de un acuerdo se aleja, y especialmente el riesgo de un mal acuerdo es, en mi opinión, definitivamente descartado. Definitivamente, eso quiere decir no para siempre, sino por esta vez.
También hemos evitado una división entre nosotros y esto no es poca cosa, era necesario pensar en esto y entender que íbamos a dividirnos todos, en la Fraternidad, en las Congregaciones, en las familias, y como somos más bien temibles en el combate, ¡nos habríamos entrecortados con una fuerza, una constancia, os podéis imaginar! La realidad era bien esta. Pero, gracias a este entendimiento entre nosotros, con esta decisión, aunque sea imperfecta, hemos superado una división que habría sido una forma de deshonor para lo que representamos, la verdadera Fe, para nuestro combate, para aquellos que nos han precedido, Monseñor Lefebvre y Monseñor de Castro Mayer.
Condiciones en vistas del bien que podríamos hacer en la Iglesia
Entonces, como os digo, es gracias a lo que hemos experimentado, pruebas, discusiones, a veces contradicciones, que hemos llegado a una mejor comprensión de la realidad, a una mejor definición.
La posición de la Fraternidad es mucho más precisa y lúcida ahora que hace seis meses, es mucho mejor, porque no excluimos la posibilidad de que la vía elegida por la Providencia para un retorno a la Fe se realice primero por la conversión, el retorno a la doctrina de un Papa y de una parte de los Cardenales, no excluimos en absoluto esto.
No es más difícil que la otra vía, la vía práctica. Pero, simplemente, nos hemos dicho: supongamos que no haya primero un regreso de parte de Roma, de un futuro Papa a la Tradición, en la teología, en los principios, en la Fe, en la enseñanza, en este caso, en el cual el Papa quisiera sólo permitir la Tradición, ¿cuáles son las condiciones que nos autorizarían a aceptar una normalización canónica, en vistas del bien que podríamos hacer en la Iglesia, y que es considerable? –esto no hay que negarlo tampoco.
En mi opinión, esto es una mejora en la misma dirección. Hemos definido bien cuáles serían las condiciones que podrían protegernos totalmente en la fe y en el combate integral por la fe.
Pero conjeturar sobre el futuro depende de la profecía o de la adivinación, no sabemos lo que Dios nos va a enviar.
Les presento un caso figurativo, una hipótesis, supongamos que mañana hay un Papa en la situación actual, pero que él mismo no es modernista en su pensamiento, como es el caso hoy en día; supongamos que no sea modernista en su teología, en su pensamiento, en su corazón, y que él realmente quiera volver a la Tradición, pero le falta un poco de convicción, porque para resistir, y lo saben bien ustedes, se necesita mucha convicción para resistir en la verdadera Fe y perseverar, para hacer frente a todo el modernismo que infesta la Iglesia, es necesaria una convicción verdaderamente heroica.
Supongamos que él no tenga esta convicción, o que esté lo suficientemente convencido, pero sea débil, temeroso, condicionado por su entorno.
Les presento casos que ofrece la historia de la Iglesia. Hubo obispos y Papas de este tipo. Hubo Papas muy buenos en la doctrina, pero muy malos en sus costumbres, y viceversa, Papas débiles, como hubo igualmente muy buenos Papas que se han equivocado, ahora decimos que se han equivocado en algunas decisiones históricas que han tenido consecuencias enormes.
También en el caso eventual de un Papa que no tuviese la convicción, la fuerza o los medios para enderezar él mismo la situación actual de la Iglesia, en esta crisis de Fe en que podría muy bien servirse de nosotros como punta de lanza, podría muy bien darnos las condiciones requeridas para que pudiésemos ser la punta de lanza contra este absceso.
Y, por otra parte, reflexionando bien, si un Papa un día nos diese estas condiciones, sería él que diese el primer golpe contra el edificio del Concilio Vaticano II y la Iglesia conciliar, porque por este hecho admitiría ya que el Concilio contiene errores, que se lo puede rechazar y que es necesario volver a la Tradición.
Tan pronto como un Papa tomase en consideración estas exigentes condiciones, casi imposibles a vista humana, habría guerra en la Iglesia conciliar. La llamada Iglesia conciliar seria dinamitada, está claro.
Es por esta razón que, a nuestras ojos, las cuestiones canónicas son bien un poquito de detalles. Porque, si un Papa quiere concedernos los dos primeros puntos, es que está dispuesto a concedernos todo, incluso en el plano canónico, y vamos a pedirlo, por supuesto.

