CARTA DE LECTORES: Andrés Carballo: Ante la noticia de la expulsión de M. Williamson

Ante la noticia de la expulsión de M. Williamson por parte de la cúpula de la, hace ya tiempo, fenecida F.S.S.P.X, cuyos prebostes nos siguen asombrando con sus pretendidos dotes de «auctoritas», sin percatarse de que Auctoritas sin «veritas» es como mínimo un escándalo para los fieles.

Estos individuos, que han manipulado el legado de M. Lefebvre, han engañado incluso utilizando a Nuestra Señora solicitando el Rezo del Santo Rosario para fines deleznables y que según se dice pues no soy yo quien lo digo, algunos o alguno de ellos aconsejado y manipulado por una «vidente» se atrevan a hablar de autoridad, es el colmo de la desfachatez, el colmo de la poca vergüenza, el colmo del disparate.

Conste que M. Williamson, al menos hasta que se retracte de ciertas «meteduras de pata», no goza tampoco de la tan deseada «auctoritas» que su episcopado entraña, pero no es menos cierto de que ha sido objeto, desde mi punto de vista, de una magna arbitrariedad y de una tremenda injusticia. Me recuerda. claro que salvando distancias astronómicas, la postura de la iglesia conciliar con las sanciones a M. Lefebvre, está claro que se aprendieron bien la lección, pues para algo les habrá servido las idas y venidas a Roma, todo no iba a ser sólo para darse cuenta de que ¡la libertad religiosa era muy limitada, muy limitada!. Y llegar a la conclusión de que era factible dentro de la Fraternidad, estar en un 95% de acuerdo con la farsa del V2.

Si no, analicemos esta argumentación:

Esta dolorosa decisión se hizo necesaria en atención al bien común de la Fraternidad San Pío X y de su buen gobierno de conformidad con lo que M. Lefebvre denuncia. «Es la destrucción de la autoridad. ¿Cómo puede ejercerse la autoridad si es necesario que ella pida a todos los miembros que participen en el ejercicio de la autoridad?» (Ecóne, 29 de Junio de 1987).

Pretender evocar, a estas alturas de la película, a M. Lefebvre resulta como mínimo una desfachatez, una osadía, un despropósito, un no sé que.. eso en primer lugar y en segundo lugar: ¿Se puede destruir algo que ya está destruido? porque la autoridad se autodrestuye cuando no se corresponde con el ejercicio de la verdad, y vosotros habéis mentido, mentido como bellacos; bastante literatura hay al respecto, miles de litros de tinta. ¿Buen gobierno? Os atrevéis a decir que gobernáis bien cuando habéis destruido la Fraternidad y la habéis partido en «mil» pedazos?.

Os queda la mísera potestas, pero sin la auctoritas.

La potestas no se corresponde con el éxito en el mando, se corresponde más bien con una tiranía pero nunca con la auctoritas.

Lo vuestro obedece a una potestas vacua y falaz. Si fuese auctoritas estaríais revestidos de autoridad moral, pero esta virtud se genera independientemente del cargo que ostentáis y vosotros la habéis perdido, «por los frutos los conoceréis». Anheláis potestas, pero fijaos que estaréis dependiendo irremisiblemente de lo que los otros os otorguen, pero la perderéis con la misma inconsistencia con la que la lograsteis.

Es «conditio sine qua non» que os despertéis de vuestro embeleso y que salgáis de vuestro letargo; habéis perdido la auctoritas, iros, iros, iros….

Los fieles de siempre no os vamos a seguir cual «corderos que llevan al matadero». Sabemos distinguir entre las personas que transmiten una dignidad de mando y las que ostentan el mando por el mero hecho de ponerse unos «galones» desprestigiados. Sabemos distinguir entre los líderes natos y con señorío y entre los que se han hecho jefes por accidente y se apegan cual lapas a su sillón.

La Potestas no es otra cosa que el derecho que se tiene para ejercer un cargo en virtud de un nombramiento, pero la auctoritas es un atributo personal, que se gana con los hechos y con la rectitud de intenciones demostradas de por vida. A vosotros os queda sólo la potestas, habéis perdido la auctoritas.

En este tiempo que por desgracia nos ha tocado vivir, puede resultar que un simple sacristán tenga mucha auctoritas, pero todo un mitrado puede que no infunda respeto ni inspire obediencia alguna por mucha potestas de que haga gala. Vanitas vanitatuum, et omnia vanitas.

Andrés Carballo.