
Ante la actitud incongruente y decepcionante de Mons. Williamson para los católicos que queremos seguir siendo fieles a la obra recibida y heredada de Mons. Lefebvre, habiéndole puesto «la guinda al pastel» con el ridículo consejo de aconsejar a las familias tradicionales «que es conveniente que le lean a sus hijos» la obra de María Valtorta titulada «El Hombre Dios», la cual fue incluida en el index de libros prohibidos, creo preciso dar a conocer una carta enviada el 30 de Julio de este año y de la cual, al recibir «la callada por respuesta», juzgo conveniente darla a conocer, considerando que el tal Obispo, al parecer, no tiene la intención de encarnar un verdadero liderazgo en lo que debería de ser una actitud contraria a las pretensiones de la actual cúpula de la Fraternidad, que no es otra que ponerse en manos de la Iglesia Conciliar, es decir de la Iglesia oficial que está en contraposición, según Mons. Lefebvre, con la Iglesia Visible.
30 de Julio de 2012.
Excmo. y Rvdmo. Sr. D. Richard N. Williamson
Obispo CatólicoExcmo. y Rvdmo. Señor: Le envío estas líneas con el objeto de felicitarle por su valentía y determinación mostradas en su último «Eleison» nº 263, de fecha 28 de Julio de 2012.
Así mismo, con el máximo respeto para su dignísima persona, me quiero permitir, si S. E. me lo tiene a bien, hacer una objeción a la aceptación por parte de V.E. del «motu proprio summororum pontificum», lo cual produjo a no pocos fieles de la Tradición un gran desencanto, debido a que lo consideramos una aceptación «de facto» de la tantas veces llamada «misa bastarda» por el Gran Arzobispo Mons. Lefebvre, de feliz memoria.
De igual manera, la aceptación del levantamiento de las «excomuniones» procedentes de la Roma apóstata, tampoco las considero de recibo, pues es bien sabido que una excomunión promulgada por presuntos herejes a los fieles que desean continuar siendo católicos, sólo produce irrisión.
Es por ello, que dada la confusión que ha causado entre esos fieles la actitud de los cuatro Obispos de la Fraternidad, considero que es de urgencia hacer una rectificación de tan infeliz postura, que sólo condujo a participar inocentemente en los «juegos de prestidigitador» al que Ratzinger nos tiene acostumbrados.
Agradecidísimo por anticipado, beso con devoción vuestro anillo de Padre y Pastor y me ofrezco s.s.s. y amigo
Andrés Carballo.
