
Revolución, contrarrevolución y contra-contrarrevolución
«Yo no soy lo que se cree. Muchos hablan de mí y muy pocos me conocen. No soy ni el carbonarismo, ni la rebelión, ni el cambio de la monarquía en república, ni la sustitución de una dinastía por otra, ni la perturbación momentánea del orden público. No soy ni los gritos de los jacobinos, ni los furores de la Montaña, ni el combate de las barricadas, ni el pillaje, ni el incendio, ni la ley agraria, ni la guillotina. No soy ni Marat, ni Robespierre, ni Babeuf, ni Mazzini, ni Kossuth. Esos hombres son mis hijos, pero no son yo. Lo que hicieron son mis obras, pero no yo. Esos hombres y esas cosas son hechos pasajeros en tanto que yo soy un estado permanente… Soy el odio a todo orden que no haya sido establecido por el hombre y en el que el hombre no sea rey y dios a la vez.» (Mons. Jean-Joseph Gaume)
La Revolución es el arma con que el Demonio ha conseguido sus mayores avances en los últimos siglos. (Christopher Fleming).
El Demonio y sus auxiliares terrenales conocen la efectividad de la Revolución, pero saben también que las almas buenas, tarde o temprano intentarán combatirla. Por ello es que antes de cada avanzada revolucionaria, se prepara una infiltración a la contrarrevolución aun antes de que esta exista. De esa manera se controla la acción (la revolución) así como la reacción (la contrarrevolución).
Entre muchos otros, se puede mencionar como ejemplo de esas infiltraciones el caso de Kerensky en la revolución soviética. Alejandro Kerensky se había infiltrado en el gobierno del zar para ayudar secretamente a los comunistas pero después emigró a Occidente, presentándose como anticomunista para así mantener contacto con los rusos exiliados anticomunistas. Su labor de infiltración en la contrarrevolución fue un factor decisivo para neutralizar los esfuerzos de esta.
Los infiltrados deben aparentar ser contrarios a los principios que enarbolan los revolucionarios. Esa apariencia es indispensable para que los contrarrevolucionarios se aglutinen bajo esos infiltrados. Así pues, los infiltrados tienen que hacerse notorios mucho antes de que la revolución se manifieste.
La revolución está ahora presente de manera muy visible en el interior de la Fraternidad Sacerdotal San Pío X. Evidentemente, lo que ahora se ve ha sido fraguado desde hace muchos años; quizá hasta desde los mismos orígenes de la Fraternidad.
El obispo Fellay, Superior General de la FSSPX, ha traicionado los principios de esa sociedad sacerdotal y ha hecho cuanto le ha sido posible para entregarla a la Roma anticristo, a la Roma modernista. Lamentablemente Mons. Fellay no está solo, sino que una importante fracción de la Fraternidad le apoya. Y es que la revolución logró obtener posiciones clave en distritos y seminarios.
Sin embargo, la revolución en la FSSPX no es un movimiento monolítico: todo indica que en su interior existe una fuerte división en cuanto a la forma de llegar a la meta. Y en esto se vislumbra otra similitud con la revolución soviética. Recuérdese que en ésta surgió una escisión entre los mismos revolucionarios; no en cuanto a la meta que perseguían, sino en cuanto a la forma de llegar a ella. Así surgieron los bolcheviques (que pretendían alcanzar la meta de manera inmediata) y los mencheviques (que pugnaban por avanzar más lentamente para asegurar la llegada a esa meta).
Así pues, se ha de tener gran cuidado en la interpretación de los hechos para evitar ser engañado. Quien sea visto como el adalid de la resistencia muy probablemente sea tan sólo un revolucionario disfrazado de contrarrevolucionario. Quienes se opongan a los entreguistas (Mons. Fellay y colaboradores cercanos) bien pudieran oponérseles sólo en cuanto a la impetuosidad para alcanzar la meta, pero no en sí a la meta.
Por ejemplo, Mons. Williamson es mundialmente visto como un gran opositor de Mons. Fellay. El hecho de que el obispo no haya mantenido una posición congruente, ha motivado el que se sospeche que este obispo sea uno de esos agentes que se infiltran para minar la contrarrevolución.
No pueden ignorarse ni minimizarse, entre otras cosas, el que el obispo inglés haya
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aceptado el motu proprio Summorum pontificum como un avance favorable a la Tradición
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firmado la carta en que se agradece a Benedicto XVI el levantamiento de las excomuniones y en la que se acepta que éstas hayan estado operantes durante veinte años
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hablado de Benedicto XVI como un hombre sincero, como un papa con un fuerte tradicionalismo arraigado en su corazón durante su infancia, pero con un fuerte modernismo adquirido en el seminario
Estas acciones son inadmisibles en alguien que realmente rechaza un acuerdo con la Roma anticristo. Ellas por sí solas bastarían para que se señalara a Mons. Williamson como un posible infiltrado en la contrarrevolución. Esto aunado al hecho de que este obispo se rehúse a dar explicaciones a su inaceptable proceder, simple y llanamente son un fuerte indicio de que muy probablemente Mons. Williamson sea un quintacolumnista.
Y como si eso fuese poco, el obispo inglés ha sido insistente en su recomendación de la lectura de la obra «El Hombre Dios» de María Valtorta, obra que fue incluida en el índice de libros prohibidos por la Iglesia en la década de los 1950s; obra en la que se han encontrado múltiples irregularidades doctrinales que tienden a llevar al error; obra que fue rechazada por Mons. Lefebvre.
El caso de Mons. de Galarreta y de Mons. Tissier es similar. Ambos se han pronunciado en distintas ocasiones contrarios a llegar a un acuerdo con la Roma anticristo, pero lo han hecho sin manifestar una decisión firme y sus acciones no han sido congruentes. Estos dos obispos también firmaron la carta en que se acepta que las excomuniones estuvieron operantes durante veinte años y no han dado una explicación de esa acción inaceptable.
Léase lo que Mons. de Galarreta ha declarado acerca del humillante levantamiento de las excomuniones o lo que ha escrito en su trabajo «Reflexiones en torno a la Proposición Romana«.
Como claramente lo presenta el análisis del R. P. Ceriani, publicado en Radio Cristiandad, Mons. de Galarreta propone cuidar la autoridad moral y la credibilidad de la Fraternidad ante los fieles.
Dice el P. Ceriani:
«Todo este documento [el trabajo del obispo español] es un alegato contra el acuerdo práctico de Monseñor Fellay.
Al llegar a las conclusiones, Monseñor de Galarreta asesta duros golpes con expresiones como las siguientes:
«Avanzar hacia un acuerdo práctico sería renegar de nuestra palabra y de nuestros compromisos con nuestros sacerdotes, nuestros fieles, Roma y frente a todo el mundo.
Tal procedimiento manifestaría una grave debilidad diplomática por parte de la Fraternidad, y a decir verdad, más que diplomática. Sería una falta de coherencia, de rectitud y de firmeza, lo que tendría como efectos la pérdida de credibilidad y de la autoridad moral que gozamos.«»
Nótese que no es el llegar a un acuerdo práctico, a una capitulación de la Fraternidad, lo que parece preocuparle, sino la pérdida de credibilidad y de autoridad. No es pues la meta en lo que se difiere, sino en la forma de alcanzarla.
Continúa el P. Ceriani:
«Sin embargo, la siguiente conclusión pone todo esto en duda, pues ella hace gala de firmeza diplomática:
«En consecuencia, no es el momento de cambiar la decisión del Capítulo de 2006 (no puede haber un acuerdo práctico sin resolver la cuestión doctrinal) y no es correcto ni prudente lanzarse a la preparación de los espíritus en el sentido contrario, antes de que haya en nosotros la convicción, el consenso y la decisión de cambiar. Lo contrario sólo provoca la división y, por reacción, una guerra, la anarquía.»
Entonces, si entendemos bien, para el señor Obispo lo correcto y prudente es obtener entre ellos la convicción, el consenso y la decisión de cambiar en el sentido del acuerdo práctico, para lanzarse luego a la preparación de los espíritus para que lo acepten.»
Lo que se ha apuntado, no son acusaciones ni ataques a las personas, sino tan sólo una advertencia de un grave peligro. Advertencia que por otra parte es motivada por el deseo de impedir la caída en el engaño.
Son muchas las personas —entre las que se cuentan algunos sacerdotes— las que han puesto sus esperanzas en los tres obispos que, con mayor o menor firmeza, aparentan oponerse a Mons. Fellay. Han puesto su confianza principalmente en Mons. Williamson, pues de los tres es quien más claramente ha manifestado su rechazo a un acuerdo. Sin embargo esas personas al parecer se han olvidado que los revolucionarios siempre preparan a agentes para infiltrar la contrarrevolución. Esas personas seguramente se han olvidado o no han valorado todo el significado de las incongruencias de estos tres obispos, y principalmente de Mons. Williamson.
¿Cómo depositar la confianza en quien abiertamente se contradice y se niega a dar explicaciones de su sospechoso proceder? ¿Cómo confiar en quien presenta a Benedicto XVI como un hombre sincero que pretende conciliar el modernismo con el tradicionalismo?
¿Qué confianza se puede tener en quien durante veinte años sostiene y argumenta que las excomuniones de 1988 son inválidas, pero que escribe a Benedicto XVI para agradecerle el perdón, el levantamiento de tales excomuniones y que acepta que ellas estuvieron operantes durante esos mismos veinte años en que se las negaba y desconocía?
¡Alerta, católicos! No todo lo que aparenta ser bueno lo es. No siempre quien se presenta como contrarrevolucionario lo es. Es menester observar. Consideremos lo que estos tres obispos han dicho así como lo que han callado; lo que han hecho y lo que han dejado de hacer. Dejemos de lado las defensas y los ataques a las personas y entreguémonos por completo al buen combate para dar mayor Gloria a Dios.
Qui habet aures audiendi, audiat.
Carta debidamente firmada
Notas :
Es verdad que Mons. Williamson ha defendido la obra de Valtorta, pero su apologia es flaca, carece de solidez. Por ejemplo, el obispo argumenta que la prohibición de la lectura del libro se hizo cuando la Iglesia ya estaba infiltrada de modernismo (en la década de los 1950s), lo cual por supuesto no justifica el ignorar la prohibición. No déja de ser sorprendente que monseñor recomiende esta obra cuando él mismo ha dicho que «como visionaria, [Valtorta] tuvo siempre miedo de ser engañada por el Diablo. […] Algunos lo encuentran [al libro] contrario a la sana doctrina; me parece discutible quizás en algunos detalles, pero en general la doctrina es sorprendentemente rica y precisa». Para mayor información relacionada a Mons. Williamson y Maria Valtorta, puédese referir a http://lapuertaangosta.blogspot.mx/2009/08/las-herejias-de-maria-valtorta.html y a los comentarios Eleison números 108 y 275.
2 https://radiocristiandad.wordpress.com/2012/07/06/p-ceriani-mons-de-galarreta-y-la-caja-de-pandora/
3 En http://lefebvristes.forum-box.com/t817-L-exclusion-de-Monseigneur-pour-une-strategie-en-tenaille.htm se lee una opinión interesante acerca de una posible estrategia en la expulsión de Mons. Williamson: una estrategia de «pinza», en la por un lado cerraría el paso Mons. Fellay y por otro lo haría Mons. Williamson. Justamente lo que se apuntó antes: el control de la acción y de la reacción.
