TRANSCRIPCIÓN DEL SERMÓN DE MONSEÑOR FELLAY – Tonsura y Órdenes menores – Seminario de La Reja – 6 de octubre 2012

DEL SERMÓN DE MONSEÑOR FELLAY

Tonsura y Órdenes menores

Seminario de La Reja – 6 de octubre 2012

(…)

21:50

Se puede entender, entonces, cuando hay un paso de la Iglesia oficial en nuestra dirección, que hay muchas preguntas de nuestra parte. Y cuando se habla, de, no sé, de un acuerdo de este tipo, que hay una, un ¿cómo se dice?, un miedo bien normal.

Y lo que pasó que fue complicado, muy complicado a través de falsas informaciones, chismes, rumores.

23:00

Que han realmente creado una prueba muy difícil. Se ve bien los signos del diablo en esta prueba, en la violencia de los sentimientos que fueron descargados y entonces pienso que es bien importante de bien reflexionar después de la prueba para ver por qué paso todo eso, qué pasó realmente, de nuevo, qué pasó realmente.

23:45

En todos los actos oficiales hay de parte de Roma, casi siempre la misma actitud, o la misma propuesta, y de nuestra parte la misma respuesta, que es no.

Pero el problema fue complicado porque en paralelo a estos movimientos oficiales, había informaciones, podemos decir un movimiento no oficial pero con certeza podemos decir venía del Santo Padre, y eso complicó muchísimo la situación.

25:00


Y mi deber fue de verificar «qué pasa», «qué realmente pasa, que quiere». Es increíble, pero es así. En un cierto punto yo he dicho «esta situación es loca», y uno ha dicho eso a un prelado de Roma y [él] ha dicho «sí, es loca».

Propuestas casi, casi contradictorias, de la oficial y la no oficial.

¿Cómo saber lo que realmente quiere el Papa?

Me dijeron cosas como esta: «el Papa está arriba de la Congregación de la Fe; y si la Congregación de la Fe va a decidir algo contra la Fraternidad, el Papa va a suprimir esta decisión». Me lo han dicho.

26:30

Situación de batalla.

El Secretario de la «Ecclesia Dei» me ha dicho una vez, que frente a una contradicción que presenté, me ha dicho: «usted tiene que decir a sus fieles y a sus sacerdotes que no todo lo que viene de Roma, viene del Papa». Yo contesto: «pero eso es imposible. Nadie puede trabajar con eso. ¿Cómo podríamos nosotros, abajo, tener el juicio para decidir eso viene del Papa y eso no viene del Papa?».

Le decía: Entonces lo que vamos a hacer: «lo que nos gusta viene del Papa y lo que no nos gusta no viene del Papa.»

27:35

Se ve bien que hay una batalla, hay una batalla no solamente entre nosotros y la Iglesia oficial, sino también en Roma misma y en toda la iglesia hay una batalla.

28:00

Y para nosotros, sí, eso también es un punto que, pienso, habría debido ser más claramente dicho, pero que fue casi imposible a causa de todos estos rumores.

Había tres, tres puntos que verificar, para decir si sí o no podemos ir adelante.

Había este famoso texto propuesto por Roma, al cual hemos dado la respuesta que no podemos, que no se puede.

Había un segundo punto que era las, llamamos, garantías. Eso es: si Roma nos quiere, tienen que aceptarnos como somos, sin limitaciones; tanto en la proclamación de la Fe (que implica también la defensa contra los errores), y también lo que pasó en los últimos 50 años desde el Concilio, en el Concilio y después. Y el tercer punto, la situación jurídica, la estructura, que piensan, que han pensado dar a nosotros, que necesita también de garantizar una vida, una vida tradicional. Que en estos tiempos significa también una excepción de los obispos locales.

30:00

Y jamás, jamás esto fue, como se dice, cumplido.

El primer punto fue suficiente para decir que no, que no podemos ir adelante.

Y ahora la situación es la siguiente:

Necesito de hacer claros muy brevemente. Pero de frente a estos dos canales más o menos contradictorios, finalmente yo he escrito al Papa para decir «¿qué quiere usted realmente? Me ha dado la impresión que ha dispuesto, vamos a decir así, a disminuir la importancia del Concilio, permitiendo la discusión, y finalmente da la impresión que no. Entonces, que nos diga realmente lo que quiere.

Y hemos recibido una carta, una carta del Papa, firmada el 30 de junio en la cual, 2 condiciones son muy claras y entonces con la claridad es más fácil también dar la respuesta que todos pueden entender.

El primer punto es que tenemos que aceptar que el Concilio es parte integrante de la Tradición. En otras palabras significa que estamos obligados de reconocer que el Concilio es tradicional, que el Concilio pertenece a la Tradición.

Y el segundo punto: no solamente aceptar para la misa la validez (cuando es celebrada correctamente siguiendo los libros, con la intención de hacer lo que hace la Iglesia), sino aún más: la licitud. Yo he contestado diciendo que nosotros normalmente no hablamos de la licitud de la misa nueva, decimos simplemente que es mala. Pero es claro que la palabra licitud implica una bondad que nosotros no vemos más, vemos el contrario. Vemos los frutos. Vemos la pérdida de la Fe, en los sacerdotes, en los fieles.

Y eso es la situación presente.

33:35

Y, ¿cómo van a desarrollarse las cosas? Francamente, no sé. No sé, porque veo que la batalla continúa. Es lo único que es seguro, que la batalla continúa, sí, eso es claro. Y nosotros estamos seguros que una vez la verdad triunfará.

¿Cuánto tiempo necesita eso? No sé. Hablando humanamente, se ve algunos signos. Por ejemplo, se ve que los modernistas están estériles. Y entonces, se van a morir. Y no tienen sucesión. Pero cuando se habla de una institución ocupada, a la suma, con todos estos modernos, ¿cuánto tiempo necesita esta, cómo se dice, disolución biológica? Muy difícil de decir. Se puede pensar que muy probablemente nada pasará antes de 5 años y más probablemente 10 años, hasta que la generación sucesiva, que no es vinculada con el Concilio, que no tiene esta afección visceral con el Concilio, que está dispuesta de contestar, de reflexionar sobre el problema.

Y después podemos ir adelante de nuevo. Eso es una visión más humana.

Pero se ve, se ve que los jóvenes están más abiertos. Hay ahora también obispos, ¡piensa, obispos! que tienen esta, decimos, mentalidad más conservadora, que no están de acuerdo con lo que pasa, que están de acuerdo con nosotros; pero no pueden decirlo. Si lo dicen son decapitados o tienen problemas sin fin.

Esa es la situación. La situación, sí, conflictiva. A mí me parece que podríamos resumir así la situación: no sé realmente por qué, creo que el Papa realmente se ve como obligado de reconocer que nosotros somos católicos. Pero hay dos obstáculos mayores:

El primero es su aferramiento personal al Concilio que casi lo obliga a decir a nosotros que necesitamos de aceptar al Concilio.

El segundo punto es la oposición mayor, violenta; violenta hasta romper la Iglesia, si nosotros fuésemos aceptados. Que hace que Roma, para mantener un poco de unidad quiere obligarnos de hacer concesiones que no podemos.

Pienso que es un resumen bastante exacto de la situación.

Y entonces podemos decir que todo es bloqueado.

Poco importa.

Lo que importa para nosotros es a la final la victoria, la victoria de Dios, de María, eso es lo que importa. De la Tradición, de la Iglesia como tiene que ser. Tiene las promesas de Dios. Entonces, esta prueba una vez terminada (¿cómo? Dios lo sabe)… Pero es la Fe que nos dice que la Iglesia no puede ser destruida. Hombres pueden perderse, sí; pero la Iglesia no.

39:30

Entonces, para nosotros, no podemos salirnos de la Iglesia, no podemos decir «no queremos oír nada de Roma».
No es posible.
Es la Iglesia y hay una sola verdadera Iglesia, que tiene las promesas de Nuestro Señor, y es Nuestro Señor que es la Cabeza de esta Iglesia.

Hay que mantener eso. La Iglesia no ha desaparecido. Pero está en una situación de ¿¿¿ ???, podíamos decir así. Un ¿¿¿ ??? generalizado, que ha ensuciado todo, hasta la Cabeza. Que dice cosas que no pueden decir; que hace cosas que no se pueden hacer. Es como sería, en algunas enfermedades se ve eso, una alienación. Se ve, se ve, se dice: eso, no. Eso no puede ser, eso no puede ser la Iglesia. ¿Un Asís? No puede ser la Iglesia. No puede ser que el Vicario de Cristo se ponga al nivel de las falsas religiones. No se puede. ¡Qué misterio!

Pero para mantenernos en la verdad, hay que mantener los dos. De un lado la Fe, mantener la Fe. Sí, eso es la Iglesia, que confesamos en el Credo como la Iglesia santa, una, única. Al mismo tiempo, no podemos negar la realidad. Una realidad contraria. Contraria.

Gran misterio.

Y de nuevo: el único modo de mantenernos en el camino justo, es de mantener los dos.

42:50

En Roma, ahora, quieren que nosotros hagamos la negación de la realidad, en nombre de la Fe. Nosotros decimos «hay errores en el Concilio», nos dicen «no puede ser». ¿Por qué? Porque la Iglesia no puede engañarse. Es la Iglesia que ha hecho el Concilio, entonces no se puede decir que hay errores en el Concilio.

Entonces nosotros decimos: disculpe pero está la evidencia. Es la evidencia de los hechos.

43:45

Lo mismo para la Misa. Nos dicen: «ustedes no pueden decir que la misa nueva es mala» ¿por qué? Porque la Iglesia no puede hacer nada de malo. Entonces la misa nueva es buena, tiene que ser buena. Entonces nosotros decimos: por favor, que abran los ojos. Solamente eso. Abrir los ojos.

Gran misterio. Eso hay que no olvidar cuando hablamos de la Iglesia. Que la Iglesia pertenece a los misterios de la Fe. Un misterio no es una cosa confusa, es una verdad que sobrepasa a nuestras capacidades humanas, verdades de Dios. Frente a las cuales nosotros estamos estúpidos. Y de frente a esta situación como se entiende bien que tenemos que recurrir al corazón inmaculado de María, María Santísima, Madre de la Iglesia, Madre del sacerdocio, que fue llamada por Nuestro Señor a un papel increíble a su lado en la cruz. Corredemptrix. Corredentora. Eso también es un misterio. Pero ella, la Madre, Madre de dios, Madre nuestra, terrible como una fuerza armada que aplasta todas las herejías, es a Ella que tenemos que ir para pedir la protección para continuar esta obra, la obra de santificación de la iglesia. Es la Iglesia que continua a santificar. Y la Misa que celebramos es la Misa no de la Fraternidad sino de la Iglesia. Cuando celebramos, celebramos no solamente como miembros de la Fraternidad sino como sacerdotes católicos. Y en nombre de la Iglesia, de toda la Iglesia. Las intenciones son las intenciones de Nuestro Señor, Cabeza de la Iglesia, y no solamente de la Fraternidad.

47:15

Hay que no olvidar eso. El poder, de nuevo, santificador de la Misa es universal, universal. Habrá almas que estarán salvadas no sé donde, en el Himalaya, en la Papuasia, no sé donde, en la Oceanía y en Europa ¿por qué no?, gracias a la Misa celebrada aquí. Este poder santificador no conoce límites. Los límites vienen solamente de nosotros, pero no de nuestro señor. Es enorme una Misa.

Una enormidad de santidad.

Y que María Santísima nos ayude a acercarse a este sacrificio, que nosotros nos santifiquemos siempre más, ser siempre más dignos de ese sacrificio en el cual el sacerdote celebra no en su nombre sino en la persona de Cristo, in persona Christi.

Y que nos ayuden los santos y especialmente el Corazón inmaculado de María para continuar, sí, esta vida de la Iglesia, para nosotros, para los fieles, para todos los que Dios quiere, para Su gloria. Amén.

En el nombre del padre del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.