SERMÓN DE MONSEÑOR FELLAY EN LUJAN
7 OCTUBRE de 2012
Notas:
1ª. Sólo es audible a partir del minuto 3:11.
2ª. Transcripción: a partir del minuto 19.
3ª. Lo subrayado en el texto es nuestro, para destacar algunas palabras que Monseñor Fellay remarca notoriamente al pronunciarlas.
4ª. Lo agregado entre corchetes es para aclarar la sintaxis.
5ª. La transcripción es literal (salvo algunas pocas palabras evidentes, en 4 o 5 ocasiones; p.ej. en el minuto 40, cuando dijo
«la validez de la misa tradicional, nueva» o «liceidad de la misa» en lugar de «licitud«.
6ª. Lo pintado en amarillo es lo que más nos ha llamado la atención.
7ª. En el minuto 34:58 (ver página 4) hay algo que nos pareció extraño: la frase empieza con «Produjo…» como si faltara algo antes (¿qué es «lo que produjo«?) y justamente, inmediatamente antes, hay 8 segundos de ruidos y voces del lugar, cosa que no se da en ningún otro momento.
Transcripción a partir del minuto 19
19:40
Nosotros, queridos fieles, tenemos la misma prueba. Esta vez no con el Cuerpo físico de Nuestro Señor, sino con su Cuerpo Místico, con la Iglesia.
19:50
Vemos de nuevo la Iglesia, la Iglesia crucificada. Esta Iglesia, la Iglesia Católica, estamos obligados de creer, de profesar su carácter divino, totalmente sobrenatural en su esencia. Divina en su Cabeza que es Nuestro Señor mismo, Dios, con privilegios que pertenecen solamente a un origen divino: la infalibilidad, la indefectibilidad, jamás el demonio podrá destruir la Iglesia, la sola, la única, la verdadera que puede salvar… y que salva. Que puede santificar y que santifica. Esta Iglesia es la que vemos frente de nosotros casi muerta. Lo que percibimos con nuestros sentidos de la Iglesia hoy, son realmente percepciones de un cadáver, de uno que está tan, tan herido, que [está] casi muerto.
Y de nuevo, muchísima gente está tentada de tomar solamente una parte, sea la parte divina, sea la parte humana. Pero tomar los dos, que son tan contradictorios, eso pesa. Una prueba, la más dura, la más peligrosa que se puede imaginar, es aquella que Dios permite, que nosotros sufrimos.
Y como en la cruz, hay personas que insiste tanto en la Fe que niegan la realidad. Dicen: «la Iglesia no puede engañarse, la Iglesia no puede decir, enseñar errores. La Iglesia no puede hacer algo mal. Entonces todo lo que ha hecho, todo lo que pasa en la Iglesia hoy, tiene que ser justo, bueno, verdadero». Es lo que nos dicen en Roma ahora. Cuando nosotros presentamos objeciones, problemas de lo que pasa en la realidad, con este famoso Concilio Vaticano II nos dicen: «No, no hay error. No se puede, no puede ser. Porque la Iglesia no puede decir errores. Es la Iglesia la que ha hecho el Concilio, entonces el Concilio es sin error».
O la misa, la nueva misa. Con tantos escándalos que han conducido tantos y tantos fieles, sacerdotes, a la pérdida de la Fe en la presencia real de Nuestro Señor, en la verdad del sacrificio, nos dicen: «No. No, no puede ser».
Durante la última visita que hice en la Congregación de la Fe hablando de la misa y de los efectos de la misa nueva he dado hechos. Y un hecho que es muy fuerte, preciso, la pérdida de la Fe de los sacerdotes. Muchísimos. Les doy dos ejemplos muy recientes. Uno en Alemania, en la diócesis de Trier. Nuestro guión, es el Vicario General, quien lo hizo. El Vicario General de la diócesis de Trier, dijo que el 80% de los sacerdotes no creen en la presencia real de Nuestro Señor. Y muy recientemente, el Cardenal Pell, en Sidney (Australia) hizo preguntas a sus sacerdotes con respuestas anónimas. Setenta y ocho por ciento. Setenta y ocho por ciento de los sacerdotes han respondido que no creen en la presencia real. Entonces yo doy ejemplos, estos ejemplos… ¿Qué me contestan, qué me contestan en la Congregación de la Fe? Me dicen que no, no es la consecuencia de la misa; es que fueron mal preparados: una mala preparación; pero no la misa. Para mí es peor: me dicen que fueron mal formados, significa que todo el seminario fue mal. Pero solamente para dar un ejemplo.
26:55
En nombre de la Fe, entonces de un punto que es necesario creer, aceptar. ¡Cuidado! Estamos obligados de profesar la santidad de la Iglesia, que la Iglesia es indefectible, que es infalible, ¡es verdadero, cuidado!
Pero, hay una realidad.
27:30
La otra tentación es de insistir tanto sobre la realidad que se va a negar, rechazar, las implicaciones de la Fe. Aquellos que viendo el desastre, dicen: «Eso no puede ser la Iglesia, imposible. Eso no es la Iglesia. ¿Por qué? Porque muere. Porque está lleno de errores, lleno de escándalos, lleno de todo lo que conduce las almas al infierno. Eso, la Iglesia no puede hacerlo». Que es, de nuevo, una verdad. Y entonces rechazan, rechazan al Papa, rechazan a la jerarquía, dicen que «aquella que tenemos enfrente de nosotros, ¡bah!, no es verdad, no es la verdadera Iglesia, nosotros somos la verdadera Iglesia». Falso. Falso, como pretender frente a la cruz que, porque Jesús muere, no es más Dios.
29:00
¿Ven cómo es difícil la prueba? Cómo es difícil de mantener los dos, los dos puntos, que nos parecen tan contradictorios, insoportables, como para San Pedro el anuncio de la pasión y la muerte de Nuestro Señor.
29:34
Sí, ahora la Iglesia sufre. Podríamos preguntar hasta qué punto puede ir este sufrimiento. Hasta qué punto Dios permite o quiere que el Cuerpo Místico siga el padecimiento del Cuerpo físico. Hasta qué punto vamos a ir en esta tribulación de la Iglesia. ¿Vamos a ir hasta la muerte?, preguntamos. Parece que no. La Fe nos dice que no. En La Salette, Nuestra Señora habló de un eclipse de la Iglesia, como si la Iglesia desaparece, diciendo también que el Anticristo estará reinando en el lugar donde necesita de ver el Vicario de Cristo. Misterio. Gran, gran misterio.
Pero de nuevo: el único modo de mantenerse en la verdad, es de aceptar los dos: los lados de la Fe totalmente sin romper una parte y también la verdad. Los dos. Y aquellos que quieren explicar, ¡cuidado! Cuidado, porque olvidamos muchísimas veces que la Iglesia, como Nuestro Señor, son misterios. Un misterio es una verdad, no es una confusión. Cuando nosotros hablamos de un misterio es algo raro, curioso, misterioso. Pero cuando hablamos de un misterio de la Fe, hablamos de una verdad. Una verdad tan luminosa que es demasiada luz para nuestros pobres ojos. Pero no de una confusión. Demasiada alta para la percepción de nosotros como creaturas.
32:55
Sí. Cuando hablamos de lo que pasó el año pasado, estamos dentro de esta prueba.
¿Cómo accionar, cómo reaccionar de frente a la Iglesia, a Roma? ¿Cómo hacer? Muy claramente, juntando los dos elementos. No solo uno. Los sedevacantistas niegan una parte. Los de «Ecclesia Dei», y los modernistas, niegan la otra. Hay aquellos que dicen «toda esta realidad es mala, entonces no hay Iglesia, no hay Papa». Los demás que dicen: «La Iglesia no puede engañarse, entonces todo es bueno, tenemos que seguir y aceptar todo». Y los dos no son verdaderos. Hay que distinguir con mucha prudencia.
34:00
Hay que reconocer que esta Iglesia, hoy, continúa de salvar. También nosotros, si estamos salvados, es gracias a esta Iglesia. Realmente. Una Iglesia que en este estado de heridas terribles, continúa sin problema, de santificar, de comunicar la gracia santificante. Porque nuestra Iglesia humana es Dios, es Nuestro Señor, que hace de esta Iglesia su instrumento. Un instrumento increíblemente débil, pero un instrumento.
34:58
(8 segundos de ruidos del lugar sin voz; y luego sigue en el segundo 35:06)
Produjo bastante confusión, miedo, verdad. ¿Por qué? Porque mucho de lo que pasó fue mal presentado, falsificado. Pretendiendo por ejemplo, que el Superior General quiere hacer un acuerdo con los modernistas, quiere vender la Fraternidad aceptando el Concilio, todo lo demás. ¡Hay nada de verdadero en esto! ¡No es verdad! Simplemente, no es verdad. Nuestra posición es siempre la misma. Exactamente la posición de Monseñor Lefebvre. Simplemente así.
Pero necesito un tiempo para probar lo más exactamente posible lo que realmente Roma quería. Porque fue una sorpresa muy, muy grande: después de dos años de discusiones en las cuales fui muy claro que no estamos de acuerdo, fue una gran sorpresa de ver Roma que hace un movimiento, una propuesta de reconocer la Fraternidad. ¿Cómo es posible? No estamos de acuerdo y Roma dice «vamos a reconocerlos a ustedes». ¿Cómo puede ser?
37:00
Hay un misterio, más humano eso, pero muy curioso. Hay que decir, es más, que durante todo este tiempo he recibido dos, digamos así, dos líneas de informaciones de Roma. Una línea oficial y una línea no oficial, pero verificada. Muy claramente verificada, eso es, cierta. Y las dos no concuerdan. No concuerdan. Según la oficial, es muy claro que reclama a la Fraternidad de aceptar al Concilio, de aceptar la nueva misa. Según la no oficial, era otro lenguaje que insistía sobre la posibilidad de discutir el Concilio. Y entonces, un trabajo difícil [es] para verificar «¿de dónde vienen? ¿cuál es la fuente, sea de la oficial, sea de la no oficial, que estas novedades que vienen»?
Y al final, podemos decir así, bien que podemos considerar como muy probable y casi cierto que realmente el Santo Padre quiere reconocer la Fraternidad como católica porque es católica. Al mismo tiempo, a causa de su percepción personal de frente al Concilio, él exige que nosotros reconozcamos, lo dice así, que el Concilio es parte integrante de la Tradición. Y nosotros decimos «¿Perdón? El Concilio, ¿tradicional? Los hechos dicen lo contrario». Durante cincuenta años de vida de la Iglesia hemos oído, visto y probado hasta ahora que es exactamente lo contrario de la Tradición. ¿Cómo se puede pretender que el Concilio fuese parte de la Tradición?
40:34
Y por la misa: que hay que reconocer no solamente la validez de la misa nueva, cuando es celebrada siguiendo los libros litúrgicos y con la intención de hacer lo que hace la Iglesia. No, no solamente la validez, sino también la licitud. Licitud que dice el permiso, es bueno. Y aquí decimos de nuevo: no. Los hechos dicen lo contrario.
Entonces al final podemos decir que hay bastante claridad.
41:31
El otro elemento que es un obstáculo que es muy claro también, es la oposición; la oposición de los modernos. Oposición contra la Fraternidad; porque entienden bien que aceptar la Fraternidad como «católico» es rechazar todas las reformas desde el Concilio hasta ahora. Porque los dos no pueden convivir. No.
Y entonces, es nuestra situación, siempre la misma. Lo que pasó, para mí es indicativo de algo que se desarrolla en la Iglesia, y muy interesante. Que nos da esperanza para el futuro. Se ve que el Papa presente ha hecho algo, quiere corregir algo, pero con mucha pena porque hay demasiada oposición.
Pero se ve también que hay un movimiento especialmente en la juventud que quiere, quiere rechazar las cosas modernas y de volver al tradicional. Es un movimiento bastante confuso porque no saben lo que fue la Iglesia antes; pero están frustrados de lo que ven, del desastre. Y buscan y miran hacia la tradición. Y eso da, da esperanza realmente para el futuro. ¿Cuántos años hay que esperar? Paciencia, digo paciencia. Puede ser, para los optimistas, 5 años. Probablemente, más probablemente 10 años antes de ver un cierto mejoramiento o por lo menos la desaparición de la generación del Concilio. Los más jóvenes no tienen esta vinculación afectiva, visceral, por el Concilio. Están más abiertos; serán más fáciles de trabajar. Pero, ¿qué va a quedar de la Iglesia?
Entonces, hay que continuar. Muy claramente.
44:25
Y finalmente el tercer punto de este sermón, un poco más corto: María.
Esta peregrinación es hasta nuestra Madre, la Madre de Dios, Nuestra Señora de Luján. Si hay alguien que puede enseñarnos porque ha vivido lo más profundamente el misterio de la cruz, es Ella, es Ella. Unida de un modo tan, tan profundo al misterio de la cruz. Tan profundo que la Iglesia misma nos dice que María al pie de la cruz se ofreció al martirio. Es un martirio espiritual, es un martirio en el amor. María, nadie la molestó a la cruz pero se ofreció, como Jesús. Tanto, tanto, de merecer el título de «corredentora». Significa que Ella misma bajo Jesús, se ha ofrecido tanto para merecer la salvación de todos los hombres del mundo. Corredentora… El mar de dolor de María en la cruz, no se puede imaginar. Necesita una gracia especial, pero la teología nos dice que sí, la ha recibido esta gracia. Es una Madre de dolor en la cruz, la Madre nuestra. Aquella que más agradó a Dios, Dios le ha dado este regalo. La cruz es una señal de amor. Tantas pocas veces aceptamos eso. Conocen la historia de Santa Teresa de Ávila que en un tiempo de lluvia quedó con su coche al revés con todo el bagaje y el coche arriba, ella en el agua y todo lo demás se ensució. Ella ha oído una voz «es así que trato a mis amigos» y ella dijo mirando un poco arriba «entiendo por qué tienes tantos pocos».
Y, sí. Misterio. Misterio grandísimo. Cada cruz que recibimos es de hecho una invitación de Nuestro Señor -más que una invitación es una participación- al misterio de la redención. Cuando sentimos en nosotros debilidades, sufrimientos, tenemos que recordar eso. ¡Sí, es verdad! Es en aquél momento que somos los más poderosos; que hacemos el bien más grande a las almas, a la Iglesia y a nosotros: cuando aceptamos la cruz en todas sus formas: sufrimientos morales, espirituales, físicos. Cuando estamos desanimados, cuando pensamos que no podemos más, que estamos juzgados por todos, en este momento, este momento es el más precioso en el cual realmente podemos hacer lo más, unido a Nuestro Señor en la cruz.
Que esta peregrinación, que María Santísima nos ayude a entender un poco más, a decir un poco más con un amor un poco más caliente, un «sí» cuando pasa; y pasa cada día.
50:18
Para superar esta crisis de la Iglesia, para su triunfo, para la gloria de Dios. Amén.
En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.
