Pólvora mojada.
Christe eleison de Víctor M. Gutiérrez.
Los verdaderos amigos de Monseñor Williamson, aunque él no los tuviese como tales, de seguro que no son aquellos que se dedican a criticar a su persona con argumentos pueriles y accidentales, poniendo los fundamentales en peligro. ¡No Monseñor!, sus verdaderos amigos no son los que censuran sus concepciones revisionistas, ni su temperamento, ni su mayor o menor oportunismo político, ni su independencia,
Sus verdaderos amigos somos los que queremos que V.I. deje su nombre en los libros de Historia porque fue fiel hasta el final a la obra de Monseñor Lefebvre y permanece impertérrito ante la presión que pudiese sufrir por el enemigo, que no es otro que el enemigo de Cristo y de la Tradición Católica. Que sea V.I. capaz de mantener sus afirmaciones de ayer y no las trueque por actitudes relativistas y faltas de filosofía tomista, la cual V.I. conoce en demasía.
Sus verdaderos amigos son lo que se alinean con V.I. cada vez que hace alguna declaración contundente, en contra de las conversaciones entre la Roma neomodernista y neoliberal con la actual decadente F.S.S.P.X.
Sus amigos son los que lo verían con agrado a V.I. cuando comience a ver el Apocalipsis no llegará mañana, sino convencido de que lo tenemos justo encima.
Sus amigos no son los eunucos mentales que se dedican a ofenderlo personalmente, llamando vicios a lo que en muchos casos son virtudes.
Sus amigos somos los que esperamos pacientemente pero con inmensa amargura, su retractación de lo que consideramos fundamental para dirigir un verdadero arsenal de municiones contra aquellos que por traición, inopia, ingenuidad y discontinuidad con la obra de la Tradición perpetraron, aceptando el ridículo Motu Proprio Summorum Pontificum y los que vergonzantemente también, consintieron el irrisorio levantamiento de las pseudoexcomuniones. A partir de ese momento, en el que V.I. sin rubor, sin miedo, imite a Mons. Lefebvre y se retracte de tamaño error, a esos verdaderos amigos los tendrá con usted; hasta tanto esperamos su reflexión en la que no medie ni el personalismo, ni la soberbia. Pues la verdadera humildad reside en reconocer que, por nuestra propia naturaleza humana, somos sujeto de errores y estamos dispuestos a resarcirlos. Recalco, sería una buena forma de imitar a su querido Arzobispo.
Christe eleison. Víctor M. Gutiérrez
