TRES COMENTARIOS ELEISON DE MONSEÑOR WILLIAMSON – Para meditar antes de leer las dos cartas del Padre Ceriani al autor

TRES COMENTARIOS ELEISON DE MONSEÑOR WILLIAMSON

Para meditar antes de leer las dos cartas del Padre Ceriani al autor

Comentario Eleison del 14 de julio de 2007

Después de muchos falsos informes de una inminente publicación de un «Motu Proprio» del Papa Benedicto XVI sobre el rito preconciliar de la Misa, por fin apareció el 7 de julio, con el título «Summorum Pontificum».

Entre los católicos que sostienen la Tradición Católica, la última semana él halló una recepción mezclada.

Por un lado, en la Fraternidad San Pío X, por ejemplo, un «Te Deum» fue cantado en agradecimiento por todo lo que en el documento favorece y, hasta cierto punto, libera el rito antiguo de la Misa.

Por otro lado, los Católicos que desconfían de cualquier cosa y de todo lo que sale de la Roma conciliar, algunos incluso hasta el punto de no creer que Benedicto XVI sea Papa, tienen poca dificultad en descubrir en el «Motu Proprio» las numerosas contradicciones que reflejan el vano intento de Benedicto XVI de conciliar el Catolicismo con el intrínseco anticatólico mundo moderno.

Ahora bien, las contradicciones están ciertamente allí, porque mientras que el Papa se aferra en su corazón a la antigua liturgia de su infancia bávara de antes de la guerra, él cree con su espíritu conciliar en la reconciliación de los irreconciliables, como el Catolicismo y el mundo revolucionario que nos entorna.

Sin embargo, como dice el refrán, Roma no se construyó en un día, y la Roma Católica no será reconstruida en un día. De hecho, ¿hará falta menos que un diluvio de la ira de Dios para lavar el modernismo de los establos de Augías de esta Roma? Uno puede preguntarse. Kyrie eleison!

No obstante, «El viaje de mil millas» comienza con el primer paso. Teniendo en cuenta la terrible persecución oficial del verdadero rito de la Misa desde 1969, cuando el Novus Ordo fue introducido, sin duda dos cosas, al menos, en el «Motu Proprio» valían un Te Deum.

En primer lugar, el oficial, papal, público reconocimiento de que la Misa antigua nunca fue realmente suprimida. Siempre lo supimos, pero ahora lo sabe todo Católico en la Iglesia Universal. ¡Qué cambio de percepción debe conllevar!

Y en segundo lugar, una cierta definida libertad para los sacerdotes de rito Latino para celebrar la Misa antigua, al menos en privado y, en mayor medida que antes, también en público.

¡Oremos más que nunca por el Papa, si no más, para que su corazón bávaro continúe empujando su cabeza conciliar en una dirección Católica!

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Comentario Eleison del 25 de agosto 2007

El debate sobre el reciente Motu Proprio del Papa Benedicto XVI continúa no voy a decir a rabiar pero ciertamente a levantar pasiones.

El Motu Proprio reconoció que el rito tridentino nunca fue abrogado y concedió a todo sacerdote católico una cierta libertad para celebrarlo.

Algunos han condenado el documento debido a su doble lenguaje y afirmaron que esto era sólo un señuelo para atraer a los católicos tradicionalistas hacia las arenas movedizas de la Iglesia Conciliar.

En cuanto al lenguaje dual, a veces en favor del catolicismo, a veces en favor del conciliarismo, es desgraciadamente innegable. Pero, ¿qué podíamos esperar de parte de lo que podemos calificar el «Papa dual»? Benedicto XVI, como Pablo VI y Juan Pablo II antes que él, no percibe que él cree simultáneamente en dos religiones contradictorias. Salvo un milagro, Benedicto XVI pensará así hasta su muerte. He aquí lo que es muy triste, pero por lo que al Motu Proprio se refiere, todo esto tiene poca relación.

Lo que importa más bien, en mi opinión, es que el diablo lleva piedra, como bien dice el adagio. En muchos países vemos que muchos sacerdotes y laicos católicos pero en general no los obispos redescubren el verdadero rito de la Misa, compran misales, los DVD con la enseñanza de la Santa Misa, los ornamentos litúrgicos, etc….

¡Ya escucho las objeciones más duras! Por supuesto, no todo va a ser perfecto desde el primer golpe. Habrá errores de latín, las rúbricas no serán perfectas y todo eso, pero ¿por qué no darle una oportunidad a la gracia de Dios?

Con Dios, el menor bien va lejos y ¡un sacerdote católico no se rehace en un día!

Dejadme presentar un escenario; no es infalible, ustedes creerán si lo desean. La época actual se puede compararse a la de Noé, justo antes del diluvio. Nuestro mundo «idiota-visual», ahora extendido por todo el mundo, corre al abismo. Dios no puede dejar que millones de almas sean llevadas al infierno dormidas.

Cuando se derrumbe, los católicos se verán obligados a correr en todas direcciones en busca de un sacerdote para la confesión de sus pecados. No habrá disponibles suficientes sacerdotes «litúrgicamente perfectos» de la FSSPX. Por lo tanto, es razonable pensar que Dios está preparando un cierto número de sacerdotes conocido sólo por Él fuera de la Fraternidad San Pío X para esos días dramáticos.

El Motu Proprio, que les permite volver a conectar con el verdadero rito de la Misa al menos en privado es un paso importante en esta preparación.

Con todo nuestro corazón, recemos por tales sacerdotes, y por el Papa.

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Comentario Eleison del 15 de septiembre de 2007

Recientemente un alma se me quejó en mi «pensamiento dialéctico» en relación con el Motu Proprio pontifical del 7 de julio, queriendo decir, sin duda, de que me fui un poco en todas direcciones confundiendo.

Le contesté que lo escrito no era sino la puesta en práctica de un viejo principio católico, formulado hace siglos por San Agustín: «Para vencer al error, ama al que está en el error».

Porque Dios es verdad, no hay ninguna posibilidad de que la no-verdad, es decir el error, pueda conducir un alma al Cielo. Dado que el error, o la falsa doctrina, conduce al pecado, se sigue que sólo la verdad puede llevar a Dios.

Así que, si quiero ir al Cielo y ayudar a otras almas a hacerlo, debo adherir estrictamente a la doctrina católica.

Muchas son las personas que ignoran esta verdad, pero sigue siendo conocible (algo que los liberales niegan), y esto se sabe.

Por mi propia salvación y la de ellos, tengo que anunciar la totalidad sin ninguna mitigación.

Pero, por otro lado, estoy obligado por el deber de la caridad (en diversos grados) de desear que cada alma vaya al Cielo. Por ello, debemos darles la verdad.

Por lo tanto, voy a guardar silencio, si lo que puedo decirles no puede sino condenarlos después de todo, Jesús se quedó en silencio ante Herodes y guardó silencio ante Pilato.

Puedo y debo, según las circunstancias, «calmar la tormenta para salvar al cordero recién cortado.»

Debo amar tanto las almas como la verdad.

Así, tengo que «destruir el error y amar al que está en el error.»

De hecho, cuanto más ame la verdad más (no menos) podré darse el lujo de tener compasión por las almas.

Cuanto más firmemente esté sujeto a los árboles de la orilla, más seguridad tendré de ayudar a las almas que se ahogan en medio del río. Pero, ¡ay de mí si trato de llegar a ellos sin estar firmemente aferrado!

Los liberales no pueden ejercer la verdadera caridad, puesto que desfallecen en la doctrina.

De este modo, la doctrina del Motu Proprio de Benedicto XVI y la Carta a los Obispos que lo acompaña no es más que una mezcla confusa y desconcertante de catolicismo y de religión del Vaticano II.

No puedo dejar de destacar los errores de este Concilio que quería reconciliar la única fe verdadera con las falacias del mundo moderno.

Pero, por otro lado, la Misa llamada «tridentina» está llena de sana doctrina católica; por lo tanto, no puedo sino alegrarme de que el Motu Proprio reconozca que ella nunca ha estado prohibida y que le acuerde una cierta libertad para celebrarla.

En el reino de los ciegos, donde incluso los tuertos son reyes, este reconocimiento y esta liberalización son, sin duda, un paso adelante.