CARTA DEL PADRE CERIANI A MONSEÑOR WILLIAMSON DE SEPTIEMBRE DE 2007

CARTA DEL PADRE CERIANI A MONSEÑOR WILLIAMSON

DE SEPTIEMBRE DE 2007

Habíamos concertado con Monseñor Williamson que festejaría en febrero de 2008 mis 25 años Sacerdotales con una Misa predicada por él, en el Seminario de La Reja.

Ante las sorprendentes declaraciones de Monseñor respecto del Motu proprio en sus Comentarios Eleison de julio, agosto y septiembre, decidí escribirle una carta para aclarar las cosas.

He aquí el texto:

A Su Excelencia,

Monseñor Richard Williamson

Presente

28 de septiembre de 2007

Estimado Monseñor,

Permítame distraer un poco su atención y robarle un poco de su tiempo para plantearle una situación inquietante, que no me turba y aflige solamente a mí: sacerdotes y fieles, en efecto, analizamos con preocupación los acontecimientos actuales; intentaré ser breve.

Se trata del Motu proprio de Benedicto XVI y los comentarios que usted ha publicado, particularmente el 15 de septiembre pasado.

Usted ha escrito:

» (…) la doctrina del Motu Proprio de Benedicto XVI y la Carta a los Obispos que lo acompaña no es más que una mezcla confusa y desconcertante de catolicismo y de religión del Vaticano II.

No puedo dejar de destacar los errores de este Concilio que quería reconciliar la única fe verdadera con las falacias del mundo moderno.

Pero, por otro lado, la Misa llamada «tridentina» está llena de sana doctrina católica; por lo tanto, no puedo sino alegrarme de que el Motu Proprio reconozca que ella nunca ha estado prohibida y que le acuerde una cierta libertad para celebrarla.

En el reino de los ciegos, donde incluso los tuertos son reyes, este reconocimiento y esta liberalización son, sin duda, un paso adelante».

Ahora bien, en enero pasado, usted declaró a Rivarol:

«Vaticano II es un enorme hecho en la reciente historia de la Iglesia, estoy de acuerdo. Pero sus documentos están demasiado sutil y profundamente envenenados como para que sea necesario reinterpretarlos, no estoy de acuerdo. ¡Una tarta en parte envenenada va entera al bote de basura!»

En septiembre, en lugar de concluir que el «Motu proprio de Benedicto XVI y la Carta a los obispos que lo acompaña ¡va todo entero a la basura!», usted concluye diciendo «no puedo sino alegrarme (…) este reconocimiento y esta liberalización son, sin duda, un paso adelante».

No comprendo (no comprendemos) esta doble manera de razonar. De enero a septiembre, pasando por el 29 de junio, 2 + 2 ya no es = 4…, sino = 5… 15… o 150…

El libro de Don Félix Sardá y Salvany El Liberalismo es un pecado, aprobado por la Sagrada Congregación del Index y alabado por Monseñor Marcel Lefebvre (Nunca como hoy en día la lectura de este libro es necesaria para todos aquellos que quieren desintoxicarse de los errores del Liberalismo. El virus que destruye todos los valores naturales y sobrenaturales atacan ahora no sólo las sociedades civiles sino también la misma Iglesia), contiene un capítulo (el XXXV) que le resumo cambiando solamente algunas palabras:

«¿Cuáles son los documentos romanos buenos y cuáles los malos?, y ¿qué se ha de juzgar de lo bueno que tenga uno malo?

(…) ¿Cuáles han de ser para un católico de hoy los documentos romanos que le inspiren verdadera confianza?

O mejor: ¿Cuáles deben inspirarles poquísima, y cuales ninguna?

Primeramente, es claro (per se patet) que ninguna confianza deben inspirarnos tocante al modernismo los documentos romanos que se honran (o se deshonran) con llamarse a sí propios y portarse como conciliares.

¿Cómo hemos de fiarnos de ellos, si son precisamente los enemigos contra quienes hemos a todas horas de prevenirnos, y a quienes hemos de andar constantemente hostilizando?

Queda, pues, fuera de toda discusión esta parte de la consulta.

Lo que se llama conciliar hoy día, ciertamente lo es; y siéndolo, es nuestro formal enemigo y de la Iglesia de Dios.

No se tenga en cuenta, pues, su recomendación o aplauso, más que para mirar como sospechoso cuanto en Religión recomienda y aplauda.

Hay una clase, empero, de documentos romanos no tan descarados y pronunciados, que gustan de vivir en la ambigüedad de indefinidos colores y de indecisas tintas. Que se llaman a todas horas católicos, y a ratos abominan y detestan el progresismo, cuanto a la palabra por lo menos.

Es comúnmente conocida por católico-liberal. De esa hay que fiar menos aún, y no dejarse sorprender por sus mojigaterías y pietismos.

Es seguro que en todo caso apurado predominará en ella la tendencia conciliar sobre la católica, aunque entre ambas se proponga fraternalmente vivir. Así se ha visto siempre y así debe lógicamente suceder.

(…) En un corazón ambiguo y vacilante, como son los tales, es, pues, regular que ésta sucumba y aquélla prevalezca. No hay que fiar, pues, en casos difíciles de los documentos romanos conciliares. Más aún. Tiene el inconveniente de que su fallo no nos sirve tanto como el de la otra para formularnos prueba contradictoria, por la sencilla razón de que este su fallo no es absoluto y radical en nada, y sí por lo regular acomodaticio.

Los buenos documentos romanos son los documentos romanos íntegramente buenos, es decir, los que defienden lo bueno en sus principios buenos y en sus aplicaciones buenas. Los más opuestos a lo reconocidamente malo, opposita per diametrum, como dice San Ignacio en el libro de oro de sus Ejercicios.

Los que están al lado opuesto de las fronteras del error, los que miran siempre frente a frente al enemigo, no los que a ratos vivaquean con él, o no se oponen más que a determinadas evoluciones suyas.

Los que son enemigos de lo malo en todo, ya que lo malo es malo en todo, aun en aquello bueno que por casualidad puede consigo traer alguna vez.

Y vamos a hacer una observación para explicar esta nuestra última frase, que a muchos parecerá atrevida.

Suelen a veces los documentos romanos malos tener algo bueno. ¿Qué ha de pensarse de esto bueno que tienen alguna vez los documentos romanos malos?

Ha de pensarse que no les hace dejar de ser malos, si es mala su intrínseca naturaleza o doctrina.

Antes esto bueno puede, y suele ser, añagaza satánica para que se les recomiende, o por lo menos se les disimule, lo malo esencial que traen en sí.

No le quitan a un ser malo su natural maldad ciertas cualidades accidentalmente buenas.

No son buenos un ladrón o asesino, por más que recen cualquier día un Ave María o le den a un pobre una limosna.

Malos son a pesar de estas obras buenas, porque es malo el conjunto esencial de sus actos. Es mala la tendencia ordinaria de ellos. Y si de lo bueno que hacen se sirven para más autorizar su maldad, viene a hacerse malo por su fin, hasta aquello mismo que en sí sería ordinariamente bueno.

Resumen: Hay documentos romanos buenos y hay documentos romanos malos. Con estos deben sumarse los ambiguos o indefinidos. No le hacen bueno al malo algunas cosas buenas que tenga.

(…) Si sobre estos principios juzga y falla lealmente el buen católico, rara vez se equivocará».

Esta es la doctrina que yo, y muchos otros, esperamos encontrar en la enseñanza de Monseñor Richard Williamson.

Rezando al Corazón de María para que sólo se trate de un lapsus pasajero y para que vuelva a ser el Monseñor Williamson que conocimos y necesitamos, lo saludo respetuosamente en Jesús y María

Padre Juan Carlos Ceriani