¿SARTO O WILLIAMSON?
Un nuevo Comentario Eleison de Monseñor Williamson retiene mi atención. Su Eleison 272, ¿SARTO, SIRI?, plantea nuevos interrogantes. Contra su habitual táctica, esta vez, el señor Obispo los responde.
Permítaseme formular algunas preguntas semejantes a las suyas, y dar mis respuestas.
¿Cómo fue posible que una de las mejores de las bien adiestradas mentes haya podido ser tan oscurecida?
¿Cómo ni siquiera uno de los mejores hombres de la F$$PXeroftálmica no ha sido capaz de ver lo que los simples fieles de juicio independiente de las actuales autoridad de dicha institución han visto, por ejemplo que el Motu Proprio de Benedicto XVI, instalando el Novus Ordo como forma ordinaria del Rito Romano de la Misa no es de ninguna manera una ley, porque pertenece a la propia naturaleza de la ley ser una ordenanza de la razón para el bien común?
¿Cómo algunos sacerdotes y fieles pudieron encontrarse tan solos al no permitir que un principio tan básico del sentido común pueda ser pisoteado por respeto a la autoridad, aun cuando la propia sobrevivencia de la Tradición y de la Iglesia estaba amenazada por el Motu Proprio y la misa bastarda?
¿Cómo puede la autoridad haber así llegado a pesar más que la realidad y la verdad?
Mi propia respuesta es que durante los últimos doce años, la Obra de la Tradición ha estado deslizándose, progresivamente, hacia el compromiso con la apostasía.
La realidad de la Tradición ha sido lentamente carcomida por la fantasía cancerosa del liberalismo, que consiste en que el espíritu se libere de la verdad objetiva, y la voluntad del bien y del mal objetivos.
Los prelados de la Tradición dejaron que la fantasía de los hombres pesara más que la realidad de Dios, y que la autoridad pesara más que la verdad.
Sacerdotes: guardémonos de reaccionar como Monseñor Williamson, cuando en realidad necesitamos reaccionar como Monseñor José Sarto.
Feligreses, si los horrores de la Obra de la Tradición os hacen tener «hambre y sed de justicia», alégrense, si pueden, que los horrores los mantengan en la realidad; y no duden que si perseveran en vuestra hambre, «seréis hartados».
En cuanto a la protección más segura para evitar que vuestros espíritus y vuestros corazones sean presos de la fantasía, no sólo recen el Santo Rosario, sino también apártense de aquellos que firmaron aquellas innobles cartas de enero de 2009 (de las cuales aún no se han retractado), y aférrense a aquellos que mantienen la Declaración de noviembre de 1974 y la Carta Abierta del 6 de julio de 1988:
Nos adherimos de todo corazón, con toda nuestra alma, a la Roma católica guardiana de la fe católica y de las tradiciones necesarias al mantenimiento de esa fe, a la Roma eterna, maestra de sabiduría y de verdad.
Por el contrario, nos negamos y nos hemos negado siempre a seguir la Roma de tendencia neomodernista y neoprotestante que se manifestó claramente en el Concilio Vaticano II y después del Concilio en todas las reformas que de éste salieron.
Nosotros jamás quisimos pertenecer a ese sistema que se califica a sí mismo de Iglesia Conciliar y se define por el Novus Ordo Missæ, el ecumenismo indiferentista y la laicización de toda la sociedad. Sí, nosotros no tenemos ninguna parte, nullam partem habemus, con el panteón de las religiones de Asís; nuestra propia excomunión por un decreto de Vuestra Eminencia o de otro dicasterio no sería más que la prueba irrefutable. No pedimos nada mejor que el ser declarados ex communione del espíritu adúltero que sopla en la Iglesia desde hace veinticinco años; excluidos de la comunión impía con los infieles.
Los fieles tienen absoluto derecho de saber que los sacerdotes a los cuales se dirigen no están en comunión con una iglesia falsificada, evolutiva, pentecostal y sincretista.
Padre Juan Carlos Ceriani
