QUÉ HAY DETRÁS DE LA IDEOLOGÍA DE LA NO DISCRIMINACIÓN (7º Parte)

QUÉ HAY DETRÁS DE LA IDEOLOGÍA DE LA NO DISCRIMINACIÓN

Por Juan Carlos Monedero

7. Todo lo que existe merece perecer.

La heterosexualidad es lo natural, la homosexualidad lo antinatural. Esto es así y ningún artilugio semántico o lingüístico puede disimular el hecho de que la complementariedad entre los órganos sexuales masculino
y femenino no es convencional, no es arbitraria, no es histórica, no es fruto de un contrato entre sociedades, ni de construcciones culturales. Esta complementariedad, “vinculación”, “adaptación” de una función a su facultad, tampoco es convencional, tampoco puede ser fruto de decisiones humanas, ni es sujeta a los cambios del tiempo, ni es fruto de diversas estructuras de pensamiento de cada sociedad.

¿Y con qué palabra designamos a lo que ni es convencional, ni arbitrario, ni histórico ni fruto de la sociedad? ¿Con qué palabra designamos a lo que no está sujeto a la voluntad ni a los contratos ni a las estructuras de pensamiento del hombre?

Con la palabra “naturaleza”.
¿Esto es “discriminación”? Sí, pues es distinción.
Discriminación justa.
¿Esto debe ser penado por la ley, como pretende la ideología que nos agobia?
No, porque es la verdad.

De ahí que no basta el ser heterosexuales para obrar correctamente, así como no basta simplemente sostener la verdad. La verdad tiene un carácter excluyente con el error, y del mismo modo la heterosexualidad debe tener un carácter excluyente de los comportamientos que van contra la naturaleza humana.

Predicar la verdad y condenar el error.
Practicar la naturaleza y reprobar la sodomía.

Es necesario predicar la buena, sana y santa intolerancia de la verdad para con el error, de lo bueno para con lo malo, de lo bello para con lo feo y, finalmente, de los comportamientos ordenados, en la línea y en el deseo del plan de Dios, para con los comportamientos y acciones desordenadas, que atentan contra el Orden Natural y el Sobrenatural:

“¡Ay de aquellos que llaman bien al mal y mal al bien, que cambian las tinieblas en luz y la luz en tinieblas…!”[20].

Si la ideología antidiscriminatoria tiene entre sus principales preocupaciones la manipulación y el manoseo del lenguaje, señal es que es precisamente aquí en donde nosotros debemos librar la batalla de restaurar el noble y luminoso significado de las palabras.

Los ideólogos que enfrentamos no tienen razones; tienen objetivos. Le han declarado la guerra a lo que existe, juzgándolo únicamente digno de perecer. ¿Tan mal podemos pensar de estas personas? ¿No serán sólo dulces ovejas equivocadas, como muchas veces se nos quiere hacer creer? Leamos lo que ellos mismos dicen:

“Luchar por el matrimonio del mismo sexo y sus beneficios y entonces, una vez garantizado, redefinir la institución del matrimonio completamente, pedir el derecho de casarse no como una forma de adherirse a los códigos morales de la sociedad sino de desbancar un mito y alterar radicalmente una institución arcaica. […] La acción más subversiva que pueden emprender los gays y lesbianas […] es transformar por completo la noción de familia”[21].

Agradecemos la frontalidad expositiva de esta inescrupulosa alma. Por su parte, Alison Jagger –autora de diversos libros de texto utilizados en programas de estudios femeninos en universidades norteamericanas– revela claramente su hostilidad frente a la familia, como abanderada de la ideología feminista que representa:

“El final de la familia biológica eliminará también la necesidad de la represión sexual. La homosexualidad masculina, el lesbianismo y las relaciones sexuales extramaritales ya no se verán en la forma liberal como opciones alternas, fuera del alcance de la regulación estatal. En vez de ésto, hasta las categorías de homosexualidad y heterosexualidad serán abandonadas: la misma institución de las relaciones sexuales, en que hombre y mujer desempeñan un rol bien definido, desaparecerá. La humanidad podría revertir finalmente a su sexualidad polimorfamente perversa natural[22].

Los mismos que piden el seudo matrimonio entre homosexuales hoy son los que pidieron el divorcio ayer, como por ejemplo Cecilia Merchán –a favor del proyecto– quien “aclaró que nunca se casó, que tiene una hija grande pero «no le interesa el matrimonio»” (Notivida, boletín N° 681). No es más que una utilización pragmática del amor matrimonial, a fines de adulterarlo, corromperlo y destruirlo.

La explicación a esta furia destructora del hombre está más allá de hombre. El misterio enmarca la miseria ideológica. Así lo describe Donoso Cortés:

“Entre la verdad y la razón humana, después de la prevaricación del hombre, ha puesto Dios una repugnancia inmortal y una repulsión invencible”.

El hombre, soberbio, caído luego del pecado original, no tolera otra soberanía “sino la suya propia”. Por eso “cuando la verdad se pone delante de sus ojos, luego al punto comienza por negarla; y negarla es afirmarse a sí propio en calidad de soberano independiente”. Su corazón está ciego para la humildad, llegando a pensar que “si cede” y admite que no es perfecto, pierde. Por eso se empeña tercamente en combatir todo aquello que lo limite:

“Si no puede negarla (la verdad), entra en combate con ella, y combatiéndola combate por su soberanía. Si la vence, la crucifica; si es vencido, huye; huyendo cree huir de su servidumbre, y crucificándola cree crucificar a su tirano”.

Víctima y victimario al mismo tiempo en este sistema de negaciones, absolutamente demencial, el hombre es capaz de sostener sin razones cualquier cosa contra la razón: “entre la razón humana y lo absurdo hay una afinidad secreta, un parentesco estrechísimo; el pecado los ha unido con el vínculo de un indisoluble matrimonio”. Estamos nada menos que ante el misterio de la prevaricación humana:

“Lo absurdo triunfa del hombre, cabalmente porque está desnudo de todo derecho anterior y superior a la razón humana. El hombre acepta cabalmente, porque viene desnudo, porque careciendo de derecho no tiene pretensiones; su voluntad le acepta, porque es hijo de su entendimiento, y el entendimiento se complace en él, porque es su propio hijo, su propio verbo; porque es testimonio vivo de su potencia creadora: en el acto de su creación el hombre es a manera de Dios, y se llama Dios a sí propio”.

Si Dios Padre genera desde toda la Eternidad al Hijo, pronunciándolo eternamente; si el Logos, Cristo, es el Verbo de Dios; burlescamente, el hombre engendrará su propio vástago, la nada, una nada hija del hombre y bastarda, reacia a integrar la realidad.

En última instancia, la soberbia humana reclama el cumplimiento de las palabras de la Serpiente. La tentación de endiosarse es la única tentación:

“¿Qué importa que el otro sea el Dios de la verdad, si él es el Dios de lo absurdo?”[23].

[20] Isaías 5, 20.
[21] Michael Signorile, activista homosexual y escritor, citado en Crisis Magazine, 8 de enero de 2004.
[22] Alison Jagger, “Political Philosophies of Womens Liberation”, Feminism and Philosophy, Littlefield, Adams & Co., Totowa, New Jersey, 1977, pág. 13. Los subrayados son nuestros.

[23] Juan Donoso Cortés. Ensayo sobre Catolicismo, liberalismo y socialismo, Obras escogidas, Buenos Aires, Poblet, 1943, págs. 528-529.