QUÉ HAY DETRÁS DE LA IDEOLOGÍA DE LA NO DISCRIMINACIÓN
Por Juan Carlos Monedero
6. Los verdaderos motivos de la ideología de la no discriminación
Aquellos que defienden y fomentan la ideología de la no discriminación, están interesados en que no haya luz.
Veremos por qué.
Si lograran hacernos creer que no hay línea divisoria entre la naturaleza y la contranaturaleza, entonces “tendrían derecho” a hacer de sus vidas lo que se les antoje, pues el día que tanto la ley como el sentido común de la gente enmudezca para señalar a las sombras y llamarlas por su nombre, sólo quedará la amonestación de su propia conciencia –si es que no la han matado aún–, pero
ninguna amonestación externa. Buscan eliminar toda referencia que los interpele. Como el judío del cuento chestertoniano que odiaba las cruces –rompiendo a su paso todo lo que tuviera la forma del madero de salvación– la ideología homosexualista no tolera ni admite ningún vestigio de realidad que juzgue siquiera tangencialmente sus acciones. El odio a la Verdad los mueve.
“Estoy a favor de este proyecto y creo que debemos hacer un esfuerzo para animarnos a una vida de placer, de libertad, y no encapsular a la familia como una célula reproductora. Si permitimos la unión entre dos personas del mismo sexo, ¿por qué no permitir la unión de tres personas? Y si yo tengo una relación con un perro y el perro está de acuerdo, ¿por qué no?”`[17].
El odio a la Verdad, realmente difícil de concebir, es sin embargo afirmación de Santo Tomás de Aquino: “una verdad particular puede repugnar o ser contraria al bien amado de tres maneras”. Y luego desarrollará las distinciones del caso:
“Una, en cuanto que la verdad está causal y originariamente en las cosas mismas. Y de esta manera odia el hombre a veces una verdad en cuanto que quisiera que no fuese verdadero lo que es verdadero. Otra, en cuanto que la verdad está en el conocimiento del mismo hombre, la cual impide la prosecución de lo amado. Como si algunos no quisieran conocer la verdad de la fe para pecar libremente, de los cuales dice Job 21,14: No queremos el conocimiento de tus caminos. De otra manera se tiene odio a la verdad particular, como contraria, en cuanto está en el entendimiento de otro. Por ejemplo, cuando uno quiere permanecer oculto en el pecado, odia que alguien conozca la verdad acerca de su pecado”[18].
El misterio del pecado original nos mueve a aceptar esta dramática posibilidad. De ahí la importancia de que siempre haya una voz que La proclame a la Verdad:
“Así dice el Señor: «A ti, hijo de Adán, te he puesto de atalaya en la casa de Israel; cuando escuches palabra de mi boca, les darás la alarma de mi parte. Si yo digo al malvado: «¡Malvado, eres reo de muerte!», y tú no hablas, poniendo en guardia al malvado para que cambie de conducta, el malvado morirá por su culpa, pero a ti te pediré cuenta de su sangre; pero si tú pones en guardia al malvado para que cambie de conducta, si no cambia de conducta, él morirá por su culpa, pero tú has salvado la vida»”[19].
¿Qué hay detrás, entonces, de la ideología de la no discriminación?
El odio a la luz.
La luz es diferenciadora. La luz distingue. La luz marca el límite, marca la definición.
Definir significa marcar el fin, el límite, la línea y el contorno de las cosas: “A partir de aquí esto es, a partir de allí esto no es”. La definición implica un “sí” tanto como implica un “no”. El lenguaje es naturalmente una definición, pues para hacernos entender debemos decir algunos sí y muchos no.
En nuestro caso, la luz a la cual nos referimos es la luz de la inteligencia, el logos participado en el hombre, que remite al Logos Imparticipado.
Pero para obrar el mal sin amonestaciones ni alarmas a su conducta, es necesario que los hombres se quiten los ojos. Para quitarse los ojos deben negar el hábito diferenciador y discriminador de la inteligencia: la facultad del discernimiento. Sólo así ejecutarán sus crímenes en completa oscuridad, ya sin amonestaciones ni límites que los incomoden. El ladrón y el asesino se refugian en las tinieblas de la noche.
[15] Plinio Correa de Oliveira. Trasbordo ideológico inadvertido y diálogo. Traducido al español por el Consejo de
Redacción de “CRUZADA”, Buenos Aires, 1966, pág. 29.
[16] Juan Milet, citado por Rafael Gambra. El lenguaje…, ídem, pág. 21.
[17] http://ncn.com.ar/08/noticiad.php?n=6452&sec=2&ssec=51&s=noticiad . Visto el 27 de junio de 2010.
[18] I-II, q. 29, art. 5, corpus.
[19] Ezequiel 33, 7-9.
