ESTO ES ¡GUERRA!
“No penséis que yo he venido a traer la paz a la tierra, no he venido a traer la paz sino la guerra” (Mt X, 34)
He aquí entonces que hace dos mil años que el Divino Maestro apareció para instaurar la guerra, incluso dentro de las familias, “porque los enemigos del hombre serán las personas de su propia casa” (Mt 10,36).
Millones de mártires han dado testimonio a través de los siglos. Los pocos períodos de paz relativa no han sido mas que episodios donde la espada de los Reyes o de los caballeros han reprimido a los paganos y a las herejías. Pero esta guerra entre el bien y el mal, entre la Verdad y el error, entre fieles e infieles, entre la justicia y la injusticia, esta guerra dura ya dos mil años.
Es la guerra entre las dos ciudades, bajo los dos estandartes, San Ignacio describe el combate en sus ejercicios espirituales. Por un lado Cristo Rey, nuestro Jefe, por el otro Satanás y sus cohortes.
¡Hay que escoger! Necesariamente, porque allí está comprometida la salvación de nuestras almas. “Porque el que no está conmigo, está contra mí, (Mt. XII 30), dice el Señor. Pero después de 1960 años, la guerra ha tomado un nuevo cariz, que confunde y pierde una gran cantidad de almas.
Lucifer, por una misteriosa permisión divina, ha logrado infiltrarse “hasta las más altas cumbres” de la Iglesia jerárquica y reina, en la misma Roma hasta el trono de Pedro, según la profecía de León XIII:
“Allí, donde fue instituida la Sede de Pedro, y la Sede de la Verdad, allí han puesto el trono de la abominación en la impiedad” (Exorcismo de León XIII, súplica a San Miguel Arcángel).
Es en la misma Roma que se ha desplegado el estandarte de Lucifer y la nueva religión salida del funesto Concilio Vaticano II, y de sus no menos funestas consecuencias; la apostasía de Asís y los conciliábulos de todas las religiones. Esa es la Sede de la religión del hombre.
Mientras que la Religión de Dios, la que predicó Nuestro Señor Jesucristo, los Apóstoles, los Padres, los doctores y los santos, y el Magisterio de los Papas anteriores al Concilio ya no se encuentra mas que entre los refractarios pertenecientes a la Tradición, gracias a la herencia “de supervivencia” de Monseñor Marcel Lefebvre.
Siempre ha estado presente la guerra, la espada.
Entre la “Religión de Dios” y la “Religión del hombre”. Entre los servidores de Cristo Rey, que somos nosotros y debemos seguir siéndolo, y los que proponen en Roma la religión universal del Anticristo sobre las bases de los conciliábulos de Asís.
Los dos estandartes se enfrentan. Pero algunos procuran la “inteligencia con el enemigo”, las entrevistas a escondidas, cuidadosamente escondidas bajo “secreto”.
En el campo de batalla de la religión del hombre, esperan infiltrar la tradición por medio de promesas falaces, replegando y guardando su estandarte… esconder la bandera… ya no combatiendo a la religión del hombre. Se iría hasta prometer creer en Dios ¡siempre que dejemos de pretender que Dios tenga derechos!
Para la religión del hombre, mantener así la inteligencia con el enemigo, no es traición.
Al contrario, es una táctica de combate de una inteligencia diabólica, que hace ganar tiempo, hace bajar los brazos, mantiene la ilusión de una paz imposible, divide a los espíritus y siembra la confusión, favorece a los blandos, salpicados de liberalismo, los temerosos, y los opone a los combatientes clarividentes y valientes.
Pero bajo el estandarte de la Religión de Dios, en la Tradición, la inteligencia con el enemigo, la religión del hombre, es infinitamente grave porque es en la cabeza donde se manifiesta y se sostiene en las presentes circunstancias.
Es en Menzingen, en Monseñor Fellay y sus allegados donde la inteligencia se cultiva con la Roma modernista, bajo la cobertura del secreto cuidadosamente conservado siendo verdad que “el pescado se pudre por la cabeza”.
Y esta traición capital ya está realizada indudablemente sin la reacción de una base que la rechace y quiera mantenerse fiel a la herencia de Monseñor Lefebvre.
Por lo tanto, es urgente ver claro y prepararse para lo que vendrá.
Estas reflexiones me parecen necesarias sobre las siguientes bases: Por principio los límites de la obediencia y de la confianza. Es a partir de estas dos virtudes en que se trata de dormir a los militantes.
Enseguida acerca de las infiltraciones del enemigo en el interior de la FSSPX y por último, la manera en que estas instancias ejercen su poder.
LOS LIMITES DE LA OBEDIENCIA
Yo no soy sedevacantista. Pero me parece que los debates que se llevan a cabo alrededor de esta cuestión nos desvían a un problema el cual nadie tiene la capacidad de resolver. Ya que nadie tiene más autoridad que el Papa para que pueda juzgarlo.
Debemos obediencia a Dios antes que a los hombres.
Supongamos que una jovencita reciba la orden de su padre de prostituirse. Es evidente que ella no le debe obediencia en esta orden. Desde luego que ella debe resistirle por todos los medios a su alcance, comprendiendo la fuga y la fuerza.
Pero sería vano para ella de preguntarse si su padre sigue siendo su padre. Aunque sea el peor criminal, sigue siendo su padre. Ella puede rezar por él pero debe resistirle porque debe obedecer a Dios primero.
¿Qué me importa si Benedicto XVI sea o no sea Papa? Me basta con ver que evidentemente, el predica la apostasía con Asís, equiparando la salvación en todas las religiones falsas con la única verdadera. Lo que predica Benedicto XVI, al igual que sus predecesores que llevó a los altares, con el ejemplo rezando en las sinagogas, los templos protestantes o las mezquitas y rehabilitando a los heréticos más notorios como Lutero y Calvino es en detrimento de miles de mártires que fueron masacrados, deshonrados y torturados.
Para mí, esto es suficiente. Debo preservar mi fe obedeciendo a Dios, resistiendo a Benedicto XVI, conforme a el calificativo de anticristos que Monseñor Lefebvre le dio a los que gobernaban a Roma en ese momento.
Y esto por todos los medios que tenga en mi poder.
El calificativo de sedevacantista es el comodín que se pone para descalificar y desconsiderar a los que quieren obedecer a Dios antes que a los anticristos que gobiernan en Roma.
Es un falso problema al cual me niego a desviarme. Pero de lo que sí estoy seguro, es que debemos conservar la fe y combatir en el campo de la Iglesia de Nuestro Señor Jesucristo contra el campo de la religión del hombre, que despliega su estandarte en Roma, desde el funesto Concilio Vaticano II.
En este enfrentamiento, en esta guerra, el campo de la Tradición se apoya hoy en algunos conventos fieles y principalmente en la Fraternidad, la cual heredamos gracias a la saludable reacción de su venerable fundador Monseñor Marcel Lefebvre. Y sobre los cuatro obispos que él consagró en 1988.
Pero Monseñor Fellay, quien es actualmente la cabeza de la FSSPX, sostiene, desde hace algunos años, la inteligencia con el enemigo! El no sueña mas que en “prelatura”, “acuerdos prácticos”, es decir, en el “ralliement”, mal disfrazado con el secreto del polichinela.
ESTA ES UNA TRAICIÓN
Traición contra la herencia de su fundador.
Traición contra los otros obispos, contra sus sacerdotes, contra sus fieles; entre los cuales siembra la división, entre los liberales que aceptarían una falsa paz y los anti-liberales que quieren ante todo defender la fe y servir bajo el estandarte de Cristo Rey.
El general Patton decía a sus tropas que debían temer a sus generales. “Porque si los generales son buenos y ustedes son malos, ellos les patearán el c… Pero si ellos son malos, aunque ustedes sean buenos es el enemigo quien les pateará el c…”
Quizá el general Patton no sea una referencia eclesiástica, pero un teólogo de renombre me dijo un día que nada podía estorbar el paso del sentido común, ni siquiera la teología. Y la declaración del general Patton que acabo de citar reboza del sentido común tan indispensable como el orden de los hechos sobre los cuales se apoya.
En el orden eclesiástico sucede lo mismo. Pues si el jefe, sea el general de los jesuitas, o superior de una congregación o abad de un monasterio benedictino se hace malo, sus inferiores quedarán, pocos o muchos, sujetos al enemigo quien se encargará de patearles el trasero o de entrenarlos para que lo sigan.
El patriarca de los monjes de occidente, San Benito, lo previó en su regla en el capítulo LXIV:
Pero, aun siendo toda la comunidad unánime en elegir a una persona cómplice de sus desórdenes, Dios no lo permita, cuando esos desórdenes lleguen de alguna manera al conocimiento del obispo a cuya diócesis pertenece el monasterio, o de los abades, o de los cristianos del contorno, impidan que prevalezca la conspiración de los mal intencionados e instituyan en la casa de Dios un administrador digno, seguros de que recibirán por ello una buena recompensa, si es que lo hacen desinteresadamente y por celo de Dios; así como, al contrario, cometerían un pecado si son negligentes en hacerlo.
Noten aquí las instancias por las cuales San Benito hace un llamado para resolver la crisis del monasterio o de la congregación y restablecer el orden desgraciadamente perturbado:
Primeramente al obispo: En el triste affaire de Monseñor Fellay hay tres obispos a quienes les corresponde intervenir y lo han hecho.(?)
Después, los sacerdotes. Es decir, los superiores de las congregaciones cercanas. En este asunto, dos o tres superiores han intervenido, lo sabemos.
En cuanto a los cristianos del contorno, no comprende más que a los “perros mudos”.
¿Quién creería que estas líneas están en el capítulo 64 de la regla dictada por San Benito para sus monjes? Regla que comienza en las primeras líneas de su prólogo con estas palabras: “A ti, pues, se dirigen estas mis palabras, quienquiera que seas, si es que te has decidido a renunciar a tus propias voluntades y esgrimes las potentísimas y gloriosas armas de la obediencia para servir al verdadero rey, Cristo el Señor.
¿La Obediencia?
Ella es todo el fundamento de la espiritualidad benedictina. Por lo tanto, es hasta 64 capítulos más tarde cuando habla de los posibles abusos a esta “obediencia”. San Benito hace un llamado a los obispos, a los sacerdotes y a los cristianos del contorno. Bajo pena de pecado y bajo la promesa de una gran recompensa ya que lo hacen desinteresadamente y por el celo de Dios.
¿Por qué?
Porque, precisa San Bernardo, “No es una obediencia leprosa ni una paciencia de perro la que se espera de vosotros; la obediencia es un alimento deleitoso de la cual el Señor nos dice que es hacer la voluntad de su Padre”.
Y el mismo San Bernardo agrega una condición: “Yo supongo naturalmente que este hombre (el superior) no ordena nada que sea contrario a la Ley de Dios; si se produjera un tal caso la única regla que se podría seguir, en mi opinión es la que nos da el Apóstol San Pedro: “Hay que obedecer a Dios antes que a los hombres” (Hech. 5, 29).
De este modo, sea cual sea mi superior, sea Monseñor Fellay, sea el Papa, sea “un Angel venido del cielo”, si me pide adherirme al modernismo, al ecumenismo, a Asís o a la nueva Misa, yo debo negarle la obediencia y reservarla a Dios.
Si no, la obediencia a los hombres se hace un pecado. Incluso el simple cristiano del contorno que yo soy, tengo el deber de resistir los actos tiránicos de un superior, aunque sea obispo!.
Y sabe Dios, desde el Concilio (e incluso antes) a cuántos cientos de obispos hemos tenido que resistir para conservar la FE, entonces, uno más o uno menos…
NATURALEZA Y LIMITE DE LA CONFIANZA
En el lenguaje común, la confianza es la esperanza firme de que alguien no nos engañará. Este es el fundamento de la obediencia hacia su superior en quien se espera nos conducirá por el camino de la Verdad. Si la confianza se pierde ¿Qué será de la obediencia? Y si motivos graves se quebranta la obediencia o la hacen imposible, ¿cómo podrá subsistir la confianza?
Por lo tanto, ¿la confianza no es un sentimiento sino una necesidad natural del hombre?
Pero ¿De quién fiarse? Pongamos cuidado en los consejos de la Sabiduría porque “maldito el hombre que confía en el hombre”.
En suma, ¡La confianza se gana!
Sobre todo en una guerra como la que se libra en nuestro tiempo, entre la Iglesia de Jesucristo Dios y Hombre y la iglesia del hombre fruto del Vaticano II.
En esta guerra debemos combatir por la defensa de la Fe, siendo ésta nuestro “bien común”, todos, obispos, sacerdotes y fieles tienen el derecho a conocer las fases de éste combate; todo diálogo, todo compromiso, cualquier tratado debe de ser conocido de todos; es la condición evidente de la confianza condición para que cada quien obedezca.
De este modo procedía Monseñor Lefebvre en su combate providencial contra los anticristos que destronaron, en Roma, a Cristo Rey.
Nadie de los que lo conocieron podrá contradecirme.
Con Monseñor Lefebvre todo era claro, transparente, límpido, puro. El respondía todas las cartas, incluso de simples fieles, incluso a sus adversarios. Para que nadie lo ignorara, convocaba a la prensa, los medios, la televisión (y esto varias veces). El escribía libros, publicaba sus discursos (lo que ahora molesta a las instancias de Menzingen que llegó incluso a demandar delante de los tribunales paganos de la república dicha francesa a los que osaron publicarlos de nuevo.
UN PROCEDIMIENTO ESCANDALOSO
Un pequeño editor francés pensó editar en tres volúmenes, la totalidad de los sermones, conferencias, discursos y entrevistas de Monseñor Lefebvre .
¿Hubieramos podido creer que el equipo dirigente de Menzingen hubiera querido desde hace mucho hacer editar esta colección?
Claro que no! ¡Al Contrario!
A pesar del consejo del Apóstol de los gentiles que ordena no acudir a los tribunales de los paganos por querellas o diferencias entre cristianos, los déspotas establecidos en Menzingen vinieron desde la Suiza Alemana para llevar al editor de los textos de Monseñor Lefebvre ante los tribunales de la república dicha francesa para impedirle y “secuestrarle” esta edición.
Todo esto con el argumento insensato de que los derechos de autor pertenecían a la FSSPX. Los textos se trataban de discursos y de conferencias públicas ´grabados, publicados y difundidos por todas partes. Esta edición no aportaba nada que no se conociera con anterioridad, su solo interés era presentar una colección completa, puesta en orden por fecha.
Pero esta edición contrariaba las tesis de Menzingen y del Padre Célier, según las cuales Monseñor Lefebvre no hablaría del mismo modo hoy como lo hacía cuando estaba vivo. Situación cómoda para traicionar su pensamiento y sus acciones 25 años después de su desaparición.
Este escandaloso proceso prueba evidentemente una cosa muy grave.
Es que el equipo de Menzingen, para preparar su traición, hace todo por amordazar y hacer callar al fundador de la Fraternidad.
Este triste equipo colabora también a confirmar la excomunión (nula e injusta), pero sin embargo jamás levantada y subsistente, de Monseñor Lefebvre. ¡Por que el derecho canónico prohíbe publicar los escritos y discursos de un excomulgado!
Estamos presenciando una escandalosa traición cuya vergüenza chorrea sobre la mitra de Monseñor Fellay.
¿A QUIÉN PRESTAR JURAMENTO?
Mientras que la dirección general de la Fraternidad se esfuerza desde hace casi un año de esconder sus negociaciones con Roma, sus “inteligencias con el enemigo” detrás de los biombos, de secretos, hasta de “juramento de guardar secreto” como el que exigieron de los asistentes al Capítulo General de la Fraternidad que se efectuó el pasado 16 de julio.
Personalmente, yo prefiero el “juramento antimodernista” que San Pio X exigía a todos los sacerdotes y que la Iglesia Conciliar se ha encargado de suprimir.
Este juramento era público!
¿Quisiéramos reemplazarlo por un juramento de guardar secreto? ¿o de lealtad incondicional a Monseñor Fellay?
¿Creerían, con esta medida ilusoria, que se ahogarían los rumores, cuando no hicieron mas que multiplicarse?
¿Olvidarían las palabras de Nuestro Señor: “No hay nada escondido que no vaya a ser descubierto, ni nada secreto que no deba de ser conocido?
Porque lo que está en juego (particularmente en el Capítulo) es la Fe, nuestro bien común, el bien que tantos fieles le confiaron a la obra de Monseñor Lefebvre.
Lo que estuvo en juego, fue un debate sobre los “diálogos” con Roma, sobre las proposiciones que se esconden bajo los “secretos”.
“Entre en sociedad con nosotros, no tengamos más que una bolsa para todos nosotros” profetizó Salomón (Prov. I, 14)
Recordemos los consejos de la Sabiduría:
“Hijo mío, si los pecadores (los modernistas) te atraen con sus caricias, no te dejes ganar por ellos” (Prov. I, 10).
¿Podremos estar tranquilos con la “Declaración del Capítulo General de la FSSPX” publicada el 19 de julio de 2012 en su sitio?
En parte, si, especialmente en donde se hace referencia a Monseñor Lefebvre:
“Finalmente nos dirigimos a la Virgen María, tan celosa de los privilegios de su Divino Hijo, celosa de su gloria, de su Reino en la tierra como en el Cielo. ¡Cuántas veces ella ha intervenido en la defensa, incluso armada, de la Cristiandad contra los enemigos del reino de nuestro Señor! Le suplicamos que intervenga hoy para expulsar a los enemigos internos que tratan de destruir la Iglesia más radicalmente que los enemigos externos. Que ella se digne mantener en la integridad de la fe, en el amor de la Iglesia, en la devoción al Sucesor de Pedro, a todos los miembros de la Fraternidad San Pío X y a todos los sacerdotes y fieles que trabajan con los mismos sentimientos, para que ella nos proteja y nos preserve tanto del cisma como de la herejía.
Que San Miguel Arcángel nos comunique su celo por la gloria de Dios y su fuerza para combatir al demonio.
Que San Pío X nos haga partícipes de su sabiduría, de su ciencia y de su santidad para discernir la verdad del error y el bien del mal, en estos tiempos de confusión y de mentiras.” (Mons. Marcel Lefebvre, Albano, 19 de octubre de 1983).
Pero otras partes de la mencionada Declaración no deja de inquietarnos.
En el tercer párrafo leemos esta verdad: “el poder supremo de gobierno sobre toda la Iglesia recaiga sólo sobre el Papa, Vicario de Cristo en la tierra”. Si, pero ¿de cuál Iglesia? ¿La única Iglesia de Jesucristo o la Iglesia conciliar?
Es con esta última que el Capítulo ha “definido y aprobado las condiciones necesarias para una eventual normalización canónica
¿Pero cuáles? ¡es un secreto!
Se quiera o no, eso nos huela a la “prelatura” con la que sueña Monseñor Fellay. “La inteligencia con el enemigo” parece haber perdurado.
En cuanto a la garantía de la previa convocatoria a un “Capítulo General Extraordinario deliberativo” ¡cuál será su verdadero peso cuando sabemos que no tomarán parte mas que aquellos que serán designados y escogidos por el déspota que reina en Menzingen!
ATRACO EN LA FRATERNIDAD

¡Quisiera el Cielo que lo que voy a escribir sea fruto de mi imaginación!
Pero yo no soy imaginativo, lo que me ha impedido hacer fortuna escribiendo novelas policíacas, rosas o sentimentales.
¡Lo que yo sé, lo sé! Lo que se me dice lo verifico.
Desde hace 40 o 50 años, la obra de Monseñor Lefebvre ha captado primeramente en Francia y después en Europa y en todo el mundo, importantes capitales que la caridad de los fieles le ha dado, donados o heredados, para la defensa de la fe en contra de las desviaciones de los que han manipulado y pervertido el Concilio Vaticano II. En esta guerra, estos bienes forman la infraestructura del combate de la Tradición.
Porque en una guerra se necesita tanto la estrategia, como la intendencia y la infraestructura…
La estrategia, es la ocupación de los generales y de los oficiales. En el presente caso de nuestra resistencia, son los consejos de Monseñor Lefebvre transmitidos a los sacerdotes que ordenó o consagró (de los cuales muchos lo traicionaron uniéndose a la Roma apóstata por un estatus canónico tan mentiroso como ilusorio).
Pero una tropa no puede ir al combate sin armas, sin municiones, sin vehículos, sin edificios para decir la Misa, o hacer escuelas; o sin hospitales para los heridos o casas de retiro; sin propiedades para permitir a los monjes o a las monjas sostener a los sacerdotes por sus oraciones, sin casas para los que deben recuperar sus fuerzas en los retiros antes de regresar al combate. ¡Supriman todo eso!
¿Qué es lo que quedará? Generales y soldados que no tendrán ni con qué vestirse.
¡El enemigo lo sabe demasiado bien!
En 1793, se apropiaron por medio de la violencia de los bienes de la Iglesia. Permitiéndole en 1801, por un funesto concordato, sobrevivir por ella misma gracias a la caridad de los fieles.
Entre 1895 y 1905, de nuevo fueron perseguidas las congregaciones apropiándose, de nuevo por la violencia, de los bienes de la Iglesia.
Y en 1970, por medio de la misma Iglesia, la Revolución del Concilio (el 89 en la Iglesia) se apropió de nuevo de los bienes que los fieles le habían confiado o legado; expulsado a los fieles de sus Iglesias y echando a la calle a los sacerdotes fieles.
Y he aquí, que hoy en día se prepara, en gran SECRETO, una nueva apropiación de los bienes que han acumulado, desde hace 40 o 50 años, los fieles de la Tradición, que los han legado a la obra de Monseñor Lefebvre.
Porque los “acuerdos prácticos” (sin acuerdo doctrinal) que han fallado (provisionalmente) de ser firmados por Monseñor Fellay, comprenden explícitamente la entrega de los bienes de la FSSPX a la autoridad de Benedicto XVI o a los obispos ordinarios del lugar donde esté implantada.
Y ya sabemos lo que son y lo que valen los “ordinarios del lugar”.
Que quizá no sean ni obispos, ni sacerdotes, si creo en las dudas que Monseñor Lefebvre expresó sobre las ordenaciones y consagraciones del nuevo rito salido del Concilio Vaticano II.
¡Atraco en la Fraternidad!
¡Atraco sobre nuestro “bien común”, la defensa de la fe.
¿Todavía no se lleva a cabo?
¡Pero estamos a punto! Y es un deber hablar, antes de que sea demasiado tarde.
Puedan las profecías de Jeremías impedir a la pluma de Monseñor Fellay de poner su firma en un acuerdo engañoso consagrando el mencionado atraco.
Que se acuerde de la suerte de “la perdiz que incuba los huevos que ella no puso” (Jer. XVII, 11).
DE TEL-AVIV A MENZINGEN

Es así como podemos constatar por internet la reseña de un evento muy interesante. Se trata de una colecta de fondos organizada en Nueva York en septiembre del 2010 por “los amigos americanos de la Universidad de Tel Aviv.
Los participantes son antiguos alumnos de la Universidad de Tel Aviv que colectan fondos para ayudar a los judíos de la diáspora a ir a Israel y entrar en la mencionada Universidad. Entre las fotografías figura un cierto abogado llamado Doctor Maximiliano Krah.
Maximiliano Krah también es miembro, en Dresde, Alemania del Este, del partido liberal, pro-aborto, pro-homosexual CDU, Unión Cristiana Demócrata, partido dirigido por Angela Merkel, la canciller, cuya carrera tuvo sus raíces en el STACI (Policía secreta de la antigua Alemania del Este).
En una editorial de una publicación del CDU, Krah es presentado como “una especie de cristiano”. Según diversas fuentes, frecuenta la Capilla San Pio V de la FSSPX en Dresde.
Maximiliano Krah fue escogido por Monseñor Fellay para llevar a cabo la defensa de Monseñor Williamson, y sin entrar en detalles del triste asunto que todos conocemos, hay que saber que Krah escogió para defenderlo al abogado Matthias Lossmann miembro del “partido verde”, partido pro-feminista, pro-homosexual, pro-aborto, y entre sus miembros encontramos a un tal Daniel Cohn Bendit, muy conocido en Francia por su rol de vedette en la revolución cultural de mayo del 68.
Para defenderse, Monseñor Williamson debió desafiar los flechazos de Monseñor Fellay tomando a otro abogado, gracias al cual pudo ganar el juicio.
En cuanto a la carrera del citado Maximiliano Krah, no se acaba allí. Financiado por Monseñor Fellay, es a la fecha “delegado del Consejo de Administración de la sociedad AG Dello Sarto, cuyo presidente es Monseñor Fellay y los miembros del consejo son el primer asistente, padre Nicklaus Pfluger y su ecónomo, Hermano Emeric Baudot.
De hecho, la sociedad AG Dello Sarto, especula sobre los fondos de la Fraternidad en los mercados financieros, lo que supone practicar la usura! Esta es una sociedad comercial registrada el 13 de enero del 2009 y que ha emitido 100 acciones de 1000 francos suizos.
En cuanto a la chequera, dos firmas son necesarias: la de Monseñor Fellay y la de un laico, el abogado Maximiliano Krah. Todos los demás deben de actuar con la firma conjunta de Monseñor Fellay-Krah!
Esta es una posición muy extraña que nos conduce a hacernos algunas preguntas, las cuales han sido hechas a Monseñor Fellay:
Se constatan los hechos siguientes:
1.- La desaparición brutal de importantes artículos teológicos en los sitios de los distritos de la FSSPX concernientes al judaísmo y el rol crucial jugado por nuestros “hermanos mayores” (como Monseñor Fellay les llamó este año) en las finanzas, en la franc-masonería y el comunismo; ninguno de ellos podrían ser tachados de “antisemitas” según las normas que la Iglesia Católica ha honrado en todo tiempo.
2.- Monseñor Williamson es constante y públicamente denigrado, humillado e insultado groseramente.
3.- El periódico izquierdista Der Spiegel ha sido escogido para las entrevistas cuidadosamente arregladas con historias destinadas a hacer bullir la marmita en el “affaire Williamson”, contribuyendo así a la marginalización del Obispo.
4.- Un artículo escandaloso y erróneo publicado en una revista americana de la FSSPX “The Angelus”, en el cual se les enseñó a los fieles que un rabino talmúdico era un santo y que dicho rabino contribuyó positivamente a la preparación de la Encarnación de Nuestro Señor Jesucristo y a la conversión de San Pablo.
El autor del artículo sobre Krah, constatando la confianza dada por Monseñor Fellay a éste, tanto en el plano financiero como en el jurídico, creyó un deber formular las siguientes preguntas las cuales se pueden hacer legítimamente al superior de la FSSPX:
Su Excelencia:
1) ¿Estaba usted consciente de que Maximiliano Krah, que actualmente tiene poder e influencia en importantes áreas del funcionamiento interno de la Fraternidad San Pío X, era judío, cuando fue tomado como persona de su confianza?
2) ¿Quién introdujo o recomendó a Maximiliano Krah como profesional para la Sociedad de San Pío X?
3) Si usted no estaba enterado de los antecedentes Krah y conexiones políticas, ¿por qué no fue investigado cuidadosamente antes de ser introducido en el interior del círculo y en el funcionamiento interno de la Fraternidad San Pío X?
4) ¿Por qué Krah, que no es un clérigo de la Fraternidad San Pío X o incluso un partidario de la Sociedad, tiene ese poder singular de manejar los fondos de la FSSPX?
5) ¿Quiénes son los accionistas de Dello Sarto AG? ¿Son todos los sacerdotes de la Fraternidad San Pío X o congregaciones relacionadas? ¿Son las acciones transferibles a través de la compra?
En el caso de la muerte, deserción o renuncia de un socio, ¿cómo se distribuyen las cuotas? ¿Quien, en cualquiera de estos casos tiene el poder para conferir, designar, vender o disponer de estas acciones? ¿Usted?¿ El tesorero? ¿El Gerente? ¿ Los miembros de la Junta? ¿El Consejo General?
6) ¿Por qué la Sociedad de San Pío X está comprometida en situaciones financieras, que pueden ser comunes en la sociedad moderna, pero que es poco probable que sean de conformidad con la doctrina de la Iglesia relacionada con dinero, su naturaleza, su uso y sus objetivos?
7) ¿Por qué se le ha permitido a Krah mantener la olla hirviendo en el «asunto Williamson» con la organización de entrevistas y ofrecer historias para la revista Der Spiegel? ¿Cómo podría un supuesto demócrata cristiano ser el intermediario con un diario comunista notorio?
¿Por qué se le ha permitido a Krah permitido imponer a su hermano obispo un abogado perteneciente a la extrema izquierda Die Grünen?
9) ¿Por qué su hermano obispo ha sido amenazado con la expulsión de la Fraternidad San Pío X por el solo hecho de contratar a un abogado que estaba interesado realmente en la lucha contra la carga injusta y ridícula de la incitación? ¿No es el caso de que aquellos que comparten la misma Fe debe tener prioridad sobre los que están fuera de ella?
10) ¿Puede explicar por qué su actitud pública hacia Monseñor Williamson ha cambiado, ¿por qué lo ha menospreciado continuamente en público – si bien él no ha respondido de ninguna forma en ningún momento?
11) ¿Qué piensa hacer respecto al Sr. Krah dado que su posición dentro de la sociedad es de influencia, tomando en cuenta que no puede ser considerado seriamente como alguien que tiene los mejores intereses hacia la tradición católica en el corazón? ¿Va a actuar lo más rápido posible para resolver esta cuestión que tiene respecto a Monseñor Williamson?
Esta es una serie de preguntas graves que todos los que han contribuido con donaciones o legados a la acumulación de bienes de la FSSPX pueden legítimamente formular.
Porque su generosidad no tuvo por objetivo mas que ayudar en el combate a una célula de fidelidad a la Iglesia de siempre, y no el ver partir como el humo sus esfuerzos en las especulaciones riesgosas de la fortuna vagabunda y apátrida de las bancas internacionales de las cuales no sabemos a quienes benefician.
DE LA ARBITRARIEDAD A LA TIRANIA
El que Gobierna una sociedad, cualquiera que ésta sea, debe hacerlo respetando el derecho de las personas que la constituyen y su bien común. Como dice el antiguo adagio: “Salus populi suprema lex” (la salvación del pueblo es lo más importante).
Pero el que gobierna sin derecho (Ille qui non jure principatur), el que rige contra el bien común de los que le están sujetos, que abusa de su autoridad por medidas arbitrarias, ese tal merece el nombre de tirano.
Este es el caso de Monseñor Fellay, el cual se mantiene en el poder en la FSSPX por toda suerte de medidas arbitrarias, fundándose en una obediencia que no se debe mas que a las órdenes legítimas.
Así por ejemplo las medidas por las cuales pretende reducir al silencio a los otros obispos, los cuales tienen el mismo derecho que él para hablar, utilizando contra ellos un derecho canónico que solamente un proceso canónico podría hacerlo aplicable, después de escuchar a los involucrados y que sea juzgado por un tribunal regularmente constituido.
Monseñor Cauchon respetaba mas las formalidades en sus tribunales inicuos que lo que lo hizo Monseñor Fellay al pretender excluir un obispo cuyas prédicas molestan sus “inteligencias con el enemigo”, haciendo callar a los que predican con valentía y claridad en contra del Vaticano II y el modernismo.
Estas pretensiones de valerse del derecho canónico son particularmente ridículas ya que Monseñor Fellay dirige una Fraternidad sin estatus canónico. Esto lo confirmó más la declaración del reciente capítulo presidido por el mismo Monseñor Fellay, en donde se debatieron las “condiciones necesarias para una eventual regularización canónica”, confesión que confirma que no se posee el estatus canónico.
No menos arbitrarias son las decisiones recientes de suspender las ordenaciones de algunos candidatos al orden sacerdotal unos pocos días antes de que se llevaran a cabo, por el motivo de que sus superiores confirmaron su oposición a los “acuerdos prácticos” proyectados por el déspota de Menzingen.
No menos arbitrarias son las decisiones tomadas en el vals estival de los cambios al que asistimos desde hace algunos años, al término del cual vemos a los sacerdotes más anti-liberales enviados a las antípodas, mientras que los que son partidarios de las esperanzas secretas de Monseñor Fellay son metódicamente ubicados en los puestos claves.
Arbitrarias son también las censuras y la reducción al silencio de los que todavía hablan en contra del Concilio, la nueva Misa, el modernismo etc.
De todo esto resulta una especie de terrorismo eclesiástico de tipo Staliniano (éstas palabras no son mías sino de algunos sacerdotes que han sido víctimas).
Y todo esto utilizando el secreto, mientras que lo que está en juego es LA FE, por lo que su defensa y los medios para asegurarla constituyen el bien común de todos, desde el más grande obispo hasta el más humilde de los fieles.
EL DERECHO A LA RESISTENCIA
Entonces, ¿qué hacer?
¿Debemos de ser “perros mudos”, callarnos, aceptar sin replicar este abuso de poder y resignarse a ver de nuevo a nuestros sacerdotes echados a la calle como lo vimos en los años 70? Pero esta vez en un “ralliement” que consumarían la traición de la obra de Monseñor Lefebvre.
¿De dónde tenemos el derecho a la resistencia?
¿Por qué no pedirle consejo a Santo Tomás de Aquino nuestro Doctor común?
“El gobierno tiránico no es justo, porque ordena no para el bien público sino para el bien particular del gobernante… Así, el derrocamiento de éste régimen no tiene el carácter de sedición […] Es mas bien el tirano quien es el sedicioso, él que mantiene discordias y sediciones en el pueblo que le está sometido, a fin de poder dominarlos con más seguridad”.
El doctor angélico afirma que es el gobierno tiránico el agresor. Mientras que el pueblo, la comunidad, no hace mas que usar su derecho a la legítima defensa, derecho que pertenece tanto a las sociedades como a los individuos.
En “de regimine principium” el mismo Santo Tomás precisa:
“Por lo cual parece que más se debe proceder contra la crueldad de ellos por autoridad pública,que por presunción particular. Lo primero, si de derecho pertenece al pueblo el elegir Rey, puede jus-tamente deponer el que habrá instituido y refrenar su potestad, si usa mal y tiránicamente del poderíoReal. Ni se puede decir que el tal pueblo procede contra la fidelidad debida deponiendo al tirano […] porque conduciéndose mal en el gobierno del Estado, el merece que sus súbditos rompan el pacto de obediencia”.
¡Tenemos el derecho de resistir!
Y como se trata del servicio y el honor a Cristo Rey el oponernos a las traiciones que quieren comprometernos con la “iglesia del hombre” es nuestro deber.
Los valientes serán suficientemente numerosos como para salvar la obra de Monseñor Lefebvre?
Lo ignoro.
Pero con la gracia de Dios, si no queda más que uno, ¡yo estaré con él!
“Qui diligitis Dominum, odite malum” (Quien ama al Señor, odie al mal).
Adrien Loubier, Sous la Bannière.
Visto en Non Possumus
