CARTA MERCENARIA CERRADA

CARTA MERCENARIA CERRADA

Que sirva de ejemplo

El lunes 10 de septiembre hemos publicado la Carta Pastoral Cristera
«NO TEMÁIS A LAS ENGAÑOSAS OFERTAS»

https://radiocristiandad.wordpress.com/2012/09/10/cuando-se-piensa-en-la-conclusion-como-no-temer-las-semejanzas/

Quien haya comprendido la relación con la triste situación actual y realizado las debidas aplicaciones, sabrá también interpretar la presente adaptación elaborada por el Padre Juan Carlos Ceriani, que Radio Cristiandad hace suya y publica.

CARTA MERCENARIA CERRADA

DEL CAPÍTULO GENERAL ECONENSI

DE LA

FRATERNIDAD $ACERDOTAL

$IN PANTALONES XEROFTÁLMICA

Nos, el Superior General, sus dos Asistentes, dos de los otros tres Obispos Auxiliares, el Secretario General, el Ecónomo General, los Superiores de Distrito, de Casas Autónomas y de Seminarios, más diez de los miembros más antiguos de la Fraternidad $acerdotal $in Pantalones Xeroftálmica, reunidos en Capítulo capitulante, hemos sabido, muy amados hijos, que los insistentes rumores de un posible arreglo entre la F.$.$.P.X. y el Gobierno perseguidor romano, no fundado en la efectiva derogación del Conciliábulo Vaticano II y de las irregulares leyes y reformas conciliares, han angustiado horriblemente vuestro corazón añadiendo una nueva pena a las incontables que estáis padeciendo.

Vuestro instinto cristiano, sin necesidad de hacer grandes reflexiones, os hizo sentir repugnancia e indignación al mirar una vez más al lobo rapaz ratzingeriano tomar la piel de oveja y acercarse a los miembros capitulantes de la F.$.$.P.X., para conmover con fingida dulzura a quienes no pudo conmover en 1988 con rugidos espantosos.

Y temisteis que los falsos profetas enviados por el perseguidor hiciesen doblegar a vuestros Superiores con vanas y engañosas ofertas.

Pero temisteis sin fundamento.

¿No recordáis las palabras de nuestra Carta Abierta Colectiva del 6 de julio de 1988, cuando destacábamos claramente nuestra posición?

Ahí decíamos, hablando del Decreto condenatorio: «Ante semejante violación de valores morales tan sagrados, no cabe ya de nuestra parte condescendencia ninguna. Sería para nosotros un crimen tolerar tal situación y no quisiéramos que ante el Tribunal Divino nos viniese a la memoria aquél tardío lamento del Profeta: Ay de mí porque callé. Por esta razón, protestamos contra ese Decreto… Contando con el favor de Dios y con vuestra ayuda, trabajaremos porque ese Decreto y el Conciliábulo y sus reformas sean abrogados, y no cejaremos hasta haberlo conseguido».

Ahí decíamos: «Nosotros jamás quisimos pertenecer a ese sistema que se califica a sí mismo de Iglesia Conciliar y se define por el Novus Ordo Missæ, el ecumenismo indiferentista y la laicización de toda la sociedad. Sí, nosotros no tenemos ninguna parte, nullam partem habemus, con el panteón de las religiones de Asís; nuestra propia excomunión por un decreto de Vuestra Eminencia o de otro dicasterio no sería más que la prueba irrefutable. No pedimos nada mejor que el ser declarados ex communione del espíritu adúltero que sopla en la Iglesia desde hace veinticinco años; excluidos de la comunión impía con los infieles».

¿Y creéis que íbamos a olvidar esas palabras y a tener hoy por aceptable lo que ayer tuvimos por indigno?

Recordad que el mismo Superior General nos envió muchos mensajes. De entre ellos entresacamos sólo algunas frases, ustedes podrán encontrar otras:

«Pensamos que un día la Iglesia condenará este Concilio y lo pondrá en el rango del latrocinio de Éfeso o del concilio de Pistoya» (del 5 de enero de 1996, durante el 2° Congreso de Sí, Sí, No, No, en Albano).

«Vaticano II aparece en ruptura radical con la Tradición Católica» (Conclusión del 1er Simposio sobre el Concilio Vaticano II, París, 4, 5 y de 6 octubre de 2002).

«Es Asís que se repite. […] Con horror y asco nos alejamos de esa visión de la Iglesia y de esa forma de «comunión». ¿Cómo puede pensarse que la Roma modernista ha cambiado, mostrándose favorable a la Tradición? ¡Qué ilusiones!» (de la Carta a los Amigos y Bienhechores No. 65, de 2004).

Los miembros del Capítulo General, que nos hemos abandonado en los brazos de nuestro Fundador y que nos gloriamos de obedecer sin discutir sus disposiciones, no podemos pasar sacrílegamente sobre su condenación: «Nos negamos y nos hemos negado siempre a seguir la Roma de tendencia neomodernista y neoprotestante que se manifestó claramente en el Concilio Vaticano II y después del Concilio en todas las reformas que de éste salieron».

¿No recordáis que a raíz de la pretendida excomunión, un día en que circuló rumor de arreglos que dejaban en pie el abominable Decreto, el Superior General nos cablegrafió diciendo que nos mantuviéramos en la actitud asumida en 1988?

De entonces acá el furor de los perseguidores no ha tenido límite. La sangre moral
de los cristianos tradicionales ha corrido a raudales, mezclada la de los sacerdotes con la de los jóvenes, la de las doncellas con la de los ancianos. ¡Sangre bendita, que hizo brotar por todas partes cristianos tradicionales nuevos, rejuvenecidos, valerosos, invencibles!

¿Y creéis que después de tanta sangre moral y de tantas lágrimas, de tantos heroísmos y de tantos sacrificios íbamos a ser nosotros los que cerráramos las puertas a la plena victoria de Cristo? Si tal hiciéramos, nuestros mártires morales y nuestros héroes se levantarían de sus tumbas para reclamarnos el despilfarro de sangre moral gloriosa…

¡No y mil veces no! Nuestra fe de católicos, nuestro deber de Superiores, nuestra dignidad, el respeto que debemos a las víctimas, el puesto que hemos conquistado ante el mundo, y finalmente la conciencia que tenemos de nuestra fuerza moral y espiritual, que centuplica nuestra fuerza física, todo nos hace repetir día por día, momento por momento, las palabras de la Carta Abierta Colectiva: «El ser asociados públicamente a la sanción que fulmina a los seis obispos católicos, defensores de la fe en su integridad y en su totalidad, sería para nosotros una distinción de honor y un signo de ortodoxia delante de los fieles. Estos, en efecto, tienen absoluto derecho de saber que los sacerdotes a los cuales se dirigen no están en comunión con una iglesia falsificada, evolutiva, pentecostal y sincretista».

«Trabajaremos porque ese Decreto y el Conciliábulo y sus reformas sean abrogados, y no cejaremos hasta haberlo conseguido».

Nuestro non possumus se mantiene en pie, y se mantendrá hasta el fin, pues ayudados de la gracia de Dios, estamos dispuestos a morir en el destierro, antes que dar un paso atrás en la actitud que hemos asumido.

Ya no estamos dispuestos a confiar ni en disimulos ni en promesas ratingerianas. Tenemos en mucho la libertad de la Iglesia, la paz de la F$$PX y el bien temporal de nuestros hijos para hacerlos depender de unos hombres que tantas veces nos han engañado y que no han sabido cumplir sus promesas.

Por eso decimos que es imposible aceptar arreglos que no estén fundados, cuando menos, en la derogación efectiva del Conciliábulo y sus corruptelas de la ley.

Sí, nuestro non possumus se mantiene en pie, y se mantendría aunque todas las circunstancias nos anunciaran la derrota. Mas, ¿quién piensa en derrota en los momentos actuales?, ¿quién piensa en derrota cuando la atenta observación de los acontecimientos nos hace repetir con mayor firmeza las palabras del Profeta?: ¡Oh hija de Sión!: Regocíjate en gran manera; salta de júbilo ¡oh hija de Jerusalén!: He aquí que a ti vendrá el rey, el Justo, el Salvador.

Ánimo, pues Dios está con nosotros, y se muestra visiblemente donde los católicos tradicionales cumplen dignamente con su deber, donde los católicos tradicionales están perfectamente penetrados de que son hijos de una Fraternidad que Jesucristo hizo libre y no sujeta a ningún poder terreno, y donde están plenamente convencidos de que no hay medio ninguno de asegurar la libertad de la Tradición, la paz de la Fraternidad, y su bienestar temporal mismo (aprobado por Maximilian krah), si no es la derogación efectiva de las leyes que se invocan a todas horas para conculcar los derechos más sagrados y cometer los sacrilegios más horrendos.

Levantad, pues, vuestro ánimo, muy amados hijos, y abrid vuestro corazón ampliamente a la esperanza.

En nuestra Carta Abierta Colectiva en que afirmábamos que estamos en plena comunión con todos los Papas y todos los Obispos que han precedido el Concilio Vaticano II, celebrando exactamente la Misa que ellos codificaron y celebraron, enseñando al Catecismo que ellos compusieron, oponiéndonos contra los errores que ellos condenaron muchas veces en sus encíclicas y cartas pastorales, os recomendábamos las palabras de N. S. Jesucristo a sus Apóstoles, pronunciadas la víspera de su Pasión: He aquí que subimos a Jerusalén, en donde el Hijo del Hombre será entregado, condenado a muerte, flagelado, crucificado, y al tercer día resucitará.

Ahora, hijos amados, la Obra de la Tradición, ha entrado ya a Jerusalén, ha padecido tristeza mortal en el Huerto de los Olivos, ha presenciado las traiciones de los miserables Judas, ha visto a los Pilatos lavarse las manos y excusarse con las amenazas del Vaticano. Hoy se encuentra en pleno Calvario; pero el sacrificio está consumado ya.

El día de la Pascua se acerca. Ya los ángeles preparan sus cantos de triunfo, para asistir a la resurrección gloriosa, y para cortejar a Nuestro Rey y Salvador Jesús, que se acerca ya a enjugar vuestras lágrimas y a daros en premio la libertad que habéis merecido con vuestros sufrimientos.

Recuerden, pues, y tengan bien en cuenta que:

* El Superior General, saluda el acceso del Cardenal Joseph Ratzinger al Supremo Pontificado. Él ve allí un halo de esperanza de salir de la profunda crisis que sacude a la Iglesia Católica.

* Benedicto XVI es una persona íntegra, que toma muy seriamente la situación y la vida de la Iglesia.

* Con Benedicto XVI la barca de la Iglesia navega en adelante sobre aguas más tranquilas.

* Todo indica que desde hace algún tiempo, más o menos desde el ascenso al pontificado del Papa Benedicto XVI, ha aparecido una nueva ola que, contra todo pronóstico aparenta ir en sentido opuesto a la primera. Los indicios son suficientemente variados y numerosos como para poder afirmar, que este nuevo movimiento de reforma o de restauración es efectivamente real.

* El Papa vuelve a las ideas tradicionales. El ve muy bien que hay una desviación y que hay que corregirla.

* Puede ser que estemos mucho más cerca del Papa de lo que parece.

* La actitud de la Iglesia oficial que ha cambiado, nosotros no. No somos nosotros los que hemos pedido un acuerdo, es el Papa el que quiere reconocernos.

Dada en Ecône, julio de 2012.