QUÉ HAY DETRÁS DE LA IDEOLOGÍA DE LA NO DISCRIMINACIÓN
Por Juan Carlos Monedero
5. Calculadas imprecisiones verbales
Otra forma de confusión consiste en el uso de calculadas imprecisiones a la hora de hablar. Existen muchísimos actos humanos cuya valoración es incompleta si los consideramos aisladamente, debiendo recibir una determinación que los especifique, un contenido que nos remita a su fin y, de ese modo, que los vuelva plausibles de admitir una calificación moral.
Estos actos humanos, que pueden ser tanto buenos como malos, son –entre otros– discriminar, ejercer la libertad, comportarse auténticamente, ser sincero con las opiniones propias, hablar con franqueza, etc.
Inmediatamente que se pronuncia la palabra discriminación, debemos preguntar: ¿Qué es lo que se discrimina? Se discrimina algo pero ¿respecto de qué? ¿Por qué, con qué argumentos?
Sería ciego condenar toda discriminación sin escuchar las razones del discriminador: podrían ser legítimas.
Cuando nos hablen de libertad, debemos preguntar –de inmediato– para deshacer todo eventual copamiento demagógico: ¿Libertad para qué? ¿Con qué fin? Supóngase que se nos insta a comportarnos auténticamente: deberemos mirar introspectivamente y preguntarnos: ¿Estoy realmente en la verdad, y por consiguiente mi autenticidad será respecto de lo verdadero? ¿O tal vez me halle en el error, y de ser así practicar la autenticidad me haría fomentar algo peor aún?
Ser sincero con las opiniones propias ¿es en sí mismo positivo? ¿O depende de cuáles y cómo sean estas opiniones? ¿Da lo mismo ser sincero con una opinión correcta, que ser sincero con una falsa? Hablar con franqueza de lo propio, ¿hace que aquello de lo cual hablamos sea verdadero? ¿O acaso uno no puede decir –con absoluta franqueza– un error grande como una casa?
“La sinceridad no es la verdad. La intención más recta y la voluntad más firme no pueden hacer que lo que es no sea” [14].
Notemos el efecto que tiene la vaguedad y la imprecisión de las palabras en la confusión de las inteligencias: mucho peor que las mentiras. Cabe poner la atención en el detallado análisis de Correa de Oliveira sobre la palabra-talismán:
“La palabra-talismán radicalizada se resiste a explicitar su sentido. En efecto, su gran fuerza está en la emoción que provoca. La explicitación atrayendo hacia ella la atención analítica de quien la usa o de quien la oye, perturbaría e impediría ipso facto la fruición sensible e imaginativa del vocablo. La palabra-talismán, manteniendo obstinadamente implícito su significado, continúa siendo vehículo y escondrijo de su reciente contenido emocional” [15].
La palabra discriminación se vuelve una «palabra-talismán». Pocos advierten que el uso de la misma no involucraba injusticia ni desprecio alguno respecto del detalle en la entrega de los papeles del sueldo, por citar un ejemplo. La ideología de la no discriminación omite y se desentiende deliberadamente de las cuestiones principales, la verdad y justicia del acto discriminatorio. No se debe distinguir nada al descalificarla.
Los sofistas modernos manipulan y manosean las emociones más puras, confundiendo deliberadamente actitudes de injusticia y desprecio con discriminación, valiéndose de los nobles sentimientos de las personas. Sentimientos que desvirtúan sin escrúpulos para obtener sus fines:
“Diríase que el sujeto, al utilizar una palabra, sufre una especie de fascinación ante ella: la absorbe pasivamente y recibe sin poder evitarlo los efectos psicológicos de la significación que le entrega. Su acción sobre el subconsciente es directa, profunda y estimulante. La palabra introduce por su solo empleo esquemas de pensamiento que el sujeto adopta aún sin darse cuenta” [16].
La verdad de las cosas es el norte, la brújula, la guía de estos actos humanos y la que hace posible una calificación moral, que la supone. Nada valen la franqueza, la sinceridad, la autenticidad sin verdad. Nada vale la libertad para el mal, ni tampoco la discriminación injusta. Si la justicia es sinónimo de la verdad, si al “hacer justicia” tratamos a las cosas “conforme a la verdad”, lo decisivo para juzgar la validez o invalidez de la discriminación no es ella misma como tal, sino algo distinto de ella: lo que las cosas son, la verdad del mundo que será objeto de discriminación.
Así las cosas, debe desenmascararse el sofisma central de esta ideología, que consiste en desvincular el acto de su objeto, para condenar de forma anticipada e inapelable el acto mismo, aunque la discriminación reciba su calificación moral según su objeto y motivo.
Discriminar, en sí mismo, no es malo. Es el acto de la inteligencia por el cual distingue una cosa de otra. Sólo puede incomodar la discriminación a quienes no quieran que se distinga.
[14] Charles Maurras. Mis ideas políticas…, ídem, pág. 88.
[15] Plinio Correa de Oliveira. Trasbordo ideológico inadvertido y diálogo. Traducido al español por el Consejo de Redacción de “CRUZADA”, Buenos Aires, 1966, pág. 29.
[16] Juan Milet, citado por Rafael Gambra. El lenguaje…, ídem, pág. 21.
